sábado, 2 de agosto de 2008

De la megalomanía o de cómo recordar nuestro pasado: 211 años de la derrota de Nelson (II).


1797: entre lo real y lo deseable
Como hemos visto, unas series de hechos económicos y tácticos provocaron el ataque de Nelson a Tenerife. Ahora vamos intentar ver como era la vida en las Islas en el tránsito entre los siglos XVIII y XIX, así como el porqué ahora, 211 años despues de estos acontecimientos el Ayuntamiento de Santa Cruz se dedica a recuperar ese “glorioso” pasado.
En 1796, un año antes de la llegada de la escuadra inglesa, tenemos al francés André-Pierre Ledrú visitando la Isla. En su libro “Viaje a la Isla de Tenerife”, el científico francés se dedica a recorrer la geografía insular haciendo un retrato de sus principales características.
En su descripción de Santa Cruz dice:


“La población de Santa Cruz se estima en 8.390 habitantes, que se pueden dividir en tres clases. La primera está compuesta por los magistrados, los propietarios ricos y los negociantes, cuya mayoría son extranjeros; la segunda, por aquellos que poseen una fortuna mediocre, tales como detallistas y los artesanos, y la tercera clase, más numerosa que las otras dos juntas, la compone los mendigos, cuya holgazanería e inoportunidad son indignantes”.


Sí, la mayoría de los habitantes de la “noble e invicta” eran personas que a duras penas lograban sobrevivir, en gran parte forzadas a la emigración.
En el siglo XVIII los canarios pagaron un tributo en sangre mucho mayor que el de los 32 muertos isleños que cayeron luchando el 25 de julio de 1797.
La Real Cédula del 25 de mayo de 1678 estableció que para poder comerciar con América por cada cien toneladas de productos de las Islas se debían enviar cinco familias para poblar los lugares en esos momentos más inhóspitos y que dentro de la estrategia de doblamiento de la metrópoli estaban en peligro ante el avance de otras potencias.
Miles de canarios son de esta manera “animados” o directamente forzados a cruzar el Atlántico por unas élites canarias, deseosas de comerciar, y una metrópoli que pretendía quitar “vapor” a la olla a presión que era la sociedad canaria del Antiguo Régimen.
Antes de 1797 los canarios se están asentando en los Valles de Caracas, los Llanos Venezolanos, en el campo Cubano, en Santo Domingo, Puerto Rico (donde entre 1719 y 1797 al menos fundan diecinueve poblaciones), Texas, Louisiana y La Florida, también tendrán un destacado papel en la fundación de Montevideo, en Uruguay, para frenar las tentativas expansionistas de los Portugueses e Ingleses en el Río de la Plata.
Esta es sin duda la gran “Gesta” del siglo XVIII, la de los isleños que fueron obligados a salir de sus casas por unas élites y una metrópoli incompetente.
En este sentido, en el año 1860, el Reverendo norteamericano Charles W. Thomas escribe en su obra “Aventuras y observaciones en la costa occidental de África y sus Islas”.

“Durante un siglo, la madre patria ha hecho muy poco por estas islas, excepto oprimirlas con su gobierno […] en partes de Tenerife las facciones guanches son visibles en la clase baja. Son emprendedores y trabajadores, y bajo un gobierno más favorable al desarrollo del genio y el trabajo serían una población con más poder económico”.

Un poco más tarde, en 1883, la escritora inglesa Olivia Stone comenta la extrema pobreza de la industria en las Islas y se escandaliza por la extrema pobreza de los canarios:

"hasta extremos de miseria y no tienen casi qué comer, salvo pescado salado y gofio".


1797: el mal gobierno y el independentismo anexionista

En esta situación no nos debe extrañar que un sector de la sociedad isleña, no beneficiado con el modelo colonial de exportación o que creía que las Islas debían ser mejor atendidas empezara a buscar soluciones por su propia cuenta.
Ya en 1767, trece años antes de la rebelión de Tupac Amaru en Perú y mucho antes que el descendiente de canarios Francisco de Miranda iniciara su lucha en defensa de la independencia de América Latina, eran arrestados, en la Isla de la Gomera, varios vecinos por hablar de la necesidad de que los británicos ocuparan las Islas, al igual que habían hecho con La Habana cinco años antes, para acabar con el mal gobierno de la corona española.
Este posicionamiento de un sector de la población isleña también puede tener una respuesta en las revueltas que se producen en Cuba y Venezuela protagonizadas en gran parte por canarios a lo largo del siglo XVIII.
En Cuba, el intento por parte de la Corona de monopolizar la venta del tabaco, con el llamado “Estanco”, provoca una rebelión entre los vegueros (cultivadores de la planta del tabaco), casi todos isleños.
Esta revuelta acaba con una durísima represión en 1723, con más de 61 muertos, entre ellos 11 fusilados por los españoles. Sí, son muchos más que los 32 muertos isleños que provocó la “Gesta” de 1797 y que el Ayuntamiento de Santa Cruz ha recordado a bombo y platillo.
En Venezuela también tiene lugar una importante movilización popular contra la Corona española (considerada por muchos un antecedente del proceso independentista) entre los isleños cultivadores de cacao, residentes en el Valle de Caracas.
La metrópoli, en un intento de controlar el contrabando que se ejercía en las costas caribeñas, utiliza a la Compañía Guipuzcoana para ejercer un auténtico monopolio comercial.
Los pequeños agricultores, que en gran parte vendían su producción para el mercado Europeo a través de los británicos, ven gravemente perjudicada su existencia a favor de los grandes terratenientes criollos.
En la década de los cuarenta del siglo XVIII los isleños se rebelan contra la corona española, iniciandose el proceso en San Felipe de Yuracuy.
El momento álgido de esta rebelión será el 19 de abril de 1749 (el año que viene se cumplen 260 años del acontecimiento, en el que seguramente nadie gaste un euro) en la insurrección encabezada por el herreño Juan Francisco de León Mérida.
En el Diccionario Biográfico de Venezuela dice lo siguiente:


"Con gente de Caucagua, Guatire, Guarenas, El Guapo u otras comarcas se juntaron unos 800 hombres entre esclavos, indios y canarios que con Juan Francisco León a la cabeza y banderas encarnadas marcharon sobre Caracas entrando por Chacao"...."rodeó la casa del gobernador con gente armada y al resto lo mandó apostarse en la Plaza de La Candelaria, siempre canaria, donde León tenía su casa..."

La respuesta de la metrópoli no se hizo esperar y manda dos barcos de guerra con mil soldados de infantería y mil de caballería para apaciguar el territorio Venezolano. Finalmente logran capturarlo en septiembre de 1751, enviándolo preso a la metrópoli, donde fallece en la prisión de Cádiz al año siguiente.
Unos de sus hijos, también preso dirá:

"Pues ya ve vuestra merced que nos toca la obligación de defender nuestra patria Venezuela. Porque si no la defendemos seremos esclavos de todos ellos".

En las Islas estos movimientos no debieron de pasar desapercibidos, en especial a los miles de canarios con familia y conocidos al otro lado del Atlántico.
No es de extrañar la gran simpatía con la que reciben muchos isleños los procesos de independencia o el deseo expresado por alguno de los Libertadores de América por proceder a liberar el Archipiélago del mal gobierno español.
En las primeras décadas del siglo XIX también nos encontramos con la figura de Diego Barry, isleño nacido en La Orotava de orígenes irlandeses, que es acusado de conspirar con los británicos para la independencia de las Islas, lo que le costará una condena de destierro (espero que la investigación realizada por el profesor de Historia de América, D. Manuel Hernández de más luz sobre este interesante personaje).
En una parte de la población canaria, por tanto, la derrota de Nelson no fue vista en absoluto como una “Gesta” sino más bien como un auténtico desastre para las Islas, sumidas en el atraso, el fanatismo religioso y el mal gobierno.
No podemos saber como hubiera sido la Historia de Canarias si los marinos británicos hubiesen logrado capturar Tenerife y hacerse con el control de Canarias. Muy posiblemente habríamos tenido un mayor avance en diversos campos, en especial en el comercial, y tal vez se hubiera limitado o redireccionado la emigración.
Probablemente tampoco importó mucho, ya que sólo unas pocas décadas despues serán propiedad de los británicos la mayor parte de los sectores fundamentales de la economía isleña.
Serán de capital británico la mayor parte de las consignatarias, los almacenes de carbón, los astilleros, parte de los puertos, la banca, los primeros hoteles y las más importantes compañías de exportación de materias primas (barrilla, plátano, tomate…) hasta el periodo autárquico del franquismo.

La “Gesta” en el siglo XXI
No se si ha merecido la pena gastarse varios cientos de miles de euros en trajes de época, en fuegos artificiales, sonido, viajes de extras y publicidad para hacer creer a la gente de Santa Cruz que el siglo XVIII fue una época de “soldaditos de plomo” con bonitos trajes…o ver desfilar a Nelson y sus soldados de retirada por las calles de la ciudad (cosa que nunca sucedió ya que Nelson no llegó a pisar el suelo de la Isla).
Para las autoridades competentes es mucho más sencillo y lucido convertir el pasado en un colorido y turístico Show. Tal vez las miles de personas que asistieron a los actos les dieron la razón. Quizás esa fiesta tan parecida a la de “moros y cristianos” de la Pepera Valencia, se convierta en una especie de “tradición”, en un mini carnaval de verano.
Lo más probable es que pasados unos años la “Gesta” vuelva a dormir en alguna gaveta institucional.
Tal vez hubiese sido más productivo para nuestra historia y el patrimonio de la ciudad haber invertido ese dinero en recuperar los restos del Castillo de San Cristóbal de una manera correcta, en prospectar las costas de la capital para localizar los restos del ataque y conservarlos en nuestros museos (tenemos hundida la balandra Fox en el entorno del muelle de santa Cruz), en iniciar un Museo de Historia del municipio o a investigar y conservar correctamente los fondos del Archivo Municipal.
Se que para algunos políticos del Ayuntamiento de Santa Cruz y en especial los del PP, como el señor Ángel Llanos, es más atractivo imaginarse ese pasado colorido de soldaditos con peluca, defensores de la “madre patria” frente a la “Pérfida Albión” y de paso fomentar los valores castrenses y el españolismo más rancio, cueste lo que cueste.
Sin duda la mezcla de intereses políticos y una profunda falta de conocimientos sobre el pasado de nuestra tierra, en manos de un gobernante que parece tener recursos económicos ilimitados para todas las fiestas que se le ocurren, generan espectáculos difíciles de justificar y deformadores de la realidad.
También el gobierno del Partido Popular de Madrid, hace pocas fechas, se montó su propia fiesta costumbrista con motivo del 2 de mayo de 1808 para fomentar el “fervor patriótico” tan del gusto de la derecha.
A algunos parece que le gusta pasar la historia por una picadora para servirla fría y fácilmente digerible, simplificada y moralizante para un público desinformado y escasamente crítico.
No era patriotismo lo que vivían los habitantes de las Islas en ese momento, más bien miedo, explotación y desesperación por su futuro.
Los milicianos, eran sacados principalmente de las zonas agrícolas de la Isla. El inglés Alfred Diston comenta en una lámina donde se representa a un campesino de El Miradero en Icod en 1824:

“Todo aquel que a cierta edad no está casado o no tenga madre dependiendo de él, está obligado al servicio militar [en la milicia], y los que tienen estas obligaciones deben buscar un sustituto o servir cuatro meses cada año en Santa Cruz o cualquier otro lugar que tenga ejército estacionado en él”.

Estos jóvenes son usados como carne de cañón para un Imperio en el que, todavía, no se ponía el sol. Me pregunto lo que podían pensar mientras veían desembarcar a los británicos y sus mandos de extraño acento les obligaban a disparar.
Este año, viendo el programa de la celebración, parece que nadie se ha acordado de ellos, de los que sufrían el fuego, los que no podían desmayarse, los que luchaban para mantener la Isla bajo el gobierno de una metrópoli que les obligaba a emigrar, los arruinaba y los usaba como esclavos blancos para poblar los territorios imperiales en peligro.
Me pregunto que pasaría por la cabeza de un joven como el que pinta el señor Diston si pudiera ver en que se gastan los dineros públicos los representantes de la metrópoli en el siglo XXI.
Rubens Ascanio Gómez (Agosto 2008)

1 comentario:

Antonio jose dijo...

Articulo sumamente completo, claro e historicamente veraz, anexo un extra solo para sumar, algo sobre la presencia temprana de los canarios en America: el 3 de septiembre de 1703 en Santiago de León de Caracas se solicitan dos cuadras de tierra para fabricar una iglesia o capilla de la Santísima Cruz y N.S de Candelaria, para 1708 la fabrica de la iglesia esta concluida gracias al fervor y peculio de los canarios, que deseaban rendir culto a su patrona