viernes, 2 de octubre de 2009

La hora de ajustar las cuentas con el turismo en Canarias.


En estas últimas semanas en Canarias se ha hablado bastante de unos reportajes emitidos por dos cadenas privadas de televisión donde relataban historias de las playas de Gran Canaria, en los mismos se podían ver todo tipo de personajes curiosos, frikis o extraños según se quiera ver. El Cabildo, partidos políticos, grupos empresariales y demás han salido como un coro a pedir que no se perjudique y manipule la imagen de la Isla, que debemos de proteger a nuestra principal industria.
Yo la verdad que a pesar de que ciertamente el turismo es nuestra principal fuente de ingresos siempre la he visto como algo bastante ajeno a mi realidad. Nunca se me pasó por la cabeza estudiar algo relacionado con el turismo y no conozco a casi nadie que lo haya hecho. Tal vez equivocadamente considero que como yo existe una parte importante de los canarios y canarias que vemos en el turismo a un extraño implante, una glándula plastificada que aparece sobretodo en los sures de las Islas, trozos de otros países en suelo canario, parte del extranjero al que podemos acceder en unos pocos minutos de coche sin fronteras ni aduanas más allá de las del mal gusto estético.
Probablemente de forma inconsciente, aún sin conocerlo, muchos tengan rondando por sus cabezas la letra del bello poema de Pedro Lezcano “La Maleta” cuando dice eso de:
Vi vender nuestras costas en negocios
que no hay quién los entienda:
vendía un alemán, compraba un sueco,
¡y lo que se vendía era mi tierra!
Ese negocio del que hablaba Lezcano es cierto que ha dado de comer a muchas familias canarias, pero hay que reconocer que los que han comido realmente bien han sido unos pocos, demasiado pocos. Esos portavoces y defensores del turismo tan bien alimentados estaban bastante callados cuando a las Islas llegaban miles de aviones al mes cargados de hooligans que pagaban una semana de vacaciones a precio de saldo. No les importaba que sus alojamientos fuesen complejos cada vez más parecidos a enormes colmenas de cemento demasiado parecidas a sus ciudades de origen. Se callaron también ante el desmadrado crecimiento urbanístico, la destrucción del paisaje, las megainfraestructuras, el abandono de la agricultura, la pérdida de nuestro patrimonio natural y cultural,... demasiado tiempo han estado mudos llenándose los bolsillos con nuestra tierra y nuestro sol mientras al mismo tiempo se practicaban el harakiri.
Llega la crisis del capitalismo mundial y como no podía ser menos, ahora piden que todo sean “mimitos y cariños” a nuestro “motor económico”, a su negocio. Da lo mismo que hayan contratado en precario, que despidan a cientos de trabajadores y trabajadoras, que hayan sacado los beneficios de Canarias sin reinvertir, que hayan sido cómplices de la especulación urbanística, poco importan las prácticas mafiosas tan habituales en esos municipios...nos piden dinero, el dinero de todas y todos.
Los popes del turismo de cemento y sol -ejemplo vivo de lo que no hay que hacer a nivel mundial- exigen que se usen recursos públicos para actualizar la caduca planta hotelera. Legítimamente nos podríamos hacer la pregunta de en que habrán invertido los más de doce mil millones de euros que cada año se obtiene de este negocio en los últimos años. Tal vez parte de la respuesta esté en los nuevos complejos turísticos que como hongos surgen en nuevos destinos caribeños en Cabo Verde o Túnez. ¿Es que a ningún responsable político del gobierno canario se le ha ocurrido preguntar sobre que han hecho los empresarios del sector con los millones de euros “ahorrados” en los impuestos dedicados por estas empresas a la RIC?
Yo sinceramente creo que ahora, en las vacas flacas, cuando se mira al desgraciado turista interior al que antes de despreciaba o maltrataba, es precisamente ahora cuando debemos de empezar a hacer exigencias, a poner condiciones. ¿Quieren recuperar las potencialidades turísticas? Pues empiecen por pedir la paralización de las megainfraestructuras que destrozarán importantes espacios vírgenes de las islas ¿quieren un “Tenerife amable”? pues que de verdad ayuden a que los empleos del sector cobren sueldos justos y tengan condiciones de trabajo dignas ¿quieren dinero público? Pues que sólo sea con la participación e intervención pública en las empresas que se acojan a las mismas, sin más regalos a fondo perdido a empresarios, asegurando puestos de trabajo y la reinversión de parte de los beneficios en nuestra tierra. Que sepan de una vez por todas que si quieren nuestro mar y nuestro sol deben de respetar nuestra tierra primero.

2 comentarios:

Tamanca dijo...

La verdad, es que esas campañas tipo "Tenerife Amable" o "El turismo es nuestra mayor riqueza, cuídalo (y de paso arrodíllate sumiso ante él)" que aparecen en los bonos de guaguas, siempre me han parecido denigrantes para los canarios. Ahora debemos andar con la sonrisita servicial siempre, y sobre todo los obreros que trabajan en las zonas turísticas, cuyas condiciones laborales no son, por cierto, nada buenas. ¿Recuerdas que hace unos años la delegación del gobierno prohibió una manifestación del FSOC por el 1º de Mayo en Maspalomas porque "perjudicaba al turismo"?.

Ascanio dijo...

Tienes toda la razón, esa pose servicial que se nos ha querido enseñar casi desde niños nos ha hecho transigir con todo tipo de barbaridades urbanísticas, sociales y medioambientales por el bien del negocio. Lo que comentas del FSOC es un buen ejemplo de ello.