viernes, 20 de junio de 2014

Un fragmento de “Viaje a las cuatro principales islas de los mares de África”

En el año 1802, hace justo 212 años, el viajero francés J.B. Bory de Saint-Vicent visitó las Islas Canarias y dejó sus vivencias en un texto denominado “Viaje a las cuatro principales islas de los mares de África”.
En una de sus páginas el viajero describe una excursión a un valle de la costa Sur de Anaga, posiblemente San Andrés, dejándonos un duro retrato de la vida de nuestros antepasados hace unas pocas generaciones, un tipo de texto que me conmueve y que además  suele escasear en las historias de viajeros, más preocupados de las fiestas, los sucesos curiosos y las costumbres de la alta sociedad isleña, que de la vida de los humildes. Sin pretenderlo el viajero francés hace un relato sobre la miseria con una fría descripción de un niño de Anaga del siglo XIX. El texto dice lo siguiente:

“Detrás de Cadet vimos llegar un niño, negro como un indio, que venía a buscar la botella; un mal sombrero le cubría la cabeza, no llevaba más vestido que una camisa sucia. Aunque todo lo más de dos años de edad, corría sin zapatos sobre las lavas agudas que nos herían a través de nuestras buenas suelas; parecía no saber hablar, porque no hizo la menor tentativa para hacerse entender por nosotros, ni para responder a las preguntas que le hicimos, y que pusimos a su alcance. Sentándose tranquilamente cerca de nosotros, sin mirarnos apenas hizo caso de media galleta que le dimos; la guardó sin embargo, pero sin manifestarnos agradecimiento”.