Del sueño de liberar Canarias a la defensa de Madrid: la historia del Batallón Canarias de agosto a diciembre de 1936
Pocos sabrán que dos de las más célebres canciones de la resistencia republicana, el Quinto Regimiento y el Puente de los Franceses, están ligadas a la historia de un batallón promovido por canarios y canarias en Madrid, en el verano de 1936. En los primeros días de agosto de ese año, cuando la Guerra Civil apenas llevaba unas semanas, un grupo de isleños residentes en Madrid comenzó a organizarse con un objetivo tan ambicioso como urgente: formar una fuerza expedicionaria que contribuyera a recuperar el archipiélago para la República. Las islas Canarias habían quedado desde el primer momento bajo el control de los militares sublevados, y quienes se encontraban en la capital veían posible organizar una expedición que restableciera la legalidad republicana.
La iniciativa la impulsó un reducido núcleo de canarios que comenzó a reunirse en la oficina que el Patronato de Turismo del Cabildo de Tenerife mantenía en la calle Peligros de Madrid. La confianza inicial en que la guerra sería breve alimentó la esperanza de que el Gobierno pudiera facilitar barcos de guerra y medios suficientes para desembarcar en las islas y derrotar a los golpistas. Aquella idea quedó reflejada también en la prensa de la época, que el 5 de agosto anunciaba la creación de una milicia de canarios destinada tanto a combatir a los sublevados como a marchar al archipiélago cuando las circunstancias lo permitieran. La oficina de la calle Peligros quedó establecida como el primer centro de inscripción de voluntarios. Apenas diez días más tarde otro grupo de canarios, esta vez residentes en Barcelona, dieron el mismo paso.
Figuras claves de este grupo serán el gomero Guillermo Ascanio, militante del PCE. Hostilio Rodríguez Melo, hijo del diputado tinerfeño, Luis Rodríguez Figueroa, el gran canario Bernardo de la Torre Champsaur o el abogado lagunero Ricardo Ballcels Pinto. La mayoría pagó ese esfuerzo con un largo exilio, algunos con la vida.
Una parte sustancial de las tropas también eran madrileños y andaluces que trabajaban en los almacenes de las empresas plataneras canarias en Madrid, que se sintieron identificados con la lucha y la propuesta de esta joven milicia.
Sin embargo, la evolución del conflicto modificó rápidamente aquellos planes. La falta de recursos del Gobierno republicano, el proceso de aislamiento de las potencias europeas que desconfiaban de la presencia de fuerzas de izquierda en ese gobierno, la escasa implicación de buena parte de los representantes políticos canarios presentes en Madrid y, sobre todo, la evidencia de que la guerra no iba a resolverse en pocas semanas hicieron inviable cualquier expedición hacia las islas. La prioridad pasó a ser la defensa de la propia República en el territorio continental. Lejos de abandonar su compromiso, aquel pequeño grupo decidió integrarse en el 5.º Regimiento de Milicias Populares y crear dentro de él el Batallón de Milicias Canarias.
A partir de ese momento comenzó una intensa labor de organización. El batallón estableció su cuartel en un palacete de la calle O'Donnell, desde donde se emprendió el reclutamiento de isleños residentes en Madrid. La primera compañía quedó al mando de Enrique Estan Cabezudo, antiguo sargento de la Legión, mientras que la jefatura del batallón correspondió al ingeniero gomero Guillermo Ascanio. Durante varias semanas los nuevos voluntarios recibieron instrucción militar en el parque del Retiro, inicialmente sin armamento, hasta la llegada de fusiles Mauser enviados a la República por el Gobierno de México.
Aunque la imagen más conocida del Batallón Canarias es la de sus combatientes en primera línea, la documentación permite apreciar que aquella unidad fue también una auténtica comunidad organizada. Desde el cuartel de O'Donnell funcionaban los servicios administrativos, el economato, la cocina y el almacén. Además, el batallón editaba un boletín propio, Canarias Libre, elaborado por redactores, ilustradores como el famoso caricaturista canario, Antonio Mesa Marrero, e impresores, mientras que otros integrantes se ocupaban del transporte, la enfermería o las tareas de abastecimiento. Todo ello refleja la presencia de hombres y mujeres implicados en una organización que iba mucho más allá del combate y que mantenía vivo el ideal de una Canarias libre del fascismo.
El bautismo de fuego llegó en septiembre de 1936 durante las operaciones sobre el Alcázar de Toledo. La compañía del Batallón Canarias participó en varios de los intentos de asalto a la fortaleza, soportando un intenso fuego enemigo y sufriendo importantes pérdidas. Crónicas e informes del batallón recuerdan la figura de “el canario loco cantor”, que se haría conocido por su temeraria costumbre de cantar sobre el parapeto isas y folias a grito pelado, que logró llegar hasta las cocinas del Alcazar.
En uno de aquellos ataques murió el capitán Enrique Estan Cabezudo mientras dirigía a sus hombres. El episodio dejó profundamente marcada a la unidad, que además acumuló numerosas bajas durante la retirada, tras la caída de Toledo. De más de un centenar de combatientes, apenas medio centenar permanecía en condiciones de seguir luchando.
Lejos de desaparecer, el batallón fue reorganizado con nuevos reclutas llegados desde Madrid. Tras un breve periodo de descanso volvió inmediatamente al frente, ocupando sucesivamente posiciones en Algodor, Aranjuez, Seseña y el Cerro de los Ángeles. Aquellos combates redujeron nuevamente sus efectivos, pero la situación militar era tan crítica para la República que cada unidad disponible resultaba imprescindible. La experiencia acumulada por los milicianos canarios los convirtió en una fuerza curtida que seguiría desempeñando un papel destacado durante los meses decisivos del otoño de 1936.
Mientras tanto, el batallón continuó creciendo como organización. La prensa republicana recogía llamamientos para incorporar especialistas en transmisiones, publicaba esquelas de los caídos, buscaba noticias de desaparecidos y difundía convocatorias relacionadas con la unidad. Estos anuncios permiten seguir el rastro cotidiano de una formación militar estrechamente vinculada a la sociedad madrileña y muestran el elevado coste humano que estaba soportando desde sus primeras semanas de existencia.
La prueba definitiva llegó con la batalla por Madrid. El 9 de noviembre el Batallón Canarias fue destinado al sector de la Casa de Campo, uno de los escenarios fundamentales de la defensa de la capital. Allí sus milicianos participaron en algunos de los combates más duros de aquellos meses. Una de sus contribuciones más relevantes fue la defensa del Puente de los Franceses, donde cinco de las seis ametralladoras que protegían la posición pertenecían al propio batallón y estaban bajo el mando del capitán austríaco Segismundo Roth. Aquella concentración de potencia de fuego convirtió a la unidad en un elemento esencial para impedir el avance de las tropas sublevadas hacia el corazón de Madrid.
Las noticias publicadas durante noviembre muestran igualmente la intensidad de aquellos enfrentamientos. El Batallón Canarias protagonizó un contraataque en el sector del Puente de los Franceses que permitió capturar un camión enemigo cargado de municiones, remolcándolo hasta las líneas republicanas pese al intenso fuego recibido. Al mismo tiempo continuaban apareciendo en la prensa solicitudes de información sobre combatientes desaparecidos en la Casa de Campo, prueba del elevado sacrificio que siguieron soportando sus integrantes durante la defensa de la ciudad.
A pesar de encontrarse permanentemente en primera línea, la actividad política y cultural del batallón nunca desapareció. En diciembre seguían organizándose mítines y proyecciones para los milicianos, mientras equipos de maestros impulsados por la Federación de Trabajadores de la Enseñanza comenzaron a impartir clases para combatir el analfabetismo entre los soldados. Era una manera de entender la guerra no solo como una lucha militar, sino también como un proyecto de transformación social y cultural.
A finales de diciembre de 1936 el Batallón Canarias dejó de existir como unidad independiente al fusionarse con el Batallón Asturias para formar el 2.º Batallón de la Brigada de Choque. Sin embargo, su breve trayectoria había dejado una profunda huella. Nacido con el propósito de liberar el archipiélago canario de los sublevados, las circunstancias de la guerra obligaron a transformar aquella expedición soñada en una fuerza de choque destinada a defender Madrid. En apenas cinco meses, los canarios y canarias que habían comenzado reuniéndose en una oficina de la calle Peligros pasaron de preparar una operación para recuperar su tierra a convertirse en protagonistas de algunos de los episodios más decisivos de la resistencia republicana.
Durante esos meses pusieron en marcha un boletín propio, que se conserva en los archivos de Madrid, su nombre resume el ideal que los vio nacer, Canarias Libre. En uno de sus números de noviembre de 1936 sintetizaban el orgullo de quienes integraban la unidad: “Después de cuatro meses de lucha con inferioridad de elementos guerreros —tan solo con nuestra moral y nuestros pechos—, hemos contenido a las hordas fascistas, sin que lograran sus deseos de entrar en nuestro querido pueblo de Madrid”. Aquella afirmación condensaba el significado histórico del Batallón Canarias: un proyecto nacido para liberar las islas que terminó escribiendo una de las páginas más destacadas de la defensa de la capital de republicana.
Imagen de portada: Fundación Pablo Iglesias
Fuentes utilizadas
Méndez Ascanio, E (editor). (2007). Guillermo Ascanio, comandante del Batallón Canarias. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife:
Canarias Libre. Boletín del Batallón Canarias. 5º Regimiento: https://www.memoriademadrid.es/browse/collection/2125/list?limit=50
Milicia popular : Diario del 5º Regimiento de Milicias Populares: 14 de diciembre de 1936 p2






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