Pedro había llegado de Madrid, tras pasar las oposiciones de cartero. Desde finales de 1934 ejerció su labor en Arucas. El informe de Falange, emitido el 20 de diciembre de 1939, decía que aunque “su conducta fue buena”, sus amistades eran “todas de izquierdas”. A veces solo bastaba con eso. Las autoridades franquistas aseguraban que “tomó parte en huelgas revolucionarias, dirigente activo y de acción”.
No sabían realmente su filiación política o ideológica, el mismo reconocía que estuvo dos meses como secretario de las Juventudes Socialistas de Arucas, aunque en mayo de 1936 se le había trasladado para ejercer como cartero en la zona del Puerto de la Luz, en Las Palmas. La Guardia Civil aseguraba en su informe de 21 de diciembre de 1939 que durante la huelga de mayo del 36 “capitaneaba las masas en actitud exaltante”. Tal vez se trate de la huelga de carboneros y otros gremios, que se vivió con intensidad en la capital de Gran Canaria, que duró hasta mediados de mayo de 1936.
Dos años de cárcel le costó su activismo. Primero en Las Palmas, el 23 de septiembre de 1936 lo llevaron a la prisión de Fyffes, en Tenerife, en esa voluntad de romper cualquier posibilidad de organizar una resistencia de los presos. El 31 de enero de 1938 lo llevaron nuevamente a Gran Canaria, esta vez al penal de Gando, junto a cientos de militantes de las fuerzas de izquierda y democráticas, o a veces simples intelectuales o funcionarios leales a la República.
Veinticuatro meses de penalidades, de encierro, golpes y miseria. De noches en las que llegaban a buscar listas de hombres que nunca regresaron a sus hogares. Las cárceles, que duplicaban muchas veces su capacidad y no mantenían las mínimas condiciones de higiene, que para muchos significó la muerte. Posiblemente el mayor peligro de Pedro era haber sido un autodidacta, que por sus propios medios aprendió a leer y escribir, pero también a pensar.
Al salir de prisión siguió en Gran Canaria, donde vivió hasta 1944 bajo la sombra y el miedo del expediente de Responsabilidades Políticas abierto. Había quedado claro que su proceso para ser masón no había podido concluir, con lo que parte de esa losa judicial se le quitó, recuperando el uso de las modestas 25 pesetas que tenía como única posesión, en una cuenta del Banco Exterior de España.
Quince funcionarios de Correos de la Provincia de Las Palmas habían sido apartados de sus puestos e inhabilitados por sus ideales políticos. Además de Pedro, se castigó a los jefes de negociado, Francisco Adsuar Martín, José A. Junco Toral, Marcos Marino Argos, el oficial de primera de Arrecife, Francisco Delgado Expósito, y los carteros urbanos, Juan del Paso Corralejo, Manuel Henríquez Cabrera, Pedro Suárez Álvarez, Ricardo Quirós Molina, Juan José Pastor González, José Calero Rodríguez, Manuel Gato Manteca, José Gil Elciondo, José Ramón Álvarez Céspedes y Domingo López Marichal, todos, salvo Calero, que ejercía en Puerto Cabras, trabajaban en la Isla de Gran Canaria.
Su vida cambió desde su puesta en libertad. La precariedad y el señalamiento por rojo lo marcaron. Empezó a trabajar como vendedor ambulante junto a un tal Manuel Castaño, en el mercado de Vegueta de Las Palmas. En 1943 el órgano de Falange en Gran Canaria lo volvió a señalar, como uno de los compradores de objetos sustraídos por una sirvienta del barrio de San Nicolás.
En 1944 vivía en el número 36 de la Calle Cano, en la zona de Triana, casándose en esa época con Antonia Cabral Hernández, con la que tendría varios hijos, caso de Anida Castejón Cabral y Agricio Castejón Cabral. En ese mismo barrio abrió en 1940, junto a su compañera, una librería de segunda mano, siendo la lectura una de las grandes pasiones de Pedro, que le abrió a conocimientos que no podría haber adquirido de otra manera. Desde bastante joven había participado como escritor en medios como la revista “Nuevo Mundo” y posteriormente hará lo mismo en medios de las Islas, caso de “El Tribuno”, “La Provincia” y “El Eco de Canarias”.
Tras dos años de un encierro injusto y asfixiante, parece que las montañas de Gran Canaria se convirtieron en su vía de escape, en la mejor forma de disfrutar de la libertad que le robaron.
En agosto de 1958 se produjo un nuevo proceso, esta vez por “escándalo público”, contra José Navarro González y Pedro Castejón González, por el que se les pedía una pena de tres meses de arresto mayor, 3000 pesetas de multa y ocho años de Inhabilitación especial.
A partir de la década de los sesenta su nombre se hará bastante habitual, siendo miembro del Grupo Montañero San Bernardo y de la Federación Canaria de Montañismo. Su amor por la naturaleza lo convirtió en un temprano referente del ecologismo canario, en uno de sus múltiples textos publicados pedía “sacar a los niños de estas cárceles de cemento y humo que son las ciudades modernas y acostumbrarles a los espacios libres y descontaminados: para hacerles comprender que las montañas y barrancos son de todos y a todos nos corresponde cuidarles”. En esa labor, impulsó y apoyo diversas campañas de reforestación de las montañas del interior de Gran Canaria.
En esa etapa ya le apasionaba el pasado indígena de Gran Canaria y la naturaleza isleña, leyendo todo lo que caía en sus manos sobre estos temas. En el Eco de Canarias de mayo de 1938 se comenta su conferencia sobre el primer día del año de los antiguos canarios, y se dice que su charla creó ”un cuadro plástico lleno de colorido y vida que supo captar el nutrido grupo de concurrentes”. Sus conferencias sobre historia, flora y medio ambiente, serán habituales en distintos lugares y eventos. Su labor formó parte de descubrimientos, como los realizados en la llamada Cueva Tibicena de del Barranco de Tejeda.
También fue un pintor aficionado, siendo uno de los participantes en la XIV Exposición Regional de Bellas Artes celebrada en Gran Canaria en 1970, que se sumó a la publicación de libros, su interés por la ufología, la poesía, el teatro....al fin y al cabo, una figura más de una generación a la que se le quedaban pequeñas las horas del día. Incluso en su faceta ligada a los ovnis llegará a lanzar mensajes que parecen actuales, pidiendo a los seres del espacio exterior que acaben con los poderosos que llevaban el planeta a la guerra y la destrucción, suprimiendo con ello “de los hombres, esos genes malditos que hacen que la Humanidad no sea de mejor condición”.
Pedro tuvo la suerte de volver a ver la libertad perdida, viviendo en la Isla que lo acogió, hasta la avanzada edad de 91 años, falleciendo en Las Palmas de Gran Canaria el 25 de octubre de 1997. Sus últimos años estuvieron marcados por homenajes a su labor y el recuerdo de quienes les conocieron. En La República, medio alternativo isleño, lo definieron a título póstumo como un “hombre de izquierdas, republicano, internacionalista, lector incansable, humanista y de profunda sabiduría”.
Sus cenizas descansan en la cima de la Montaña sagrada de Amagro. Allí dejó más de seis décadas de vida y lucha en las Islas, donde se enamoró, donde sintió que estaba su tierra, sus montañas y su historia, de la que queriendo o sin querer, se hizo parte.
Fuentes utilizadas
AHPLP. Expediente 427/1939 del Tribunal de Responsabilidades Políticas contra Pedro Castejón y otros.
Gaceta de Canarias. 9 de mayo de 1936 p5
AHPLP. Caja 261. Expedientes con informes sobre militantes del Frente Popular, funcionarios de Correos y de otras administraciones, además de candidatos a las elecciones de 1936
Falange. 20 de junio de 1946 p2
Falange. 18 de marzo de 1943 p4
Falange. 17 de agosto de 1958 p8
El Eco de Canarias. 31 de mayo de 1968 p21
El Eco de Canarias. 26 de abril de 1970 p18
El Eco de Canarias. 16 de mayo de 1970 p24
El Eco de Canarias. 20 de marzo de 1974 p26
El Eco de Canarias. 4 de abril de 1978 p13
La República. Nº4 1998. p4
Ruiz Quesada, Ángel. Ritual en la montaña sagrada de Montaña de Amagro: https://angelruizquesada.com/zurron-de-los-recuerdos-ritual-en-la-montana-sagrada-la-montana-de-amagro-13-de-enero-de-1996/






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