Lanzaroteño de origen, como el resto de su familia, nació el 6 de octubre de 1890, aunque poco después toda la familia se trasladó al Puerto de la Cruz, en Tenerife, donde se dedicarían a la actividad comercial. Tuvo la suerte de poder estudiar y esas herramientas le cambiaron la vida, la escritura le convirtió desde muy joven un activista social y político.
No había cumplido los veinte años cuando realizó un viaje aventurero a Estados Unidos, del que regresó en marzo 1910 (1). Un texto que realizó años después, estando en prisión por sus críticas al ejército y a la religión, describía su regreso en un vapor alemán, chapurreando ese idioma, que acabó dejándolo abandonado en Liberia. Allí, gracias al cónsul español, pudo regresar a su tierra, mientras en el bolsillo de su chaleco estaban guardadas las dos pesetas con las que empezó su aventura (2). No fue su primer viaje por el océano, no sería el último.
La Primera Guerra Mundial se hizo notar con fuerza y crueldad en la frágil economía isleña. Ni los plátanos podían salir, ni muchas de las principales importaciones llegar, al menos no con normalidad, por la labor de los submarinos alemanes.
En esa época Domingo era un joven activo, solidario y soñador, que no dudó en ayudar a los marineros del vapor “Punta de Anaga”, que acabó hundido por un accidente en la costa del Puerto de la Cruz, dejando varios fallecidos. Los propios afectados mencionaron en la prensa la labor de nuestro protagonista, “que con entrañable afecto nos colmó de atenciones facilitándonos también trajes” (3).
La miseria producida por el conflicto bélico mundial, como había sucedido con la Guerra de Cuba antes, evidenció con total claridad la debilidad, el abandono y la corrupción que crecía bajo el viejo sistema monárquico. Muchos jóvenes veían las luces que aparecían en otros lugares, de ideas nuevas y repúblicas democráticas donde la ciudadanía velaba por el bien común, Domingo fue uno de ellos. En noviembre de 1916 ya formaba parte del comité local del Partido Republicano portuense, presidido por Agustín Estrada Madan, donde ocupó el cargo de vicesecretario (4).
Domingo tomará partido por el bando aliado en la Gran Guerra, siendo uno de los portuenses que realizó colectas en favor de los huérfanos franceses (5). También siguió vinculado unos meses más al republicanismo tinerfeño, aunque sus posiciones tibias con respecto a las necesidades de la clase obrera le generaron dudas. Las noticias de la revolución proletaria en Rusia y las huelgas de la clase trabajadora del Valle de La Orotava lo llevaron a las filas del Partido Socialista, fundando el Ateneo Socialista e impulsando una de las primeras agrupaciones de ese partido en Canarias, además de la Federación Obrera (6).
El joven inquieto había escrito folletos desde joven e incluso pagó con cárcel su apoyo a las huelgas obreras del Valle de La Orotava, pero quiso dar un paso más, convirtiéndose en director del semanario republicano portuense, “El Clamor Público", promovido por el mítico Luis Rodríguez Figueroa, medio que tuvo corta vida. En 1918 el aventurero Domingo realizó otro viaje, esta vez a Japón (7), seguramente en busca de nuevas oportunidades comerciales, donde su hermano Salvador tendría labores de cónsul. En esos años impulsa la creación del semanario “La Voz del Pueblo” y percibía el auge que vivía el movimiento obrero, inspirado en la revolución rusa. Años después, ya siendo diputado de la República, recordó esos momentos “son los obreros, los obreros sin personalidad, los obreros innúmeros, los que piden que se les organice para la lucha” (8).
El Puerto de la Cruz se convirtió en uno de los principales focos de lucha obrera y con él llegaron nuevas ideas. Se conformó una Agrupación Socialista, la primera ligada al PSOE en el Archipiélago, que permitió que su hermano, Martín Pérez Trujillo, se convirtiera en el primer alcalde socialista canario, el 1 de abril de 1922. Domingo seguía escribiendo, siendo la cara visible de la Federación Obrera, cada día más fuerte y reivindicativa. En diciembre de ese año funda dirige el semanario “La Voz del Pueblo”, un mes antes había solicitado su entrada como masón en la Logia Añaza 270, donde adoptó el nombre simbólico de Miranda (9).
En “La Voz del Pueblo” lanzará varios textos referidos a la cruenta Guerra del Rif, un nuevo conflicto colonial que se llevaba la vida de miles de jóvenes de las clases menos favorecidas. Rechaza este proceso y además manifiesta “si en cada pueblo, como dije antes, hubiera un periodiquito como el mío, donde a falta de literatos, y mejor, prescindiendo de ellos, escriban hombres con cuajín, la revolución en los comicios, la revolución incruenta, la revolución legal sería un hecho”. Sería la gota que colmaría la paciencia de las autoridades, que veían el señalamiento de Pérez contra los responsables de los desastres militares en África como una afrenta al ejército. En febrero de 1923 le piden que comparezca en el cuartel de la Guardia Civil (10), iniciándose un proceso judicial por su labor periodística. El 25 de junio de 1923 tuvo que afrontar un Consejo de Guerra en el cuartel de San Carlos de la capital tinerfeña por un supuesto delito de “injurias al ejército”, siendo su viejo amigo, Luis Rodríguez Figueroa, su abogado defensor. La pena fue dura, dos años de prisión.
No tardó en darse una respuesta contundente de numerosas sociedades y entidades. El mismo día de la sentencia ya se producía una convocatoria de huelga en su localidad, convocada por la Federación Obrera, que tuvo gran seguimiento, “cerrando sus puertas todos los escritorios, ventas y comercios”, celebrándose además una manifestación y un mitin (11).
Los medios se hicieron el lógico eco de este suceso, igual que algunas instituciones. El pleno de Santa Cruz de Tenerife, a propuesta de López de Vergara, aprobó por unanimidad una petición de clemencia (12). Se conserva un texto de sus primeros días en la prisión tinerfeña, lleno de dolor y melancolía, donde describe la cárcel y la confusión que le generaba su situación, que fue publicado en varios medios (13). Unos días después de su entrada en prisión el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz acordó renombrar la calle San Juan de la localidad en honor de Domingo Pérez Trujillo, en un acto que tuvo una gran participación vecinal (14).
A pesar de las rejas de la prisión, Domingo Pérez siguió ejerciendo de líder obrero, participando activamente en el proceso de lucha por la mejora salarial de los jornaleros del plátano del Valle de La Orotava (20). A través de una decena de reuniones en la cárcel con el poderoso propietario agrícola, Sixto Machado, y una polémica publicada en diversos medios del momento, se consiguió una mejora para miles de trabajadores de este sector tan importante. La patronal se resistió a esta propuesta ya que decían que “la cifra de aumento va a dedicarla la Federación a aumentar sus fondos para así mejor combatir a le clase patronal”, aclarando Domingo que estos fondos se “dedicarán a atenciones de enseñanza y socorro”, haciendo públicos los gastos de la Federación (21). Hay que recordar que en esa época el analfabetismo era generalizado y muchas veces eran las entidades sociales las principales responsables de ofrecer clases gratuitas a los obreros y sus hijos e hijas. Esta lucha por el acceso a la educación de la clase trabajadora quedó siempre muy marcada en el devenir de Domingo.
La Dictadura de Primo de Rivera trató de rebajar las tensiones políticas y sociales con una amnistía general en julio de 1924, gracias a ella figuras como Miguel de Unamuno pudieron salir de su destierro en Fuerteventura y Domingo abandonar la prisión tinerfeña (22), aunque fuera con el compromiso de exiliarse del país.
El 18 de agosto de 1925 Domingo Pérez embarcó en el vapor León XIII rumbo a La Habana (23). En la Isla caribeña existía una gran colonia canaria y su labor asociativa no se detendrá. Trabajará como comerciante de muestras en la capital cubana (24). Además de proseguir su labor, allí se integró en la directiva del Club Tenerife, constituida en 1928 (25).
Domingo Pérez tenía una oficina en la calle La Muralla, en el casco viejo de La Habana, donde almacenaba muestras de productos como celuloide, un material altamente inflamable. En enero de 1929 tuvo un accidente que provocó un incendio que se descontroló y afectó a parte del edificio donde se encontraba (26). En la Isla permanecerá hasta finales de 1930, llegando a Tenerife el 23 de octubre (27), con la caída de la dictadura. Aquí retomó rápidamente sus labores como representante de la Federación Obrera, que había sido clausurada durante parte del gobierno de Primo de Rivera.
En abril de 1931 ya formó parte de procesos de negociación colectiva, como el anuncio de huelga de los obreros de la carga blanca del puerto de la capital (28). Esos días el ambiente político y social parecía acelerarse, cuando llegó el 14 de abril y con él un cambio histórico.
La llegada de la II República supuso una ola de ilusión y esperanza. En el Puerto de la Cruz resonó con especial fuerza, celebrándose la misma tarde del 14 de abril una manifestación popular en la que ondeó, entre otras, una bandera republicana que ya se había usado en la proclamación de la I República, en 1873. Dos líderes obreros destacaron ese día, Florencio Sosa Acevedo y Domingo Pérez Trujillo, que serían muy aplaudidos en los discursos que dieron en el balcón del Ayuntamiento (29). Como ya sabemos el primero acabó siendo alcalde socialista portuense y el segundo, diputado.
Domingo era en esa época presidente de la agrupación socialista de su localidad, que tenía a Manuel Carrillo como vicepresidente y a Inocencio Sosa como secretario (30).
Uno de los primeros logros de esta nueva época fue el retorno de las celebraciones por el primero de mayo, que en el Norte de la isla se celebrará con especial fuerza en Icod, donde la Agrupación Socialista se había conformado con cerca de 600 afiliados en pocas semanas. Domingo e Inocencio serán los representantes de la clase obrera portuense en esa marcha (31). Las elecciones constituyentes promoverán multitud de actos y mítines en toda la zona Norte, y generan una candidatura unitaria entre el Partido Republicano y el socialismo, en la que Domingo resultó nombrado como uno de sus representantes (32), siendo un habitual en los actos electorales celebrados en Tenerife y La Palma.
Tras no ciertas tensiones entre los sectores integrantes de la coalición electoral, se acordó inicialmente una candidatura formada por Alejandro Lerroux, Antonio Lara, Alonso Pérez y Domingo Pérez (33), aunque el 22 de junio se anunciará finalmente un desacuerdo ante el acercamiento del Partido Republicano a las posiciones más cercanas a las viejas élites tinerfeñas. que provocó una ruptura, que no impidió cierto consenso a la hora de promover el voto para Domingo por parte de un amplio sector del republicanismo.
El socialismo tinerfeño lo llevará como cabeza visible de su espacio, asegurando que “su vida estuvo —y está siempre— íntimamente unida a todas las manifestaciones del obrerismo en Canarias”. Lo acompañan en las listas José Gerardo Martín Herrera (en representación de La Palma), Antonio Barroso León e Indalecio Prieto (34). El Partido Republicano Tinerfeño logró una amplia mayoría, aunque Domingo también logró su acta, en especial por el gran apoyo logrado en municipios donde el socialismo y la UGT tenía un peso importante, caso de La Orotava, el Puerto de la Cruz, Los Realejos, Icod, Granadilla y Guía de Isora (35).
Desde julio de 1931 hasta avanzado 1933 Domingo Pérez Trujillo será un activo deputado de Canarias en Madrid. El 11 de julio los nuevos diputados de la provincia partieron rumbo en el vapor Ciudad de Cádiz (36), en su caso, tras haber recibido diversos homenajes en las asambleas socialistas de la Isla.
El escritor, Domingo Pérez Minik, hará un elogioso artículo sobre su figura en la edición chicharrera de El Socialista. En ella lo define como “lleno de ideal, pieza disciplinada, pieza organizadora. Con un acabado sentido de su tiempo. Personificación del trabajo silencioso, reposado, culto” (37). No es mal resumen de la vida de implicación y de preocupación por sus convecinos, que recibió un reconocimiento importante en las urnas.
El diputado socialista tinerfeño fue un altavoz de los problemas de la Isla en el Congreso, casi desde el mismo momento de su entrada. La situación del plátano y sus exportaciones, obras demandadas por pueblos y ciudades, o conflictos sociales recibieron su mensaje de aliento y acciones institucionales dirigidas al Gobierno de la República.
Su vida en Madrid le hace entrar en contacto con la comunidad canaria en la capital. Allí conoce a la tinerfeña Carmen Marichal López, hermana del republicano santacrucero, Rubens Marichal López. Con ella se casará en 1932. como no podía ser de otra manera, será una boda laica, celebrada en el juzgado del distrito de Chamberí, en Madrid. Los diputados canarios, Antonio Lara, Andrés Orozco y Alonso Pérez les acompañaron como testigos (38).
Domingo Pérez intervino en situaciones como las obras pendientes en Tenerife, que provocaban un incremento del desempleo (39) y en asuntos como las partidas necesarias para el Jardín Botánico del Puerto de la Cruz (40). Incluso logrará varias partidas para la mejora de espacios escolares de la Isla, caso de las destinadas para las escuelas de Garachico, logrando sesenta mil pesetas para ello (41) o preocupándose por las escuelas necesarias en la Cruz Santa (42). También ocupó su tiempo en las demandas del profesorado, plasmadas en varias ediciones del órgano de la Federación de Enseñanza de la UGT.
Su labor no acababa en los pasillos del Congreso. No dudó en participar activamente en momentos de gran tensión política y social. Un ejemplo de ello fue su presencia en La Gomera tras los Sucesos de Hermigua, donde se interesó por el conflicto obrero y las razones de los violentos enfrentamientos desarrollados, generando una respuesta agresiva de ciertos sectores conservadores de la Isla y de la propia Guardia Civil (43).
Las elecciones de 1933, en un contexto de creciente tensión social por los ecos cada vez más duros de la crisis mundial con el desplome de la bolsa neoyorkina, acrecentaron las diferencias entre el Partido Socialista y el Partido Republicano, que vivía un giro conservador. El propio Domingo les llegó a acusar de practicar “desafección a la república” y contener elementos “monarquizantes”, que fue respondida en la prensa (44).
Las crecientes luchas internas de los partidos más cercanos a los ideales originales de la II República se sumaron el creciente descrédito generado por la crisis y la falta de respuestas valientes de un gobierno sin apoyos suficientes. A esto se añadían las labores de la judicatura, poblada de reaccionarios, que aplicaron con dureza medidas represivas contra sectores de la clase obrera, procedentes de normas del régimen anterior, sumadas al crecimiento de sectores anarquistas y comunistas, cada vez más críticos con el republicanismo y el socialismo. Un ejemplo de ello fue el incidente vivido en el Congreso para las Bases del Plátano en La Orotava, donde en abril de 1932 Domingo y su grupo, de la Federación Obrera ligada a la UGT, fue acusado por Lucio Illada, cercano al PCE de tomar una actitud indigna en ese conflicto. El incidente acabó con un amago de duelo que afortunadamente no se desarrolló (46). La conclusión de esta etapa fue un retroceso general de las fuerzas de la izquierda y una victoria de las derechas en las elecciones generales de 1933, que trató de revertir los avances y usar la fuerza contra el movimiento obrero.
Domingo Pérez perdió su acta de diputado, aunque decidió quedarse en Madrid, dedicado a la actividad comercial de su familia, ligada a las importaciones de frutos (47), en la calle Ríos Rosas de la capital.
El matrimonio de Domingo Pérez y Carmen Machado vivirá los años intensos del bienio conservador en Madrid. En 1935 sus sobrinos, Carlos y Juan Machado, van a vivir con la familia, tras la muerte de su madre, Concepción Machado en julio de ese año (48).
Todo transcurrirá con normalidad hasta la llegada del 18 de julio de 1936. La Guerra, fruto del golpe militar, les sorprende en Madrid. No he podido encontrar testimonios hemerográficos sobre este momento. Sus sobrinos recuerdan que Domingo participó en el frente, resultando herido (49). Incluso lo vinculan con la creación del Batallón Canarias, dirigido por el gomero Guillermo Ascanio, aunque en las obras que estudian ese proceso no mencionan a Domingo.
La familia abandonará Madrid en diciembre de 1936, trasladándose con el Gobierno republicano a Valencia y posteriormente a Barcelona, donde Domingo gestionará una fábrica de armamento hasta la caída de la ciudad (50). La derrota de la República le obligó a buscar refugio en Francia, sumados a la enorme marea humana. Su esposa y sus sobrinos habían logrado un refugio en París desde 1938, huyendo de los bombardeos y el hambre. Con le llegada de los nazis al país Galo, a Casablanca.
El la ciudad marroquí se agruparon numerosos refugiados españoles. Domingo mantendrá su labor comercial, impulsando la empresa “Fruitrujillo”, con la que trató de mantener a su familia. No dejará de tener una labor organizativa, ya que tal y como señala la investigadora Pilar Domínguez,
ejerció de portavoz de un grupo de dieciséis cabezas de familia “todos ellos socialistas”, que le piden a Prieto: invocando “su inquebrantado afecto” ... que les consiga “visa de entrada para cualquiera de las repúblicas de América” (51).
El 19 de noviembre de 1941 el vapor portugués Quanza, pagado con fondos de la Junta de Auxilio a los republicanos españoles (JARE), embarcó a 400 refugiados españoles, hombres, mujeres y niños. Iban a ser acogidos por uno de los pocos países solidarios con esta causa, México, llegando a Veracruz el 22 de mayo de 1942. La intención inicial de Domingo parece que era la de llegar a Cuba (52), aunque finalmente parece que se quedaron en México. La situación de la familia no será fácil, sosteniéndose en 1942 con las ayudas de la JARE, pedirá un préstamo a la misma entidad para tratar de montar una fábrica de jabón, aunque sin éxito (53). Sus sobrinos irán buscando una vida mejor, desarrollando sus estudios, primero en México y después en los Estados Unidos, destacando uno como investigador y estudioso, y el otro en su faceta artística.
Cuatro antiguos diputados canarios acabarán recalando en México, país que fue extraordinariamente generoso y solidario. Fueron Elfidio Alonso Rodríguez, diputado de Unión Republicana por Tenerife, José Antonio Junco Toral, diputado socialista por Las Palmas, Antonio Lara y Zárate, diputado republicano de Tenerife y vicepresidente de las Cortes Constituyentes, además del propio Domingo.
La tristeza del exilio y su propia situación personal, con diversos achaques y enfermedades, le fueron dejando huella, que se suma a cierto nivel de melancolía que parecía formar parte de su personalidad. En octubre de 1954. La prensa socialista en el exilio manifestó “un excelente compañero y un hombre de carácter bondadoso que se hacía estimar por cuantos le trataron” (54).
Parece que la vida y el golpe militar hizo real el final de un poema suyo que publicó en la prensa en 1923, cuando solo tenía treinta y tres años:
“... y volatilizarme, y, en el éter perdido,
no dejar ni una huella de que hubiera existido
ni tampoco un recuerdo, ni siquiera un “se fue” “(55)
La vuelta de la democracia permitiría pasar de los recuerdos crípticos a los reales. El Puerto de la Cruz fue sede de varios homenajes sentidos, destacando la colocación de un busto en una vía céntrica de la ciudad, aunque quizás la memoria de sus pasos y los ideales que defendió, así como el coste que tuvo en su vida, se encuentren emborronados en la población actual. Cuánto debemos agradecer la lucha de tantas personas como Domingo, para poder vivir hoy en día en una sociedad con más derechos y libertades.
Fuentes utilizadas
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Cabo Ramón, Bernardo. Domingo Pérez Trujillo 1890-1954: https://bernardocabo.blogspot.com/2012/03/domingo-perez-trujillo-1890-1954.html
El Progreso. 9 de junio de 1918 p2
“La revolución rusa es una obsesión y un estímulo en las conciencias. Surge un nuevo mundo. Con todo, los patronos, ciegos de egoísmo, se lanzan frenéticos a la caza de la nueva ganancia, creyendo que todo estaba como antes. Pero no. Algo ha cambiado. La simiente germina vigorosamente. Se lee ávidamente a Lenin, a Trotzky (sic), a Marx” .La Tarde. 7 de octubre de 1932
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La Prensa. 15 de julio de 1923 p1
Idem
La Prensa. 17 de julio de 1923 p1
La Prensa. 25 de julio de 1923 p2
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La Prensa. 22 de agosto de 1923 p1
El Progreso. 4 de septiembre de 1923 p1
La Prensa. 19 de julio de 1924 p3
La Prensa. 19 de agosto de 1925 p3
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La Prensa. 24 de octubre de 1930 p3
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La Prensa. 16 de abril de 1931 p4
La Prensa. 26 de abril de 1931 p1
La Prensa. 30 de abril de 1931 p2
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Las Noticias. 25 de junio de 1931 p1
“Organizador de los trabajadores del Valle de la Orotava, mantuvo siempre alerta la disciplina y reprimió todo desmán que perjudicara la causa socialista. Por una campaña periodística en plena Dictadura, de carácter anticlerical, se le condenó a un año de cárcel y al salir fue perseguido este presidente de la Federación Obrera del Valle de La Orotava, teniendo que emigrar a América. Regresó. Y hoy el Partido Socialista le presenta en esta lucha electoral como genuina representación de sus ideales”. La Prensa. 26 de junio de 1931 p2
Cabrera Acosta, Miguel Ángel (1990). Las elecciones a Cortes de 1931 en las Canarias Occidentales. IX Coloquio de Estudios Atlánticos. Las Palmas de Gran Canaria. pp956-980
Gaceta de Tenerife. 11 de julio de 1931 p2
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El Día. 14 de mayo de 1932 p1
La Prensa. 28 de mayo de 1932 p1
La Prensa. 12 de febrero de 1933 p5
La Prensa. 22 de marzo de 1933 p2
Gaceta de Tenerife. 24 de marzo de 1933 p8
La Prensa. 22 de abril de 1933 p2
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García Llanos, Salvador. Las diferencias por una indignidad: https://www.elblogoferoz.com/2024/10/02/opinion-las-diferencias-por-una-indignidad-salvador-garcia-llanos/
Democracia. 20 de julio de 1935 p7
La Prensa. 24 de julio de 1935 p8
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Idem
Domínguez Prats, Pilar. (1990). Refugiados canarios en México (1939-1949). IX Coloquio de Estudios Atlánticos. Las Palmas de Gran Canaria. pp802-817
Junta de Auxilio a los republicanos españoles (JARE) Libros de actas (1939‐42) Libros III y IV p179 y 195
Domínguez Prats, Pilar. (1990). Op cit p 814
“Sólo las adversidades del exilio, tan riguroso con la mayor parte de cuantos lo padecemos, podía impulsarle al suicidio, consumado en circunstancias singularmente dramáticas que lo hacen, si caben gradaciones en ese orden, más penoso”. Adelante. 31 de octubre de 1954 p2
La Prensa. 23 de febrero de 1923 p1
El Eco de Canarias. 8 de septiembre de 1966 p17







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