El sectario es el típico amargadillo que imparte justicia sin que nadie se lo pida. El sectario dicta sentencia sin escuchar, muchas veces casi sin pensar. Para el sectario sólo existe un lado correcto, el suyo. Su cariño es frágil ya que sólo soporta un asfixiante clima monocolor, donde blancos y negros, buenos y malos están tan bien definidos, el no necesita más. El sectario está siempre ávido por calzarse su túnica para quemar herejes y sus lengua o teclado pistolero siempre trata de dejar seco al enemigo, sin demasiado trabajo ni esfuerzo, es el enemigo al fin y al cabo. Un sectario no te acompaña, te vigila, te audita, te valora o juzga…hasta que detecte que no eres lo suficientemente bueno para el. Aunque lo parezca, un sectario nunca podrá ser un amigo, mucho menos un camarada, su afinidad dura poco, siempre buscará motivos para sentirse traicionado o para la sospecha. El sectario es como el caballo de Atila, por donde pasa no vuelve a crecer la hierba. Jamás trates ...