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José Perera García, médico y primer alcalde republicano de La Laguna



El primer alcalde de La Laguna durante la II República fue José Perera García, un médico que se atrevió a dar un paso en una sociedad donde el viejo poder monárquico y caciquil seguía teniendo una enorme fuerza. Como en el libro de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, el municipio vivió un proceso donde las viejas élites trataron de mimetizarse con el nuevo orden republicano, generando un tiempo donde tensiones sociales, las demandas de mejora y las resistencias convivían.

El municipio, con solo unos 24.000 habitantes, celebró las elecciones del 12 de abril de 1931 con calma. La dictadura de Primo de Rivera había pasado, pero el viejo orden monárquico se mantenía. Eran unas votaciones solo de hombres y donde los viejos poderes mostraron un control absoluto de casi todos los colegios electorales. Salvo el Casco lagunero y algunas zonas de La Cuesta, donde se agrupaban la mayor parte de los obreros y la pequeña burguesía ilustrada, los monárquicos lograron una amplia mayoría, con veinte concejales, frente a tres republicanos. En las mesas del centro la candidatura republicana había conseguido 721 votos frente a los 640 de los monárquicos (1). La campaña no había estado exenta de tensiones. José Perera y sus compañeros de militancia denunciaron que los caciques habían pagado una campaña de folletos, hechos con unos llamativos papeles rojos, en los que acusaban a los republicanos de todos los malos, como ser comunistas y anticlericales. Aseguraban que las hojas habían sido distribuidas, “por cuatro inconscientes encargados de hacerlas circular como anuncios de feria”. Resulta curioso que este manifiesto lo firmaran en su encabezado José Perera y en su cierre, Alonso Suárez Melián, los que les tocaría ser primer y último alcalde republicano de Aguere. Les acompañan Rafael Martínez Morales, el periodista Joaquín Fernández Pajares, el obrero Marcelino Alberto, el abogado José Maury y Verdugo; el comerciante Lucio González Ramos, el obrero Ángel Manzano, el profesor Álvaro Fernaud de la Rosa, el comerciante Carlos Pimienta Ríos, el constructor; Cristóbal Cabrera, el obrero Alfonso Rodríguez, el industrial Pelegrin Santana, el comerciante Quiterio Díaz Estévez, el propietario Blas Cairo y el comerciante Diego Luz Giménez (2). El Partido Republicano Tinerfeño sumaba a sectores conservadores y avanzados, estableciendo en esos comicios una alianza con el Partido Socialista.

José Perera había nacido en 1899, su padre, Jose Perera y Boix aparece en la prensa histórica como acomodador del Teatro municipal de la capital (3). Su hijo pudo estudiar medicina en Madrid, algo nada fácil para un joven canario de esa época. No hay demasiados datos de su vida juvenil, aunque sí sabemos que le gustaba disfrutar de la naturaleza. Siendo apenas un adolescente, un accidente durante una excursión al monte de Las Mercedes le dejó una pierna rota, algo que quedó plasmada en la prensa de la época (4).



En 1928 se casó con la lagunera Ángela Castro de León (5) y desde ese momento su vida estuvo muy ligada a La Laguna, donde tendrá consulta, la primera en el entorno de la plaza del Adelantado y la segunda, en la zona de Silverio Alonso (6). El republicanismo tinerfeño era una mezcla de ideales e intereses, que en parte tomó fuerza como respuesta a un viejo poder dictatorial y monárquico que había decidido promover la división provincial. En 1931 Perera empezó a formar su familia, con el nacimiento de su primer hijo en el mes de enero (7). También aparecen las primeras señales de un activismo político, con el telegrama que firma junto a José Maury Verdugo, dirigido al republicano conservador, Niceto Alcalá Zamora, en nombre de “los republicanos tinerfeños” (8). En marzo se ese año pidió ser nombrado “médico honorario y gratuito del Hospital de La Laguna” (9), el conocido como Hospital de Dolores, en un momento en el que la sanidad distaba mucho de tener un modelo público y universal.



Las elecciones transcurrieron con actos y mítines, al margen de la campaña sucia. El 8 de abril el Teatro Leal lagunero acogió un gran mitin en favor de la candidatura republicana (10). En el escenario estuvieron Elfidio Alonso, Ángel Manzano, Juan Velázquez y Alonso Suárez Melián, además del periodista Joaquín Fernández Pajares, conocido por el apodo de “Jacinto Terry”. A esa cita tampoco faltó Domingo Cabrera Cruz, una figura llamativa del momento, que desde posiciones tradicionalistas e incluso cercanas a la anterior dictadura, que en un contexto de cambio no dudó en acercarse a los ideales republicanos, según algunos estudios, lo hizo para evitar la llegada de sectores que pudieran defender posiciones más avanzadas. En su discurso dejaba claro es ideario, afirmando que “la garantía del orden isleño estaba en contar con grupos republicanos en todos los Ayuntamientos de Tenerife, para garantizarnos de posibles desmanes”. El mismo reconocía que “por un avance natural de todo hombre de levadura democrática fui acoplando en la izquierda antidinástica” (11). El profesor Miguel Ángel Cabrera dirá de él que ejercerá como “cacique máximo de La Laguna”, por su gran peso social y capacidad de movilizar (12).

José Perera García, Joaquín Fernández Pajares y Rafael Martínez Morales habían logrado acta de concejal como miembros de ese amplio republicanismo. El 14 de abril La Laguna había sido de los primeros lugares donde la bandera republicana ondeó, haciéndolo desde el medio día en el mástil del Ateneo, que años antes había acogido la que fue la primera bandera de Canarias. Por la tarde, una manifestación acompañada por la banda municipal recorrió las calles del Casco, llegando a la Junta Suprema (13).

Siguiendo el modelo vertical, los nuevos dirigentes insulares de la República decidieron nombrar a José Perera como alcalde. Su primera decisión fue la de renunciar “a los gastos de representación en favor de los asilos benéficos y suspendía la concesión de licencias para los aprovechamientos en los montes municipales” (14). Estas decisiones plasmaban algunas de las preocupaciones del nuevo tiempo político. La situación de los montes laguneros había generado preocupación y debate público, ya que miles de personas trataban de aprovechar su madera para alimentar sus cocinas y otras actividades similares. En La Prensa de principios de abril ya había artículos que alertaban de la pérdida de monte y el deterioro que vivían zonas como el Llano de los Viejos o Madre del Agua (15). Además del alcalde, la comisión gestora estuvo compuesta por Álvaro de la Rosa Fernaud, Joaquín Fernández Pajares y Alonso Suárez Melián (16).



Un cambio tan significativo como el de pasar de un modelo monárquico a uno republicano, no dejó indiferente a nadie. Las primeras semanas se convivía con el temor a sucesos violentos, ya sea por los sectores más revolucionarios del republicanismo o por reacción de los poderes conservadores. Domingo Cabrera comentó en sus memorias como una noche fueron un grupo de seguidores a su casa del Camino Largo (el famoso castillo), para alertar sobre “masas de obreros de Santa Cruz y del Puerto se han adueñado violentamente de la “Federación Obrera” destituyendo de la presidencia a Marcelino y nombrado en su lugar a Saturnino Tejera”. Domingo Cabrera mostraba una absoluta desconfianza del nuevo Gobernador Civil y de los sectores alineados con Lerroux y el socialismo. Junto al sector más cercano a sus ideales dentro de la Federación Obrera de La Laguna, ubicada en la plaza de San Francisco, organizó una guardia republicana para controlar edificios religiosos y evitar situaciones de violencia que pudieran darse, aunque estas no sucedieron (17). Esta mirada hostil se reforzaría y explica su rápido tránsito al nuevo régimen, tras el golpe del 18 de julio.

Los decretos del breve primer gobierno lagunero abordaron el cambio de tiempo que se vivía. En un primer decreto, el 21 de abril, anunciaban que iban “a cumplir su promesa de dar a conocer al público cuanto se relaciona con la administración municipal”, aportando datos de las finanzas locales, ante las grandes dudas que la corrupción y el robo de recursos públicos generaba el tiempo anterior. Los datos eran preocupantes, la caja local tenía solo 2.752,09 pesetas (18).



Lamentablemente no se conservan las actas municipales entre abril de 1931 y enero de 1932, lo que hace difícil conocer los pasos que se dieron en esos meses. El gobierno de Perera también quiso salir al paso de las quejas sobre los funcionarios colocados a dedo por el régimen anterior y su cuestionable lealtad. A diferencia de esos despidos globales de personal, ejecutados en las décadas anteriores en cada cambio de color político, el nuevo gobierno manifestó que iban a cumplir los acuerdos de la República, ya que un despido general sería “sustituir al caciquismo derrocado por otro semejante, a lo que ni la Alcaldía está dispuesta, ni lo consiente el Gobierno de la República” (19). A pesar de ello, trató de “depurar las responsabilidades en que hayan podido incurrir los empleados municipales” (20), con la voluntad de aclarar posibles malas prácticas. La respuesta a estos intentos sería de un creciente bloqueo político e institucional.

En el mes de mayo llegará al municipio el Gobernador Civil, Enrique Izquierdo Giménez, político catalán, miembro del Partido Republicano Radical y uno de los grandes enemigos de Domingo Cabrera Cruz. A raíz de ese encuentro la Comisión Gestora local adoptó el acuerdo “de llevar a la práctica el empréstito emitido por el Ayuntamiento con el Banco de Crédito Local, destinándolo a resolver el problema del abasto de aguas” (21). Esta visita se desarrolló en pleno conflicto, donde los movimientos de Cabrera, con el apoyo de la Federación Obrera local, trataban de deslegitimar al resto de espacios, como el Gobernador y el propio Ayuntamiento.

Los republicanos trataron de articular nuevas mayorías locales, que permitieran consolidar nuevas voces en un municipio importante como La Laguna. José Naveiras, presidente del directorio republicano en Tenerife, anunciaba que el comités lagunero, presidido por José Perera, sería el representante local, frente a las maniobras de otros sectores. Desde la dirección insular le animaban a “estimular por todos los medios la captación de afiliados que estén dispuestos, en las próximas elecciones, a votar la candidatura del partido” (22).

Las tensiones entre sectores era evidente. Domingo Cruz, además de otras figuras encuadradas en la Federación Obrera, trataron de bloquear cualquier entendimiento. El comité local republicano decidió dar un paso a un lado, dejando una crítica velada sobre quienes estaban detrás de su decisión, “nadie puede decirnos que nos guíe otra clase de intereses que no sean comunales, pues bien limpia tenemos nuestra hoja de servicios política y bien ajenos estamos de aquellos elementos que hasta ayer, no solo sirvieran interesadamente a la Monarquía” (23).

Las elecciones locales de mayo, con las que la II República trataba de normalizar el tiempo político, supuso un choque tenso entre los sectores del republicanismo tradicional y espacios cercanos, con otros que acababan de mutar, desde posiciones más conservadoras a un nuevo republicanismo de nueva ola. Este último sector, con perfiles que años antes habían sido concejales monárquicos, es el que logró hacerse con la mayor parte de los votos en La Laguna. Las tensiones incluso hicieron que en algunas mesas electorales se vivieran choques violentos entre sectores de espacios que supuestamente eran el mismo. El 5 de junio tomó posesión el nuevo gobierno local, eligiendo como alcalde Amado de la Cruz y Martín y primer teniente Demetrio I. Pérez (24). Este último había sido un “antiguo concejal monárquico y ferviente defensor del bloque social dominante y, por ende, de sus prácticas tradicionales de vieja política” (25)..

Las casas baratas y la mejora escolar fueron dos de los grandes caballos de batalla de estos primeros meses de la II República. La comisión municipal lagunera para la construcción logró promover la construcción de unos grupos escolares para la Primera Enseñanza en Santo Domingo, aunque a través de un crédito con la Caja de Ahorros y Monte Piedad de Santa Cruz, para el que tuvieron que hipotecar la casa de la Alhóndiga y la Casa del agua (26).

La labor de Perera fue corta, pero parece que su compromiso político se mantuvo, a pesar de los inconvenientes. En julio de 1931 se nombró la nueva directiva del Centro Republicano Tinerfeño, de La Laguna, que volvió a estar presidido por él (27). No sería la última noticia sobre su figura para este año, ya que en diciembre se hizo conocido por haber repartido un décimo premiado de la lotería en numerosas participaciones que llegaron a muchos vecinos de la Isla (28).

De estos primeros doce meses de gobiernos republicanos se lograrán que se mejoren los locales y los materiales de las escuelas ubicadas en la Avenida de Lucas Vega, Plaza de San Francisco, San Juan y Viña Nava, además de poner en marcha en la Alhóndiga, la Graduada de seis secciones, anexa a esta Escuela Normal (29).

Las luchas y tensiones vividas en el republicanismo lagunero parece que alejaron a Perera de la primera línea. En 1934 fue elegido vocal de la Junta Provincial de Beneficencia (30) y después de esa fecha parece que mostró un perfil bajo, ante una dictadura que detenía a viejos amigos y en algún caso los hacía desaparecer. Su última militancia estuvo ligada a Izquierda Republicana, según las listas elaboradas por la Guardia Civil en los primeros meses del golpe (31).

Su labor como médico lo hará popular y reconocido, a tal punto que en 1969, cuando fallece a los setenta años de edad, el consistorio lagunero y algunos medios se harán eco de su muerte (32). A diferencia de otros alcaldes posteriores, en especial algunos franquistas, su nombre no se recuerda con ninguna calle en La Laguna, quedando solo el de Alonso Suárez Melián como único testimonio de los primeros ediles de esta breve etapa de esperanza democrática y social. La vida no le dio la oportunidad de retomar una labor política o explicar con cierta libertad sus pensamientos sobre su tránsito por el siglo XX, aunque quizás la familia pueda dar la última palabra a este respecto en algún momento.


Fuentes consultadas

  1. La Prensa. 14 de abril de 1931 p1

  2. La Prensa. 10 de abril de 1931 p2

  3. El Progreso. 5 de enero de 1910 p1

  4. Gaceta de Tenerife. 18 de septiembre de 1914 p2

  5. La Prensa. 28 de marzo de 1928 p3

  6. Ars Clinica Academica. Vol.2 Núm.2, mayo 2015 p42

  7. La Prensa. 8 de enero de 1931 p3

  8. Las Noticias. 13 de febrero de 1931 p3

  9. Gaceta de Tenerife. 14 de marzo de 1931 p2

  10. La Prensa. 8 de abril de 1931 p5

  11. La Prensa. 11 de abril de 1931 p2

  12. Cabrera Acosta, MA. (1990). Las elecciones a cortes de 1931 en las Canarias occidentales. IX Coloquio de Historia Canario Americana. Las Palmas de Gran Canaria p966-967

  13. La Prensa. 14 de abril de 1931 p3

  14. La Prensa. 17 de abril de 1931 p2

  15. La Prensa. 1 de abril de 1931 p1

  16. Gaceta de Tenerife. 19 de abril de 1931 p2

  17. La vida de Domingo Cabrera: https://semaforodelaatalaya.es/la-vida-de-domingo-cabrera/

  18. Gaceta de Tenerife. 23 de abril de 1931 p3

  19. La Prensa. 26 de abril de 1931 p4

  20. Las Noticias. 27 de abril de 1931 p2

  21. La Prensa. 12 de mayo de 1931 p1

  22. Las Noticias. 18 de mayo de 1931 p5

  23. La Prensa. 24 de mayo de 1931 p2

  24. El Progreso. 6 de junio de 1931 p2

  25. Aguiar García, C. Nuevo régimen, viejas caras. El bloque de poder político dominante en Tenerife 1923-1945. Continuidades y cambios entre ambas dictaduras. Pp350-351

  26. Aguiar García, CD. La provincia de Santa Cruz de Tenerife entre dos dictaduras (1923-1945). Hambre y orden. Tesis doctoral de la Universidad de Barcelona p222

  27. El Progreso. 17 de julio de 1931. p2

  28. Las Noticias. 22 de diciembre de 1931 p2

  29. El Día. 21 de abril de 1932 p2

  30. Gaceta de Tenerife. 9 de marzo de 1934 p8

  31. AHPLP Caja 262. Directivos de Unión Republicana, Izquierda Republicana y Socialistas. E58 2.4

  32. El Eco de Canarias. 2 de julio de 1969 p9


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