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Guillermina Rojas, Isabel González, Sol Luna Ramos y Josefa Gaskin, mujeres que abrieron los caminos de la igualdad

Antes de que los ocho de marzo se tiñeran de violeta las calles y las instituciones hubo mujeres que abrieron una brecha que durante siglos se consideró intocable e inamovible. Sus voces fueron atacadas con dureza y además señaladas por los sectores tradicionalistas y conservadores, a veces solo se opta por hacerlas invisibles. Hoy toca ver varios ejemplos luminosos ligados a Tenerife.

Una figura destacada, aunque injustamente olvidada, es la de Guillermina Rojas Orgis. Aunque su nombre no sea recordado en ninguna calle o plaza del Archipiélago, ella nació en el Puerto de la Cruz el 25 de junio de 1848. Hija de un gallego y una tinerfeña, formada como costurera, su familia emigró a Cádiz, donde llegó con apenas seis años. Allí, a pesar de las dificultades económicas, consiguió formarse como maestra. Ese logro no le impidió tomar una arriesgada decisión, dejando de ejercer pronto, al sentir lo limitado de las enseñanzas permitidas para las niñas de la época. Ella misma lo contaba en el periódico El Combate diciendo que dos años después de empezar como maestra nacional, abandonó esa profesión, al ser “imposible poder armonizar sus ideas con la educación rústica y la raquítica instrucción que se da hoy en las escuelas, presentó su dimisión y volvió á su primitiva; ocupación, la cual era costurera de sastra, para ganar honradamente el sustento” (1). Guillermina vivió con fervor y liberó sus energías durante el sexenio revolucionario, recalando en Madrid.

Retrato de época sobre Guillermina Rojas

Su nombre, para bien o para mal, fue usado durante décadas como ejemplo de mujeres revolucionarias que reclamaban ideas que chocaban con el modelo establecido y tradicional de lo femenino. La prensa conservadora no dejó de mostrar su profundo odio ante la sola existencia de una mujer como ella. Las andanadas de desprecio eran como “...esas oleadas disolventes, esas heces de las últimas capas sociales, cuya profetiza es la Guillermina Rojas, que no acepta otro matrimonio que el amor libre” (2).

Fue señala por sus ideas adelantadas y su papel políticamente activo. Las caricaturan la pintan con pantalones bombachos y pistolas en la cintura, dispuesta a defender los frágiles avances de la época de Amadeo I y la I República, donde ejercerá de secretaria local de la Primera Internacional. El recuerdo de la capital francesa, resistiendo en manos de La Comuna y la brutal violencia desatada contra ellos, estaba muy vivo y las derechas la acusaban de ser una mujer “ de palabra fácil, capaz de agitar una turba en días de revolución, y aun de capitanearla en las barricadas” (3). En Cádiz y en Madrid conoció el maltrato a la clase trabajadora y la discriminación que sufrían, en especial las mujeres. El combate contra estas injusticias la llevó a crear un club republicano femenino que llevaba el nombre de María Pineda

Guillermina estuvo en el escenario del Teatro Rossini de Madrid el 22 de octubre de 1871, defendiendo ardorosamente que se permitiera continuar la labor de la I Internacional, ligada a los ideales libertarios y con una clara posición obrerista (4). La crónicas de los medios republicanos destacarán sus palabras unos días antes, en esta ocasión en el Circo Price, donde “sostuvo los derecho de la mujer, cuya cooperación moral y material cree que es útil y eficaz”. Una de sus frases en ese día resumen bien la sociedad en la que vivía y la que quería lograr, “el trabajador se arrastra y muere, y es necesario que se levante y viva” (5).

La caída de la República y el regreso de los Borbones la devolverá al olvido. Su nombre seguirá siendo mencionando en la prensa del nuevo régimen como ejemplo a no imitar. Algunos articulistas dirían que ideas como la de ella hacían que se olvidara “la conveniencia y la utilidad de la mujer dentro del hogar doméstico, la expulsa de su seno para acercarla con maldición persistente a los Ateneos, a las Universidades y hasta se sueña con llevarla a los Parlamentos” (6). Guillermina, la mujer que alzaba su voz, que reclamaba educación igualitaria, que defendía el divorcio, el derecho a no casarse, o la participación política de las mujeres incomodaba. Por suerte no sería la única ni la última en sostener estos ideales. Tenía razón al reclamar a las “clases conservadoras que no se opongan a una idea, por que esa idea las arrollará” (7), La maestra costurera acabó siendo deportada a Filipinas por la monarquía restaurada y de allí logró llegar a México, donde superados los ochenta años seguía activa, apoyando, como secretaria de actas, la creación de un sindicato de costureras de la capital mexicana en 1934 (8), ignorándose la fecha real de su muerte.

A pesar de la represión, hay más ejemplos de estos ideales que se mantuvieron y perduraron en los años siguientes. Algunos medios seguían incluso en 1920 recordando su figura con una mirada cargada de desprecio y prejuicios, asegurando que era “tan mediocre o tan insignificante como cualquier escritor, político, orador y aun “pensador”, de nuestros días; pero no fue un marimacho” (9). Sin duda, un paso importante para su recuerdo fue que Benito Pérez Galdós la incluyera entre las figuras de los Episodios Nacionales.

Pasaron los años y nuevas guillerminas enfrentaron señalamientos similares. Hay que reconocer que hoy vuelven a estar de cierta actualidad, en un mundo donde algunos sueñan con “mujeres de valor”, condenadas nuevamente al silencio y al hogar. Mujeres con orígenes, formación e ideales similares a los de ella retomaron el testigo. En Santa Cruz de Tenerife, en julio de 1919, se conformó una Agrupación Femenina Socialista. Una joven que también ejercía de costurera, llamada Isabel González, conocida bajo el seudónimo de Azucena Roja, fue la impulsora inicial de este espacio (10). En un mundo de activismo político copado por hombres, Isabel consiguió hacerse oír en los actos y mítines para expresar ideas que nos distaban mucho de las manifestadas por Guillermina cuarenta años antes. Ahora parecía que había más oídos dispuestos a escuchar.

En octubre de 1919 “hizo un brillante discurso laborando por la emancipación de la mujer, siendo interrumpida en diferentes ocasiones por los clamorosos aplausos del auditorio” (11). Esta agrupación cuesta casi seis meses de trabajo, pero en diciembre de ese año ya es pública, siendo su directiva Isabel González como presidenta, la vicepresidenta será Sol Luna Ramos, la secretaria Luisa Bravo Malsonabe, vicesecretaria, Juana Cairero, la tesorera, Julia Ramos Rodríguez, la contadora, Carmen Hernández González, y de vocales, Julia Marques Flores, Carmen Rodríguez y Paula Cabeza (12). Unos meses después su composición volvió a cambiar, asumiendo la presidencia, Sol Luna Ramos, mientras para la vicepresidenta fue elegida la tabaquera Josefa Gaskin Medina, actuando de secretaria, Isabel González de Perdigón, Vicesecretaria, Juana Cairero Rodríguez, Tesorera, Luisa Bravo Maisonabe, contadora, Julia Márques Flores, vocales, Carmen Hernández González, Dolores Pérez González y Julia Ramos González (13). De este grupo destaco a Josefa, una de las primeras obreras que liderarán espacios de lucha sindical, que en 1915 ejerció como portavoz y presidenta del gremio de cigarreras (14). Su nombre además estará ligado a otras campañas de solidaridad y movilización en la Isla, asociándose años después a la CNT.

Además de espacio de reivindicación y avance de las mujeres, desde esta agrupación se promovió un programa de acción social, en una sociedad donde los únicos sistemas de acompañamientos de las familias más humildes se sostenía solo en la caridad religiosa. Dos de sus caras más visibles, Isabel González y Sol Luna Ramos, promoverán el proyecto “Leche para niños pobres”. La idea reflejaba valores como los plasmados en documentos como la declaración de Moscú sobre los derechos del niño, surgida en plena revolución rusa.

Niños y niñas, además de madres, del programa Leche para los niños pobres en 1934

La presidenta de la Agrupación Femenina Socialista, Sol Luna, empezó el 14 de marzo de 1920 a repartir leche entre los niños y niñas de los espacios con menos recursos de la capital. El objetivo de este proyecto era lograr recursos para evitar muertes prematuras ante situaciones donde unas “madres, anémicas y en general orgánicamente depauperadas —u obligadas a trabajar fuera de sus casas— no pueden seguir amamantándoles” (15). El proyecto tomó forma más oficial y se dotó de un equipo donde colaboraban otras figuras del socialismo tinerfeño, como Francisco Palacios, que ejerció de Tesorero. En esa época Canarias se encontraba en las partes altas de la tabla de mortalidad infantil del Estado, con alrededor de 250 muertes por cada 1000 nacimientos. La llamada gripe española y los coletazos de la crisis ligada a la Guerra Mundial empeoraban aún más las cifras de pobreza (16). El Instituto Nacional de Estadística da datos como que para 1932 murieron 279 menores de menos de un año y 400 de menos de cinco.

Lo singular del proyecto “Leche para niños pobres” no está solo en su impulso por mujeres, que como la propia Isabel, habían sufrido la muerte de una hija, es que logrará contar con apoyos públicos. El primero y más destacado lo logró el médico Manuel Bethencourt del Río, consejero en esa etapa del Cabildo, que conseguirá que este espacio aportara 2000 pesetas (17) para mantener el programa de alimentos. Sorprende conocer el perfil de una de sus principales figuras de esta iniciativa, Sol Luna. Nacida en Sevilla, había recalado en Tenerife, donde se ganaba la vida “con una guitarra por las calles de esta población” (18). En 1912 la junta de protección a la infancia y la mendicidad le pagó un pasaje “para trasladarse a Sevilla, su país natal” (19), aunque menos de un año después regresaría a la Isla junto a otra de las integrantes de la Agrupación Femenina, Julia Marques (20).

La sorpresa de este proyecto fue la de la constancia. Al año siguiente de su inicio la prensa republicana señalaba su papel y destacaba “el celo demostrado en el cumplimiento del deber que se han impuesto, las compañeras Sol Luna Ramos e Isabel González de Perdigón, sobre quienes pesa la ardua tarea de repartir diariamente la leche que se da gratis a los niños pobres” (21). A diferencia de la caridad, que busca la sumisión, los discursos de Isabel van por otra línea. En las páginas de El Socialista afirma: “Nuestro puesto está lo mismo al pié de la cuna del hijo al que dormimos con el cadencioso «arrorró», como en el mitin, donde gritamos con coraje para defender nuestros derechos como ciudadanas” (22).

A la derecha, Sol Luna Ramos

La prensa más avanzada colaboró y animó a participar, indicando a las familias que lo necesitaran que podían acudir “a la calle de la Rosa, 28, a Sol Luna Ramos, o al Puente Mandillo, a Isabel González” (23). En 1927 se destaca como gracias a esta iniciativa se “ha impedido, año tras año, que la muerte arrebatara a los hogares muchas infelices criaturas, y a la sociedad algunos ciudadanos de los que está tan necesitada. Pero el mal subsiste, la muerte continúa haciendo estragos entre los pequeñuelos” (24).

Isabel González defendía que la maternidad podía ser una herramienta de cambio y mejora de la sociedad. Tras la dictadura de Primo de Rivera y con la llegada de la II República afirmaba que “el hogar debe ser cátedra de ideales; están los hijos en él y es la madre la que tiene más influencias en sus corazocitos ávidos dé saber.” (25). Esos hogares donde la libertad y la justicia se convierte en parte de las enseñanzas del día a día, crecieron y, en muchos casos llegaron a sentir cerca la revolución. La propia Isabel querrá ir más allá y acabó transitando en esa época a las filas del PCE.

Durante toda la etapa republicana se alabará y destacará la labor de este proyecto. En las imágenes que ilustran estos artículos salen una y otra vez decenas de niños y niñas, pero también sus madres. Algunas de ellas habían recibido ya los beneficios de esa actividad en su infancia, y ahora llevaban a sus pequeños, con un hambre similar (26).


A pesar de esta actividad, a priori poco peligrosa para los sectores conservadores, lo cierto es que la dictadura franquista descargará, igual que con Guillermina, sus odios sobre algunas de las integrantes de estos espacios. El activismo político ligado a los programas de ayuda era la principal losa que despertó la acción judicial y policial. Isabel González tuvo que permanecer escondida, de casa en casa, durante casi nueve años, falleciendo en 1968 (27). Josefa Gaskin tuvo que afrontar un proceso del Tribunal de Responsabilidades Políticas, con un intento de incautación de bienes (28). Ella cumplió con el deber de educar en valores, sus hijos Pascual Tapia Gaskin y Carmen Tapia Gaskin, ambos militantes de la CNT, sufrirán persecuciones también. Francisco Palacios, tesorero de este programa, promotor de una cooperativa solidaria de pan y trabajador de la Refinería, sufrió igualmente persecución, siendo detenido en febrero de 1937 y sometido a un expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas por haber sido concejal del Frente Popular en la capital (29).

La luz de ese legado feminista y combativo parecía apagada en una dictadura donde los comedores sociales tenían la cara de Francisco Franco y Primo de Rivera, mientras que se prohibía y perseguía cualquier idea u organización que cuestionara el orden establecido. Las mujeres habían perdido derechos que costaron décadas conseguir, pero ni eso podría con el deseo de igualdad, que con la democracia, volvería a florecer.


Fuentes consultadas

  1. El Combate. 20 de febrero de 1872 p4

  2. El Norte. 20 de febrero de 1872 p3

  3. La Época. 22 de octubre de 1871 p2

  4. Espigado Tocino, G (2005). Experiencia e identidad de una internacionalista: trazos biográficos de Guillermina Rojas Orgis. ARENAL, 12. pp255-280

  5. Las Novedades. 17 de octubre de 1871 p3

  6. Rigoleto. 8 de agosto de 1883 p1

  7. La Justicia Social. 23 de octubre de 1871 p3

  8. Espigado Tocino, Gloria. «Guillermina Rojas y el anarquismo». En Historia, espacio público y mujer (siglos XVI-XX), editado por Teresa Nava Rodríguez y María Dolores Ramos Palomo, 469-492. Madrid: Ediciones Complutense, 2025. https://dx.doi.org/10.5209/his.003.18

  9. Hoy. 13 de abril de 1920 p1

  10. El Socialista. 28 de julio de 1919 p3

  11. El Progreso. 7 de octubre de 1919 p2

  12. La Prensa. 1 de diciembre de 1919 p2

  13. La Prensa. 19 de marzo de 1920 p1

  14. Contestando su atenta carta, fecha 18 del que cursa, es de mi deber manifestarle que el gremio que presido se compone de 500, las cuales protestan enérgicamente de la actitud de La Prensa, que viene en varios artículos sosteniendo el criterio de que se debe solicitar del Estado la restauración del impuesto de 60 pesetas por cada saco de azúcar que se introduce en la provincia. Así es que desde luego el gremio de cigarreras refuta esos artículos de La Prensa por que el país no está en condiciones de sufragar nuevos impuestos que perjudican grandemente a todos los habitantes del Archipiélago, mereciendo, ese periódico por tal motivo la mayor censura de los trabajadores de esta capital.

    La presidenta, Josefa Gaskin y Medina”. La Prensa. 24 de febrero de 1915 p1

  15. Pero es tal el incremento que, gracias a su nobilísimo gesto, va tomando la "empresa", y tal el número de personas suscriptoras a su obra, que se ha hecho oportuno, y necesario casi, ayudarla en la materialidad del conceptos de fondo y forma con las suscripciones y contabilidad consiguiente, ya que la distribución de la leche queda exclusivamente a ella encomendada”. La Prensa. 17 de abril de 1920 p1

  16. Ramiro Fariñas,D y Sanz Gimeno, A. (1999). Cambios estructurales en la mortalidad infantil y juvenil española. 1860-1990. Boletín de la Asociación de Demografía Histórica. XVIII. Pp49-87

  17. La Prensa. 23 de octubre de 1920 p1

  18. La Opinión 25 de marzo de 1912 p3

  19. Gaceta de Tenerife. 25 de marzo de 1912 p2

  20. La Opinión. 19 de febrero de 1913 p2

  21. La Prensa. 31 de mayo de 1921 p1

  22. El Socialista. 28 de enero de 1920 p1

  23. La Prensa. 19 de enero de 1922 p2

  24. Las Noticias. 24 de noviembre de 1927 p1

  25. El Socialista. 17 de agosto de 1931 p3

  26. Pero estos dos grupos de niños que aparecen en las fotografías no tienen aspecto de débiles ni de enfermizos. En sus caritas simpáticas se refleja más bien el optimismo de la hartura. Par a ellos no falta nunca una taza de blanca y apetitosa leche cada vez que el estómago vacío lanza su SOS apremiante”. La Prensa. 23 de enero de 1934 p1

  27. Rodríguez Acevedo, JM. (2004). Azucena Roja, camino de octubre. La aparición del comunismo en Tenerife: https://rodriguezacevedo.wordpress.com/2013/02/08/azucena-roja-camino-de-octubre-la-aparicion-del-comunismo-en-tenerife-artemisa-ediciones-tenerife-2004/

  28. AHPLP. Expediente 127/1937 del Tribunal de Responsabilidades Políticas

  29. AHPLP. Expediente 69/1937 del Tribunal de Responsabilidades Políticas


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