Algunos
días especiales los presos en las cárceles franquistas podían
pasar un poco de tiempo con sus familias. Esta imagen pertenece a un
emotivo encuentro. Los presos anarquistas, Antonio, Sixto Juan
Concepción, Daniel Pérez Sánchez y Antonio Tejera Afonso recibían
la visita de sus hijos e hijas (1). La foto, rescatada del olvido por
Ricardo García Luis, muestra un momento de breve felicidad, donde
hasta dos de los más pequeños, que llevaban casi dos años de
dictadura, se atrevieron tímidamente a realizar el saludo
antifascista. Poco después la falúa se llevó a niños, madres y
mujeres, a los que, con suerte podrían volver a ver asomados entre
las barcas desde las playas cercanas, hoy desaparecidas.En
1938 las prisiones tinerfeñas estaban desbordadas. Las autoridades
habían trasladado desde Gran Canaria el Pontón Porto Pi, que quedó
atracado en el muelle de Santa Cruz, alejado de la costa. Allí, con
pocos medios, teniendo los presos que apañar sus propias camas, se
mantuvo a unos doscientos hombres durante meses (2). Había una
mezcla de tinerfeños, palmeros y gomeros, además de una plural
representación de las distintas tendencias políticas, que a pesar
de las peleas de los años anteriores, habían acabado en las mismas
cárceles y, también, en las mismas fosas. Un republicano que había
logrado escapar de Canarias describió de manera muy gráfica el
cambio que el golpe había generado en el conjunto de la sociedad:
“En
Canarias antes reinaba cierta familiaridad entre todos, los hijos de
los obreros jugaban en el parque con los hijos de los hacendados. A
éstos se les despertó, al estallar la rebelión, un odio furioso.
En el cuartelillo de Falange del puerto de Santa Cruz les metían
astillas por las uñas y les quemaban los labios” (3).Los
niños de los presos pagaron con creces ese odio inseminado y
promovido para sustentar el nuevo régimen. Vivían la dura realidad
de la distancia de sus seres queridos, pero también sufrían con
fuerza el hambre, en medio de una sociedad marcada por el miedo y la
miseria. Según los estudios de Ramiro Rivas, alrededor del 49% de
los presos estaban casados y de ellos, la mayoría, tenían hijos
(4). Desde 1936 los productos básicos de alimentación y el
desempleo no había hecho más que crecer. Las madres, en especial
las que tenían a uno o varios familiares presos, veían como en sus
hogares la falta de dinero les llevaba a una absoluta desesperación.
Miguel
González Rodríguez, hijo del militante de la CNT fusilado, el
majorero Miguel González Gutiérrez, recordaba las penalidades que
pasó en su infancia “...arriba, en la
iglesia, habían unos comedores pa’
los chiquillos, y a nosotros, éramos
tres: dos hermanos y una hermana, no nos daban de comer porque dicen
que éramos los hijos de un comunista [sic].
Yo llegué a comer hasta las cáscaras de las naranjas, de la calle;
en la calle tiradas, me las comí yo. La pasé mal, muy mal” (5).
Otro testimonio similar es el de Caridad Pérez Sánchez, hermana de
Daniel. Ella tenía preso a su marido, Miguel Gutiérrez, a su padre,
Manuel Pérez y a su hermano. La dificultad
de alimentar a sus hijos la llevó a dejar en acogida a su hija, al
cuidado de unos familiares. Ella y otro de sus hijos trataban de
sobrevivir, “mi suegra cuando conseguía algún fisco de gofio,
unas sardinas saladas de esas que venían en barriles las asaba, no
había aceite, todo lo acaparó lo que tenían los capitalistas…”
(6). El comunista Marcos
García Seijas, conocido como Benicode,
también dejó el testimonio de la situación que vivió en su casa
su compañera Carmen, con “allanamientos de morada y vejaciones”,
pero lo más duro fue sufrir “la muerte de nuestros dos primeros
hijos en un lapso de quince días por gastroenteritis, como resultado
de la precaria situación económica en que se vio” (7).En
algunos casos, en especialmente en las zonas rurales, donde pervivía
una comunidad con ideales compartidos, la solidaridad de familias y
amistades marcaron la diferencia para esos hijos e hijas de presos.
En el libro El Fogueo se dan algunos testimonios de lo vivido en
Vallehermoso, “Me
quedé sin madre (presa en Santa Cruz), pero encontré muchas madres
allí” (…) a mi no me dejaron pasar hambre porque todos en el
pueblo me ayudaban” (8).La
miseria que se vivía en las calles de las principales localidades no
podía ser ocultada, ni siquiera en plena dictadura. La mendicidad
creció como respuesta al hambre, mientras que las autoridades
trataron de aplicar mano dura, con numerosos bandos y peticiones para
reclamar dureza contra estas personas que pedían en la calle (9).
Interesaba más mantener una imagen de tranquilidad a los visitantes
europeos que seguían llegando en los cruceros, que atender la
miseria. En marzo de 1938 el problema seguía creciendo, el
Gobernador Orbaneja estableció medidas como “...evitar que los
menores abandonados por sus padres pululen por las calles,
obligándoseles a ir a las escuelas” (10).
Los
comedores de caridad fueron una de las respuestas del régimen a la
hambruna, con paredes cubiertas de mensajes patrióticos y cuadros de
Franco y José Antonio. Uno de los órganos de Falange llegó a
reconocer la grave situación de la sociedad: “Visítense Comedores
y Cocinas de Asistencia, tanto en la capital como en los pueblos;
téngase por cierto que no son atendidos ni mucho menos la totalidad
de los necesitados, y que aquel beneficio no ha alcanzado aún a una
buena parte de nuestro pueblos, e imagínese cada cual el pavoroso
cuadro de hambre que se sufre en nuestra retaguardia” (11).Desde
las prisiones les resultaba difícil y desesperante atender esa
situación. El hambre y las enfermedades también se enseñorearon
con las celdas abarrotadas. A pesar de ello, algunos trataban de
hacer llegar lo poco que tenían a sus hogares, Caridad Pérez
recordó como su hermano, Daniel Pérez Sánchez, reunía lo que
podía “para
la niña de él” (…) “mi hermano era uno que le mandaba leche
condensada y pan, y algunas veces yo me comía un fisquito pan, de
ese que le mandaba mi hermano a la mujer” (12).La
solidaridad a veces tomó otras formas, como vía para dar aliento y
afecto. En la primera navidad de la dictadura los presos de Fyffes
organizaron un taller para realizar artesanalmente regalos de reyes
para sus pequeños y los que estaban en los asilos. Dos destacados
artistas, Felo Monzón y Luis Ortiz Rosales, ejercieron de directores
de esa tarea que les llenó de emoción y ocupó su tiempo, que en
forma de barquitos, muñecos y aviones se repartió por la Cruz Roja
el mes de enero. Según recordó en sus memorias Antonio Junco Toral,
“obra contó con la asistencia y simpatía de todos los presos de
Fyffes” (13). Luis Ortiz solo abandonó esa cárcel para morir en
un hospital a consecuencia de las enfermedades.
De
los prisioneros de la imagen sabemos solo el nombre completo de tres
de ellos, desconocemos la identidad completa del primero de la
izquierda. Sixto Juan Concepción había nacido en Barlovento en
1911. Como tantos otros palmeros se había dedicado al mundo del
tabaco, aunque en Tenerife también logró abrir un negocio, una
librería que lo haría conocido por diversas generaciones de
chicharreros. Durante la República destacó como portavoz obrero y
activista. Ejerció como vocal del Centro de Estudios Sociales,
espacio inspirado en el creado por Ferrer i Guardia en Barcelona,
también fue promotor de la Sociedad Escultista Teide y del Ateneo
Libertario de la capital. Su labor en huelgas y conflictos sociales,
como el del sector tabaquero, lo pusieron en el foco de la represión,
siendo detenido el 19 de julio de 1936 pagando con ocho años de
prisión sus ideales (14).Daniel
Pérez Sánchez también había nacido en La Palma, en su capital. Su
padre había sido pescador y tuvo muchas dificultades para mantener a
su extensa prole de siete hijos e hijas, quizás por eso acabaron
recalando en Tenerife. Por la entrevista de su hermana sabemos que
varios familiares se dedicaron al sector del tabaco, al que se
dedicaban miles de obreros en las Islas. Será uno de tantos obreros
ligados a la CNT, sindicato mayoritario en la capital insular. En
noviembre de 1933, con solo 24 años, se casó con María del Carmen
del Pino García, de 20 años, nacida en Santa Cruz de Tenerife (15).
Con ella tendrá a su primera hija en 1934 (16), muy posiblemente la
pequeña rubia de la imagen. En el año 1936 vivía en La Cuesta.Los
franquistas lo detuvieron, juzgándolo en el principal proceso contra
militantes de la CNT en Tenerife, del que resultarán 19 fusilados.
En los expedientes judiciales lo definen como “barbero,
de mala conducta activo propagandista de la CNT, con instrucción, y
sin antecedentes” (17). Al parecer Daniel había escuchado en la
radio que el golpe había fracasado y, junto a otros compañeros de
su organización había tratado de colaborar en un intento de
resistencia que no llegó a realizarse, poniendo en contacto a
militantes anarquistas con soldados que realizaban el servicio
militar en esa época. El juicio fue una farsa construida sobre
declaraciones firmadas tras días de tortura brutal a cargo del
capitán Otero y sus secuaces.
El
juicio pretendía evidenciar todos los episodios de conflictividad
social vividos en la II República, buscando unos responsables
incómodos para el nuevo régimen, los sindicalistas de la CNT. El
fiscal del proceso, Rafael Díaz Llanos, usó como justificación
del golpe que "si el Ejército español, y toda la parte sana de
España, no se hubiese alzado para defender esencias nacionales, a
punto de ser aniquiladas, habría estallado en pocos días la.
revolución roja”....Tenía claro que, “el pueblo español se
halla íntimamente ligado al pueblo alemán” y que “el canciller
Hitler, con su actitud decidida, hizo un gran bien a la humanidad,
poniendo una barrera a la revolución salvaje que se avecinaba y
amenazaba a Europa” (18). El resultado judicial fue el esperado,
con 19 penas de muerte ejecutadas y otras largas sentencias de
prisión, entre ellas la de Daniel Pérez. El joven palmero transitó
por las prisiones franquistas, desde Fyffes a Porto Pi, pasando muy
probablemente por Gando, como la mayoría de los recluidos en el
Pontón santacrucero. Tuvo que esperar hasta 1943 para recuperar su
libertad (19), apareciendo nuevamente su nombre en la prensa entre
los hinchas del Club Deportivo Tenerife residentes en Caracas en los
primeros años cincuenta (20).El
tercero de los adultos identificados en la imagen era Antonio Tejera
Afonso, nacido en 1907, conocido como “Antoñé”. Era uno de los
miembros más activos de la CNT en el muelle tinerfeño, donde
participó en diversos procesos de huelga vividos en 1932, siendo
detenido en uno de ellos por una agresión contra un capataz, delito
por el que fue juzgado al año siguiente (21). Su papel como miembro
del Comité de Defensa Confederal de la CNT participó en el intento
de atentado contra el General Franco, poco antes de estallar el golpe
militar y la organización de la resistencia, aunque a medida que la
represión crecía “las puertas se iban cerrando, la gente daba
marcha atrás” (22). La violencia se extendía y alcanzó
proporciones que nadie imaginaba, él mismo recordaba como las
torturas se desarrollaban el Palacio de Justicia de San Francisco,
“el Comandante Matos (Aurelio Matos Calderón), haciendo uso de sus
criminales leyes, hacía interrogatorios a los presos enfilándoles
sobre sus cabezas la boca negra de su pistola empavonada. '¿Ves?
-decía-, te puedo matar y no te mato, quiero que hables, eres un
tunante rojo” (23).
Tejera
tuvo un largo tránsito por las prisiones franquistas, "estuve
en Fyffes, en los barcos, en Gando, en la cárcel de Las Palmas, en
el Puerto de Santa María y en Yeserías” (24). En el Porto Pi
estuvo retenido, siendo un espacio que en cierto modo era más
saludable que Fyffes. En diciembre de 1938 el farmacéutico palmero,
Crispiniano de Paz, uno de los presos que poblaban la embarcación,
se alegraba de la mejor higiene que existía en esa zona, decía que
allí “no
se ha dado ningún caso de tifus ni otra enfermedad infecciosa a
pesar de haberse desarrollado en Santa Cruz de Tenerife” (25).Marcos
García Seijas aportó otro oscuro recuerdo sobre el uso del Porto
Pi, donde dice que llegó un grupo de quince prisioneros que iban a
ser asesinados en el océano por las Brigadas del Amanecer.
Comunicándose a través de golpes telegráficos por los paneles de
la embarcación lograron explicar su caso, provocando que “los
compañeros de la bodega central se amotinaron y obligaron al Oficial
militar de guardia a pedir refuerzos a tierra” (26). La respuesta
de las autoridades también la describe su protagonista, “... más
de doscientos camaradas fuimos represaliados por el Director General
de Prisiones, el Jesuita Máximo Cuervo y trasladados al campo de
concentración de Gando” (27). El Porto Pi vivió intentos de fuga
que también determinaron su cierre a finales de 1938. El testimonio
de uno de los gomeros presos en él asegura que trazaron un plan:
“Aquí podríamos fugarnos, porque el barco que está allí
apalancado (un frutero noruego), -amarrado allí pero llevaba tiempo”
(28).
El efecto de este traslado a Gando significó para la mayoría una distancia todavía más difícil de salvar por sus familias. Muchos no volverían a ver a sus hijos e hijas hasta muchos meses después, algunos, no volverían a reencontrarse por la alta mortalidad que dejaba la insalubridad y los castigos físicos sufridos en las prisiones. Esta imagen fue un breve instante de felicidad, en un tiempo gris y violento, que se mantendría durante cuarenta años y cambiaría decenas de miles de vidas.
Fuentes utilizadas
García Luis, R. (2003). Crónica de vencidos, Canarias: resistentes de la guerra civil. Ed Marea. Santa Cruz de Tenerife p
García Luis, R y Torres Vera, JM. (1986). Vallehermoso, “El Fogueo”. Ediciones del Centro Amilcar Cabral. Santa Cruz de Tenerife. pp220-229
Frente Rojo. 3 de septiembre de 1938 p5
Cabrera Acosta, M.A (ed)(2000). La Guerra Civil en Canarias. Francisco Lemus Editor. Santa Cruz de Tenerife. P76
Rivas García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis Doctoral de la Universidad de La Laguna. P2556
Ascanio Gómez, R. Caridad Pérez y Miguel Gutiérrez, dos anarquistas en un tiempo gris: https://latadelgofio.blogspot.com/2023/08/caridad-perez-y-miguel-gutierrez-dos.html
Rivas García, R (2015). Op cit p2557
García Luis, R y Torres Vera, JM. (1986). Op cit P198
“Esta Alcaldía, con miras al más eficaz cumplimiento de lo ordenado, invita, mediante un llamamiento general, a los habitantes de esta población, para que se abstengan de dar expansión a sus sentimientos caritativos, en la forma de costumbre, mediante la concesión de limosnas públicas, remitiendo, en lo sucesivo, sus donativos, a la Jefatura de la Guardia municipal, para previa una investigación atender al verdaderamente necesitado y eliminar al mendigo profesional y al vago”. La Prensa. 11 de junio de 1937 p1
La Prensa. 27 de marzo de 1938 p1
Amanecer. 27 de agosto de 1937 p1
Entrevista a Caridad Pérez Sánchez por Ricardo García Luis y José Manuel Torres Vera:
“Felo y Ortiz y algunos auxiliares proyectaban juguetes para los hijos de los presos. De tanto preso modesto, sin recursos, cargados de hijos. Emoción de hombres, emoción más tardía de niños. Barquitos con velas como banderas de paz. Aviones como gaviotas para elevar el cuerpo al tiempo del espíritu, sin trofeos guerreros...”. Junco Toral, A. (2022). Héroes de Chabola. Memoria del encarcelamiento en prisiones y campos de concentración de Canarias durante la Guerra Civil. Mercurio Editorial. Madrid. Pp302-303
Ascanio Gómez, R. Artículo inédito
Gaceta de Tenerife. 31 de enero de 1933 p7
La Prensa. 16 de junio de 1934 p3
Medina Sanabria, P. Sentencia ejemplar: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/05/03/sentencia-ejemplar/
La Prensa. 9 de enero de 1937 p4
Boletín Oficial del Estado. 12 de octubre de 1943 p9878
Aire Libre. 27 de julio de 1953 p1
Gaceta de Tenerife. 5 de marzo de 1933 p5
Cabrera Acosta, M.A. La resistencia al golpe de estado de 1936 en Tenerife. VIII Coloquio de Historia Canario-Americana (1988), Vol.1, 1991 pp815-829
Liberación Archipiélago Canario. 28 de mayo de 1999 p18
El Baifo: Revista alternativa. n.º 2, mayo de 1988, p33- 36
Rivas García, R (2015). Op cit p2127
Idem p2012
Idem p2295
García Luis, R y Torres Vera, JM. (1986). Op cit p224








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