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A los descatalogadores de la democracia.


Me repugna profundamente lo que ha sucedido hoy en el Parlamento de Canarias. Que Coalición Canaria y el Partido Popular hayan pasado por encima de las peticiones de los científicos canarios, de los técnicos del gobierno, de multitud de organizaciones ciudadanas y hasta de cuatro Cabildos para aprobar una ley que directamente desprotege a las especies animales y vegetales que afectan los planes especulativos de un puñado de empresarios es una barbaridad.
No podemos sorprendernos, por desgracia tenemos lo que nos merecemos como pueblo. Hemos permitido que en Canarias se conformen y se perpetúen partidos de carácter cada día más mafioso al servicio de unos intereses oscuros o mejor aún morados, como los billetes de 500 euros.
Es cierto que teniendo una de las leyes electorales más injustas que se pueden tener se les ha hecho mucho más fácil el trabajo. Con la excusa del “voto útil” y como decía Soria de no “balcanizar” el Parlamento se favorece a los caciques insulares y a los grandes aparatos de partido capaces de movilizar electorados a golpe de talonario y redes clientelares.
Tenemos un País donde parece que se premia la incapacidad. Siempre a la cabeza de las cifras del paro, marginación, precariedad o fracaso escolar y sin embargo miles de canarios mantienen inamovible su voto como si fuera una santa patrona que cada cuatro años hay que sacar a hombros.
Los personajes que votaron hoy a favor de esta aberración legislativa no son portavoces del pueblo, debemos dejarlo claro, son el brazo ejecutor de los poderes económicos que son quienes realmente los ponen o quitan a su absoluta voluntad. Habremos escuchado decenas de veces a portavoces de PP y CC hablar de que esta ley es para proteger las especies, que su intención es puramente bondadosa pero no han tardado ni unas horas en salir el señor Berriel a pedir que se aplique la nueva ley con el proyecto de Puerto de Granadilla. Lo peor es que encima estos peleles nos cuestan a todos los canarios y canarias varios millones de euros anuales en sueldos y demás prebendas.
Los parlamentarios han ejecutado hoy de forma clara el “ritual de apareamiento” del poder político y del empresarial que ha convertido a las Islas en un reguero de cemento y piche como resultado de sus amoríos.
Por suerte, a pesar de nuestras históricas carencias educativas y organizativas cada vez, más a medida que nuestro nivel cultural aumenta también lo hace una respuesta social cada vez más potente y argumentada a ese modelo político caciquil. Esa es la gran esperanza de Canarias, la que hasta ahora en un pulso desigual con el poder ha logrado pequeñas victorias. Es la batalla de la imaginación, la cultura, la ilusión, los argumentos, la juventud frente a un poder político-económico que hasta ahora ha mantenido en gran parte su hegemonía gracias a una sociedad miedosa, desarticulada, comprable y un tanto sumisa ante el poder. Por suerte esta ya no es la sociedad de hace unas pocas décadas que seguía la melodía de los destructores como las ratas a al flautista de Hamelín, esperando que el sacrificio del paisaje y la naturaleza nos dotara de un bienestar del que a la hora de la verdad muy pocos han disfrutado.
Se que a todos y todas nos ha dolido que una vez más usen el Parlamento para desvirtuar la democracia, para convertirla en un juguete roto. Las imágenes de Paulino, Soria y Berriel felicitándose por la votación no nos deben llevar a engaño, más aún cuando la razón está de nuestro lado. Nuevamente la respuesta se está articulando desde los movimientos sociales, el mundo científico canario, algún despacho de abogados y las organizaciones políticas dignas. Tengo la confianza que una vez más lograremos parar los manotazos de Goliath e incluso con un poco más de esfuerzo organizativo podremos verlo caer, tiempo al tiempo.

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