Hoy día nueve se cumple un año más del asesinato a manos de tropas bolivianas instruidas por la CIA de un de los líderes guerrilleros más carismáticos y recordados del planeta. Ese puesto le ha valido una enorme admiración, pero también un creciente número de detractores que ven en su aura de guerrillero honesto, luchador incansable, de auténtico revolucionario un “mal ejemplo”. Les duele que un universitario de clase acomodada traicionara los ideales burgueses para lanzarse a recorrer América Latina y arriesgar su vida por los que nada tenían. Les duele que además fuera un ganador, que les venciera en Santa Clara y en tantas otras ocasiones. Pero sobretodo les duele que sea admirado, recordado y respetado, ver su rostro en tantos muros de tantos países, verlo en el cine o en la televisión, no pueden soportar que se admire a un revolucionario, que nada oscuro o sucio se le pueda achacar. Los mismos que hablan de asesinar presidentes por ser “rojos”, los que tanto apoyan a los golpistas...