Un par de zapatos parecen poca cosa en estos días, sin embargo, en Irak, donde unos simples zapatos se convierten en mudos testigos de calles y aceras bañadas de sangre y dolor, se pueden transformar en toda una imagen poderosa. Los zapatos iraquíes comparten más bien poco con sus compañeros italianos, más acostumbrados a suelos de mármol o el parquet calentito, tampoco tienen nada que ver con los náuticos que caminan sobre cubiertas de yates o veleros, poco o nada comparten con los zapatos de tacón de pasarela o de alfombra roja…en humildad recuerdan a la sandalia de plástico de nuestros pescadores, a las lonas de las gentes del campo o a la recia bota de trabajo. Poca atención les prestamos a los zapatos iraquíes, de vez en cuando los vemos en las noticias, silenciosos y abandonados, al lado de un charco de sangre o chamuscados por el fuego. Por desgracia ya son 655.000 los pares de zapatos que no podrán acompañar a sus dueños/as en Irak por culpa de una guerra realizada con mentiras...