Este año se cumplirán cincuenta años de su muerte. Hoy los reconocimientos en Canarias van de una Avenida en La Orotava, una calle en Santa Cruz, un centro educativo en la misma capital y un barco de Armas bautizado con su nombre. En La Laguna el mural urbano de la calle Heraclio Sánchez y una propuesta en el Consejo de la Mujer son, de momento, los únicos rastros públicos. En el año 1997, la Intendencia Municipal de Montevideo denominó "Mercedes Pinto" una calle del barrio Sayago.
Su corazón se paró en Ciudad de México el 21 de octubre de 1976. Había vivido más de medio siglo en el exilio, admirada por miles y vetada en su propia tierra, a la que nunca olvidó y supo definir. Un poema que Pablo Neruda le dedicó, la recuerda en la lápida del cementerio, dejando una descripción fiel de lo que representó: “Mercedes Pinto vive en el viento de la tempestad, con el corazón frente al aire, con la frente y las manos frente al aire, enérgicamente sola, urgentemente viva”. Que su recuerdo se encuentre hoy emborronado y pocas personas en Canarias sepan decir algo de su existencia, es una herencia más de una larga dictadura, además del escaso aprecio por nuestra propia identidad.
Su casa, el instituto de segunda enseñanza en la calle San Agustín, el Ateneo de La Laguna, eran espacios donde los ideales avanzados tomaban cada día más fuerza e influían sobre un público abrumadoramente masculino. La cultura, la libertad, la justicia, los derechos sociales y la propia identidad de Canarias formaron parte de los debates del momento. Ella logró pelear por su espacio y consiguió un reconocimiento que en poco tiempo quebró las fronteras insulares. Su vida quedó marcada por una decisión fatal, la de casarse en febrero de 1909 con un joven militar llamado Juan Foronda. Ese hombre se convirtió en el padre de sus primeros hijos, pero también en carcelero y agresor. La paranoia de su pareja, sus golpes y brutalidad, en la que nadie de su entorno parecía querer entrar, donde simplemente le decían que debía aguantar, acabó dejándole una profunda huella.
La labor activa de Mercedes generó el malestar de las autoridades, que planearon, como pasó con Unamuno, su deportación a Fernando Poo. Ella, avisada por algunas amistades, logró escapar y cruzó el Atlántico a un largo exilio. En Uruguay encontró su primer hogar de acogida y allí siguió en el lado correcto de la historia.
Mercedes justificó con su acción la idea expresada por el gran americanista Francisco Morales Padrón, en la que es la vida del emigrante en América fue clave para forja la identidad canaria. Colaboró con la comunidad canaria en Argentina y Uruguay. Una de sus acciones más emocionantes fue en 1927. Belinda Valdés, una niña de Gran Canaria, había embarcado rumbo a Uruguay. Como muchos miles de canarios más, buscaba una vida mejor, pero las autoridades en Argentina trataron de deportarla por su mala salud. La Asociación Canaria en Argentina se movilizó, pidiendo a Mercedes que la ayudara. Como ella misma contó, “a pesar de mis quehaceres, en cuanto recibí la carta fui a este doctor, que es la autoridad competente, el cual dio, a mi pedido, la orden de desembarco. Viene pues a Montevideo y será internada unos días en observación en el hospital”. Logró el milagro de la solidaridad y la acogida, plantada a las seis de la mañana en el muelle donde recaló el buque que regresaba a su destino. Benilda acabó recalando en Canelones.
En la Asociación Canaria de Uruguay, celebrará actos destacados. Será la ponente del “Día de la Raza” de 1928. Su alegato fue publicado en la revista Vida Canaria. Su mensaje lo centré en la realidad de Canarias, “debemos ser un solo canario dividido en tantos cuerpos como son lo que forman la colonia, y olvidar todo lo que pudo separarnos allá, y lo que aquí pudiera distanciarnos, al decir “isleños de Canarias” estendamos (sic) automáticamente las dos manos, para estrechar entre ellas, al recién venido, que ha de ser indudablemente, por ser de las Islas Canarias, nuestro hermano”.
Su hija, Pituka Foronda, destacada actriz en Cuba y Estados Unidos, recordaba como el arroró y el recuerdo de su tierra estuvo siempre presente en la casa de los Pinto. La identidad canaria, en la mente de Mercedes, educada en la admiración y el respeto por el mundo guanche, se dejaba entrever en artículos como el que dedica a la Isla de La Gomera en la Revista Canarias, de la Asociación de Socorros Mutuos de la República Argentina. No duda en hablar del Conde de La Gomera “que, según los historiadores españoles, fue muy querido de los naturales, idea que no concuerda con los escritos antiguos y archivos en el país en donde, después de explicar las barbaridades que cometía con los indígenas, al despeñarlos desde el célebre alto de la Cruz”.
Desde Uruguay logrará que algunas de sus obras literarias y teatrales lleguen a lugares alejados, como Barcelona, donde tendrá éxito en su exhibición. La llegada de la II República marcará una etapa de alegría y esperanza. Suya fue la voz que ddesde los balcones de el periódico El Día en Montevideo, celebraron el nuevo tiempo político. La prensa republicana la alababa como “caudillo dinámico del feminismo”.
A finales de los años treinta la familia Pinto recaló en otro de los semilleros de la emigración canaria, la Isla de Cuba. En 1935 La Habana fue sede de una de sus primeras conferencias, en la que defendió la lucha contra la guerra que se empezaba a temer en el horizonte. Llamó a una “huelga de las madres, la rebeldía de las entrañas, hasta que la Humanidad comprenda que les mujeres no son máquinas de parir parias que han de matarse unos contra otros”. Allí le sorprenderían las noticias del golpe militar que acabó con el sueño republicano. Su labor solidaria con esta causa será constante.
En 1937 fue la figura central en varios mítines, uno en Santiago de Cuba y otro en Bayamo, vinculada al primer año de la Guerra Civil y la resistencia republicana. Allí estará acompañada por la Directiva de la "Casa de la República", congregando a varios cientos de personas de la amplia comunidad emigrante. Su reflexión sobre la historia reciente y la realidad de Canarias, que transcribo más abajo, es un resumen brillante de sus ideales, un análisis inteligente y emocionante de la realidad isleña, que merece la pena conocer.
Poco después un nuevo país la acogió, en este caso México, donde se encontraba una amplia comunidad de exiliados y figuras destacadas de la legalidad republicana. Allí permaneció, activa, crítica y solidaria hasta el final de sus días. En México, su hija, Pituka, formó parte del grupo andaluz, canario y extremeño de ayuda a la Junta Suprema de Unión Nacional, donde será vocal con figuras como el catedrático Agustín Millares. Ella misma participó en numerosos actos y eventos.
En 1953, ya con unos respetables setenta años, vio su tierra por última vez. Fue en un viaje corto, pero lleno de emociones. En el Círculo de Bellas Artes, la intelectualidad resistente, dejó “un magnífico mensaje de espiritualidad, que por parte del público se tradujo en emoción y aplauso”. En 1976 se apagó definitivamente su luz, lejos de su hogar. Su cuerpo, al igual que el de otros ilustres canarios exiliados, quedó en una tierra lejana.
Les recomiendo, a continuación no perderse el artículo “La bestia en el jardín”, que publicó en 1937, siempre con su mirada isleña y destilando amor por la libertad. Ojalá, aunque sea tarde y mal, en octubre de 2026 podamos dedicar el recuerdo que merece Mercedes, destacar su labor y llevarla a todos lados, también a las aulas. Difundir su recuerdo, llenarnos de orgullo de esta canaria universal, adelantada a su época y valiente, es un deber al que hemos faltado demasiado tiempo.
Fuentes utilizadas
Llarena, A. Se llama Mercedes Pinto y su sombra es alargada. La Plazuela de las letras. 1 de mayo de 2002. pp58-62
Dorado, L. Mercedes Pinto en su exilio uruguayo. La Plazuela de las letras. 1 de mayo de 2002. pp63-69
Barrueco, J.Á. Mercedes Pinto: una mujer que no se calló. Una lectura de Él y El divorcio como medida higiénica. CTXT. 21 de enero de 2022.
El Tiempo. 14 de julio de 1908 p1
El País. 15 de septiembre de 1908 p1
El Progreso. 1 de febrero de 1909 p2
Gaceta de Tenerife. 14 de enero de 1917 p2
Gaceta de Tenerife. 8 de abril de 1924 p1
El Liberal. 27 de octubre de 1925 p1
Pinto, M. La isla de La Gomera. Canarias. 1 de febrero de 1927 p2
Canarias. 1 de junio de 1927 p2
El Progreso. 4 de junio de 1927 pp19-21
Patria Isleña. 1 de julio de 1927 p1 y 3
Vida canaria. 3 de octubre de 1927 p18
Gaceta de Tenerife. 25 de julio de 1929 p1
Mundo Gráfico. 3 de mayo de 1933 p16
Hoy. 3 de diciembre de 1935 p6
Aguere. 15 de marzo de 1953 p1
Canarii: revista mensual de historia del Archipiélago. 1 de mayo de 2007. p22
Canarii: revista mensual de historia del Archipiélago. 1 de noviembre de 2010 pp16-17
Por Mercedes Pinto
Mercedes Pinto, la gran conferencista, escritora y luchadora que desde hace algún tiempo se halla en Cuba, nos regala con este trabajo inédito que nuestros lectores gustarán. Mercedes Pinto, no necesita presentación: es la genuina representación de la mujer española que ha sabido dignificarse, luchando con todos los medios lícitos por su mejoramiento y por el de la clase humana. Mercedes Pinto se halla en Santiago de Cuba desde hace meses. Allí le entregó a nuestro compañero Almeyda este trabajo. Próximamente estará en la Habana y nuestros lectores podrán seguir gustando los frutos de su intelecto.
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¿Conocéis las Islas Canarias ? ¿Habéis visitado aquel rincón del Paraíso, jardín de las Hespérídes, gloría del Atlántico ? ...
Siete blancas gaviotas parecen, las Islas, posadas sobre aquel mar eternamente azul... Siete cestas de flores que, en continuada primavera, abren nuevos capullos sobre las mustias rosas, sin dejar que se seque la florecida rama.
Cuando el ansia descubridora del Imperio Español, llevó hacía allí sus capitanes, los pacíficos moradores ignoraban lo que era la guerra. Vivían los guanches, —raza sobria, fuerte, pura— en una comunidad laboriosa y tranquila, dirigida patríarcalmente por sus "menceyes", los más viejos en menesteres de agricultura, de ganadería y de justicia. Cuando llegaron los españoles a las Islas, vieron que los "guanches" no tenían armas. Usaban unas largas pértigas para pasar a saltos las barranqueras y los peñascos de aquella accidentada tierra producto de estremecimientos volcánicos. Usaban, ágilmente, hondas para enderezar a las ovejas descarriadas. Y . ¡Nada más!
La serenidad de unos mares tranquilos mecía aquellas costas risueñas. Las brisas mansas suavizaban las caricias del Sol. Los campos siempre verdes eran prolíficos para la sementera. Las frutas maduraban para todos. No había pobres. No existían clases. Ni aduanas; ni diplomacia; ni academias; ni epidemias malignas; ni clero... Los "guanches" estaban libres de corrupción, de hipocresías, de mentiras. Las Islas eran trasunto de la Arcadia. ¡Un poema!... ¡Un sueño feliz!...
Los conquistadores se encargaron de llevarles todo, absolutamente todo! eso que les faltaba a los nativos. Lleváronles militares con uníformes de colorines; curas con sotanas negras; políticos con el alma manchada; y recaudadores con la bolsa en una mano y el látigo en la otra. Y los nativos fueron dejándose morir (así lo cuenta la Historia) y se les encontraba tirados en los caminos, en los barrancos, en las musgosas hondonadas de sus valles feraces, dando en un último grito la trágica desesperación de su pecho: "¡Vacaguaré!", que en su idioma significaba "quiero morir". Y una enfermedad sin nombre les dejaba examines. Los galenos europeos la llamaron dubitativamente; "enfermedad del sueño", pero, es la verdad que allí nunca se había padecido. ¡Era producto de la Conquista y, sobre todo de la impotencia para defender sus libertades!...
Sin más armas para contener a espadas y lanzas, que las pértigas florecidas de los caminantes o las flautas de barro de los pastores, sintieron el sueño, sí; pero, era el que viene precediendo a la muerte de toda esperanza; de toda defensa; de toda salvación. ¡Y los "guanches" canarios se dejaron morir!.
Los Reyes de España no hicieron en las Islas, labor de justicia y equidad, ni aún las ayudaron al engrandecimiento que hubiera traído ventajas económicas a la Metrópoli.
Pasaron los siglos sobre ellas, y no hay un ferrocarril que transporte su producción ubérrima para llegar en buenas condiciones a los puntos de explotación. Se dan, en Canarias, por igual, la naranja y el plátano; la piña y el mango; la manzana y la castaña. Frutos del Norte del Mundo. Frutos del Sur de la Tierra. ¿Dónde más dulces? ¿Dónde más sabrosos? Pero; Canarias no podía entrar en la Península Española sus frutos, porque tenía que pagar crecidos derechos aduanales. Pero, ¿no eran las Islas Canarias, Provincias españolas? Si que lo eran; si que lo son. Una sola provincia antes y dos desde hace diez años en que las dividió así Primo de Rivera con su varita mágica de Dictador, que aumenta provincias partiéndolas por el eje, por hacer algo. Y . . . ¿Cómo siendo provincias españolas pagaban aduanas sus frutos? ¡Ah!... Porque las Monarquías españolas, fueron siempre muy buenas colonizadoras.
Un racimo de plátanos que en Canarias cuesta dos pesetas, llevado a Madrid vale cinco duros; y los cigarros que los tabaqueros de la Isla de La Palma venden a pocos centavos el mazo, llevados a la Península suben a tan altos precios, que trae mejor cuenta fumar tabaco de cualquier otra parte. ¡ Todo costaba mucho llevarlo a la Madre Patria! Pero; en cambio, con que facilidad mandaba ella lo que le placía... Y . . . ¿ Qué mandaba ? Pues, lo peor que ha existido: militares sin honor, políticos fracasados, gobernantes ladrones... Toda la escoria; todo lo indeseable...¡Cuánto estorbaba se expedía contra Canarias! Se enviaba a Canarias... a Canarias... a Canarias... y, además, con doble sueldo, para que le tomaran el gusto a las Islas y para que hicieran dinero, los pobrecitos...
¿Se creaban, en reciprocidad, escuelas? Las menos posibles; para enseñar ya tenían al cura, ¿Carreteras; caminos, fuentes de riqueza, de algún orden?. No . . . ¡Nada!.
Las Monarquías fueron avaras para las Islas; y. Fuerteventura, la Isla cercana del desierto africano, continuaba muriéndose de sed y sin obras de ingeniería para el sostenimiento del agua; como la Isla El Hierro, sin puerto apropiado, y sin que los gobiernos supiesen, siquiera, de sus maravillosas fuentes medicinales, propiciadoras de grandes balnearios donde hallar la salud los enfermos españoles sin necesidad de salir de la Patria. Y la industriosa Isla de la Palma sin alicientes para su industria tabacalera y labrando desde hace siglos sus sedas magníficas en los mismos telares primitivos, sin una fábrica moderna. Y Tenerife sin progresar en sus espléndidos calados y encajes típicos, por falta de impulso industrial. Y la Gran Canaria, rica en cereales y en caña de azúcar, ayudada solamente por el capital inglés, defendiéndose como todas las Islas, con los envíos a Londres, donde se les abre mercado sin aduanas ni dificultades.
Y así los siete peñones florecidos, permanecieron como al principio estáticos parados en la distancia, sirviendo de vertedero de la burocracia corrompida; recibiendo lo desprestigiado, lo indeseable, lo temido de la madre Patria, para que allá en las lejanías isleñas se callase, se olvidase, se perdiese...
Pero; en las Islas sobraba el Sol. Cuando el sol corona las altas montañas y el aire del mar orea las costas y los trigales doran las colinas y las flores bordan de color el paisaje, se puede olvidar al General y al Cura, al recaudador y al Zángano - Porque las mujeres canarias son como aquel Teide gigante—, mucha nieve en el semblante— y fuego en el corazón" —Porque hay un vino fresco que mana de las parras casi su trabajarlo— Porque en el campo las guitarras las "folias" y las isas nativas—Y el mar da peces de plata más sabrosos que en playa alguna puedan pescarse. Y sus higos son miel, y la miel panal de oro...
¿Qué importa! a los canarios la resaca que deja corrompidos cadáveres que la política española manda para estas playas? Allá quedan en las ciudades, luciendo sus galones, manchando sus sotanas; pero, no pueden quitarnos el sol, ni el campo, ni el arroyo brillador, ni las retamas amarillas que bordean las carreteras... Y las flores rebosan, perfuman la tierra. .. De tantas que hay marean. Flores en los riscos y en los peñascales. flores en los trigos. Flores en las calles... Los heliotropos surgen del camino y las azucenas obstruyen la huerta. Y cuando dormidos, soñamos con la gloria, entran por la ventana ra- mas floridas de madreselvas y nos, dan con su perfume los buenos días.
Tenían las Islas sobradas bellezas para ocuparse de necesidades que llegan de lejos. Teníamos frutos, flores, guitarras, labor en los campos, barcos, en la mar. ¿Qué importa, entonces, el abandono, la pretensión, el olvido?.
Los canarios no usan armas ni para cazar, que hasta las liebres y los conejos cazan con perros. ¿Para qué armas? ¿No son, acaso, las Islas un Jardín de las Hespérides donde no hay fieras de ninguna clase?
Pero, al caer la Monarquía, las Islas comenzaron a conocer que eran en realidad Provincias españolas. Comenzaron a saber que había algo más que las bellezas de los campos para olvidar las torpezas de las ciudades. Y los que habían sufrido con el abandono, cobraron esperanzas. Se creaban escuelas; se trazar caminos. El ambiente se tornaba luminoso ahora que las Islas serían escuchadas y el talento de sus hijos reconocido y sus obras consideradas. Ya no sonaría con demasiada insistencia, como antes, la palabra "autonomía" en los círculos intelectuales, ni se guardaría con amoroso misterio en los Ateneos la bandera Isleña, como signo de inquietudes y descontentos.
Había llegado la hora de la República y las cosas empezaban por fin a cambiar en la España de los Trabajadores. El obrero tendría un jornal decoroso; la cultura sería para todos y la Escuela no sería aquella terrible Escuela Pública, baldón del barrio donde estaba enclavada, por que los chicos más desarrapados eran sus asistentes, y el Maestro, sin el prestigio que da el verdadero saber, era impotente para evitar los desafueros y las pedreas de los escolares. Las Escuelas de la República, inspiradas en los mejores métodos modernos, poseían el prestigio de un profesorado competente y digno. ¡Ya no saldrían de las Islas, como hasta entonces, los emigrantes analfabetos, sin cultura ni despejo! ¡Ya América conocería otros emigrantes en "los isleños", y olvidaría la pobre turba que venía a la zafra con la bondad en el alma y la ignorancia en el cerebro.
Y, mientras los muchachos se educan, los padres cultivan la tierra; ahora . . .¡su tierra!, que la Ley Agraria de la República, se la ha concedido.
Pero, de pronto se sintió un rumor, que no era de tempestad; que en la Isla ninguna azota, ni de ciclón que no llegan hasta allí, ni de fieras que no las hay en sus bosques bordados de violetas... Se sintió un ruido de espuelas, un crujir de botas de cuero de potro, un chocar de armas del diablo... Y al rugido de "Arriba España" las siete canastillas de flores se hundieron lentamente....
Y no se pudieron defender... No pudieron porque los canarios no llevaban nunca armas, ni las tenían en sus casas, ni sospechaban que les pudiesen servir nunca de nada. Otra vez se habían defendido como leones de una amenaza de invasión inglesa, y en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, perdió un brazo, en aquel día, el invencible almirante Nelson. Y allí está, en la plaza de Trafalgar de Londres, la estatua del gran marino; y al verlo manco, los canarios recuerdan: ¡Fue en Tenerife donde le derrotamos!. Porque los canarios no quieren ser extranjeros Y salieron vencedores del servilismo de la grande y poderosa Inglaterra. Pero, estaban de acuerdo todos, ejército y pueblo, contra el enemigo común, y en aquella ocasión el pueblo fue armado.
Después no volvió a combatirse nunca. "Las armas son un peligro", enseñan los padres canarios ¡a sus hijos. Y la vieja escopeta para cazar palomas, se oxida lentamente en el rincón del campesino comedor.
Y, así los tomaron de improviso. No hubo posibilidades de salvación. Los poetas, los maestros de escuela, han sido fusilados. Los socialistas, los masones han sido fusilados. Los estudiantes del pensamiento en estrellas del ideal, esa juventud isleña que soñaba en la completa redención del mundo caminando sobre senderos de un cristiano amor, fueron fusilados. Doctores y literatos, educadores y catedráticos de "dudosa filiación", trabajan al sol en las canteras, con las cabezas rapadas como los presidiarios en la Cayena.
Las cosechas robadas fueron, los ahorros esquilmados. Cristo Rey bordado en Inri sobre uniformes criminales. Y la satánica risa de Torquemada, se deja oír tras las hogueras de la Inquisición.
¡Es la guerra! Pero no la guerra en la que hay probabilidad de defensa. No la guerra de España, de hombre contra hombre e idea contra idea, estallando en los aires y en la metralla de las trincheras ¡No! Es peor que todo eso. Porque en Canarias no hay lucha, ni la idea silba contra la idea, sino que es la guerra que llega como la bestia sobre el nidal, sin permitir defensa, ni movimiento ni voz; aplastando con su cuerpo toda vida, des- haciendo el cerebro, turbando la razón. Y está prohibido el quejarse... ¡ prohibido el llorar! Y como el Nerón que ahoga en el Circo el lamento del Pueblo, en las plazas de las Islas suena la música todas las noches y hay que llevar a los familiares al paseo "para no hacerse notar". Al llegar la hora de terminar el concierto, la banda militar toca todas las noches los himnos de los aliados: himno portugués, italiano y alemán que tiene que oír el público con la mano extendida en saludo del fascio. Caballeros, señoras, la muchachada, los niños extienden la diestra en aparente acatamiento. Un tinerfeño que cruzó por el paseo sin levantar la mano, fue detenido, arrestado y conducido al calabozo, y allí durmió tres días con el espanto en el alma hasta que su anciano padre pudo libertarlo y enviarlo para Cuba en una de cuyas poblaciones he podido hablarle. Todas las oficinas están controladas por alemanes —me dijo— “mi pasaporte lo firmó un alemán".
Y, mientras tanto, los himnos de las naciones aliadas al sangriento fascismo español, continuarán sonando en las cálidas noches de ]as Islas como una burla sangrienta sobre las víctimas del Ideal. Y el "Jardín de las Hespérides", que un día fue crisol de libertades, cuna de inteligencias, regalo florecido de los dioses al Mar, se ve hollado por la Bestia que sale de las sombras, de las cavernas, para traer de nuevo el fanatismo y la incultura; para levantar cadalsos, fortificar presidios, imponiendo con hierro candente la cruz a la esclavitud en la espalda del pueblo sin amparo.
El Sol alumbra, indiferente, a la tierra donde los cantos se han extinguido; donde la impotencia ata los pies y las manos de los hombres que anhelan la libertad. Y, otra vez, en: las sombras de la noche, resonarán gritos brutales de los conquistadores, mientras los "guanches" de hoy, tirados sobre el campo mustio del Ideal, se dejan embargar de sueño letárgico y murmuran con desesperación: ''¡Vacaguaré!" (¡quiero morir!).
¡¡ Las Islas se han dormido!!.
Santiago de Cuba, Agosto 1937.








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