La madre del niño canario Francisco Rufino, de solo trece años de edad, escribía desesperada a las autoridades. Pedía que su hijo regresara a su tierra tras seis meses trabajando en los ferrocarriles cubanos. Las autoridades españolas rechazaron la petición, su hijo debía 40 pesos del pasaje que le pagaron para trabajar. Pocas semanas después aparecía en el listado de los fallecidos. Esta historia de 1838 refleja la realidad de miles de canarios y canarias, que con la prohibición de la esclavitud, fueron atraídos para convertirse en una mano de obra barata y supuestamente sumisa. La firma habanero-catalana González y Torstal ofrecía nueve pesos al mes a los isleños, pero estos debían pagar por el gasto que habían hecho en trasportarlos, alojamiento y alimento. Este sistema les hacía un 50% más baratos que cualquier otro trabajador (1). En las vegas donde se cultivaba el tabaco, en la caña de azúcar, en los trenes, los comercios...incluso en los prostíbulos de La Habana. El canario, ll...