La dictadura instaurada a partir del 18 de julio de 1936 supuso una parálisis del enorme florecimiento de sociedades, clubes y entidades culturales que vivió Canarias desde 1930 y, en especial, durante toda la II República. Los cálculos más moderados indican que, solo en Tenerife, se cerraron un mínimo de 50 locales de organizaciones sociales, culturales, políticas y sindicales, que en numerosas ocasiones acabaron ocupados por entidades ligadas a Falange o a Acción Católica. La sociedad nacida tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera y de la monarquía se veía huérfana de espacios de promoción de la cultura y de las nuevas ideas que llegaban. Tras una larga dominación caciquil y un férreo control social de la iglesia, había amplios sectores con hambre de libertad de asociación y cultura. No existía un modelo de gestión pública de eventos culturales, siendo este movimiento social el que suplió desde la organización de celebraciones populares al desarrollo de clases para adul...
Hoy como ayer, la vivienda es un bien de primera necesidad. Un sector de la sociedad se organizaba y trataba de legislar para fomentar el interés general, otro, para defender la propiedad privada y el negocio de unos pocos. Faltaban décadas para actos como las acampadas por la vivienda o el estallido de la burbuja inmobiliaria, pero gentes con la misma sensibilidad por el bien común salieron a la calle a partir de un desahucio que fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de miles. En el verano de 1933 miles de personas en Tenerife decidieron parar el mundo para lograr el acceso a una vivienda digna y asequible. Santa Cruz de Tenerife vivió un estallido social con pocos precedentes. Cientos de familias decidieron organizarse en el Sindicato de Inquilinos y promover una huelga de pagos de alquiler que obligara a los grandes propietarios a moverse. Organizaciones anarquistas, comunistas, socialistas, el republicanismo más progresista, las Federaciones Obreras, la CNT... se pusieron ...