domingo, 22 de mayo de 2022

La tumba oceánica de Pablo Ascanio


El cuerpo de Pablo Ascanio Armas acabó en el fondo del océano, igual que su hermano Fernando. El mar fue una de las grandes fosas de la represión franquista en Canarias, sin duda la mayor. 
Ambos hermanos nacieron en Hermigua y fueron activistas vinculados al socialismo, en un lugar donde las grandes movilizaciones por los derechos laborales de los jornaleros de la platanera acabaron con un episodio de violencia que provocó una intensa represión en 1933.
Pablo estudió en el antiguo Instituto de Canarias, su familia hizo el esfuerzo de apoyar sus estudios. Su nombre aparece entre los que aportan dinero al homenaje al profesor y director de ese centro de estudios, Cabrera Pinto, que posteriormente le dio el nombre al instituto lagunero (1).
La prensa del momento y los testimonios del momento no recogen un papel especialmente activo de Pablo en la agitada vida política de la República. Su hermano Fernando sí. Es uno de los acusados por los llamados Sucesos de Hermigua, siendo especialmente señalado en el juicio. 
Pablo aparece en 1935 en una importante Asamblea de Agricultores plataneros, del Sindicato Agrícola del Norte de La Gomera, donde propusieron unir sus intereses al Sindicato Norte de Tenerife. Pablo Ascanio y Ramón Negrín, fueron dos de los productores que apoyaron la propuesta de la presidencia para "unidos todos defender nuestra riqueza agrícola" (2).
Tras el golpe de Estado de julio de 1936 Pablo es detenido, igual que su hermano y varios de sus primos originarios de la vecina Vallehermoso, como Blanca Ascanio o Juan Pedro Ascanio. José Antonio Rial, en su novela autobiográfica "La Prisión de Fyffes" habla de los dos hermanos de Hermigua, trasladados como tantos miles de republicanos a los barracones de la empresa platanera en Santa Cruz de Tenerife. Los presenta de esta manera, diciendo en palabras de Fernando: "estábamos sentenciados por los caciques de la Isla desde la muerte de los guardias civiles, y ahora nos tienen en sus manos. Son odios de pueblos y de familia. A mi padre también lo mataron" (3).
El libro asegura que Pablo estaba en esos días casi inmovilizado debido a una enfermedad reumática, que le generaba grandes dolores que apenas le permitían levantarse del camastro donde se encontraba postrado. Rial relata como llegó finalmente la ronda de la muerte a llevarse a Pablo. Narra como los hermanos se abrazaron y a nuestro protagonista, junto con otros ocho compañeros de pena, "despeinados, macilentos, casi cadáveres..." y es cargado en un jergón "al alzarlo, el enfermo de dolores reumáticos dio un pequeño grito" (4).
Después de ese momento es difícil saber lo ocurrido. Según la mayoría de las fuentes fue lanzado al mar, junto con los otros ocho hombres. Su hermano le acompañaría pocas semanas después (5). Diversos testigos dieron posibles fechas de esta muerte, indicando que los hermanos Ascanio “fueron botados al mar en enero de 1937” (6). Poco después llegarían más asesinatos aprovechando la misma fosa marina, como el del también socialista, poeta y exconcejal. Domingo López Torres (7). 
El océano, fosa de tantos hombres dignos en esos años oscuros, esconderá posiblemente para siempre a los hermanos Ascanio, pero no borrará su memoria. 

Fuentes consultadas:
1. El Progreso. 18 de junio de 1925. P.1
2. Gaceta de Tenerife. 17 de marzo 1935. P.3.
3. Rial, José Antonio. La prisión de Fyffes". Tenerife. 2003. P.42
4. Ídem. P. 55-56 
5. https://fpabloiglesias.es/entrada-db/1952_ascanio-armas-fernando/
6. Cabrera Acosta, M. Á. (Ed.). (2000). La Guerra Civil en Canarias. San Cristóbal de La Laguna: Francisco Lemus Editor. Pp 123-124
7. Al mar dentro de un saco. https://www.eldia.es/dominical/2020/09/20/mar-saco-22339353.html

lunes, 16 de mayo de 2022

La Laguna y la lucha por una correcta gestión de los residuos en Tenerife


Entre 6 y el 12 de mayo de 1982 el alcalde Pedro González y catorce concejales del Consistorio, de los grupos políticos del PSOE, Unión del Pueblo Canario, PCE y Asamblea Lagunera, junto a un miembro de UCD, realizaron un encierro y una huelga de hambre en las dependencias del Ayuntamiento durante seis días, en protesta contra el emplazamiento del vertedero de Montaña del Aire en nuestro municipio. La semana pasada se cumplieron cuarenta años de ese importante acontecimiento, uno de los más recordados de los primeros años de la etapa democrática en nuestro municipio.

La isla de Tenerife vivía en ese momento una situación muy complicada. El 1 de mayo de 1982 se debía aplicar el cierre del vertedero del Lazareto de Santa Cruz, que tras muchos años de uso había alcanzado más de 40 metros de altura, corriendo serio riesgo de colapso. En ese lugar dejaron durante años sus residuos diarios casi la mitad de los municipios tinerfeños, el resto usaban alguno de los 219 vertederos clandestinos de cierta importancia que había en la Isla, que se mantenían "en permanente combustión" (1).

Desde el verano de 1981 se empezó a intensificar la polémica sobre el riesgo que suponía el nuevo vertedero previsto, no sólo en el medio ambiente o el agua, también por su efecto para el tráfico aéreo por la "concentración de aves atraídas por los vertidos" (2).

El PCE fue de los primeros grupos políticos en preguntar por la situación del futuro vertedero insular. A finales de 1981 el grupo parlamentario comunista en el Congreso trasladó una pregunta sobre la peligrosidad del proyecto, celebrando su secretario insular, Nicolás Pérez, que sus criterios fueran compartidos por la Junta de Canarias, calificando el vertedero como "insalubre y peligroso". Además recordó que el PSOE había cambiando de opinión sobre esta polémica infraestructura, aludiendo a unas declaraciones del dirigente socialista, Antonio Martinón, donde se cuestionaba la misma (3).

En marzo de 1982 la Coordinadora de Alcaldes de Tenerife se reunió en La Laguna, apoyando por mayoría que Montaña del Aire fuera la "solución provisional al anunciado cierre del Lazareto" en el que quince municipios vertían en ese momento 800 toneladas de basura y que debía cerrarse el primero de mayo de ese año (4).

Los concejales de UPC y PCE en el Ayuntamiento de Santa Cruz también manifestaron su rechazo a este proyecto, señalando que el Gobernador Civil actuaba como "militante disciplinario de su partido, la UCD, con el triste objeto de salvar la imagen de sus compañeros de partido, Hermoso y Galván Bello, alcalde de la capital y presidente del Cabildo" (5). Recordemos que ambos políticos habían pasado de ser mandos del anterior régimen a políticos de la UCD y posteriormente fundadores de ATI y su continuidad, Coalición Canaria.

El 3 de mayo el Gobernador Civil, Jesús Javier Rebollo, aplica, al amparo de la Ley General de Sanidad de ese momento, la apertura oficial de Montaña del Aire como principal vertedero insular. El 6 de mayo el Ayuntamiento, con un gobierno de izquierdas formado por PSOE, UPC, PCE y Asamblea Lagunera, optan por pedir el cierre del mismo por carecer de licencia municipal. Además se acuerda clausurar de inmediato el depósito de agua de la zona por el riesgo de contaminación por filtraciones procedentes de los restos de basura. Tras dos intentos infructuosos de cerrar la instalación, la Corporación toma el acuerdo de iniciar un encierro en el Ayuntamiento acompañado de una huelga de hambre, con la intención clara de forzar a negociar al Gobernador Civil (6).

El alcalde Pedro González declaró a las 24 horas del inicio de la acción de protesta "mi pueblo ha sido burlado, avasallado y pisoteado por el Gobierno y por la UCD" y en nombre de los otros catorce concejales en huelga manifestó su "deber moral" de ejercer esta forma de protesta (7).

El 11 de mayo continuaron las protestas y también numerosas acciones vecinales de apoyo. El equipo médico que seguía las constantes vitales de los huelguistas manifestó su preocupación por el estado de Pedro González, con 54 años en aquel momento, y de otros dos concejales. Ese mismo día el movimiento ciudadano convoca para el jueves 13 de mayo una huelga general en la Isla, en la que además del cierre de Montaña del Aire se pide el cese del Gobernador Civil (8).

El 12 de mayo el Pleno de Cabildo vive una de las sesiones más complejas de su historia. Los vecinos y vecinas habían acudido "en masa" para abordar la necesidad de un Pacto Insular sobre los vertidos. A priori no era una decisión fácil de tomar, pero tras varias horas de trabajo se logró un acuerdo entre UCD, PSOE, PCE, CD y UPC que permitió que ese mismo día se levantara la huelga (9).

Las acciones institucionales no pararon desde ese momento. Los Silos ofreció suelo para ubicar un vertedero legal, igual que Santa Cruz de Tenerife (10). El Cabildo apostó poco después por la costa de Güímar como vertedero provisional (11).

Durante varios meses más continuarían las acciones de los afectados por el vertedero (12)(13), también tras el cambio de Gobierno estatal producido en las elecciones generales de 1982. Todo este intenso proceso de protesta y lucha sin duda ayudó a abrir un necesario debate insular sobre el futuro de los residuos y hacer un mejor uso de los mismos, una gestión sostenible que nunca acaba de llegar del todo.

La Laguna, a cuarenta años de la lucha del vertedero de Montaña del Aire, merece recordar esta acción civil y política, que acabó con la clausura de este vertedero. Por ello vamos a dar traslado de una propuesta que sirva para este necesario fin, como una lucha que dio origen a un debate necesario y a una reflexión sobre el modelo de Isla, que todavía no está concluido.

 

Fuentes:

1.      Dinámica: revista de la ingeniería canaria. 1 de enero de 1990 – p. 26

2.      El Eco de Canarias: diario de la mañana. 16 de julio de 1981. P12

3.      Tierra Canaria. 1 de diciembre de 1981. P.6

4.      El Eco de Canarias: diario de la mañana. 31 de marzo de 1982. P.11

5.      El Eco de Canarias: diario de la mañana. 5 de mayo de 1982. P.12

6.      El Eco de Canarias: diario de la mañana. 7 de mayo de 1982. P.11

7.      El Eco de Canarias: diario de la mañana. 8 de mayo de 1982. P. 11

8.      El Eco de Canarias: diario de la mañana. 9 de mayo de 1982. P. 14

9.      El Eco de Canarias: diario de la mañana. 12 de mayo de 1982. P.12

10.  El Eco de Canarias: diario de la mañana. 13 de mayo de 1982. P.14

11.  El Eco de Canarias: diario de la mañana. 30 de mayo de 1982. P.12

12.  El Eco de Canarias: diario de la mañana. 26 de junio de 1982. P. 12

13.  El Eco de Canarias: diario de la mañana. 13 de enero de 1983. P.11

 


sábado, 26 de febrero de 2022

Los fusilados de Vallehermoso y los procesos contra la resistencia republicana gomera


Hace justo 85 años, un 26 de febrero de 1937, finalizó el juicio contra 47 vecinos y vecinas de Vallehermoso acusados de tratar de defender la legalidad republicana en su pueblo. Tres de ellos acabarían fusilados. La mayoría pasaron largo tiempo en prisión por “rebelión militar” contra los militares que se rebelaron y acabaron con la democracia.
El espacio del Palacio de la Mancomunidad, que hoy acoge el salón plenario del Parlamento de Canarias, sirvió de marco donde desarrollar ese proceso, como otros sonados juicios políticos que provocaron decenas de muertos y un infinito sufrimiento.
Los vecinos y vecinas de La Gomera desfilaron por este espacio sabiendo lo que les había sucedido, cinco meses antes, a los considerados cabecillas de uno de los episodios de resistencia más sonados de la etapa franquista en Canarias.
En agosto de 1936 ya habían sido condenados a pena de muerte el Brigada de la Guardia Civil Francisco Mas García y los militantes de la izquierda gomera, Ramón Cabrera Bernal y Manuel Quintana Florentino Pérez (1). La prensa de la época destaca de su fusilamiento que el brigada “dio un “¡Viva España!” al situarse frente al piquete, siendo contestado por todos los presentes, incluso por sus compañeros de condena. Una vez más la razón ha precedido a la muerte y han muerto como españoles, los que ofuscados por ideas disolventes, se atrevieron a combatir contra su Patria” (2). Un mensaje periodístico que perfila y destila claramente el odio patriotero de quienes se creían defensores de los valores más tradicionales, por desgracia tan vigente en el debate político de los últimos tiempos.
Los otros 47 habitantes de Vallehermoso tuvieron que esperar hasta febrero de 1937 para enfrentarse a un Consejo de Guerra en el que sabían que no tenían ninguna oportunidad. Habían pasado meses en prisión, con el miedo a una muerte más que posible, como la de sus compañeros. La espera de ellos y sus familiares tuvo que ser terrorífica.
La prisión de Fyffes acoge a la mayoría, la de San Miguel a las tres mujeres detenidas en este proceso. Eran unos gomeros más de los cerca de 290 detenidos por sus “ideas marxistas” en los primeros días, tras la llegada de los militares golpistas a la Isla (3).
El Consejo de Guerra transcurrió como lo preveían sus sufridos protagonistas. El proceso lo describe en el libro el Fogueo uno de los acusados, “¿hablar con mi abogado?¡Qué va! Abogado, ¡nunca!”. La acusación los señala como “extremistas de acusada peligrosidad”, indicando que la maestra Blanca Ascanio Moreno, su pareja, Francisco González Jaumandreu y los militantes de la Federación Obrera, Daniel Hernández Gaspar, Manuel Méndez Prieto, Juan Medina Herrera, Nicolás Prieto Ventura y Antonio González Jaumandreu eran los más destacados en su beligerancia en la defensa de los derechos de los obreros y campesinos (4).

Los siete señalados por el brazo judicial del régimen son condenados a muerte ese día de febrero, aunque posteriormente se les conmuta sus penas por cárcel a Blanca Ascanio, los hermanos González Jaumandreu y Daniel Hernández Gaspar, dejándoles pena de muerte a Manuel Méndez Prieto, Juan Medina Herrera y Nicolás Prieto Ventura, fusilados en el Barranco del Hierro, en la capital tinerfeña, el 10 de marzo de 1937.
Juan Medina era un joven campesino, “un muchacho con muy poca preparación, pero se sumó como todo el mundo a la resistencia”(5). Varios de sus hermanos fueron detenidos también en esos oscuros días de verano de 1936 y sufrieron años de cárcel (6).
Manuel Méndez era un obrero militante de las Juventudes Comunistas, que según sus contemporáneos era “un hombre muy capacitado para defender las leyes del trabajador, que es lo que quería, era un defensor de la justicia” (7).
Nicolás Prieto era socialista y trabajaba de peón, lo consideraban un hombre tranquilo y se despide con varias emocionantes cartas dirigidas a sus familiares. Con un fragmento de ella termino esta historia, apenas un párrafo escrito a la espera de la temida sentencia, el 26 de febrero de 1937, en las que pide que a su hija: “cuando tenga conocimiento le dices por las ideas que murió su padre, que ella siga mi camino, que yo he luchado para el bien de ella y todos los demás de la edad de ella” (8).

Bibliografía y fuentes: 

  1. Medina Sanabria, Pedro. Orden para conducción de tres cadáveres. https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2014/06/06/orden-para-conduccion-de-tres-cadaveres/

  2. Gaceta de Tenerife. 4 de septiembre de 1936. P3

  3. López Felipe, José Francisco. La represión franquista en las Islas Canarias. 1936-1950. Santa Cruz de Tenerife-Las Palmas de Gran Canaria. 2002. P.34

  4. García Luis, Ricardo y Torres Vera, Juan Manuel. Vallehermoso, “El Fogueo”. Santa Cruz de Tenerife. 1986. P. 209

  5. Idem. P. 218

  6. Medina Cabrera, Pedro. El modelo autonómico y de integración en la Unión Europea está diseñado para convertirnos en una colonia de mercado cautivo: https://www.elpaiscanario.com/pedro-medina-calero-el-modelo-autonomico-y-de-integracion-en-la-union-europea-esta-disenado-para-convertirnos-en-una-colonia-de-mercado-cautivo-donde-colocar-las-producciones-y-excedentes-es/

  7. García Luis, Ricardo y Torres Vera, Juan Manuel. Op cit. Pp. 215-216

  8. Idem. p. 219



domingo, 20 de febrero de 2022

El alma sin cadenas de la anarquista tinerfeña Carmen Goya

No he logrado encontrar una sola imagen de Carmen Goya, la que utilizo para ilustrar este texto es de otra compañera de lucha. No es de extrañar, las mujeres represaliadas lo fueron doblemente, por sus ideas y por su género, ocupando un reiterado papel de inmerecido olvido en esos momentos históricos, en la historiografía y en el presente.

Gregoria Magdalena Goya Hernández, conocida como Carmen, fue una obrera más del poderoso sector del tabaco de Tenerife en la década de los treinta, pero también una mujer implicada activamente en el sindicato CNT y una comprometida anarquista, aunque nunca ocupó un puesto directivo u orgánico, como tantas de sus compañeras. Su destacado protagonismo lo evidencia al ser una de las pocas mujeres condenadas a muerte en Canarias, aunque posteriormente su pena fuera conmutada por una larga estancia en las cárceles franquistas y el exilio.

El mejor relato de su memoria nos lo dejó Montserrat González Lugo, que conoció directamente a Carmen en sus últimos años de vida. Gracias a él sabemos que nació en Santa Cruz de Tenerife el 10 de agosto de 1905 y era hija de Pedro Goya, “trabajador subalterno del ayuntamiento de la capital y activo militante del Partido Republicano Federal. Obsesionado por la educación y la instrucción, asistía regularmente con sus hijos e hijas mayores a las escuelas obreras, donde, impartidas por maestros de izquierdas y planteadas con lenguaje asequible, se daban charlas sobre cuestiones culturales de toda índole” (1).

El conocimiento de la escritura y la lectura parece que es un aspecto clave en la toma de conciencia, especialmente en las mujeres represaliadas, que según los estudios históricos realizados, mantienen un índice altísimo de niveles educativos o de estudios, muchas de las represaliadas eran directamente profesoras de los colegios de niñas más humildes del Archipiélago o algunas de sus más aventajadas alumnas (2).

Siendo apenas una adolescente Carmen empieza a trabajar, a pesar de sus aptitudes para el estudio su familia no se lo puede permitir. El sector del Tabaco reunía a cientos de trabajadores y trabajadoras en Tenerife en ese momento, siendo la CNT el sindicato más fuerte en la capital tinerfeña. Ella era una más, aunque con una extraordinaria sensibilidad combativa. Según los testimonios de sus compañeros de lucha era considerada una mujer elegante con una “gran capacidad expresiva y sus intervenciones en mítines, según el también anarcosindicalista tinerfeño, José Carrillo Belmonte, “eran electrizantes”. Conectaba con las masas de obreros y obreras del tabaco en un lenguaje llano y directo, incitándoles a la huelga o a cualquier otra acción para mejorar sus condiciones laborales y de vida” (3).

La década de los treinta sumó la llegada de la II República y un notable incremento de la conflictividad social y política, con la Huelga de Inquilinos y los Sucesos de Hermigua de 1933 como algunos de sus momentos más destacados. La acción militante y el apoyo a las personas presas a raíz de estos acontecimientos marcó a esa generación de activistas políticos y sociales. Carmen era una de las destacadas figuras de esa época, aunque por el hecho de ser mujer no ocupara un papel protagonista.

La prensa apenas recoge ninguna mención a su vida, no así de la de su padre, Pedro Goya Rivero, que destaca en los círculos republicanos isleños, siendo una de las figuras tinerfeñas que firman el telegrama que el febrero de 1931, días antes de la declaración de la II República, mandan ánimos a Niceto Alcalá Zamora, encarcelado en ese momento en la Modelo de Madrid (4). No será el último ejemplo, poco después, en septiembre de ese mismo año, también participa en la firma de otro comunicado de apoyo al Gobierno republicano junto con decenas de funcionarios del Ayuntamiento chicharrero (5).

Una joven Carmen aparece también en los periódicos, en los años previos a la república, como una de las actrices aficionadas que dan vida a varias obras teatrales que se desarrollan en la Sociedad Prosperidad-Nakens del Barrio de Salamanca, en la que interpreta uno de los papeles de la obra “La casa de los milagros”, un sainete de Paradas y Jiménez, donde aparece junto a Nena Goya, tal vez una hermana (6). Como en otras ocasiones hemos comentado, las sociedades populares o culturales siempre fueron un espacio clave para la participación activa de las entidades políticas del momento.

También la salud o su falta fue también un acontecimiento destacado en los medios del momento. En 1932 Carmen es sometida a una delicada operación quirúrgica en la Clínica del Doctor Capote, como asociada de la entidad “La benéfica” (7), posiblemente vinculada con las afecciones que sufrió en sus años de cárcel.

A diferencia de otros correligionarios masculinos, no queda testimonio alguno de su papel como sindicalista o en las acciones de protesta que se dieron en esos años, su nombre solo vuelve a aparecer como destacada militante en el proceso 246/1936, tras el golpe fascista, señalada por el delito de rebelión en el macrojuicio contra 61 anarcosindicalistas y algunos militares isleños. En este proceso, ampliamente destacado por su papel pedagógico y justificador de la violencia franquista en los medios del momento, Carmen es condenada a muerte, que posteriormente se le conmuta la pena a 30 años de prisión (8).

Con respecto a su conciencia como mujeres y el papel de las mismas en la lucha, Carmen participa en actividades dentro de la CNT vinculadas a esta cuestión importante, como Mujeres Libres, “aunque no entendieron el feminismo ni a las feministas, sí acudían en los días ilusionantes de la transición a todo tipo de actos y manifestaciones de este cariz, aplicando el viejo lema solidario de "cualquier lucha libera"” (9).

En el mencionado proceso contra la CNT tinerfeña, donde se fusila a algunos de los más destacados activistas de la isla, Carmen es condenada a muerte junto con su compañera María Luisa Hernández, pero como comentamos, su pena fue conmutada apenas unas horas antes de que sus compañeros fueran asesinados. No podemos imaginar la espera y el sufrimiento de ese trance, al que se añade la pérdida de amigos y activistas con los que compartió sueños e ideales. El sábado 23 de enero de 1937, a las siete de la mañana, fueron ejecutados por varios piquetes de los Cuerpos de la guarnición de Tenerife, José Martín Herrera, Ginés Ramírez Racindo, Modesto Carballo Sosa, Teresol Guerra Ortega, Tomás Rodríguez Benítez, Feliciano Pérez Jorge, Francisco Infante Díaz, Marcos Pérez Alfonso, Vicente Talavera Pechan, Casimiro Romero Velázquez, José Alonso Pérez, José Carreño Hernández, Pedro Carreño Hernández, Tomás Cabrera Vega, Domingo Dieppa García, Jorge Hernández Mora, Miguel González Gutiérrez, Francisco Reyes Martín y el sargento-músico del Regimiento de Infantería, Miguel Varea Serrano (10).

A partir del 18 de julio de 1936 la vida de Carmen se transforma por completo. No solamente por su trayectoria vital durante la etapa republicana, también por participar activamente en el intento de resistencia armada al franquismo a raíz de un amplio encuentro de militantes anarquistas en la zona de Los Campitos que desencadena el proceso judicial mencionado. Es detenida por ello el 28 de agosto de 1936, siendo definida en los expedientes judiciales como “muy revoltosa y propagandista de la violencia” (11).

Sus días transcurren entre prisiones y juzgados, primero en la de mujeres de San Miguel, en la capital tinerfeña. Posteriormente en la municipal de La Laguna, a donde llega junto a otras destacadas activistas republicanas, como Mª Luisa Hernández Remón y Blanca Ascanio, también “recluidas en el depósito municipal de La Laguna, allí fueron condenadas a reclusión perpetua y por disposición superior, fechada el 19 de septiembre de 1938, trasladadas a la prisión provincial” (12). Ya hemos hablado en otras ocasiones de las duras condiciones de vida que tuvieron que soportar las presas de esta cárcel municipal, que en las memorias de Mauro Martín Peña las describe ese espacio con el gráfico adjetivo de “pocilga” (13).

No solamente perdió su libertad o sufrió la larga espera de saber si en enero de 1937 sería fusilada junto a sus compañeros de la CNT, también vivió en sus propias carnes la tortura. Antonio Tejera, histórico anarcosindicalista, narra como se la encontró en el Palacio de Justicia santacrucero, destacado lugar de maltrato y violencia política, en donde encontró fugazmente a Carmen y a su compañera Domitila Hernández, a las que vio “negras de aquí para abajo, negras, llorando allí”, fruto de las palizas recibidas durante sus interrogatorios (14).

En prisión volvió a vivir momentos de mala salud, especialmente entre 1941 y 1943, sufriendo varios episodios graves que obligaron a su traslado al Hospital Civil por episodios recurrentes de “colecistitis” (15).

Estando en prisión recibe el cariño y el ánimo de varios compañeros de lucha, que trasladan sus abrazos imposibles de realizar debido a la distancia en un librito lleno de poesía y arte llamado Musas Cautivas, dedicado a ella y a sus compañeras Nélida, Margarita Rocha, María Luisa y Mercedes. Los relatos escritos en este formato, nacido clandestino en la prisión de Gando de Las Palmas de Gran Canaria, llegan a Margarita Rocha, una de las presas por el mitin de Los Campitos, que lo mantiene escondido y lo conserva en su exilio venezolano (16).

En los años cuarenta Carmen es puesta en libertad por su mala salud y desterrada a Las Palmas de Gran Canaria, donde según su propia memoria “vivió unos años felices ayudada por gente de ideología diversa a quien sólo movía la solidaridad”. En los años 50 puede emigrar a Venezuela, en donde permanece hasta la Transición, regresando y viviendo en la capital tinerfeña hasta la fecha de su muerte, el 31 de diciembre de 1986 (17).

Carmen Goya muere con sus ideas intactas, a pesar de los años de cárcel, exilio, dolor y sufrimiento extremo. Dejó ese legado de dignidad y de resistencia de tantas mujeres anónimas, luchadoras olvidadas, de las que apenas se mantiene vivo un rescoldo de recuerdo, que ojalá podamos reavivar y quizás, más pronto que tarde, ponerle también rostro y darle el reconocimiento que merece.

Acabo esta pequeña historia con un fragmento de Musas Cautivas, dedicado a esas mujeres luchadoras, a las que desde el penal de Gando definían a la perfección:

Tú eres culta y audaz con la pluma que acusa tu emancipación, de esta sociedad inmunda, y le enseñas al mundo tu libro sin cadenas en el alma” (18).


Bibliografía y otros materiales utilizados

  1. González Lugo, Montserrat. “Carmen Goya, anarquista ejemplar”: http://www.eltambor.es/carmen-goya-anarquista-ejemplar/

  2. González Pérez, Teresa. Mujeres republicanas y represión franquista en Canarias. XIV Coloquio de Historia Canario Americana.

  3. González Lugo, Montserrat. Op cit.

  4. El Progreso. 12 de febrero de 1931. p2

  5. El Progreso. 27 de septiembre de 1931. p2

  6. La Prensa. 13 de noviembre de 1925. P1

  7. La Prensa. 10 de marzo de 1932. p5

  8. VV.AA. Antología de Musas Cautivas. Estudio Histórico. CCPC. 2007. P. 87

  9. González Lugo, Montserrat. Mujer y movimiento obrero, un amor a menudo no correspondido. Revista Disenso. 1 de abril 2001. P.11-12

  10. Falange. 26 de enero de 1937. p1

  11. Hermida Martín, Yanira. Mujeres y cambios sociales en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. 1931-1975. Amas de casa, camaradas y marginadas. Tesis doctoral. P. 289

  12. González Pérez, Teresa. Op cit. p. 1769

  13. Martín Peña, Mauro. Sin rencor. Memorias de un republicano. Santa Cruz de Tenerife. 2014. P.88

  14. García Luis, Ricardo. Crónica de vencidos. Santa Cruz de Tenerife. 2003. p88

  15. Hermida Martín, Yanira. Op cit. p. 289

  16. VV.AA. Antología de Musas Cautivas. Estudio Histórico. CCPC. 2007. P. 60-61

  17. González Lugo, Montserrat. Op cit.

  18. VV.AA. Antología de Musas Cautivas. Edición facsímil. CCPC. 2007. P.136


domingo, 30 de enero de 2022

Los fusilados del 1937 en Tenerife

Poco podían imaginar estos alegres excursionistas de la CNT, que visitaron Los Silos en marzo de 1936, que entre los meses de enero y marzo de 1937, hace justo 85 años, un total de veinticinco miembros de su organización en Tenerife serían fusilados. Fueron casi la mitad de los fusilados oficialmente en el Archipiélago, su único delito había sido ser activos miembros de este movimiento anarcosindicalista y tratar de organizar una resistencia popular al golpe franquista del 18 de julio de 1936.

La nueva sociedad franquista prestó especial atención a este proceso, que no discurrió en la clandestinidad del resto de asesinatos, de paseos al amanecer y de cuerpos enterrados en lugares recónditos o simplemente lanzados al mar en un saco. Aquí se desplegó con todo su odio y terror la “nueva legalidad” con un Consejo Militar que apareció bien destacado en la prensa del momento, que anunció su inicio para el lunes 4 de enero de 1937, pero se retrasó cuatro días, dando comienzo el día 8 en el Salón de Actos del Cuartel del Regimiento de Infantería de Santa Cruz de Tenerife, contra el maestro armero de esto Regimiento, Fernando Rodríguez Domínguez, el brigada Emilio Pastor Antón, los cabos, Manuel Díaz Camacho, Manuel Quijada Pacheco y Francisco Millán Ruil, el músico, Miguel Varea Serrano, el soldado Pedro Prieto Moróte y ocho individuos más, todos del Regimiento de Infantería, y paisano Gutenbeg Pérez Martín y cuarenta y cinco individuos más, “por el delito de traición” (1).

A los acusados se les señala como responsables de “un vasto complot revolucionario organizado por elementos de la CNT”, a los que se le atribuyen “actos extremistas, atentados y los crímenes cometidos en los últimos tiempos en esta capital”, además de haber reunido más de setenta armas de fuego, varios miles de cartuchos de fuego y cajas con dinamita, junto con el reparto de propaganda animando a resistir el golpe fascista, que fue encontrada en poder de los militares antes mencionados (2).

¿Qué ideas había detrás del poder que orquestó este Consejo de Guerra?. Lo deja muy claro uno de los máximos responsables de este proceso, el Fiscal Rafael Díaz-Llanos Lecuona, que en la tarde del 8 de enero lanza su alegato más clarificador. Manifiesta, enlazando con palabras de Adolf Hitler sobre el riesgo bolchevique, que “si el ejército español, y toda la parte sana de España, no se hubiese alzado para defender esencias nacionales a punto de ser aniquiladas, habría estallado a los pocos días la revolución roja”. Considera además que “el canciller Hitler, con su actitud decidida le hizo un gran bien a la humanidad, poniendo una barrera a la revolución salvaje que se avecinaba...” (3).

Las consecuencias de los procesos pseudojudiciales de ese año fueron brutales El 9 de enero de 1937 fue fusilado el cenetista Martín Serasols Treserras, conocido como “Pepe el Catalán”. Otros 19 miembros de la CNT fueron fusilados el 23 de enero, José Alonso Pérez, Marcos Báez Afonso, Tomás Cabrera Vera, Modesto Carballo Sosa, José y Pedro Carreño Hernández, Domingo Dieppa García, Miguel González Gutiérrez, Teresol Guerra Ortega, Jorge Hernández Mora, Francisco Infante Díaz, José Martín Herrero, Feliciano Pérez Jorge, Ginés Ramírez Basindo, Francisco Reyes Martín, Tomás Rodríguez Benítez, Casimiro Romero Renazco, Vicente Talavera Pachá y Miguel Varea Serrano. El 6 de marzo se fusiló a otros 5 miembros de CNT, entre ellos el presidente regional de la Confederación, Rodrigo Coello Martín (4). Dos mujeres también forman parte de la lista de condenadas a muerte, aunque sus penas fueron conmutadas por prisión, son Carmen Goya Hernández (indultada por treinta años de reclusión) y María Luisa Hernández Remón (pasando varios años de reclusión).

El investigador Ricardo García Luis recoge en un estudio algunas de las despedidas de las personas que vivieron los días previos a su fusilamiento, que sabían que tarde o temprano se ejecutaría por un régimen que venía hambriento de sangre. Uno de ellos, Néstor Mendoza, dejo dicho a su madre en una carta unas palabras que resumen bien los sentimientos de muchos de ellos, “quiero que sepas que si muero, muero por una causa que creí justa, no por hechos vergonzosos. Puedes estar orgullosa de tu hijo, pues fue todo lo honrado que se puede ser. No siento más que el dolor de Ustedes y el de María” (5).

Este Consejo Militar sirvió basicamente para llevar a las portadas de la prensa una justificación encendida de la necesidad del Golpe y la maldad de las ideas anarquistas y marxistas. Las páginas de La Prensa, histórico diario republicano tomado por los franquistas, se llenan en esos días de imágenes con las viviendas dañadas en la huelga de inquilinos de 1933, los robos o las acciones violentas de los movimientos obreros tinerfeños, acompañadas de las ardientes palabras del Fiscal contra las “ideas rojas” destructoras de la familia y los valores patrios. Veinticinco personas pierden la vida por esa escenificación de la “maldad republicana”. Rafael Díaz-Llanos, el apologista del nazismo y personaje central del proceso judicial tendrá una vida larga. Su trayectoria militar y profesional, estrechamente ligada al franquismo, le harán merecedor de títulos como Primer Presidente del Consejo General de Colegios de Economistas de España 1971-1978, Presidente de Honor del Colegio Nacional de Economistas, Presidente de la Real Academia de Doctores, Doctor en Derecho y en Ciencias Políticas y Económicas, Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y Medalla de Oro de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife (6). Tampoco faltó, como muchos otros buenos defensores del régimen franquista, de consejos de administración como el de Telefónica (7) e igualmente fue Procurador en Cortes (8). Ojalá la futura Ley de Memoria Democrática ayude a que algunos de esos vergonzosos reconocimientos le sean retirados, aunque sea tarde y mal. Estoy seguro que los descendientes de estos 25 militantes anarquistas asesinados, los de los jóvenes torturados hasta la muerte para este proceso y los de las decenas de presos durante años en las prisiones fascistas por este Consejo de Guerra lo agradecerán como un tardío acto de justicia.
Hace unos años, la iniciativa popular de vecinos y vecinas de Cueva Roja permitió, no sin cierta resistencia del conservador poder político chicharrero, organizar en el 2008 un reconocimiento a estos represaliados, con la colocación de una placa conmemorativa que hoy todavía perdura en la zona (9). 


Fuentes consultadas:

  1. La Gaceta de Tenerife. 31 de diciembre de 1936. p2

  2. La Prensa. 8 de enero de 1937. p3

  3. La Prensa. 9 de enero de 1937. p3

  4. Fusilamientos en 1937 de miembros de la CNT, en Santa Cruz de Tenerife:
    http://www.eltambor.es/fusilamientos-en-1937-de-miembros-de-la-cnt-en-santa-cruz-de-tenerife/#:~:text=La%20resistencia%20en%20Canarias%20al,islas%20orientales%20alrededor%20de%20600.

  5. García Luis, Ricardo. Los fusilados: las últimas letras. ¿Temor a la muerte?. Cuadernos del Ateneo. Nº23

  6. https://economistas.es/rafael-diaz-llanos-y-lecuona/

  7. https://www.telefonica.com/es/wp-content/uploads/sites/4/2021/07/1977_organos_gobierno.pdf

  8. https://elpais.com/diario/1993/02/04/agenda/728780406_850215.html

  9. https://www.canarias7.es/hemeroteca/el_pp_casi_aborta_un_homenaje_a_fusilados-MECSN110972?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F&fbclid=IwAR0PqhnVaiZe3TOGx2PUSwRWjAef8l3fw--FNLeYbhfJuuIyBPuJVIbk1kM


domingo, 23 de enero de 2022

Las dos vidas de Luis Álvarez Cruz

Habían pasado pocos días del golpe franquista y Luis Álvarez Cruz, uno de los grandes periodistas y poetas del siglo XX en Tenerife, que había sido presidente del Orfeón La Paz, estaba tranquilamente hablando con su novia en la calle y notó una pistola contra su espalda. Según sus familiares fue un falangista el que lo denunció y provocó una detención que lo llevó primero a la Comisaría de Santa Cruz de Tenerife y posteriormente a los cuarteles de Caballería, cerca del puente Zurita, siendo posteriormente trasladado a los barcos prisión (1). Su vida no volvería a ser igual, quedó marcado para siempre por ese momento y las consecuencias políticas de ese golpe, en el que como tantos otros intelectuales tuvo que abandonar sus intereses políticos y tratar de sobrevivir en una sociedad en la que para siempre sería mirado con la lupa de un poder absolutista.

El escritor tinerfeño nació el 21 de junio de 1904 en la lagunera calle del Agua, actualmente Nava y Grimón, en el seno de una familia campesina acomodada, en la que descubrió el amor por la lectura y la escritura. Amigo del poeta Manuel Verdugo, empezará muy temprano a despuntar en el mundo de la poesía, publicando sus primeros trabajos con apenas 17 años y recibiendo sus primeros premios con tan solo 21 años (2).

A finales de la década de los veinte Luis ya es un habitual en recitales poéticos y actos culturales. Uno de los primeros que recoge la prensa de la época fue en el Ateneo de La Laguna, en la Fiesta del Romance del año 1927, donde recita junto a los consagrados Diego Crosa, Juan Pérez Delgado "Nijota", Luis Rodríguez Figueroa y su amigo Manuel Verdugo, entre otros (3). Según las crónicas “recibieron grandes ovaciones como premio a sus respectivas y sobresalientes intervenciones artísticas” (4).

También comparte escenario en sus recitales con otros jóvenes poetas, como Pedro García Cabrera y Saturnino Tejera, otros dos de los grandes escritores isleños, también represaliados años después, que participaron en la fiesta literaria celebrada el 25 de marzo de 1927 en el mismo lugar que el anterior (5). Participa igualmente en la Fiesta literario-musical que celebra el Colegio Nava en La Laguna, en la que recitó “un tríptico bajo el título de “Rutas”, que asimismo fueron "calurosamente aplaudidas” (6).



Los intelectuales mantienen una intensa actividad cultural, pero también política, no en vano muchos de los colaboradores destacados de espacios literarios, como el Semanario Literario Horizontes, nacido en mayo de 1927 bajo la dirección de Saturnino Tejera y José A. Wangüemert, que contó con un importante elenco de escritores isleños, como Carlos Fernández del Castillo, Manuel Verdugo Bartlett, José Hernández Amador, Domingo Juan Manrique, Domingo Cabrera Cruz, Juan Pérez Delgado “Nijota”, José Galán Hernández y Pedro García Cabrera (7) son también activistas republicanos. Igual que en otros medios nacidos al calor de la sociedad convulsa de finales de los veinte y principios de la década de los treinta, muchos de sus autores acabaron pasando por las cárceles franquistas o incluso fueron asesinados en los primeros meses de la dictadura, como el socialista José Galán.

Más allá de La Laguna, eje donde transcurre buena parte de su vida, la voz de Luis Álvarez Cruz no falta en eventos culturales de otros lugares de la Isla, como Los Silos, La Orotava, Tegueste o Tacoronte, en un evento organizado por el activo Círculo Minerva de la localidad (8)(9)(10) y (11).

En 1928 sale a la luz su primer libro, Senderos. En la Revista Hespérides, en la que también era un activo colaborador, señalan que “el joven poeta lagunero, Luis Álvarez Cruz, el sonetista, deja de ser esto para convertirse en un verdadero artista de la poesía: vario, fecundo e inspirado, con raigambre que va espontáneamente del corazón hasta el cerebro” (12).

En esa misma revista nuestro protagonista se inicia también como articulista, reflexionando sobre diversos asuntos, entre otros sobre el propio resurgimiento cultural que se vive en el Archipiélago en esos años, donde a un puñado de intelectuales se les unen multitud de escritores jóvenes y mayoritariamente republicanos. Luis aborda esa realidad diciendo “libros, revistas, periódicos, exposiciones, conferencias; diversos matices y múltiples orientaciones, son los elementos constituyentes, las características risueñas de nuestro balance artístico” (13). En otro de sus números plasmará reflexiones sobre la vida, a sus 24 años de edad, en un artículo llamado “Meditaciones oscuras” en el que expresa su madurez con ideas como “todas las manifestaciones del egoísmo son igualmente negativas. Pero una, en especial, por frecuente, es desoladora: el egoísmo del célebre perro del hortelano, es un egoísmo estéril y suicida” (14).

En el año 1930 se edita su segundo libro, “Mi vaso pequeño”, prologado por Eduardo Zamacois (15), escritor nacido en Cuba y de ideas republicanas, que años después hará célebres crónicas de la resistencia de Madrid ante las tropas franquistas. Álvarez Cruz vive claramente un creciente acercamiento a las ideas republicanas y socialistas, con su habitual intercambio y colaboración con destacados miembros de esas organizaciones, muy palpable en los actos y eventos de esos años previos a la II República. Con el cambio político son muchos los intelectuales que pueden sacar a la luz sus ideales, también Luis Álvarez da ese paso, apareciendo en la constitución en Tenerife del Partido Republicano Radical Socialista, posteriormente integrado en Izquierda Republicana, que en las primeras elecciones será tercera fuerza en el Congreso, esta fuerza política quedó presidida en Tenerife por Adolfo Hernández y donde nuestro protagonista ocupará el puesto de vocal (16).

Su tercer libro es editado en 1932 bajo el nombre “Alamares”, que es objeto de cierta crítica en el diario republicano Hoy, especialmente por las palabras de otros medios que resaltan lo alejado que está de la poesía vanguardista o futurista, lo que para el redactor del medio de izquierdas merece que se le señale a esos críticos literarios que “el mundo ha girado una vuelta completa todos los días desde hace 20 años” (17).

En agosto de ese mismo año es nombrado presidente del Orfeón La Paz de La Laguna, siendo ratificado en el mes de noviembre, donde se elige una junta directiva en la que le acompaña como vicepresidente su amigo y también poeta, Saturnino Tejera, también destacado miembro de la entidad nacida en la segunda década del siglo XX (18)(19). Muchas asociaciones señeras y colectivos sociales o culturales de ese momento mantienen vínculos estrechos con un buen número de intelectuales y militantes de las organizaciones políticas y sindicales del momento, que serán miembros activos y destacados de las mismas. En el caso del Orfeón, además de en su directiva, también hay presencia de destacados militantes comunistas, como Domingo García y su hermano Homobono, miembros de la coral de la importante entidad lagunera (20). En 1933 Álvarez Cruz reflexiona sobre esta entidad lagunera en las páginas del Hoy, donde dice que ve al Orfeón La Paz “como una suerte de remanso artístico en la pobreza ambiental de la ciudad” destacando el papel de la música y de su director musical, Fernando Rodríguez, que en su opinión significa un “alto exponente de cultura que este fenómeno significa y todo lo que puede tener de trascendente y fecundo para el folclore isleño, hoy abandonado y desperdigado por nuestros campos” (21), señalando también uno de los grandes intereses que mantuvo en su vida, la identidad canaria y las tradiciones del pasado.

Luis Álvarez no es inmune a la agitación política y social que se vive en ese momento. Junto a la Federación Obrera, la Agrupación Socialista lagunera, decanos, poetas y escritores firma un manifiesto el 29 de noviembre de 1932 en el que señalan una “maniobra del más viejo y reaccionario estilo” sobre la libertad de la Universidad de La Laguna, de personas que quieren boicotear el espíritu liberal de esta institución “con manejos confesionales y políticos -confesionalidad beata y política arcaica- hacer abortar el sentido de la Universidad” (22).

Tampoco puede vivir al margen de las polémicas políticas y sindicales de ese momento. Desde la portada de Obreros de la Cultura, órgano de comunicación de la Federación Tinerfeña de Trabajadores de la Enseñanza de UGT le dedican una afilada réplica contra un artículo publicado en La Prensa el 13 de agosto de 1933, en el que Álvarez Cruz habla de las colonias escolares en lo que consideran “exaltado lirismo sentimental erróneamente empleado”. El artículo critica que se abordara la realidad de los menores participantes en estas colonias, olvidando que en ese mismo verano se quedaban “2958 niños que asándose como en calderas en sus miserables viviendas, que son auténticas pocilgas malolientes y oscuras, propensas a cualquier enfermedad” (23).

En esos años el autor recorre las islas recogiendo en sus artículos, publicados principalmente en La Prensa, donde describe desde crímenes a las vivencias y experiencias de sectores vinculados con los oficios tradicionales, que posteriormente recopilará en su magistral obra, de alto valor etnográfico y antropológico, Retablo Isleño. Su pluma se hace cada día más popular y reconocida. En otros medios valoran estos trabajos con adjetivos muy positivos “el brillante periodista Luis Álvarez Cruz ha dado a conocer algunos rincones de Tenerife donde aún existe el antiguo telar ya olvidado, pero que evoca una época de esplendor para la isla, cuando nuestros tafetanes, cintas y calceta iban para América en navíos tripulados y dirigidos por tinerfeños” (24).

En enero de 1936 Luis Álvarez Cruz es elegido vicepresidente del Comité Local de Izquierda Republicana en La Laguna, en el que le acompaña como tesorero el también escritor y poeta José A. Wangüemert (25). Con este puesto participará activamente de la campaña de las elecciones de febrero de ese año, realizando mítines en compañía de los abogados José Carlos Schwartz y Luis Rodríguez Figueroa, (26) ambos asesinados en los primeros meses de la dictadura por su defensa de los militantes de izquierda represaliados durante la república, por hechos como los Sucesos de Hermigua.

En el mes de mayo de 1936 también aparece en los micrófonos de Radio Club Tenerife en donde, junto con otros autores reconocidos, como Crosa, Nijota, Saturnino Tejera o Felipe P. Ravina, dedican un recital de “exaltación regional” con motivo de las fiestas de la capital (27).

La brutal respuesta de la reacción barrerá de golpe todas las polémicas ideológicas de la izquierda o los grandes debates del mundo de la cultura a partir del 18 de julio de 1936. Como cuenta su hija, Luis Álvarez es apresado y sometido a las duras condiciones que viven tantas personas en ese momento, aunque según sus familiares nunca quiso rememorar sus duras vivencias en esos oscuros días (28). En La Gaceta de Tenerife del 1 de septiembre de 1936 aparece entre los que tienen un sobreseimiento provisional por parte del Auditor de Guerra, por el “delito comprendido en el artículo 258 del Código Militar” (29), que establecía prisión para “el que de palabra, por escrito ó en otra forma equivalente, injurie ú ofenda clara ó encubiertamente al Ejército ó a instituciones, armas, clases ó cuerpos determinados del mismo”.

Aunque permanece en libertad vigilada, posiblemente gracias al apoyo de sus amistades más próximas al nuevo régimen, y cree escapar a lo peor de la represión, finalmente es sometido a la Ley de Responsabilidades Políticas, que se aplicaba contra quienes “habían contribuido con actos u omisiones graves a forjar la subversión roja”, siendo obligado a desterrarse a El Hierro el 10 de octubre de 1940, junto su mujer y una hija, acompañándole a ese exilio interior su amigo Saturnino Tejera y José Manuel Guimerá. Allí deja de cobrar de La Tarde, no volviendo a cobrar de este medio hasta meses después, tras su vuelta a Tenerife. La persecución se mantiene activa, ya que en 1943 el gobierno ordena a El Día y La Tarde cesar nuevamente de sus funciones a Luis Álvarez por sus “antecedentes y actuación política”, no siendo rehabilitado hasta 1945 (30).

Nuestro protagonista se vuelca en su faceta más costumbrista, dedicando escritos a los paisajes y tradiciones de las Islas, también al mundo de las crónicas deportivas, evitando cualquier línea que pueda volver a colocarlo en el ojo de la represión. En 1952 logra poner en marcha el semanario Aguere, aunque solo tendrá once meses de vida. Este medio dedicado principalmente a la actualidad local del municipio, aunque acoge noticias referidas a otros aspectos. Curiosamente en este espacio logra sumar también a otros intelectuales represaliados, como al caricaturista y pintor Policarpo Niebla, que ilustra parte de los contenidos, y su hermano (31).

Luis Álvarez Cruz no volverá a poder hablar ante auditorios o en las páginas de los periódicos sobre la república que quiso y defendió, su muerte le llega a finales de mayo de 1971, con el dictador vivo. A pesar de ello su enorme inteligencia le hizo no dejar de colaborar en medios de prensa escrita y radio, muy especialmente en revistas culturales en las que participa junto con viejos compañeros de batalla, como Pedro García Cabrera, recibiendo numerosos homenajes de la prensa a la que tanto quiso, que lo define ante su sepelio como “un hombre bueno, romántico y también humilde, una humildad sincera sin afectaciones y sin concesiones” (32). Qué distinta hubiese sido la vida de este poeta y periodista que hoy, en forma de escultura, vigila la plaza donde se ubica la oficina principal de Correos en La Laguna, si no se hubiese cruzado con sus días los efectos terribles de un golpe fascista. Su trabajo intenso, valioso y largo hizo que finalmente no pudiera ser ignorado, y tuviera que ser reconocido incluso por el mismo régimen que lo persiguió. 


 

Fotos: Manuela Álvarez de Armas y Revista Hespérides

Fuentes consultadas

  1. Álvarez de Armas, Manuela. Luis Álvarez Cruz y el periódico Aguere. La Laguna. 1997

  2. Idem pp 19-20

  3. El Progreso. 24 de enero de 1927. p1

  4. Gaceta de Tenerife. 27 de enero de 1927. p1

  5. Gaceta de Tenerife. 16 de marzo de 1927. p1

  6. Gaceta de Tenerife. 17 de mayo de 1927. p6

  7. Horizontes. Semanario Literario: https://jable.ulpgc.es/horizontes

  8. Gaceta de Tenerife. 18 de junio de 1927 p.2

  9. El Progreso. 21 de junio de 1927. p1

  10. Gaceta de Tenerife. 10 de julio de 1927. p1

  11. Gaceta de Tenerife. 28 de octubre de 1927. p1

  12. Revista Hespérides. 8 de enero de 1928. p8

  13. Revista Hespérides. 5 de junio de 1928. p1

  14. Revista Hespérides. 6 de noviembre de 1928. p10

  15. El Progreso. 22 de marzo de 1930. p2

  16. El Socialista. 17 de agosto de 1931. p7

  17. Hoy. 29 de julio de 1932. p5

  18. Hoy. 25 de agosto de 1932. p 3

  19. Hoy. 2 de noviembre de 1932. p.2

  20. VV.AA. En Rebeldía. Once desaparecidos de La Laguna durante la Guerra Civil en Tenerife. Santa Cruz de Tenerife. 2002. P.92

  21. Hoy. 20 de junio de 1933. p11

  22. Hoy. 30 de noviembre de 1932. p8

  23. Obreros de la Cultura. 31 de agosto de 1933. p1

  24. Hoy. 1 de enero de 1934. p193

  25. La Prensa. 12 de enero de 1936. p4

  26. La Prensa 1 de febrero de 1936. p1

  27. La Prensa. 3 de mayo de 1936. p3

  28. Álvarez de Armas, Manuela. Op. Cit. p22

  29. La Gaceta de Tenerife. 1 de septiembre de 1936. p2

  30. Álvarez de Armas, Manuela. op. Cit pp 24-26

  31. Idem. P.47

  32. El Eco de Canarias. 1 de junio de 1971. P18