A finales de 1936 La Laguna estrenó su propio campo de concentración, en el que más de doscientos hombres de ideales republicanos estuvieron retenidos durante meses, trabajando en obras públicas con escolta militar. Dos de ellos fueron el joven estudiante de medicina lagunero, Antonio Velázquez, y el comerciante lagunero, Feliciano Torres. En la novela de base histórica, “la Prisión de Fyffes”, José Antonio Rial, que estuvo preso en ese espacio y posteriormente en el campo de Los Rodeos, describe como a finales de 1936 se puso en marcha un proceso en el que se habilitaron “unas diez chabolas, y un total de doscientos treinta presos”. Los residentes forzados en ese lugar, cerca del entorno de las actuales pistas, habilitaron un espacio rodeado de alambre de espino, donde salían para la realización de las tareas necesarias para aplanar y limpiar la pista y el entorno del futuro Aeropuerto. Como recordó el autor en su libro,"...el trabajo de picar, cavar y arrastrar vagonetas carg...
El primer alcalde de La Laguna durante la II República fue José Perera García, un médico que se atrevió a dar un paso en una sociedad donde el viejo poder monárquico y caciquil seguía teniendo una enorme fuerza. Como en el libro de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, el municipio vivió un proceso donde las viejas élites trataron de mimetizarse con el nuevo orden republicano, generando un tiempo donde tensiones sociales, las demandas de mejora y las resistencias convivían. El municipio, con solo unos 24.000 habitantes, celebró las elecciones del 12 de abril de 1931 con calma. La dictadura de Primo de Rivera había pasado, pero el viejo orden monárquico se mantenía. Eran unas votaciones solo de hombres y donde los viejos poderes mostraron un control absoluto de casi todos los colegios electorales. Salvo el Casco lagunero y algunas zonas de La Cuesta, donde se agrupaban la mayor parte de los obreros y la pequeña burguesía ilustrada, los monárquicos lograron una amplia mayoría, con...