domingo, 21 de julio de 2024

La desaparición de José María Martín Díaz, segundo teniente alcalde de Santa Cruz de Tenerife en 1936

La violencia franquista se desató con toda su crudeza, incluso contra los perfiles más moderados del republicanismo. José María Martín Díaz es un ejemplo de ello. El que fuera segundo teniente de alcalde de Santa Cruz de Tenerife durante el último gobierno republicano sufrió la misma pena que tantos otros, fue desaparecido, igual que su compañero de filas políticas y alcalde, José Carlos Schwartz.

No sabemos bien qué edad tenía, ni siquiera he encontrado testimonio de sus estudios o el nombre de sus familiares. Lo cierto es que era un joven activo social y políticamente. En 1928 nos encontramos que es elegido como vocal del Consejo del Alto Patronato en la capital tinerfeña, por parte del Consejo nacional de los Exploradores de España (1), lo que actualmente llamaríamos scouts. Estos grupos juveniles habían tomado cada vez mas relevancia social vinculados con los hábitos saludables.

Con la llegada de la II República la labor de José María se vincula a la actividad política y específicamente con el sector del republicanismo moderado de izquierdas, ligado especialmente con los sectores de la pequeña burguesía tinerfeña. Uno de estos partidos es el Partido Radical Socialista, que se constituye en la Isla en el verano de 1931 en clara competencia con el más conservador Partido Republicano Tinerfeño (2). En 1932 es nombrado vocal del Partido Radical Socialista, presidido en ese momento por Francisco González Trujillo (3), que sería también compañero suyo en la última corporación republicana.

La organización política había sufrido intensos altibajos durante los meses posteriores a su conformación, al encontrarse en un espacio político estrecho entre el republicanismo más tradicional y el nicho que ocupaba el Partido Socialista. La nueva organización logrará retomar algo de impulso a partir del mitin celebrado el 30 de septiembre de 1932 en el Parque Recreativo de Santa Cruz en el que tomaron la palabra los diputados de esa minoría en el Congreso “Vargas, Cano Coloma y Ballester Gonzalvo”. Otro de los destacados participantes en ese mitin será el intelectual y abogado, Luis Rodríguez Figueroa (4), que ayudará a avanzar en un discurso más izquierdista y laicista.

En noviembre de ese año ya hay cierta expansión organizativa. Su comité local en Granadilla convoca un mitin en el que, además de las figuras más importantes de la organización, Como Luis Rodríguez Figueroa, Marcelino Domingo o Domingo Pérez, interviene José María Martín, abordando “la política realizada por el partido radical y el gobernador civil” (5).

El Partido Radical Socialista celebrará el 29 de octubre de 1933 su Congreso Provincial. Luis Rodríguez Figueroa es destacado como uno de sus líderes, sumándose a la directiva el  periodista Luis Álvarez Cruz, Domingo Pérez, el que fuera alcalde de Tegueste, Emilio Rivero, y es reelegido como miembro del comité provincial nuestro protagonista (6). En ese congreso deciden apoyar la fórmula electoral de Bloque de Izquierdas, concurriendo a las elecciones de ese año junto con el PSOE y Acción Republicana, entre otras fuerzas (7).

En 1934 José María Martín es elegido por el Ayuntamiento capitalino como vocal de la Comisión Inspectora de la Oficina Local de colocación obrera, que atendía la situación de paro de muchos trabajadores del municipio. Le acompañará en sus funciones otro futuro concejal chicharrero del Frente Popular, el poeta Nicolás Mingorance (8).

Sobre su vida personal no podemos saber mucho. Estaba casado y en noviembre de 1934 nacerá una hija (9). Con respecto a su labor profesional solo sabemos que en esos años trabajaba en la calle La Marina de la capital tinerfeña, donde ejercía como apoderado de Antonio Acosta, “consignatario de barcos que tiene, entre otras compañías, la J. Lauritzen, de Copenhague”. Sobre la compañía, el propio José María responde a una entrevista que la empresa en la que trabaja “posee barcos para llevar frutos al norte de África. En diversas ocasiones, de regreso, vienen de Dinamarca con mercancías danesas” (10).

El año de la victoria del Frente Popular será el de mayor actividad política de nuestro protagonista. Su organización, integrada en Izquierda Republicana, participará activamente en la contienda electoral. El primero de enero de 1936 a las once de la mañana ofrecerá un mitin en La Esperanza, lo hará acompañado de Luis Rodríguez Figueroa y el también abogado, José Carlos Schwartz (11). No será el único mitin en el que tomará parte animando a votar al Frente Popular. Pasará por El Sobradillo, Tegueste, Adeje o San Andrés, compartiendo escenario con otras figuras de la izquierda tinerfeña como el socialista Pedro García Cabrera, el abogado Benigno Mascareño o Emilio Rivero.
Con la victoria electoral llegan otros compromisos. A José María lo eligen dentro de los ocho miembros de Izquierda Republicana que formarán parte del gobierno chicharrero, junto a otros seis ediles socialistas, cinco de Unión Republicana y tres comunistas. Es elegido por 19 votos segundo teniente de alcalde en el gobierno dirigido por su compañero José Carlos Schwartz (12). Le corresponderá participar de la Comisión de Hacienda y del Consejo Local de Enseñanza (13).

Otra importante labor encomendada a Martín es la de colaborar con las gestiones del nuevo Gobernador Civil, Manuel Vázquez Moro, al que acompañará desde su llegada a la Isla. Gracias a eso tenemos la única imagen que he podido encontrar de nuestro protagonista.

En marzo acompaña al nuevo Gobernador a su visita a varios pueblos del Norte de Tenerife, donde compartirá un mitin en el balcón del Ayuntamiento del Realejo Alto. Según la crónica periodística: “toda la concurrencia se trasladó a las Casas Consistoriales, desde cuyo balcón pronunciaron discursos los señores Martín, Schwartz y Vázquez Moro ante el numeroso público que se hallaba congregado frente al edificio municipal” (14).

Entre los meses de abril y julio, José María Martín será una figura habitual de los procesos de negociación sindical y social en los que los representantes del Gobierno Civil ejercían de mediadores. Es designado delegado de la máxima autoridad isleña en la resolución del conflicto del personal de los viveros que van a la costa de África (15). También hará lo propio en las negociaciones del sector de las artes gráficas en la provincia, afirmándose que “actuando con gran ponderación y espíritu de imparcialidad, logró armonizar los deseos del gremio y los intereses patronales” (16).

En el mes de mayo se celebra la asamblea de Izquierda Republicana en Santa Cruz de Tenerife, en la que es designado junto a Elías Zerolo como representantes locales en la próxima asamblea insular de la formación política (17).

Uno de los momentos de mayor relevancia fue en el que, ostentando la alcaldía accidental, debe intervenir en la subida descontrolada de los precios de la carne. Según describe la prensa, “en vista de la actitud inconsulta de los industriales carniceros, elevando el precio de la carne de consumo, sin previa discusión acerca de su necesidad con las autoridades competentes”, se les impone una sanción de 500 pesetas a cada uno. Además se fija que “las cantidades recaudadas de más por dichos industriales en los días de vigencia de las nuevas tarifas impuestas a su capricho, sean puestas a disposición de la Alcaldía para ser destinadas al fondo contra el paro obrero” (18). Sin duda esa respuesta frente a uno de los poderes económicos locales pasaría a estar en el listado de los agravios que le costaría la vida a nuestro protagonista.

Uno de los grandes problemas de ese momento en la capital tinerfeña es el de la vivienda. Ese asunto ya había provocado una gran huelga en el año 1933, que sin duda dejó una honda huella. El nuevo gobierno municipal trató de abordar esa realidad, ya que según el edil, Óscar Pestana, Tenerife es “el sitio de España donde la vivienda es más cara”. A este respecto “los señores Martín Díaz, Reverón y Rodríguez Guanche, en nombre de las minorías de Izquierda Republicana, Unión Republicana y Comunista, se adhieren a las manifestaciones”, realizadas por Pestana y se les nombra para acudir a las asambleas del Sindicato de Inquilinos, para tratar de buscar soluciones (19).

La convivencia de la diversidad ideológica dentro del gobierno local del Frente Popular se hace evidente, tal y como se deduce de ciertos debates plenarios en los que Martín también participa. Sucede en las fechas posteriores a las grandes movilizaciones obreras del primero de mayo, en el debate sobre cómo abordar las provocaciones del general Franco, que ubicó retenes militares en varios puntos de la Isla. Martín Díaz dijo que “el Comité del Frente Popular había acordado no tratar esta cuestión en el Ayuntamiento, indicándose a los Diputados que la promovieran en el Congreso, interpelando sobre el particular. Pero en vista que la cuestión se ha traído al Ayuntamiento, si no en la forma, si en el fondo se suma en nombre de Izquierda Republicana a todo lo manifestado” (20). Este acuerdo, donde se pedía el cese del general, también tendrá una graves consecuencias posteriores para alguno de los que participaron en él, igual que en otros gobiernos locales.

También será intenso el debate plenario sobre la gestión del paro obrero, que a propuesta de los concejales del PCE se proponía abordar también desde el ámbito local. Martín en nombre de Izquierda Republicana manifestó que “deseaba no se perturbara la marcha del Ayuntamiento con proposiciones que no estaban dentro de su cometido ni tenían eficacia. Está conforme en que hay que abordar el problema del paro, que afecta a toda España, y que ha de ser el Parlamento y el Gobierno los que dicten las leyes oportunas”. La votación de la propuesta fractura el voto del gobierno, incluso de la propia Izquierda Republicana, donde todos menos uno la rechazan, junto con Unión Republicana (21).

Su labor como mediador en diversos conflictos, por designación del Gobernador Civil, seguirá siendo destacada. Participará junto a Vázquez Moro en la Asamblea Agrícola celebrada en La Orotava, enfocada en la crisis que vivía el sector platanero, creándose una comisión donde ejercerá de delegado (22). También participa de la búsqueda de soluciones al conflicto agrícola en San Juan de la Rambla (23), en la huelga agrícola de Tejina (24) o las bases de los empleados agrícolas de La Orotava, La Victoria y Santa Úrsula (25)- De la misma forma, media en el conflicto de los empleados de oficinas mercantiles e industriales, donde se alcanzaron “mejoras en los sueldos de los auxiliares, contables y apoderados, concediéndose al personal femenino los mismos beneficios” (26).

En el mes de junio se celebra el ya mencionado Congreso Provincial de Izquierda Republicana, donde es nombrado secretario. En la dirección también participaban como presidente José Carlos Schwartz, vicepresidente. Antonio Nuñez, vicesecretario, Emilio Rivero, tesorero, Adolfo Hernández, y contador, Adrián Savoie (27).

El 18 de julio todo cambiará de forma dramática. Los debates políticos, los avances laborales y sociales son cortados por un golpe militar fulminante. Todos los responsables políticos republicanos son cesados de inmediato y muchos son sometidos a detención, tortura y en algunos casos desaparición. No es frecuente que aparezcan estas detenciones reflejadas en la prensa, pero en el caso de José María sí se da. Lo hace en un periódico de Las Palmas, es difícil saber si tal vez había buscado un lugar donde ocultarse fuera de la Isla. Lo detienen en octubre, en una noticia donde le acompañan otros presos, Manuel Díaz Valido, Antonio Mejías Ascanio, Diego Quintana· Quintana, José Catalá Santana, Manuel Fernández Hernández, Esteban Machín Martín, Juan Rodríguez Castellano y Fernando Padrón Silva. Desde ese momento se pierde su rastro.

El Boletín Oficial del Estado del 27 de febrero de 1940 lo menciona entre los que son sometidos a juicio por su pertenencia a los grupos políticos izquierdistas, aunque señala que está “ausente” (28). José María Martín Díaz no volverá a reunirse con sus seres queridos, su nombre forma parte de la larga lista de asesinados por sus ideas, que ojalá algún día podamos saber de forma certera dónde reposan en esa larga ausencia forzada del franquismo, que la democracia no ha sabido resolver del todo.


Fuentes consultadas

  1. La Prensa, 21 de julio 1928, página 3

  2. Cabrera Acosta, M.A. (1991). La II República en las Canarias Occidentales. La Laguna. CCPC p 430

  3. La Prensa. 24 de agosto 1932 p5

  4. La Prensa. 29 de septiembre 1932 p3

  5. La Prensa. 16 de noviembre 1932. p2

  6. La Prensa. 31 de octubre 1933 p2

  7. Cabrera Acosta, M.A. (1991). Op cit. p 434

  8. La Prensa. 28 de octubre 1934. p9

  9. La Prensa. 3 de noviembre 1934. p3

  10. Hoy 10 de noviembre 1935. p8

  11. La Prensa. 1 de enero 1936. p5

  12. La Prensa. 19 de marzo 1936 p2

  13. La Prensa. 20 de marzo 1936 p1

  14. La Prensa. 31 de marzo 1936. p4

  15. La Prensa. 11 de abril 1936. p3

  16. La Prensa. 28 de abril 1936 p1

  17. La Prensa. 3 de mayo 1936 p3

  18. Gaceta de Tenerife. 13 de mayo 1936. p2

  19. La Prensa. 21 de mayo 1936. p1

  20. Medina Sanabria, Pedro. Incidentes del 1º de mayo con las fuerzas militares: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2011/05/25/incidentes-del-1%c2%ba-de-mayo-con-las-fuerzas-militares/

  21. La Prensa. 2 de julio 1936 p2

  22. La Prensa. 19 de mayo 1936 p1

  23. La Prensa. 28 de mayo 1936 p3

  24. La Prensa. 17 de junio 1936. p1

  25. La Prensa. 8 de julio 1936. p1

  26. Gaceta de Tenerife. 13 de junio 1936. p4

  27. La Prensa. 9 de junio 1936. p3

  28. Boletín Oficial del Estado. 27 febrero 1940 p.1022




domingo, 14 de julio de 2024

El último primero de mayo de la II República en Tenerife

La plaza de Toros de Santa Cruz es también un lugar de memoria histórica, aunque hoy la mayoría lo desconozca. El primero de mayo de 1936 en Tenerife se vivieron dos momentos, por un lado fue la primera jornada del trabajo en la que se pudo celebrar el gran éxito del Frente Popular de las elecciones de febrero. Por otro lado fue una de las últimas grandes manifestaciones de la fuerza del movimiento obrero de aquel momento antes del Golpe fascista.

Es cierto que el éxito de las izquierdas en las elecciones de febrero fue posible gracias a la unidad de acción de partidos, organizaciones y sindicatos con distintas visiones, en ocasiones radicalmente opuestas.

A pesar de la unidad lograda en las elecciones, en el día del trabajo se vivieron dos grandes mítines y manifestaciones. Una la de las organizaciones marxistas y socialistas, la otra la de la CNT, principal organización sindical de la Isla. El movimiento obrero había pactado que ese viernes no circularían “los automóviles particulares, ni se publicaron los diarios locales” además de no poder asistir a “los acostumbrados espectáculos cinematográficos” (1).

A las diez y media de la mañana los representantes de las organizaciones socialistas y comunistas celebraron el primer mitin. A él asistieron unos 4000 representantes, algunos procedentes de Icod, Puerto de la Cruz, Orotava, La Laguna, Realejo Alto, Realejo Bajo, La Guancha, Santa Ursula y Güimar. En el mitin participaron Santiago Albertos, Oscar Pestana, el profesor y comunista palmero, José Miguel Pérez y Pérez, y los diputados Florencio Sosa y Emiliano Díaz Castro (2).

Según la crónica de La Prensa “los oradores fueron muy aplaudidos. Terminado el mitin se formó una manifestación, integrada por centenares de personas, que se dirigió al Gobierno civil. A la cabeza de la manifestación iban muchas mujeres y las milicias comunistas y socialistas, uniformadas, llevando banderas de las distintas agrupaciones que habían asistido al acto, y les seguían numerosos elementos de ambos partidos políticos” (3).

La jornada había sido preparada a conciencia. En la Casa del Pueblo de la capital se tenía todo organizado para convertir la manifestación en un evento muy visible. Por este motivo se pidió a las Juventudes Socialistas que pasaran a las nueve de la noche por el local para organizarse, teniendo un destacado papel en la jornada (4). La cabeza de la manifestación fue ocupada por estas juventudes donde “iban muchas mujeres y las milicias comunistas y socialistas, uniformadas, llevando banderas de las distintas agrupaciones que habían asistido al acto, y les seguían numerosos elementos de ambos partidos políticos” (5).

La marcha continuó hasta la plaza de La República (hoy de La Candelaria) donde el Gobernador Civil, Manuel Vázquez Moro, salió al balcón a dirigir unas palabras a los manifestantes. Les dijo que “para demostrar que nosotros, los hombres de izquierda, somos gente de orden, yo os ruego que os disolváis con el mismo orden y la misma organización conque os habéis conducido. ¡Viva la República!” (6).

Por la tarde fue el turno de los anarquistas, que agrupaba a una importante parte del movimiento proletario de la capital y de otros puntos de la Isla. A pesar del respaldo que dieron a la elección del Frente Popular, quisieron hacer una clara diferencia con respecto a otras fuerzas de la izquierda, señalando especialmente la escenificación vivida en las marchas de la mañana del primero de mayo. Harán incluso un folleto donde dicen “las milicias, tanto si llevan uniforme rojo como si lo llevan negro o azul, son fascistas, ya que la cuestión del uniforme es una simple cuestión de trapos, y los trapos, como los colores, solo entusiasman a los espíritus pobres” (7).

Ante unos 8000 asistentes, que llenaban toda la plaza, hicieron uso de la palabra Modesto Carballo, la tabaquera Isabel Hernández, Antonio Espinosa y Bernardino Afonso, “que hicieron un llamamiento a la clase trabajadora para seguir con todo tesón en la lucha emprendida, no apartándose de los postulados de la C. N. T. Hablaron de la importancia del movimiento sindical en Canarias y de los problemas sociales que se hallan planteados y que afectan a la Confederación” (8). También tomó la palabra el destacado anarquista Manuel Bajatierra, que comenzó recordando que “hace 40 años, cuando apenas él contaba 15, se registró el doloroso episodio de los mártires de Chicago. Para asociarse al dolor de los trabajadores del mundo y como protesta por aquél crimen de la burguesía, unos centenares de obreros recorrieron las calles de Madrid llevando una bandera. Los guardias los persiguieron sañudamente, hasta arrebatarles la bandera, que era símbolo de lucha y trabajo” (9).

El mitin fue recordado por la militante cenetista tinerfeña, Caridad Pérez, en una entrevista recogida por los investigadores Ricardo García Luis y Manuel Torres Vera en la década de los ochenta. Aseguraba que “Bajatierra habló que puso en pie a todo el mundo, hasta las autoridades, lo estaban oyendo y todos decían, vaya una cosa buena. Empezó a contar, a hacer historia, de lo que era la vida en común, con ese régimen y de todo lo que se sufría y todo lo que nos esperaba si triunfaba el fascismo. Y todo eso, todo eso habló, ya le digo que fue una maravilla, una maravilla” (10).

En otros puntos de la isla, como La Laguna o Icod, también se vivieron marchas obreras en ese día de mayo. En el lagunero Teatro Leal durante la tarde se vivió “un acto de afirmación proletaria organizado por el Frente Obrero”. En él participan algunos de los protagonistas de la mañana, además de la concejala comunista chicharrera, Isabel González, que preside el acto por el Socorro Rojo Internacional, y Ramón García Rojas, por la Juventud Socialista, además de los ya mencionados “José Miguel Pérez, por la Juventud Comunista; Emiliano Díaz Castro, por el Partido Socialista, y Florencio Sosa Acevedo, por el Partido Comunista” (11).

Las movilizaciones obreras no pasaron desapercibidas para los poderes locales reaccionarios. El General Franco había desplegado fuerzas militares en distintos puntos de la Isla para tratar de limitar la potencia de las manifestaciones. En el pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz censuraron el envío de “fuerzas militares al Puerto de la Cruz, lo que consideran como una provocación a la clase obrera”, señalando que “el señor Rodríguez Figueroa formularía una interpelación en el Parlamento” sobre lo sucedido (12). Esta petición, junto la de otros municipios como Buenavista o La Laguna, tendría una respuesta brutal por la represión franquista, dejando varios desaparecidos.

Resulta paradójica la mirada que hace de estas movilizaciones uno de los golpistas, en este caso el Coronel de Estado Mayor, Sr. González Peral, “constituyendo una verdadera parodia la fiesta sindical del primero de mayo de 1936, que con tanta propaganda se quiso organizar, pues había "mucho miedo" en los dirigentes y esto acobardó a las masas” (13). Frente a esas declaraciones del militar franquista, cientos de los participantes del último de los primeros de mayo de la República en Tenerife ya estaban encarcelados y otros empezaban a ser desaparecidos.

Fuentes utilizadas

  1. Gaceta de Tenerife, 2 de mayo 1936, página 2

  2. Idem

  3. La Prensa, 2 de mayo 1936, página 3

  4. La Prensa, 30 de abril 1936, página 4

  5. La Prensa, 2 de mayo 1936, página 3

  6. Idem

  7. Cabrera Acosta, M.A. (1991). La II República en las Canarias Occidentales. La Laguna. CCPC p.587

  8. La Prensa, 2 de mayo 1936, página 4

  9. Idem

  10. Entrevista de Ricardo García Luis y Manuel Torres Vera a Caridad Pérez.

  11. La Prensa, 30 de abril 1936, página 4

  12. La Prensa, 21 de mayo 1936, página 2

  13. La Prensa, 21 de julio 1937, página 2


sábado, 6 de julio de 2024

El saqueo de Villa Loreto, hogar familiar de Luis Rodríguez Figueroa

En octubre de 1936 se cumplió la última venganza de los franquistas contra la familia Rodríguez Melo. Una mezcla de falangistas y oportunistas de nueva ola irrumpieron en la casa del diputado Luis Rodríguez Figueroa en La Laguna. Algunos dicen que coincidió en el tiempo con su asesinato.

Delante de sus hijos y familiares, saquearon la enorme biblioteca de uno de los mayores intelectuales de la primera mitad del siglo XX en Canarias. Parte de los valiosos ejemplares, que ocupaban un ala entera de la casa, se amontonaron en la calle y los quemaron, con parte de la documentación de este eminente republicano y valiente abogado.

La casa se llamaba Villa Loreto, que se alzaba desde inicios de ese siglo a pocos metros de la torre de La Concepción, en la esquina del Callejón La Parra. El nombre era un homenaje a Loreto Melo, lagunera con la que Luis Rodríguez se casó en 1903 (1). Un hogar bohemio, lleno de libros, sede de tertulias intelectuales y espacios políticos emergentes en la década de los treinta.

En ese edificio ecléctico sufrieron por la muerte de Loreto (2), después de una breve enfermedad, fallecida casi diez años antes que su marido. Allí también celebraron la boda en La Concepción de su hija mayor, Rosalva Rodríguez Melo con Leopoldo O'Shanahan (3).

Su hijo, Elio Rodríguez, recordaba en 2003 su casa lagunera. Los anaqueles de la biblioteca familiar plasmaban los intereses de su padre, un hombre “profundamente influido por los clásicos desde Platón, Sócrates y Aristóteles, pasando por Heraclito, Anaxagoras, lo que fue la escuela de los Jonios etc. También teníamos una gran admiración por los clásicos franceses, Corneille, Racine, Moliere y todos los demás precursores de la Revolución Francesa. Leímos a los clásicos ingleses y sus poetas Shelley, Byron. Mi padre nos la transmitió, admiraba a los clásicos alemanes, en particular Goethe. Conocimos y leímos a los rusos Toltoi León, Chejov, Turgenieff, Puskine y muchos otros” (4). De esas semillas de lecturas surgieron ideas y sueños de lograr un mundo mejor.

Familia Rodríguez Melo a inicios de la década de los veinte
El garaje de Villa Loreto fue la primera sede de la Juventud Comunista, creada en octubre de 1934. Sus componentes, junto al propio Elio Rodríguez, era “Antonio Padrón, abnegado y compañero ejemplar, panadero, fue el Delegado del partido. Participaron, además, mi hermano Layo, que sería el Secretario Político; Luis González, Información; Sánchez, hijo del teniente de la Guardia Civil muerto por los fascistas; los hermanos Rivero” (5).

Guetón Rodríguez, el hijo mayor vivo, creó en junio de 1936 en ese mismo espacio la sede lagunera de Socorro Rojo. Este joven culto y cosmopolita, también era presidente del Comité Insular Pro- Olimpiada Popular (6), un proyecto de olimpiada obrera y revolucionaria que debía celebrarse ese verano en Barcelona.

Cuando llegó el 18 de julio de ese año la familia Rodríguez Melo estaba en el ojo del huracán. Luis Rodríguez había sido detenido en Cádiz, cuando como diputado iba a Madrid. Poco después lo traerían a Tenerife “a la semana de llegar, lo “desaparecieron”. Dicen que, apotalado, lo tiraron al mar por Jagua” (7). También habían detenido a dos de sus hijos, Guetón y Layo. Hostilio, otro de los hermanos, había logrado huir a la zona republicana.

Al primero de los hermanos Rodríguez Melo lo asesinaron también, unos dicen que murió a consecuencia de una paliza brutal en Los Rodeos, otros que fue tirado al mar como su padre (8). Layo logró escapar de Villa Cisneros junto a otros compañeros, en una de las mayores fugas de presos republicanos.

Para las autoridades franquistas era una familia peligrosa, habían podido vivir una vida tranquila y acomodada, pero decidieron defender causas como la de los campesinos de Hermigua o la de los obreros.

Elio recordaba esos momentos tan duros: “después de haber desaparecido a mi padre, saqueado nuestra casa lagunera de Villa Loreto” y, como hacía la Inquisición española, quemado la biblioteca de mi padre, incautarse de la casa para cuartel y echarnos a todos a la calle, ¡van y le ponen a mi padre, asesinado dos años antes, una multa de medio millón de pesetas! cuando entonces un obrero ganaba, a lo máximo, de 3 a 4 pesetas al día. ¡Los muy hijos de puta estuvieron reclamando el pago hasta el año 40!” (9).

No solo eso, en 1943 Luis Rodríguez Figueroa, es acusado dentro del proceso 206/1943 por ser supuestamente masón. Fue condenado a doce años de prisión, seis años después de su asesinato extrajudicial (10).

Villa Loreto fue incautada., primero para usos militares, posteriormente sería una carpintería y a finales de los sesenta estaba en un estado de abandono casi total. Ya no quedaba nada de su espíritu intelectual y transformador. Las palas acabaron con lo que quedaba de este espacio, dando lugar al Edifico La Concepción y un entorno muy distinto. Desconozco si este robo fue objeto de alguna indemnización posterior a sus descendientes, posiblemente no.

Ese montón de libros quemados, esa casa saqueada y olvidada, forma parte de un relato que merece ser recordado, igual que el legado y el destino de esta familia.

Fotos de Villa Loreto del grupo Fotos Antiguas de Tenerife.

Fuentes utilizada

  1. La Opinión. 12 de mayo 1903. p2

  2. Gaceta de Tenerife. 19 de julio 1927. p2

  3. Gaceta de Tenerife. 17 de octubre 1930. p2

  4. Entrevistamos a Elio Rodríguez Figueroa: http://elcanario.net/Articulos/entrevistaaeliorf2.htm

  5. Idem

  6. Studer Villazán, Luana et al (2012) En Rebeldía. Once desaparecidos de La Laguna durante la Guerra Civil en Tenerife. Le Canarien ediciones. Santa Cruz de Tenerife. P145

  7. González, Francisco Javier. 91 aniversario de la República española: https://www.elpaiscanario.com/91-aniversario-de-la-republica-espanola/

  8. Studer Villazán, Luana et al (2012) Op cit. 150-151

  9. González, Francisco Javier. Op cit

  10. VVAA. (2005) La enciclopedia de canarios ilustres. p.159.160


domingo, 30 de junio de 2024

La venganza contra los gomeros protagonistas de los Sucesos de Hermigua

No tuvo que se fácil ese día para Luis Rodríguez Figueroa y José Carlos Schwartz. Ejercían junto a Luis Jiménez de Asúa, Juan Simeón Vidarte, José Arozena, Aurelio Ballester, Benigno Mascareño y Sebastián Castro, la defensa jurídica de 35 gomeros y gomeras señalados por los caciques. A las nueve de la mañana del 30 de junio de 1934 dio comienzo el juicio militar por los Sucesos de Hermigua. Se pedían penas de muerte, que llegarían cuando nadie lo esperaba, también contra estos dos prestigiosos abogados isleños.

El hambre y la miseria habían soliviantado los ánimos de la clase trabajadora en Canarias, pero muy especialmente en La Gomera. En 1932 se había cerrado las dos principales conserveras de la Isla, dejando a sus trabajadores y a cientos de pescadores sin empleo. El precio del plátano, principal negocio del momento, se desplomaba y provocó una bajada de salarios constante y despidos de trabajadores, que sumado a la sequía y a las maniobras de los caciques, además de la escas obra pública, generó que unos 3000 trabajadores estuvieran en una situación desesperada (1). En Hermigua, unos 300 jornaleros de la platanera y 150 obreros del pueblo se organizaron en torno a la Federación Obrera, muy vinculada a la UGT, que se sumaron a la activa presencia socialista y de los primeros núcleos comunistas.

En marzo de 1933 las tensiones se rompen ante la negativa a contratar a cien trabajadores en la obra de la carretera, que provoca un llamamiento a una huelga que paralizó por completo el Valle de Hermigua. La respuesta de la Guardia Civil, tras reunirse la noche anterior con los principales propietarios del municipio, es la de tratar de buscar refuerzos y romper la voluntad de los huelguistas. La situación desemboca en un intento de bloquear la salida de un camión de las fuerzas del orden que termina en un alternado que deja a un obrero y dos guardias civiles muertos, varios sindicalistas heridos de gravedad y otro guardia también.

Antonio Brito, obrero muerto en la jornada
El diario La Prensa narra el momento de la siguiente manera: “un gran número de hombres, precedidos de unas quince mujeres, con piedras en la mano, se adelantaron, amenazadores. Al requerirles el cabo para que depusieran su actitud, manifestaron: —Nosotros buscamos el pan de nuestros hijos... El camión no sigue adelante. A esa amenaza respondió el cabo: — El camión sigue adelante. Llegaron más obreros, produciéndose gran confusión en el grupo por pretender hablar todos al mismo tiempo.

Al fin alguien logró que se hiciera el silencio, recomendando que hablara uno sólo. Lo hizo una mujer, incitando a los hombres a la colocación de obstáculos. Dirigiéndose después directamente a los guardias les manifestó que "si creían que las mujeres del pueblo eran zorras, estaban equivocados, pues ya se habían despabilado con las de fuera". Por último, prorrumpiendo en amenazas de muerte, comenzaron todos a apedrear el camión” (2).

Evidentemente el suceso causó una auténtica conmoción política, social y mediática, en un momento de la II República donde la crispación crecía entre los distintos bloques políticos. Llegan numerosos efectivos de las fuerzas de seguridad a La Gomera y se produce la detención de más de una treintena de personas. Además de investigar el papel de cerca de un centenar más, acusadas de participar en el tumulto. Entre otros, se detiene a toda la directiva de la Federación Obrera y se cierran los locales de los grupos y sindicatos de izquierda (3).

Uno de los detenidos en el mes de abril es Emiliano Díaz Castro, abogado socialista residente en Güímar, acusado de haber instigado y apoyado a los huelguistas gomeros, (4), que posteriormente ejercerá de abogado de los detenidos durante el juicio.

El 7 de abril de 1933 se trasladó a los 35 procesados en el vapor Gomera, que navegará acompañado por el cañonero Arcila hasta Güímar, donde desembarcan e ingresan en la prisión de la capital (5).

El juicio se convierte sin duda en uno de los más seguidos de la etapa republicana en el Archipiélago. Justo en esa primera jornada las organizaciones obreras de todo el Archipiélago habían convocado una gran huelga general, que es suspendida a petición de los presos de esta manera: “Los trabajadores, procesados por los sucesos de Hermigua, estimando que no les beneficia el movimiento preparado para el día 30 por la masa obrera de Canarias, ruegan a las organizaciones den las órdenes oportunas para que dicho movimiento no se produzca y se aguarde por todos, serenamente, hasta que la Justicia haya pronunciado su fallo. En la cárcel de Santa Cruz de Tenerife, a 28 de Junio de 1934” (6).

Frente al abrumador sumario presentado por el fiscal Martínez Fusset, que será uno de los hombres de máxima confianza del General Franco, los abogados tratan de poner en evidencia las condiciones de vida de miseria de los trabajadores de Hermigua. En su alegato, Schwartz, afirma quela tierra que forjara a sus hijos en la rebeldía, que encendiera en sus almas la inquietud, prendiendo, más tarde o más temprano, un día cualquiera, la hoguera de una protesta viril, contra todo lo que ahoga y asfixia el derecho y la vitalidad de un pueblo” (7). Por su parte de Rodríguez Figueroa se ocupa del hambre “que había y hay en aquel pueblo, hasta el extremo de hurtarse racimos de plátanos. Y esta falta, que ni siquiera es falta cuando la necesidad que la impulsa es poderosa, como poderosa e inaplazable es el hambre de tanta gente proletaria, le aplicó alguien esta sentencia: "Hay que castigar el hurto de piñas con mano dura y sin contemplaciones"” (8). Sus argumentos concuerdan con las declaraciones y manifestaciones de los acusados, que en muchos momentos del proceso viven momentos de gran tensión, sabiendo que las penas de muerte podían llegar.


Finalmente el 8 de julio concluye el juicio, pidiéndose condena a la pena de muerte a cinco de los acusados; a uno, a veinte años de prisión; a cuatro, a doce años; a otro, a seis años; a dos, a tres años, y a dos, a dos años, absolviéndose a los otros diecisiete procesados, añadiendo en el último considerando, que “el Tribunal aconseja la conmutación de las penas de muerte” (9), aunque esta sería ratificada por el Supremo en febrero de 1936 (10).


Los quince acusados por los delitos de esa huelga permanecerán en prisión casi dos años en total, con numerosos actos de apoyo y solidaridad de la clase obrera. Lo reflejan manifiestos como el que hace el sindicato del profesorado, que considera que “de esta manera se pretende resolver todos los problemas sociales sin suprimir las causas que los motivan; pero no está lejano el día en que todos los trabajadores se pongan de acuerdo para impedir la continuación de este régimen de opresión y de miseria, poniendo en práctica aquellas célebres palabras de Carlos Marx: «¡Proletarios de todos los países, uníos!»” (11).

Los presos también forman parte de la contienda electoral. La candidatura del Bloque de Izquierdas cuenta con la presencia de uno de los detenidos, el socialista Fernando Ascanio Armas, que estará acompañado por Emiliano Díaz Castro y el también abogado Luis Rodríguez Figueroa, por el Partido Republicano (12). Igual sucederá en las reñidas elecciones de febrero de 1936, donde la liberación de estos detenidos será una parte de las reivindicaciones que el Frente Popular se propuso atender (13).

La victoria de la izquierda hace que el 22 de febrero salgan el libertad, también los cinco condenados a muerte que forman parte de esa amnistía general (14). Tras varios actos de solidaridad en Tenerife, todos regresarán a La Gomera el 3 de marzo en el vapor Viera y Clavijo, que fueron recibidos en el muelle por “un numerosísimo público que les aplaudió” (15). Poco podían saber que su libertad no duraría mucho.

A partir del 18 de julio de 1936 la rabia contenida por los que se vieron agredidos por los Sucesos de Hermigua se desata. En esa fecha y las posteriores son detenidos muchos de los señalados por la huelga, pero también los que ejercieron de abogados en este proceso y permanecían en las Islas. Vicente Valladolid Mesa, Manuel Avelino Perdomo Plasencia, Francisco Martín Negrín, Avelino Navarro Méndez y Leoncio Fagundo Hernández, los cinco acusados a muerte, fueron desaparecidos. También fueron asesinados por órdenes de militares y falangistas, “José León Piñero, Domingo Rodríguez, Juan Martín Hernández, a Antonio Martín Hernández, a Antonio Hernández García, a Manuel Casanova Medina, a Jesús Chávez, a Tomás Brito, al maestro Enrique Biscarria, a Antonia Pineda Prieto y a su hijito recién nacido “pa'que no quedara ni la semilla” y a Fernando y Pablo Ascanio” (16).

Los abogados que habían colaborado con estos “indeseables” también se convirtieron en víctimas. Según cuenta José Antonio Rial, sobre las últimas horas de Luis Rodríguez Figueroa: "Los personajes amigos de lo macabro, se recreaban contando que al infortunado Don Luis le habían atravesado una mano, de un bayonetazo, antes de lanzarlo al mar, porque intentó luchar a bordo de la gasolinera que le llevaba al martirio” (17).

Por su parte a José Carlos Schwartz, que en ese momento ocupaba el cargo de alcalde de Santa Cruz, lo hicieron desaparecer en octubre de 1936. No le perdonaron su militancia, sus valores y haberse puesto del lado de los humildes.

La venganza de los caciques llegó tarde, pero con toda la crueldad y brutalidad de quienes se consideran dueños de la vida y la muerte. Sin la luz de la memoria, nos quedaríamos solo con un olvido cruel e injusto de las víctimas reales de esta historia, que es la de Canarias.


Fuentes utilizadas

  1. Cabrera Acosta, M.A. (1991). La II República en las Canarias Occidentales. La Laguna. CCPC. p.395

  2. La Prensa. 23 de marzo 1933 p,1

  3. Cabrera Acosta, M.A. (1991). Op. Cit. p.403

  4. Gaceta de Tenerife. 6 de abril 1933 p.8

  5. Gaceta de Tenerife. 11 de abril de 1933. p.5

  6. La Prensa. 26 de junio 1933. p3

  7. Gaceta de Tenerife. 5 de julio 1934. p.5

  8. Hoy. 3 de julio 1934. p.8

  9. Hoy. 13 de julio 1934 p.1

  10. La Libertad. 5 de febrero 1936. p.5

  11. Obreros de la Cultura. 15 de junio 1934. p1

  12. La Prensa. 18 de noviembre 1933. p2

  13. Ascanio Gómez, Rubens. La larga sentencia de Fernando Ascanio Armas: https://latadelgofio.blogspot.com/2021/06/la-larga-sentencia-de-fernando-ascanio.html

  14. Gaceta de Tenerife. 23 de febrero 1936. p5

  15. La Prensa. 7 de marzo 1936. p2

  16. González, Francisco Javier. La historia frente a la desmemoria actual: los 'sucesos' de Hermigua: https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/cultura/historia-frente-desmemoria-sucesos-hermigua_1_4970877.html

  17. Rial, José Antonio. La prisión de Fyffes. CCPC. Arafo. 2003. p73