Un año más llega el día del libro y a algunos la memoria y la historia se nos pone a caminar. Canarias, en estos días con ofertas y ferias del libro, fue hace no tanto un territorio donde el franquismo aplicó la depuración masiva de bibliotecas y la quema de libros “peligrosos”, siguiendo el ejemplo que sus amigos alemanes habían aplicado desde 1933. Los testimonios de estos sucesos son numerosos en investigaciones y archivos. La imagen que uso como cabecera trata de recrear lo sucedido en octubre de 1936, cuando se saqueó y quemó buena parte de la biblioteca familiar y los archivos personales del diputado republicano, Luis Rodríguez Figueroa, al lado de la iglesia de La Concepción en La Laguna. Como indica la investigadora Ana Martínez Rus, apenas quince días después del golpe militar el periódico falangista ¡Arriba España!, impreso en Pamplona, incitaba a la destrucción de libros: “¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. ...
En 1980, la veterana profesora universitaria, María Rosa Alonso hizo un balance de lo que supuso la dictadura, dijo: “Nuestro país con la República, que tuvo sus errores, estaba ya encaminado a incorporarse a Europa. Nosotros hubiéramos podido tener ya cincuenta años de democracia. Yo sentí como un retroceso enorme. Toda la vida española sufrió una marcha atrás”. Por décadas, el nombre de María Rosa Alonso fue un referente constante, ligado a la historia cultural de Canarias como una figura imprescindible, incómoda a veces, pero siempre lúcida. Una mujer, nacida en Tacoronte en 1909, que quiso quebrar los límites que se imponían a las mujeres en su época. Su trayectoria, reconstruida a través de crónicas, artículos y referencias dispersas en la prensa, revela no sólo la evolución de una intelectual comprometida, sino también el pulso de un tiempo marcado por la República, la guerra y el exilio. Las primeras huellas documentales de María Rosa Alonso aparecen en la prensa tinerfeña de...