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A noventa años del intento de convertir el seminario y obispado lagunero en una escuela pública

El domingo 17 de mayo de 1936 un grupo de militantes de los espacios de izquierda de La Laguna, tal vez animados tras el triunfo del Frente Popular en las últimas elecciones y las masivas movilizaciones vividas el primero de mayo, decidieron dirigirse al Seminario Diocesano lagunero y a la sede del Obispado. Muchos de los implicados recibieron duros castigos durante la dictadura, varios de ellos fueron desaparecidos. Los manifestantes llevaban una pancarta con el texto “Escuela Normal”, que acabaron colgando en el exterior del edificio. Trataban de expresar el rechazo a la resistencia del poder de la jerarquía religiosa en contra de cualquier avance social y político, que se situaba en todo momento del lado de los poderes más reaccionarios de aquella época. Jóvenes y mayores se situaron en el entorno y penetraron en el edificio, reclamando las llaves del mismo. Querían tomar en nombre del pueblo este espacio como un futuro centro educativo. El intento no pasó desapercibido para las aut...
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Antonio Velázquez y Feliciano Torres, dos laguneros condenados a trabajos forzados en el campo de concentración de Los Rodeos

A finales de 1936 La Laguna estrenó su propio campo de concentración, en el que más de doscientos hombres de ideales republicanos estuvieron retenidos durante meses, trabajando en obras públicas con escolta militar. Dos de ellos fueron el joven estudiante de medicina lagunero, Antonio Velázquez, y el comerciante lagunero, Feliciano Torres. En la novela de base histórica, “la Prisión de Fyffes”, José Antonio Rial, que estuvo preso en ese espacio y posteriormente en el campo de Los Rodeos, describe como a finales de 1936 se puso en marcha un proceso en el que se habilitaron “unas diez chabolas, y un total de doscientos treinta presos”. Los residentes forzados en ese lugar, cerca del entorno de las actuales pistas, habilitaron un espacio rodeado de alambre de espino, donde salían para la realización de las tareas necesarias para aplanar y limpiar la pista y el entorno del futuro Aeropuerto. Como recordó el autor en su libro,"...el trabajo de picar, cavar y arrastrar vagonetas carg...

José Perera García, médico y primer alcalde republicano de La Laguna

El primer alcalde de La Laguna durante la II República fue José Perera García, un médico que se atrevió a dar un paso en una sociedad donde el viejo poder monárquico y caciquil seguía teniendo una enorme fuerza. Como en el libro de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, el municipio vivió un proceso donde las viejas élites trataron de mimetizarse con el nuevo orden republicano, generando un tiempo donde tensiones sociales, las demandas de mejora y las resistencias convivían. El municipio, con solo unos 24.000 habitantes, celebró las elecciones del 12 de abril de 1931 con calma. La dictadura de Primo de Rivera había pasado, pero el viejo orden monárquico se mantenía. Eran unas votaciones solo de hombres y donde los viejos poderes mostraron un control absoluto de casi todos los colegios electorales. Salvo el Casco lagunero y algunas zonas de La Cuesta, donde se agrupaban la mayor parte de los obreros y la pequeña burguesía ilustrada, los monárquicos lograron una amplia mayoría, con...

El recuerdo necesario sobre Mercedes Pinto de Armas y su mirada isleña

Qué cruel ha sido el olvido con Mercedes Pinto. Una de las figuras más luminosas del siglo XX, una lagunera nacida en 1883 y que rompió los estrechos moldes de la sociedad, la religión y el patriarcado. Este año se cumplirán cincuenta años de su muerte. Hoy los reconocimientos en Canarias van de una Avenida en La Orotava, una calle en Santa Cruz, un centro educativo en la misma capital y un barco de Armas bautizado con su nombre. En La Laguna el mural urbano de la calle Heraclio Sánchez y una propuesta en el Consejo de la Mujer son, de momento, los únicos rastros públicos. En el año 1997, la Intendencia Municipal de Montevideo denominó "Mercedes Pinto" una calle del barrio Sayago. Su corazón se paró en Ciudad de México el 21 de octubre de 1976. Había vivido más de medio siglo en el exilio, admirada por miles y vetada en su propia tierra, a la que nunca olvidó y supo definir. Un poema que Pablo Neruda le dedicó, la recuerda en la lápida del cementerio, dejando una descripció...