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María Rosa Alonso: la voz crítica de una intelectual canaria en el siglo convulso

En 1980, la veterana profesora universitaria, María Rosa Alonso hizo un balance de lo que supuso la dictadura, dijo: “Nuestro p

aís con la República, que tuvo sus errores, estaba ya encaminado a incorporarse a Europa. Nosotros hubiéramos podido tener ya cincuenta años de democracia. Yo sentí como un retroceso enorme. Toda la vida española sufrió una marcha atrás”.

Por décadas, el nombre de María Rosa Alonso fue un referente constante, ligado a la historia cultural de Canarias como una figura imprescindible, incómoda a veces, pero siempre lúcida. Una mujer, nacida en Tacoronte en 1909, que quiso quebrar los límites que se imponían a las mujeres en su época. Su trayectoria, reconstruida a través de crónicas, artículos y referencias dispersas en la prensa, revela no sólo la evolución de una intelectual comprometida, sino también el pulso de un tiempo marcado por la República, la guerra y el exilio.

Las primeras huellas documentales de María Rosa Alonso aparecen en la prensa tinerfeña de los años veinte. En 1923, aún estudiante, figura entre el reducido grupo de alumnos destacados del Instituto de La Laguna, seleccionados por su “aplicación, aprovechamiento y buena conducta”. Apenas un año después, su nombre vuelve a aparecer vinculado a calificaciones de excelencia, preludio de una trayectoria académica brillante.

En 1925 ya había completado el cuarto curso de Bachillerato, y en 1926 obtuvo resultados notables en la Escuela Normal de Maestras. Estos datos, aparentemente administrativos, permiten vislumbrar a una joven que, en una época en la que el acceso femenino a la educación superior era todavía limitado, comenzaba a abrirse paso con determinación. En su casa veía el ejemplo de su hermano, el periodista Elfidio Alonso, intenso defensor de la causa republicana, o su madre, la maestra Rosalía Rodríguez Núñez, que durante muchos años trabajó en la graduada de La Laguna. Quizás ese entorno contribuyó a que pudiera romper los estrechos límites del género. A partir de 1930 sus crónicas serán una de las escasas voces de mujeres en la prensa republicana en Canarias, colaborando en medios republicanos y contestatarios como En Marcha, Altavoz y, el periódico promovido por su hermano, Proa, además de otros medios republicanos. No fue fácil dar ese paso para ella. Durante esos primeros años usó la firma de María Luisa Villalba, ya que como ella misma dijo “era una chiquilla con veinte años y firmé con seudónimo, porque me daba vergüenza”. Muchos la podrían definir como la primera mujer periodista en Canarias.

La década de los treinta marcó su despegue como figura relevante de la vida cultural tinerfeña. En 1932 participó activamente en la fundación del Instituto de Estudios Canarios, una institución clave para la investigación histórica y cultural del archipiélago. Su papel no fue menor: actuó como secretaria de la comisión organizadora y participó en los actos fundacionales, algo poco habitual para una mujer en la década de los treinta.

Su voz comienza a consolidarse también en la prensa. Sus artículos, publicados en diarios como Hoy o La Prensa, reflejan una mirada crítica sobre la realidad insular. No se limita a la crítica cultural. Sus textos abordan cuestiones sociales, políticas y económicas con una independencia poco habitual. En plena efervescencia republicana, reflexiona sobre la modernización, la cultura y el papel de la juventud, evidenciando una conciencia generacional marcada por el deseo de transformación.

A medida que avanza la República, su escritura se vuelve más incisiva. En artículos de 1934 y 1936 denuncia la falta de valores, la crisis moral y el deterioro del debate público. “Para vivir no es menester ciencia, pero sí cultura”, escribe, reivindicando la formación intelectual como base de una sociedad auténtica. En plena campaña para las elecciones de 1936, como estudiante en las calles de Madrid, destacaba los panfletos y carteles de “la Confederación Española de Derechas Autónomas es la única entidad política que ya hace propaganda de sus ideas. Pero no defiende a sus hombres. Este partido de orden señala en sus pasquines lo que son cada una de las personas que no pertenecen a sus filas”. Quizás, sin saberlo, anunciaba el tiempo que estaba por venir a partir de julio de ese mismo año. Solo tres años antes, en diciembre de 1933, ya había avisado del giro que estaban dando los sectores conservadores, “hoy, ya las derechas no son conservadoras, son revolucionarías, extremistas”, no se equivocaba en sus advertencias.

Su compromiso se extiende también al ámbito literario e investigador. En 1936, junto a estudios sobre la literatura de Gustavo Adolfo Bécquer, ampliamente elogiado por la crítica, continúa colaborando en proyectos colectivos ligados a la historia del Archipiélago, como publicaciones sobre la presencia canaria en América.



El estallido de la Guerra Civil truncará ese impulso. Ella misma recordó en los años ochenta esos días. La casualidad quiso que le coincidiera en Tenerife, donde estaba pasando unos días de vacaciones de sus estudios. La nueva sociedad no veía con simpatía una mujer activa intelectualmente. Como ya comenté, María Rosa Alonso expresaba cómo vivió la victoria franquista como un retroceso enorme. Como recordó en 1996, “me quedé en La Laguna, sin un céntimo, y con una persecución política muy fastidiosa”. Una mujer que soltera, intelectualmente avanzada e independiente, en una sociedad donde se promovía todo lo contrario, como ella misma decía quedó marcada: “un poco, mucho, bastante, demasiado, como decía el inglés. María Rosa Alonso es una buena persona pero es roja”. En esos años tuvo que sufrir “que la gente no me saludara, porque mi familia era “roja”. Mi madre y mi hermana eran maestras, las castigaron bajándole el sueldo”.

Su hermano, el diputado de Unión Republicana, Elfidio Alonso, permaneció durante la Guerra Civil en territorio republicano, dirigiendo la edición madrileña del ABC. Como tantos otros, tuvo que salir como un exiliado más en la masiva retirada de 1939.

Entre julio de 1936 y los años cuarenta su presencia en la prensa y actos culturales se redujo notablemente. A esto se sumaba los ataques de ciertos periodistas que querían congraciarse con el nuevo régimen, caso de Víctor Zurita. A pesar de la luz de gas que sufrió, María Rosa Alonso continuó estudiando, escribiendo e investigando. Nunca pudieron domar su curiosidad. En 1944 publicó Un rincón tinerfeño, dedicado a la Punta del Hidalgo y su figura es reconocida como una de las más destacadas de las letras insulares. En 1942, a pesar de las reticencias, se incorporó a la Universidad de La Laguna como profesora, consolidando su perfil académico. Sin embargo, las limitaciones ideológicas del régimen condicionan su carrera, impidiéndole alcanzar plenamente sus aspiraciones.

Esta realidad alcanzó un límite en los años cincuenta, donde se tuvo que aplicar un autoexilio. Aseguraba que “... si me hubiera quedado aquí, hubiera tenido que estar viviendo siempre a la sombra ¿no?...(...) por “roja”, en fin, por eso que llamaban “roja” que nunca supe lo que era”. En 1953, en un contexto de asfixia intelectual y política, decide marcharse a Venezuela. Este traslado no supone una ruptura, sino una ampliación de su horizonte. En la Universidad de Los Andes desarrolla una intensa actividad docente e investigadora, centrada en la filología y la cultura hispánica. Durante esa estancia en América, Alonso se convirtió en una auténtica embajadora cultural de Canarias.



A su regreso, María Rosa Alonso continuó activa durante décadas, sumando en su larga vida numerosos reconocimientos. Su obra, que abarca desde estudios literarios, trabajos sobre nuestra historia, hasta artículos periodísticos, constituye un testimonio fundamental para entender la evolución cultural de Canarias en el siglo XX.

Sus ideas avanzadas y su voluntad de tratar todos los temas, incluso los que podían resultar incómodos, la acompañaron. Como la definió Julio Cruz, fue hasta el final una ciudadana rebelde. Con más de ochenta años escribía en la revista Lancelot “péguenle duro a esos capitalistas que se están tragando una Isla tan maravillosa como Lanzarote. ¡Duro con esa gente!”. Falleció con más de un siglo de vivencias a sus espaldas, con la mente lúcida y un legado inmenso, demostrando que ni la dictadura la pudo doblegar. María Rosa Alonso, ya centenaria, murió en Tenerife el 27 de mayo de 2011.



Fuentes utilizadas

  • Martinón, M (2014). María Rosa Alonso: pasos de una vida. Cuadernos del Ateneo. Nº32. https://hdl.handle.net/20.500.12285/cateneo/848 pp 55-63

  • Álvarez de Armas, O (1983). Conversaciones en la Isla. Excmo Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. pp31-46

  • Entrevista con María Rosa Alonso en 1996:

    https://blogs.canarias7.es/bardinia/2011/05/entrevista-con-maria-rosa-alon/

  • Yanes Mesa, JA (2023). Las polémicas periodísticas de la profesora republicana de izquierdas María Rosa Alonso (1909-2011) en la prensa de las Islas Canarias en el primer franquismo. ARENAL, 30:1; enero-junio pp 67-94

  • María Rosa Alonso Rodríguez. Ficha de la fundación Pablo Iglesias: https://fpabloiglesias.es/entrada-db3/alonso-rodriguez-maria-rosa/

  • González González, J. (2024). La obra de María Rosa Alonso: Artículos (1930-1953). Descripción y corpus. Tesis Doctoral. Universidad de La Laguna

  • Gaceta de Tenerife, 13 de septiembre de 1924 p1

  • Gaceta de Tenerife, 22 de junio de 1926, p1

  • La Prensa, 23 de diciembre de 1932, p5

  • Gaceta de Tenerife, 3 de enero de 1933, p5

  • Hoy. 20 de junio de 1933 p9

  • La Prensa, 29 de junio de 1933, p1

  • Hoy. 18 de agosto de 1933 p1

  • Hoy. 19 de diciembre de 1933 p1

  • Gaceta de Tenerife. 18 de octubre de 1934 p5

  • La Prensa. 13 de agosto de 1935 p1

  • La Prensa, 18 de septiembre de 1935, p1

  • La Prensa, 12 de noviembre de 1935, p1

  • La Prensa, 29 de noviembre de 1935, p1

  • La Prensa, 8 de diciembre de 1935, p1

  • La Prensa, 25 de enero de 1936, p1

  • La Prensa, 29 de enero de 1936, p1

  • La Prensa, 31 de enero de 1936, p1

  • La Prensa, 25 de marzo de 1936, p1

  • La Prensa, 2 de junio de 1936, p1

  • Falange. 22 de diciembre de 1944 p2

  • Boletín Informativo del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias, 1 de mayo de 1947 p16

  • Canarias Gráfica. Nº 2, 1 de septiembre de 1962, p3

  • Siete Islas. 2 de septiembre de 1978 p15

  • Lancelot. 19 de septiembre de 1987 p4




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