Solo nombrar al guardia civil José Garrote de Pedro provocaba un escalofrío. Su recuerdo está grabado a fuego en la memoria colectiva de muchos vecinos y vecinas, en especial en La Gomera, aunque ya han pasado noventa años desde la sublevación de militares y falangistas. El 18 de agosto de 1936 se tomó esta imagen, usada muchas veces como retrato que plasmaba la primera dictadura, el cabo de la Guardia Civil aparece con camisa azul junto a falangistas de primera ola, saludando a la romana.
Garrote había nacido en Palencia en 1908. Tenía solo veinte años cuando ya aparecía como aspirante al cuerpo armado. En 1933 prestaba servicio en el puesto de Agulo, donde en marzo planeaba casarse y solicitar su traslado al Parque de Automóviles de la Guardia Civil en Madrid.
La dolorosa situación de la clase obrera en Hermigua y el estallido social vivido a finales de marzo de ese año cambiaron sus planes. El paro y la miseria afectaba a decenas de familias, que no tenían ni un plato que poner a la mesa de sus hijos. La desesperación crecía, igual que el desarrollo de la Federación Obrera.
David Baute, en la serie documental “La memoria silenciada”, que puedes encontrar en Youtube, grabó hace más de dos décadas testimonios de algunos de los últimos testigos de esa generación. Francisca Gutiérrez, vecina de Vallehermoso, recordaba la sociedad de su infancia, en la que “los más ricos hacían lo que les daba la gana, don Fulano y don Mengano, y los más pobres los tenían a lo que ellos dijeran, malamente comían”. El caciquismo había mandado sobre generaciones y marcaba su estilo, destilando el miedo y el silencio generación tras generación. Dolores Cabrera recordaba lo que vivían las familias de los medianeros cuyas “hijas, eran todas para los señoritos, porque decían mándame a tu hija pa abajo, que me está haciendo falta aquí para trabajar …y se las mariscaban”.
La llegada de la II República aportó algo muy peligroso para los desposeídos, esperanza en el cambio. Tomasa Calero “...la gente obrera, cuando cogieron el poder, que ya se vieron un poco respaldados, se defendían, se defendían para no dejarse abusar tanto…”. Ella recordaba los mítines de figuras como una joven maestra comunista llamada Blanca Ascanio, décadas después recordaba sus mensajes claros y sencillos, “decía, ustedes no revuelven el potaje para que se sazone mejor, pues lo mismo se tiene que revolver esto, para que el mundo cambiara y marcharan las cosas mejor”.
La situación acabó en una huelga ante el constante incumplimiento de los compromisos adquiridos con la Federación Obrera. Este conflicto terminó con violencia, en la que por parte de los obreros tuvieron un muerto y varios heridos, mientras que de la Guardia Civil se produjeron dos muertos y un herido grave, José Garrote, que había sido enviado a Hermigua a tratar de limitar la protesta. Ya hemos hablado de estos Sucesos y del complejo proceso judicial que abrió, donde se condenó a cinco manifestantes a muerte.
José Garrote de Pedro siguió ligado a La Gomera, tras una dura recuperación de las heridas recibidas. Participó en el proceso judicial celebrado en 1934. El abogado Benigno Mascareño afirmó en sus conclusiones que, “al evocar la dramática escena, contestando a preguntas de las defensas, al testigo se le engarrian las manos, encorajinado todavía contra los que él, en bloque, estima sus agresores” (Gaceta de Tenerife. 5 de julio de 1934 p5). La rabia estaba fermentando en un contexto donde los grupos más conservadores y tradicionalistas subían el tono contra los movimientos obreros y las organizaciones políticas de la izquierda. El relato que se construía desde este sector se ejemplifica a la perfección en uno de los artículos de José Bethencourt Padilla tras el golpe militar, donde afirma que “el veneno marxista fue lentamente infiltrándose en los corazones de la masa inculta: la Religión parecía no existir; el delito mirábase como pauta natural que habría de guiar en lo porvenir al pueblo”.
En Hermigua, como en otros lugares, se empezaban a conformar grupos que tenían como objetivo un enfrentamiento armado y un futuro golpe contra el poder republicano. El momento era propicio, desde finales de 1933 a principios de 1936 el gobierno central estaba en manos de una alianza de las fuerzas más conservadoras. En la localidad gomera, igual que en otros espacios insulares, las Juventudes de Acción Católica fueron el nicho básico sobre el que aparecieron los núcleos de la futura Falange. Ellos mismos dirán en el primer verano de la dictadura que José Méndez Suárez, corresponsal de Gaceta de Tenerife y fundador de la Juventud Católica y Acción Popular en la localidad, organizó en compañía de Jesús Trujillo, Miguel A. Trujillo, Alonso Trujillo y Antonio Fagundo Fragoso, “el Comité secreto de Falange Española” (Gaceta de Tenerife. 30 de agosto de 1936 p4). José Garrote fue su principal protector.
Esos grupos estaban entrenados, armados, e incluso uniformados, en la madrugada del 18 de julio de 1936, presentándose a los lugares pactados con los militares, como fuerzas de apoyo. Parece que Hermigua contaba con un importante número de estos perfiles. No les gustaba el auge del movimiento obrero, los avances en derechos de las mujeres, el laicismo, los cambios en las leyes de trabajo y de la agricultura.
Tampoco les gustaba la proliferación de escuelas públicas y laicas, que acercaban una cultura avanzada a aquellos que durante generaciones solo conocían el analfabetismo. El vecino de Vallehermoso, Eustaquio Ventura, describe cómo se vivió esa época: “Cuando ya vino la República pusieron las escuelas hasta debajo de la cama, porque en todos los núcleos, Epina, Tazo, Arguamul pusieron maestros de escuela”. Milagros Almenara Rodríguez, a sus 99 años, recuerda su infancia con afecto. En la escuela del Callejón de Ordaiz daban clase dos maestros catalanes, Enrique Bizcarri Jové y Teresa Candalia Jiménez, su maestra. Su testimonio coincide con otros, comenta que el maetsro, “Enrique, era un hombre maravilloso, como era de izquierdas y un hombre muy fino, era catalán, iba a Hermigua, al bar en el Callejón, había un bar al que iban los ricos y él iba allí y hablaba sus ideales. Desde que cambió lo cogieron, lo sacaron, a medianoche, y lo desaparecieron”.
Los mejores conocedores de lo que se vivió en La Gomera son los investigadores Ricardo García Luis y José Manuel Torres Vera. En el caso de Hermigua la represión se desató tras la llegada de la tropa, aunque surge con toda su crudeza a la llegada de refuerzos el día 25 de julio. Más de medio centenar de falangistas aparecieron casi de la nada, algunos olvidando su pasado obrerista. José Garrote fue el encargado de destituir el Ayuntamiento legal de Agulo, de mayoría socialista. Su papel también tendrá un valor simbólico para los golpistas, que le darán un papel central en los primeros meses del nuevo régimen.
Como ya hemos hablado en otros artículo, en la localidad fueron desaparecidas 18 personas. José Garrote fue una figura central en la represión vivida en el Norte de La Gomera. El periódico Hoy destaca su tarea, por “los valiosos servicios prestados a la Patria al apoyar en todo momento, aun en medio de la adversidad y las persecuciones, a la agrupación de Falange Española de Hermigua”. Según parece, solicitó ser trasladado desde Garachico a Hermigua desde los primeros momentos del golpe.
En El Fogueo encontramos testimonios como este, sobre la violencia que desató el cabo de la Guardia Civil. Indican, “quién daba palos era un cabo de la Guardia Civil. Los falanges iban arriba, denunciaban a un tío, -porque había varios falanges que tenían mucha influencia con los guardias y eran los que llevaban la voz cantante”. Otro vecino señalaba a “ese Garrote, ni el Comandante Militar de allá se crea la autoridad que se creó ese hombre”.
Antonio Morales, vecino de Los Chapines, recordaba que “para mucha gente era el terror del pueblo, ¿no? Es decir, actuaba muy, qué sé yo, muy crudamente” (…) “El nombrar a ese señor nos ponía los pelos de punta a todo el mundo, porque no tenía compasión con nadie”. Milagros, con su prodigiosa memoria, relata un testimonio sobre el terror con el que se vivieron los primeros meses de la dictadura. Recuerda a “Antonia Pineda, que era de Las Nuevitas, el marido se llamaba Domingo Chávez, tenía unos cuantos niños. Ella tenía un niño de teta, pues cogieron y sacaron a media noche a Antonia Pineda, con el niño de pecho, el niño lo mataron y a ella la tiraron al mar, hasta el día de hoy, y el que mató el niño se llamaba Asensio, Asensio Herrera, que era del Valle Alto”. No había reparo en generar ese miedo, e incluso en lucir algunos trofeos, del maestro Enrique Bizcarri afirma que “lo sacaron a media noche y lo tiraron al mar, y tú sabes quién tenía el reloj de él, Lele Méndez, que era falangista”. Otros testimonios afirman que ese reloj pudo ir a parar a manos de Garrote.
El Cabo estuvo en el centro de las acciones de represión, y también en las de organización del nuevo régimen. El 18 de agosto de 1936, apenas un mes después del golpe, ya estaban colocando las viejas enseñas monárquicas en los locales y sedes oficiales. La prensa dijo “ha sido izada la bandera bicolor, la verdadera bandera nacional, ondeando en el Ayuntamiento y escuelas públicas” destacando los discursos de “el alcalde, don Jesús Trujillo, y el secretario, don José Trujillo” (Gaceta de Tenerife. 18 de agosto de 1936 p6), además de las palabras de José Méndez Suárez en nombre de Falange. A pesar de la represión y el miedo general, en las imágenes plasmadas en la prensa no se ve más gente que la que se agrupó el 1 de mayo de ese mismo año para el día del trabajo o los que acudieron a recibir al gobernador civil Manuel Vázquez Moro. Muchos vecinos estaban presos. Las mujeres de los presos y compañeras de la Federación Obrera, vivían señaladas. Milagros recuerda que a su hermana, “embarazada pa dar a luz, que no estaba metida en nada y la pusieron, para dar a luz, la pusieron a fregar la iglesia. Y en Hermigua sacaron montones de mujeres, las llevaron al cuartelillo, las pelaron”. También mantiene fresco en la memoria como “a un hermano de mi marido, le dieron una paliza, que fue de cua
tro patas”.
La visita del Comandante General a Hermigua, Ángel Dolla (Gaceta de Tenerife. 28 de noviembre de 1936 p3), pudo ser, al igual que ocurrió en La Palma, un acicate para agudizar la violencia contra quienes eran sospechosos de pertenecer o simpatizar a organizaciones ligadas al Frente Popular. La situación de miseria debía ser bastante evidente, tanto que Dolla terminó diciendo ante las nuevas autoridades, muchos los viejos caciques de toda la vida, que “en estos momentos de sacrificio quien tiene dos panes debe dar uno, y quien tiene uno debe dar medio”.
Mientras, Garrote fue recogiendo honores, siendo nombrado en septiembre de 1936 como uno de los responsables de Hermigua para la recogida del oro, tarea que compartió con Estrella Trujillo Mora, Eloína Trujillo Mora, Cesarina Bencomo Bento y Maruca Ascanio de León, Alfonso León Bencomo, Domingo Méndez Suárez; y “Alonso Trujillo Mora, jefe insular de Falange Española” (Gaceta de Tenerife. 15 de septiembre de 1936 p4). Pocas semanas después fue trasladado a Arico, donde en octubre ya formaba parte del comité para recaudar el oro para el esfuerzo bélico.
En diciembre de 1936 la prensa nos deja entrever el avance de la represión, con el anuncio público del juicio contra el exalcalde Julián Rodríguez Rodríguez y los concejales Pedro García Plasencia, Pedro Barrera Rodríguez, Fernando Barroso Mesa, Daniel Brito Brito y Manuel Rodríguez Henríquez (Gaceta de Tenerife. 23 de diciembre de 1936 p2). En ese pueblo finalmente contrae matrimonio, en este caso con una maestra de la zona, usando la simbólica fecha del 18 de julio (Amanecer, 5 de julio de 1938 p2). Según algunos testimonios llegaron a intervenir para evitar algunos casos donde vecinos valorados corrían riesgo de ser detenidos o incluso desaparecido.
A pesar de esos gestos, la huella de José Garrote seguía viva y activa, incluso cuando la II Guerra Mundial avanzaba y los aliados de Franco empezaban a mostrar una inminente derrota. Su labor represora no se detuvo. El militante comunista palmero, Florisel Mendoza, tras pasar por las prisiones franquistas había retomado la libertad y trataba de reorganizar la resistencia en Tenerife. El 8 de mayo de 1945 fue detenido por la Guardia Civil, siendo sometido a torturas por José Garrote. Lo recordó en sus memorias, “me preguntaba por su nombre y yo respondía negativamente, taponazo que te pego”.
Milagros recuerda su experiencia al emigrar junto a su marido a Tenerife. “Cuando yo vine aquí, casada, vine a vivir a este barrio (Ofra), no habían ni casa, vine de alquiler y me dijeron, ahí está Garrote, ay mi madre” (en el cuartel de Tio Pino). “Ese dió de leña … lo que era un bandido”. La vida del Guardia Civil acabó en 1964. en la revista Canarias en Venezuela decían que había fallecido el “brigada, retirado de la Guardia Civil, don José Garrote de Pedro; en La Cuesta” (Canarias en Venezuela. 1 de agosto de 1964 p48).
Nuestra tierra no había tenido la misma suerte que otros lugares. No hubo un Núremberg, ni grandes homenajes y reconocimiento a quienes sufrieron la violencia. La dictadura no acabó, solamente transitó, mutó. Los represores murieron tranquilamente, sus víctimas mortales siguen en cunetas y los que hablan del pasado siguen encontrándose mensajes de odio y justificaciones de la dictadura. Ningún juzgado vio una causa por las torturas, las muertes o el robo de propiedades, todo quedó atado y bien atado, menos la memoria de miles de familiares de las víctimas. Tener la suerte de conservar estos testimonios, de recordar esos momentos, nos devuelve un poco de esperanza en conocer la realidad de un pasado no tan lejano. Mantener y ampliar ese legado es una tarea colectiva.
Fuentes consultadas
Cabrera Acosta, MÁ (2000): La guerra civil en Canarias, Francisco Lemus Editor, La Laguna. Pp122-124
García Luis, R Y Torres Vera, JM (1986): Vallehermoso “El Fogueo”, Centro Amilcar Cabral, Tenerife.
Ejército y armada. 30 de marzo de 1928 p2
Entrevista con Milagros Almenara Rodríguez. 1 de septiembre de 2026.
Díaz Herrera, J. LXXX Aniversario de los Sucesos de Hermigua. La represión de una huelga general se salda con dos guardias civiles y un campesino muertos y varios heridos: https://pepediazherrera.blogspot.com/search?q=Garrote&m=1
Mendoza, F (2003). Con los parias de la tierra, CCPC, Tenerife







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