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A noventa años del golpe que quebró la democracia y la libertad

A partir del 18 de julio de 1936 obreros, sindicalistas, campesinos, profesores, cargos públicos o miembros de las fuerzas de seguridad leales a la democracia, se convirtieron en prisioneros por sus ideas, por su compromiso y sus sueños.

Ese mismo día, Dolores Ibárruri, Pasionaria, alzó su voz en la radio, donde menciona la situación de las Islas. Decía “a través de las notas del Gobierno y del Frente Popular es conocida por todos la gravedad del momento actual. En Marruecos y en Canarias se sigue luchando con entusiasmo y coraje, unidos los trabajadores con las fuerzas leales a la República. Al grito de combate "¡El fascismo no pasará!", no pasarán los verdugos de octubre. Comunistas, socialistas, sindicalistas y republicanos: Los soldados y todas aquellas fuerzas fieles a la voluntad del pueblo van destrozando a los traidores insurrectos que han arrastrado por el fango de la traición el honor militar de que tantas veces han hecho alarde. Todo el país vibra de indignación ante ese puñado de desalmados que quieren por el fuego y el terror sumir a la España democrática y popular en un infierno de terror fascista. ¡Pero no pasarán! ¡España entera está en pie de lucha!” (1).

En Canarias la represión, sistemática y violenta, se desató, ordenada por las autoridades militares. Mauro Martín Peña, concejal lagunero del PCE en 1936, recordó lo vivido en su libro de memorias. La noche del 19 de julio un camión se detuvo delante de su casa. “El jefe del comando (parecía una operación de guerra), bajó del mismo y con la culata del fusil repiqueteó en la puerta de forma aparatosa. Ante la insistencia del repiqueteo tuve que abrir y tajantemente me dijo: quedas detenido, lo mismo que le indicó a mi hermano Pepe. Nos hicieron subir al camión, mientras los soldados a su mando entraron violentamente en mi casa y se apoderaron de mi máquina de escribir, libros y novelas de mi pequeña biblioteca; todo esto de manera atropellada y con el consiguiente sobresalto y mayúsculo susto para mi familia; era un acto de auténtico vandalismo” (2).

A diferencia de otros territorios, que el 19 de julio lograron vencer los focos golpistas, Canarias es sometida casi de inmediato. Muchos simplemente esperaban que el fracaso de las tropas en Madrid, Barcelona o Valencia haría inevitable una vuelta a la normalidad. En Santa Cruz de Tenerife hay que destacar la labor de la CNT, que intentó organizar una respuesta, en una valiente asamblea celebrada en Cueva Roja en la noche del 18 de julio. En otros lugares fueron militantes comunistas y socialistas los encargados de organizar la resistencia. En espacios como el Norte de Gran Canaria, La Palma, Vallehermoso o Icod, tratarán de resistir a unas fuerzas militares organizadas y mejor armadas. Pocos miembros de las fuerzas de seguridad estarán del lado de la democracia y su castigo fue especialmente cruel. La prensa de los territorios bajo control franquista indicará que para final de ese mes de julio en Canarias han reducido por completo a la obediencia los focos marxistas que había en ellas” (3).

Los testimonios sobre la represión son escasos. La inmensa mayoría solo abrirá su memoria tras la muerte del dictador. Algunos de esos relatos quedaron en libros de memorias o en historias contadas en las familias. Otra fuente valiosa y no demasiado conocida se conserva en los periódicos republicanos de los territorios donde se mantuvieron leales. Un puñado de canarios lograron escapar y sumarse a la causa republicana, su relato sobre la situación en el Archipiélago resulta de especial interés en una época en la que algunas voces justifican e incluso defienden el golpe franquista.

Recreación de los fusilamientos falsos de El Pinar

Francisco Miranda, capitán de la marina mercante fugado de Gran Canaria a finales de 1936, afirmaba que en Tenerife, “dos obreros fueron muertos a palos en la Comisaría de vigilancia, pues un capitán de artillería, que es jefe de policía, ha hecho, según se dice, cuestión de honor el descubrir unos robos y atentados cometidos en años anteriores, siendo fusilados ya como presuntos autores de estos atentados otros dos obreros que han preferido morir así y no a palos” (4). Denunciaba de esta manera las brutalidades cometidas por el Capitán Otero, que costaron la vida de varios de los interrogados. También es uno de los que señalaba que la “ley de fugas” se usaba como excusa para acabar con prisioneros molestos, identificando a desaparecidos como José Carlos Schwartz, último alcalde republicano de Santa Cruz de Tenerife, o al militante de las Juventudes Socialistas Unificadas, Santiago Albertos. Los datos de las desapariciones resultan especialmente dolorosos para las familias que noventa años después no saben cuál fue el final de sus seres queridos y dónde descansan sus restos.

Otro fugado más misterioso fue Bartolomé Mur. Sabemos que en la década de los cincuenta los fondos bancarios de un hombre del mismo nombre, nacido en 1909, aparecen indicados como requisados en el Boletín Oficial del Estado. El único rastro que he podido encontrar data de 1927, con una noticia sobre la llegada a Tenerife, procedentes de Argentina, de Manuel Mur Duney, su esposa e hijos (5). A Bartolomé lo destacaron por sus acciones como Sargento de Infantería, en el sexto batallón de la columna Prada, en el frente de Usera (6). También denuncia en la prensa que “en Las Palmas hay un campo de concentración con más de 4.000 prisioneros. Cuando sale un barco con fuerzas de las islas para la Península se llevan como rehenes algunos de ellos, que no vuelven más, pues los arrojan al mar al regresar” (7). Seguramente se trata de una referencia a los diez presos canarios mandados en el Dómine y asesinados en el Río Tajo.

Noticia del asesinato de Luis Rodríguez Figueroa

En marzo de 1937, mientras la prensa isleña ignora el destino que sufrían cientos de vecinos, los medios de los territorios leales a la República traslada el asesinato del diputado tinerfeño, Luis Rodríguez Figueroa, al que aseguran que “ha sido fusilado”, denunciando del mismo modo el asesinato de dos de sus hijos (8). A este respecto, sabemos que solo uno corrió la misma suerte, ya que otros de sus hijos, caso de Manlio y Layo permanecieron encerrados en distintos centros, logrando este último huir de Villa Cisneros en la famosa fuga. La familia solo logró saber que con fecha 14 de octubre de 1936, Luis Rodríguez Figueroa había sido “liberado” (9). Nunca regresó a su hogar, igual que otras destacadas figuras republicanas puestas en libertad y desaparecidas en la misma época, caso de su amigo y compañero de profesión, José Carlos Schwartz.

Un joven estudiante de Gran Canaria, que logró evadirse de la isla, ofreció un relato de lo que vio en el campo de prisioneros de La Isleta al corresponsal de la Agencia España en Gibraltar. Coincide con las memorias de otras víctimas de esas prácticas, al indicar la represión desatada y a miles de presos, obligados a “la construcción de caminos, en la limpieza del campo y en el transporte de arena y piedras. Los equipos son mandados por un sargento, armado con una porra, con la que golpea a los presos para que trabajen más intensa y velozmente. Se les obliga a transportar sobre la espalda más de 50 kilos a distancias de varios centenares de metros” (10).

En abril de 1937 fueron noticia nueve jóvenes palmeros que consiguieron salir de la isla, llegando a Dakar y posteriormente a Valencia. Uno de ellos, Florisel Mendoza, contó su vivencia en la prensa. Explicó cómo trescientos compañeros de las fuerzas de izquierda trataron de resistir alzados en las montañas de La Palma.

La orden de las nuevas autoridades, a pesar de que durante la semana de control republicano no se produjo la menor violencia contra militantes de las derechas, se ordenó no hacer prisioneros. Contó como desde el 25 de julio a militantes obreros y sindicales “Se les asesinaba en el camino. A otros los juzgaron, fusilando a varios, entre ellos al guardia de Asalto Francisco Cosme y al guardia municipal Valentín García. También fusilaron a Sebastián Olivero Duarte, del Sindicato de Sauces, y al que fue compromisario en las elecciones presidenciales José Miguel Pérez y Pérez. Este actuaba de maestro en la isla antes del movimiento subversivo, y en la sentencia que dictaron los facciosos se decía que "se le condenaba a muerte por haber puesto su inteligencia al servicio de una causa salvaje, como es la causa roja". A su mujer, que quedó abandonada, con una niña de corta edad, se le obligó a salir de la isla, embarcándola para la de Cuba” (11).

Datos ofrecidos por Bartolomé Mur

Otro importante grupo de fugados fue el de los evadidos de Villa Cisneros. Su testimonio indica que “en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, frente a la rebeldía del ejército lanzado ya francamente a la calle, frente al Poder legal, solamente un grupo de guardias de asalto de aquella ciudad supo cumplir con su deber”. La forma de operar de los golpistas fue idéntica a la descrita por Mauro Martín Peña, “me detuvieron el día 19 por la mañana, como a todos los que, al igual que yo, estaban significados como elementos de izquierda. Componentes del frente Popular, directivos de sociedades obreras, militantes conocidos por sus ideas, fuimos reducidos a prisión. Unos el 19, otros el 20 y el 21. Había empezado una persecución sañuda. Nadie se salvaba. Y con la persecución, el crimen, el asesinato, el terror, allí donde no se les había hecho resistencia” (12).

No solo se usan testimonios de los antifascistas canarios, algunas crónicas analizaban los documentos de las autoridades franquistas en el Archipiélago. Plasman agudos análisis sobre hambre y la miseria que se vivía en las calles de las islas: “Mientras los ricos triunfan, comen, beben y se divierten —¿no se hizo para ellos el movimiento subversivo?—, el pueblo canario, bajo un régimen de terror y de privaciones, espera la hora de su liberación. Nadie acude, como no sea bajo amenazas de multa y de encarcelamiento, a nutrir las suscripciones que el señor Guerra Zabala ordena abrir para evitar a los turistas el espectáculo bochornoso de los mendigos y de los sin hogar. El comandante general extrema la literatura dramática y ni el Estado le presta vidas ni los ricos se desprenden de un sólo céntimo” (13).

Un grupo importante de evadidos fueron los jóvenes obligados a movilizarse en los diversos envíos de tropas, organizados por los franquistas. Algunos, incluso en pequeños grupos, lograron cruzar las líneas y sumarse al ejército republicano. Es el caso de cinco jóvenes de uno de los batallones canarios, que escaparon por la zona de Yela “...unos muchachos pertenecientes al regimiento de Canarias, que por sus ideales democráticos estuvieron en un campo de concentración en las islas del mismo nombre” (14). No fueron los únicos castigados y posteriormente obligados a combatir con quienes los encerraron. Hay casos llamativos, como concejales del Frente Popular en la capital tinerfeña o uno de los presos por los Sucesos de Hermigua, que indica que la necesidad de carne de cañón superaba a la preocupación por los ideales de sus tropas.


Me resulta significativo tal y como otros evadidos reflejan, se da una autocrítica sobre los crímenes cometidos en los territorios republicanos. No he podido encontrar una reflexión similar en la prensa franquista del periodo de guerra. Un ejemplo es el de un artículo firmado por P.H. Considera que “en los primeros momentos el pueblo, movido del noble sentimiento de libertad, al tropezarse en su camino a los enemigos, dejóse arrastrar por el deseo de venganza”. La diferencia entre una violencia y otra es que en un caso fue un proceso de violencia fuera del control de las autoridades, en el otro, formaba parte de las órdenes e instrucciones de los jefes militares. El autor del artículo afirma que estaba en El Hierro en los primeros momentos del golpe. Observó un grave suceso vivido. Fue testigo de cómo miembros de falange y de seguridad “marchaban a las casas de los padres y mujeres de los camaradas huidos y cómo se los llevaban a una casita cercana al cementerio. Al cabo de un momento, cuatro falangistas entraban con una mujer en él. (...) Un grito, y el ruido de una descarga llegó a mis oídos. Le han fusilado —pensé—“. El informador preguntó a los que habían sufrido esa forma de tortura, que le aseguraban que “después de hacer que nos fusilaban, nos metían en una fosa y nos obligaban a estarnos quietos para que al entrar los otros no se dieran cuenta de la farsa. En aquella fosa cubierta por una sábana, con una mujer desmallada, el doblar de las campanas y el temor que algunos de los compañeros no resistieran tal tortura y declararan, pasé las horas más terribles de mi vida” (15). El relato parece referirse a lo sucedido en el cementerio de El Pinar, donde se escenificó un fusilamiento falso para provocar que las familias delataran la ubicación de varios vecinos fugados (16).

Carlos Pestana Nóbrega

El presidente local de Izquierda Republicana, Carlos Pestana Nóbrega, realizó un relato similar sobre el despliegue inicial del golpe en Tenerife, cuando en la noche del 18 al 19 de julio “fueron detenidos en sus mismas casas todos los elementos izquierdistas. A mí me sacaron de la cama a la una de la noche seis individuos, que tomaron unas precauciones exageradas, como si yo fuera un criminal peligroso”. El fugado de Villa Cisneros fue uno de los numerosos presos trasladados a los barcos prisión cedidos por el exportador de plátanos, Rodríguez López. “La vida en estas prisiones flotantes era verdaderamente insoportable. Eran cuatro barcos anclados, en cuyas bodegas se hacinaban seiscientos hombres. No creen exagerado el que le afirme que no había sitio ni para tenderse en el suelo. Teníamos que estar de pie o, a lo sumo, en cuclillas; pero en los campos de concentración la vida no era mejor, y además se asesinaba impunemente a la gente. Los barcos eran el “Gomera”, “Santa Rosa de Lima”, “Adeje” y otro cuyo nombre no recuerdo en este momento. El cansancio pudo más que nuestra resistencia física, y ya hubo varios que nos acostumbramos a dormir de pie mientras otros lo hacían sobre unas cuerdas que tendían”. Al margen de las condiciones de vida y la insalubridad sufrida, el mayor temor fue la práctica continuada de sacas, Asegura que “todas las noches los fascistas se llevaban a tres o cuatro y más tarde les llegaba la noticia de que habían sido asesinados” (17).

Otro de los fugados de Villa Cisneros, el miembro de la CNT, Francisco Silvestre Infante, cuenta cómo su organización dio aviso de los preparativos del golpe y habían preparado un intento de respuesta para el 20 de julio, que fue desmontado por una delación. Su relato coincide con los demás, recordando como desde el 18 “comienzan con inusitada intensidad las detenciones de camaradas, sin distinción de edad ni sexo; los apaleamientos, la ley de fugas y todo ese cortejo de crueldades en que tanto se distinguen los émulos de Hitler y Mussolini” (18).


En otro reportaje se cuentan los testimonios de pasajeros que habían llegado desde las Islas a Casablanca. Relatan “la tremenda miseria que existe en aquel archipiélago. Los campesinos en muchos lugares se alimentan con raíces de los árboles. Las autoridades franquistas se han llevado todo el oro que poseían los particulares y la mayoría de los depósitos de los bancos, valiéndose de suscripciones simuladas” (19).

Un nuevo testimonio de evadido, da datos escalofriantes sobre las últimas horas de algunos de los desaparecidos. Indica cómo “Santiago Albertos, secretario de la Casa del Pueblo de Santa Cruz de Tenerife, y José María Díaz Martín, de Izquierda Republicana, fueron sacados de la prisión una noche. Durante seis días sufrieron un horrible martirio. Luego fueron pasados a la bayoneta delante del general Dolla, del coronel González Peral y un grupo de «caballeros azules»”. Reconoce el origen de su información, ya que afirma que “los soldados de guardia nos daban noticias de los asesinatos cometidos en Canarias y de asesinatos en masa en Sevilla y otros pueblos de Andalucía todos los días. Estas noticias las recogían ellos en los cuarteles. Los movilizados estaban con ellos a la fuerza”. (20).

Durante 1937, la llegada de cada vez más soldados movilizados desde Canarias, generó frecuentes artículos donde se destaca la captura de soldados de este origen o las pérdidas sufridas en las operaciones militares, en especial en la zona de Aragón. Un joven soldado evadido manifestó como era “muchos los canarios que quedan allí. Tantos como detenidos hicieron en todas las islas. Y, si mis cálculos no son equivocados, creo que pasan de los 10.000. Al principio nos tuvieron en campos de concentración en Santa Cruz de Tenerife. Cuando vieron que la cosa les iba mal, nos fueron sacando poco a poco y llevándonos a Zaragoza. En esta ciudad permanecimos hasta hace un mes aproximadamente en que nos destinaron a este sector de Jaca, dividiéndonos todo lo posible para impedir lo que forzosamente ha de ocurrir: que se pasen casi todos los canarios a esta parte”. El isleño apostilló al periodista que “a toda hora se oía la voz de los oficiales: «¿Y los canarios?»; «cuidado con los canarios»; «vigilad bien a los canarios». ¡A buena hora! Hemos hecho honor a nuestro nombre al dejar las jaulas vacías”. (21).

Imagen retocada y coloreada por IA de las presas de la cárcel de San Miguel en Tenerife

Una mujer, que logró salir de Canarias a finales de 1937, resaltó en sus testimonios, recogidos en Casablanca, que “días después de iniciado el movimiento muchos guardias de asalto de Las Palmas, que permanecieron fieles a la República, fueron llevados en un barco de guerra a Santa Cruz, donde se les invitó de nuevo a unirse a la rebelión, pero sólo dos aceptaron. Los demás ingresaron en la prisión de «Paso Alto» donde continúan” (22).

En el año 1938, con el retroceso de los republicanos en casi todos los frentes, se mantienen esperanzas en algunos sectores de canarios residentes en territorio leal. Anselmo Trujillo escribía en el mes de mayo a su compañero Eduardo Sanjuan, referente anarquista y del sector tabaquero. Afirma.. “mi mayor deseo es que, pronto podamos marchar triunfantes a nuestra isla, para abrazar a nuestros familiares y vengar a los compañeros caídos”, a renglón seguido no deja de reconocer que “a veces me formo, con arreglo a mis deseos, unas ilusiones tan quiméricas que, sólo pueden caber en mentes infantiles, pero amigo Sanjuan, si nos paramos a examinar detenidamente, las zozobras de lo que nos es más querido y que desde aquel maldito 18 de Julio, sufre las vejaciones de la dictadura sangrienta de Franco, vengando en los nuestros, todo lo que nos quisieran hacer, en nuestra propia carne. Ya te puedes imaginar la triste situación, de las familias que en campo faccioso” (23).

Han pasado noventa años del inicio de esa época de horror y dictadura. El aniversario coincide con una etapa donde algunas voces buscan justificar e incluso defender la figura de Franco. Recordar los testimonios y proteger la memoria de las víctimas se convierte en una obligación para evitar un daño irreparable y un riesgo para la democracia. Ojalá logremos que las fuerzas democráticas, que todavía perduran en las instituciones, entiendan lo necesario que es mantener este ejercicio.



Fuentes consultadas

  1. Ahora. 19 de julio de 1936 p3

  2. Martín Peña, M (2013). Sin rencor. Memorias de un republicano. Santa Cruz de Tenerife.

  3. La Unión. 27 de julio de 1936 p13

  4. El Diluvio. 10 de diciembre de 1936 p8

  5. Gaceta de Tenerife. 14 de enero de 1927 p2

  6. Ahora. 21 de diciembre de 1936 p4

  7. Batalla. 20 de diciembre de 1936 p4

  8. Bandera Roja. 11 de marzo de 1937 p2

  9. O´Shanahan, L (2004). Horror, errores y falacias sobre la Guerra Civil en Canarias. Noticias relacionadas con Luis Rodríguez Figueroa (Oscar Domínguez y Guetón). Tegueste-Islas Canarias. P85

  10. La Libertad. 19 de marzo de 1937 p4

  11. La Voz. 29 de abril de 1937 p3

  12. Nuevo Aragón. 29 de mayo de 1937 p2

  13. Boletín decenal: sección de información del Estado Mayor del Ejército de Tierra. 20 de junio de 1937 p15-16

  14. Frente Rojo. 22 de junio de 1937 p6

  15. 3ª brigada: 10 división del 8 de julio de 1937 p3

  16. Cabrera Acosta, MA. (1985). La represión franquista en El Hierro (1936-1944). Centro Amilcar Cabral. La Laguna.

  17. Política. 11 de julio de 1937 p3

  18. Fragua Social. 18 de julio de 1937 p16

  19. Frente Rojo. 22 de julio de 1937 p4

  20. Ayuda. Semanario de Solidaridad. 16 de octubre de 1937 p8

  21. La Correspondencia de Valencia. 29 de octubre de 1937 p4

  22. La Voz de Menorca. 4 de febrero de 1938 p2

  23. Carta de Anselmo Trujillo a Eduardo San Juan. 12 de mayo de 1938. Centro Documental de la Memoria Histórica. Código de referencia ES.37274.CDMH//PS-BARCELONA,179,4.


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