Sin móviles ni redes sociales, igual que hoy con el trumpismo, el nazismo y el fascismo italiano se propagó como un virus en un momento de graves crisis económicas y en una sociedad donde los miedos florecían. En la década de los años treinta Canarias vivió la misma situación que otros muchos lugares, la Unión Soviética, los avances en derechos de las mujeres, el cuestionamiento de los valores tradicionales, el desencanto con la democracia burguesa... generaba un caldo de cultivo ideal para generar un movimiento de simpatía y de imitación, ante el auge de un movimiento que parecía avanzar sin límite en Alemania.
Los nazis avanzaban en Alemania, en 1932 la prensa isleña recogía crónicas sobre el éxito electoral de Hitler, Algunos, viendo un espacio que quería romper con una República que había traído un ambiente de libertad cultural, donde florecían incómodas vanguardias e incluso de abrían debates sobre la homosexualidad o los derechos de las mujeres, se identificaron plenamente con este movimiento reaccionario, violento y tradicionalista. Los nazis se organizaron pronto, en el caso de Tenerife, su primer jefe de prensa y propaganda fue el joven maestro del Colegio Alemán en Santa Cruz de Tenerife, Herbert Reinhold Koch, que, como se puede ver en la imagen que ilustra el texto, también fue el principal responsable insular de las Juventudes Hitlerianas.
En las páginas de Espartaco, Guillermo Ascanio, que había realizado parte de sus estudios en Alemania, advertía en 1932 como una parte de la burguesía alemana,”ya no encuentra otra solución que la militarista”, y se preguntaba “¿dónde están ya sus hombres de hace veinte años o medio siglo; y los recuerdos de las trincheras, y el recuerdo doloroso y horripilante de la guerra pasada con sus millones de vidas segadas y haciendas destruidas?”. No creía posible que los Hitlerianos triunfaran...pero en una sociedad duramente golpeada por el crack del 29 y las consecuencias de la anterior guerra, desgraciadamente sucedió.
Canarias estaba en el centro de todas las miradas de los imperios coloniales del momento. Primero como puerto de escala a América y después, ya en el siglo XIX, como punto clave de la expansión colonial europea por África. Este contexto favoreció el establecimiento de importantes intereses extranjeros en el archipiélago. Si bien la comunidad británica mantuvo inicialmente una posición predominante, desde comienzos del siglo XX la colonia alemana fue ampliando progresivamente su presencia mediante compañías navieras, entidades financieras y empresas comerciales. Esta implantación económica y social sentó las bases de una influencia que, durante la década de 1930, adquiriría un marcado carácter político e ideológico con la consolidación del nacionalsocialismo. Manuel Pérez, una de las caras visibles de la CNT en Tenerife durante ese tiempo, escribía en el periódico En Marcha de junio de 1934, denunciando como la burguesía “...en nombre de su patriotismo, permite que los intereses de la isla estén en manos de cuatro extranjeros, que tienen la pretensión de transformarla en colonia africana: Hamilton, Olsen, Thorense, Jacobo Ahlers [...]. Preguntad a esos señores que han tenido el cinismo de astear en los balcones del consulado alemán la bandera fascista, dónde han nacido y a qué han venido a Canarias”.
Nuestras islas fueron una pieza clave en el tablero de intereses articulado en torno al franquismo. El investigador Agustín Perez Cipitria asegura que “los primeros contactos serios con miembros de la inteligencia alemana en España fueron en las Islas Canarias en los momentos previos del Alzamiento”. No solo eso, identifica el papel del Doctor Guerrero, estableciendo contactos con “el ex teniente -Kapitänleutnant- Otto Bertran, jefe de distrito de la de Lufthansa y miembro del partido nacionalsocialista, Harald Flick, cónsul alemán en funciones en las Palmas y Jacob Ahlers, cónsul honorario alemán en Santa Cruz de Tenerife”. Desde esos primeros momentos era evidente que perfiles como el de Bertran y Ahlers estaban comprometidos con el nazismo alemán y jugaron un papel clave.
Los primeros grupos locales del NSDAP surgieron en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas antes incluso del ascenso de Hitler al poder, reflejando el temprano arraigo del partido entre la colonia alemana residente. La implantación del nazismo en Canarias estuvo marcada por la estrecha relación entre el partido, el consulado y los principales intereses empresariales alemanes. El ya mencionado, Jacob Ahlers, y su socio, Guillermo Rahn, representantes de destacadas compañías navieras, ayudaron a establecer la denominada Etappe Kanaren, una red de abastecimiento de submarinos alemanes en la II Guerra Mundial. El vínculo entre estructuras partidarias, empresas y servicios de inteligencia convirtió al archipiélago en una pieza de creciente importancia dentro de la estrategia alemana en el Atlántico.
Con el golpe militar británicos y alemanes mantendrán una pugna por dar el mayor apoyo posible a las nuevas autoridades, con las que simpatizaban abiertamente. La labor de,la casa Fyffes, entregando alimentos y locales, a los golpistas es un ejemplo, igual que el papel del consul del mismo país, Mr Bellamy, regalando rollos de alambre de espino con el que se hicieron campos de prisioneros como el de Los Rodeos. A pesar de esos movimientos, las autoridades franquistas optarán por su alianza con los países que más ayuda le dieron para la Guerra, Alemania e Italia.
Ya en los días previos al golpe de Estado de julio de 1936, representantes alemanes participaron en las gestiones destinadas a facilitar el traslado de Francisco Franco desde Canarias al norte de África, aunque serán los británicos los autores finales de esta ayuda. Posteriormente, la estrecha colaboración entre el régimen franquista y la Alemania nazi favoreció el uso de los puertos insulares para operaciones de abastecimiento de buques y submarinos, al tiempo que se intensificaban las relaciones económicas. El progresivo desplazamiento de la influencia británica permitió a Alemania convertirse en uno de los principales destinos de las exportaciones canarias y en un socio comercial privilegiado, circunstancia favorecida por las propias autoridades franquistas.
No obstante, la colaboración no se limitó al ámbito económico o militar. La presencia pública del nazismo adquirió una notable visibilidad en Tenerife a través de homenajes oficiales, campañas de recaudación, manifestaciones de apoyo a Alemania e Italia, actos organizados por Falange y celebraciones impulsadas por el Colegio Alemán, centro inaugurado en la etapa republicana.
Jacob Ahlers se convirtió en uno de los principales representantes de esta estrecha relación, participando activamente en actos públicos y respaldando económicamente diversas iniciativas promovidas por el nuevo régimen, llegando a aportar 30.000 pesetas para la construcción de casas baratas, en una fecha tan temprana como agosto de 1936. El cónsul alemán subrayó en la prensa que simpatizaba con la causa franquista por sus “reivindicaciones en lo que tienen de justas y de legítimas, sino de que la cordial convivencia le todos, patronos y obreros, puede ser una feliz y espléndida realidad”. El coste de ese paraíso de convivencia era la detención de las principales figuras sindicales, el asesinato de muchos y la disolución de todas las entidades obreras, además de la pérdida de casi todos lo logros alcanzados en el lustro anterior. Las autoridades franquistas colaboraron con las alemanas en la persecución de opositores políticos y de ciudadanos considerados contrarios al régimen hitleriano, reforzando así una cooperación que trascendía el ámbito diplomático y hasta el formativo de las unidades de vigilancia policial.
Esta simbiosis se plasmó en la prensa isleña del primer franquismo, que no tardó en desarrollar amplios textos y viñetas contra el mundo judío, que se sumaban a los señalamientos contra otros sectores. La nueva sociedad nacida del golpe asume prácticas que se daban ya en Alemania. El Archivo Militar conserva informes de delaciones del “fabricante Sr Rojas”, posiblemente el industrial tabaquero Isidro Rojas, que señala a extranjeros sospechosos para el nuevo régimen: “Baum: maquinista de la Tripolitana. Julio Goldberg - De la relojería Trujillo. Es polaco y vive en la casa de Ángel Núñez.- La Marina. Conviene detenerlos por la noche y hacer un registro de sus domicilios. La detención conviene hacerla simultaneamente. Son individuos que escriben en el periódico En Marcha y en otros periódicos de Las Palmas y en otros sitios, es decir en periódicos extremistas. Baum es fugado de Alemania o expulsado”. Judios, socialistas y comunistas procedentes de Alemania y los países amenazados por el nazismo fueron un objetivo, junto a los sindicalistas y activistas de las izquierdas.
Desde los primeros meses de la Guerra Civil, tanto el Gobierno de la República como diversos medios internacionales interpretaron estos acontecimientos como parte de una estrategia alemana destinada a consolidar su influencia sobre el archipiélago. Las denuncias sobre la utilización de puertos, aeródromos y otras infraestructuras canarias por parte del Tercer Reich, así como las sospechas acerca de la construcción de instalaciones militares, reflejaban la preocupación que despertaba la creciente implicación alemana en las islas. Aunque algunas de estas informaciones estuvieron condicionadas por el contexto bélico y propagandístico, evidencian la importancia estratégica que Canarias había adquirido en el escenario internacional.
La prensa republicana y europea levantará sus alertas sobre el avance alemán en suelo canario durante los años 1936 a 1939. Periódicos como el francés L´Humanité dirán que: “miles de alemanes se han establecido de poco tiempo a esta parte en Las Palmas, Tenerife y Puerto Cabras, en las proximidades del Estrecho”. La misma visión tuvo un turista noruego que pasó por Tenerife en 1937 y observó las celebraciones por el cumpleaños de Hitler, con abundante presencia de banderas de la cruz gamada. Acto en el que, en Santa Cruz, el delegado de Prensa y Propaganda de Falange, Ramón González de Mesa, dijo: "Pido a Dios que proteja la vida del caudillo para el bien de la civilización, del Tercer Reich, de España y del Mundo".
En diciembre de 1936 el gobierno francés llegó a alertar sobre la expansión alemana a Canarias, considerando graves “las infiltraciones alemanas e italianas en Marruecos y Canarias, lo que constituye una amenaza a la ruta marítima de suprema importancia para Francia e Inglaterra”. A pesar de ello, ambas potencias pondrán por encima de sus intereses estratégicos su profundo miedo a un giro revolucionario en el territorio español, que pudiera ser imitado en el suyo. Esta preocupación se amplió en la navidad del primer año de guerra, al conocerse las reivindicaciones realizadas por Goering a una delegación española enviada por Franco. En esas reuniones, además de un préstamos de unos 200 millones de marcos alemanes y compromisos de entrega de armas a los golpistas, pidieron la “cesión de las islas Canarias, como base naval y aérea del Reich. Cesión de Marruecos y de la Guinea española. Goering señaló que el Gobierno alemán deseaba, sobre todo, esta última colonia a causa de su proximidad con la antigua colonia alemana de Kamerun (sic)”.
Las autoridades británicas y francesas, centradas en sus intereses, no dejaron de preocuparse por lo que sucedía, el cónsul británico en Tenerife decía en 1938 la forma en la “el Gobierno de Burgos dispensa un trato de favor a los intereses comerciales alemanes en detrimento del comercio británico y esta idea puede ser sostenida por el hecho que las autoridades locales y los comités responsables del comercio de importación y exportación, la mayoría «peninsulares» (nativos de España), inspirados por esta política de los intereses alemanes y con aversión a todo lo británico, no ocultan sus sentimientos en lo que ellos dicen y hacen”. La llegada de cruceros alemanes y de vuelos de Lufthansa, como el que recibió Los Rodeos a finales de 1936, con una enorme fanfarria institucional, se sumaba a la exportación de toneladas de plátanos y tomates como pago a los préstamos alemanes, mientras los salarios de los jornaleros isleños bajaban a cifras de miseria, además de las reservas de alimentos y combustible al frente. El hambre y las enfermedades ligada a ella crecían a unos niveles pocas veces vistos antes, algo que incluso Pildain, obispo de la diócesis Canariense, menos complaciente con las nuevas autoridades que su homónimo de Tenerife, llegó a denunciar públicamente en 1938.
En definitiva, la presencia alemana en Tenerife durante las décadas de los treinta y cuarenta no puede entenderse únicamente como el resultado de una simple colonia comercial asentada en la isla. Se trató de un entramado complejo en el que confluyeron intereses económicos, estructuras partidarias, redes de inteligencia y una intensa actividad propagandística, favorecidos por la posición estratégica del archipiélago y por la convergencia de intereses entre el franquismo y la Alemania nazi. El estudio de Marta García Cabrera indica que según los informes de la Oficina de Gobierno Militar norteamericana en Alemania, elaborados en 1946, en Canarias residían en esos años unos 86 afiliados nazis.
La huella de estos momentos se mantiene en nuestra historia, en algunas de las empresas y negocios que prosperaron al calor de esos intereses. También forman parte del patrimonio, como son las defensas costeras construidas durante la II Guerra Mundial, ante una posible operación aliada. Otro aspecto, quizás no tan conocido, fue la forma en la que después del periodo bélico, algunas figuras nazis recalaron y rehicieron su vida en el Archipiélago.
Fotos: Fotos antiguas de Tenerife
Fuentes utilizadas
- Espartaco. 10 de septiembre de 1932 p2
- En Marcha. 3 de junio de 1934.
- Rivas García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis Doctoral de la Universidad de La Laguna
- Cipitria, AP (2013). La participación de los servicios de inteligencia alemanes en la Guerra Civil española (1936-1939). Revista de Claseshistoria, 2, 3. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5173325
- AIMCA. Caja 1.761. Carpeta 22. Documento 4
- La Libertad. 11 de febrero de 1937 p1
- Ahora. 15 de diciembre de 1936 p2
- Ahora. 25 de diciembre de 1936 p2
- García Cabrera, M (2024). El nazismo en Canarias (1932-1945): Organización, actuación y desintegración. Historia Contemporánea. 76, pp 881-917
- Gaceta de Tenerife. 2 de agosto de 1936 p8








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