Tal día como hoy, hace 85 años, el comandante del ejército republicano, Guillermo Ascanio Moreno, fue fusilado en las tapias del Cementerio del Este de Madrid. Los franquistas se cobraban un brutal tributo en sangre con trece militantes del PCE, a modo de celebración macabra de la operación Barbarroja de los nazis sobre la Unión Soviética.
Sus restos forman parte de la misma fosa común en la que su cuñado, Gabriel Mejías, fue arrojado poco más de un año antes. Los nombres de ambos gomeros estaban en el monumento de homenaje a las víctimas, que con la vuelta del PP al Ayuntamiento de Madrid, fue destruido.
A medida que exploro nuevas hemerotecas históricas voy logrando sumar piezas al puzzle de la vida de una de las figuras clave de la defensa del Madrid republicano.
Encontré como los primeros pasos de la organización donde se encontraron algunas de las figuras más revolucionarias de La Gomera celebraron una asamblea en lo profundo del monte El Cedro, en pleno Garajonay. Allí se reunieron figuras de Juventud Gomera, que pusieron en marcha el periódico Altavoz. Mencionan al doctor Victoriano Díaz, al prometedor poeta, Pedro García Cabrera y a Guillermo, que “reafirmó su fé en los ideales modernos que pueden salvar a España” (1).
La mayor parte de contenidos, inéditos para mi, vienen de las hemerotecas de Madrid y Cataluña, que conservan periódicos y revistas de la etapa de la Guerra Civil. Varios artículos repasan la vida del valiente gomero. Explican la influencia que tuvo para él la organización de estudiantes universitarios, ya que antes de la guerra, era “un revolucionario intelectual. En Tenerife fundó la F.U.E., que, como en el resto de España, fue la que marcó el camino de la revolución española” (2). En otro artículo biográfico dirán que “el joven estudiante pasa más tiempo en los sindicatos que en las aulas universitarias. Atiende más a los folletos de divulgación social que a los pesados textos de bachiller” (3).
Sobre su papel en los primeros días del conflicto bélico, explica que Ascanio organizó el batallón Canarias en el que se encontraron todos los canarios antifascistas. Uno de sus integrantes, Bernardo de la Torre Champsaur recordó años después que “nunca fue un batallón sino una compañía en la que nunca hubo más de 20 canarios. Los restantes eran empleados de los almacenes de plátanos en Madrid, tan enraizados con la cosa canaria que se presentaron voluntarios”. En un primer momento este Batallón se constituyó en las oficinas del Cabildo de Tenerife, en la calle Peligros (4).
Este grupo actuó en el Alcazar de Toledo, además de “la reconquista del campamento de Alijares, la lucha en Seseña, en Pinto y Valdemoro, rescatados de las manos enemigas por el batallón que mandaba” (5).
La conformación del Batallón Canarias fue un episodio importante en su vida, ya que logró aglutinar a buena parte de los canarios que estaban en la capital. En su sede, ubicada en el número 11 de la calle O´Donell de Madrid, pudieron en marcha un boletín informativo, además de numerosos actos culturales y organizativos.
Este Batallón participó en acciones destacadas, como la defensa del famoso Puente de los Franceses, donde lograron hacerse con un camión cargado de municiones de los golpistas, “a pesar del intenso fuego enemigo, lograron remolcarlo y entregarlo con todo su cargamento en la Comandancia de aquel sector” (6).
Sus compañeros dirán de él que con “su temperamento firme y sereno se entusiasmó por la causa; su capacidad y su intachable moralidad de comunista consciente hacen que los soldados, que saben conocer con rara y certera intuición a quienes merecen ser sus jefes” (7).
En el verano de 1937 ya era jefe de la 44 Brigada del ejército republicano. En ella organizó una escuela de oficiales. También colaboró con los medios de la 8ª División, donde a finales de ese mismo año creía que era “posible el triunfo rápido de nuestras armas sobre el fascismo internacional, abriéndole así a nuestro pueblo las más amplias perspectivas de reconstrucción nacional “ (8).
Su papel en la guerra le hizo merecedor de una “pensión anual de 1.000 pesetas, durante cinco años, a percibir desde el primero de septiembre próximo, como recompensa a su distinguida actuación durante la actual campaña” (9). Además, en 1938 recibió una medalla al valor “en premio a sus acciones relevantes en el frente” (10).
En noviembre de 1938 dedicó un extenso artículo a los dos años de Guerra. Afirma en su texto que “el camino de nuestra victoria está asegurado siguiendo esa conducta de lucha, de abnegación, de heroísmos, que condensa en la consigna que nos ha dado el Dr. Negrín: RESISTIR. Resistencia que no ha de traducirse en pasividad, sino que significa movilizar cada día más y con mayor energía todos nuestros recursos para la lucha” (11). Muchos republicanos esperaban que el inicio de la más que previsible Guerra Mundial cambiaría la posición de los países occidentales que bloqueaban el acceso de recursos urgentes a la República, mientras no hacían nada con la abierta participación en el conflicto de Alemania e Italia.
En enero de 1939, con las esperanzas casi perdidas tras la derrota en El Ebro y los avances franquistas en Cataluña, seguía ofreciendo acciones formativas, como la charla sobre la industria de guerra que realizó y se retransmitió por parte de la Delegación de Propaganda y la Alianza de Intelectuales Antifascistas (12). En febrero fue nombrado como integrante del nuevo Comité Provincial del PCE en Madrid, cargo que comparte con figuras como Dolores Ibárruri, Domingo Girón o Eugenio Mesón (13). No sabían que apenas un mes después llegaría el principio del fin. El Coronel Casado, junto a otros miembros del gobierno republicano en Madrid poco afines a los comunistas, dieron un golpe de mano para tratar de forzar la entrega de la capital a las tropas franquistas. Guillermo Ascanio, junto con otros miembros del PCE, organizaron una dura resistencia. En marzo de 1939 corrió la voz de que el teniente coronel Bueno formaba parte de los Casadistas, “por lo que fue detenido, y que asumió sus funciones el jefe de la octava, división, Azcanio (sic), que fué el que invadió el palacio de El Pardo, donde tenía la cabecera de su base” (14). En el periódico El Bien Público del Uruguay, se harán eco de estos sucesos y afirmarán que “el primero en sublevarse” contra la intentona de Casado, fue Ascanio, que la noche del cinco al seis de marzo inició la resistencia desde la zona de Guadarrama. Este proceso terminará el 21 de marzo, con su detención (15). Cerca de dos mil militantes comunistas estaban encerrados en las prisiones madrileñas durante la entrada de los franquistas en la capital.
En Yeserías y en otras prisiones, pasará los siguientes meses. Allí siguió favoreciendo la formación de sus compañeros y mantener activa la militancia. Compartió penas con figuras de larga trayectoria, como un jovencísimo Marcelino Camacho. El histórico dirigente de CCOO no perdió ocasión para venir a Canarias y hablar de ese “Guillermo Ascanio, de la 8.ª División, me enseñó matemáticas” (16). En la cárcel recibirá el mensaje de su condena a muerte. Camacho recordaba como siguió siendo un “hombre fiel y modelo de humanidad, que el saber que iba a morir fusilado jamás le impidió perdiera su fe idealista hasta última hora, única esperanza que fluía en su corazón y tenía la certeza que las generaciones futuras aspirarían a un mundo mejor en que hubiera justicia social para todos” (17).
La huella de Guillermo quedó viva. Incluso en plena etapa franquista, en julio de 1971, en los montes de Tenerife se celebró una conmemoración clandestina en su memoria, cuando se cumplían treinta años de su asesinato (18).
Mañana, un año más, se conmemorará en el Cementerio del Este de Madrid la muerte de los doce compañeros del PCE. Guillermo Ascanio Moreno, Raimundo Calvo Moreno, José Suárez Montero, Germán Paredes García, Manuel Bares Liébana, Godofredo Labarga Carballo, Pedro Sánchez Vázquez, Domingo Girón García, Eladio López Poveda, Fernando Barahona Pérez, Eugenio Mesón Gómez y Federico Manzano Cobantes. Se vuelve a hacer sin el homenaje a las víctimas de la dictadura, que por orden de los mismos que les encanta recordar a Hernán Cortés y a Fernando III el Santo, pero que creen que hablar de las víctimas de la dictadura es cosas “de los abuelos”. Los valores de quienes dispararon ese día parecen estar de moda... ojalá haya capacidad y cabeza de aprender de quienes lucharon contra el fascismo, para organizar la unidad de acción que hubiera evitado que en 1939 los golpistas encontraran a sus presas ya listas para la condena.
Fuentes consultadas
1 La Provincia. 13 de septiembre de 1930 p8
2 Nuestra victoria : periódico de la 44 Brigada Mixta del 26 de mayo de 1937 p4
3 Ejército Popular. 29 de agosto de 1938 p8
4 La Provincia. 22 de septiembre de 1985 pp24-25
5 Ejército Popular. 29 de agosto de 1938 p8
6 La Libertad. 28 de noviembre de 1936 p4
7 Nuestra victoria : periódico de la 44 Brigada Mixta del 26 de mayo de 1937 p4
8 Ejército Regular. 7 de noviembre de 1937 p6
9 Diario Oficial del Ministerio de Defensa. 23 de agosto de 1938 p698
10 Ayuda. 4 de septiembre de 1938 p6
11 Ascanio, G. ¡Dos años de resistencia!. Ejército Regular. 7 de noviembre de 1938 p1 y p12
12 Política. 22 de enero de 1939 p2
13 Unión. Órgano Provincial PCE Madrid. 15 de febrero de 1939 p1
14 El Liberal. 13 de marzo de 1939 p2
15 El Bien Público. 22 de marzo de 1939 p1
16 Época. 16 de febrero de 1987 p26
17 Diario de Avisos. 18 de abril de 1988 p2
18 Frente Democrático. Nº14 julio 1971 p6




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