Hace cincuenta años que el antiguo militante de las Juventudes Libertarias tinerfeñas, Leocadio Valentín Toledo, moría en Maturín, Venezuela. Su vida estuvo marcada por los sucesos de julio de 1936, que lo llevaron a un largo exilio del que no volvió jamás. Salvó la vida, a diferencia de muchos de sus antiguos compañeros. Tuvo suerte de poder permanecer escondido durante nueve años huido, “entre la Calle San Francisco a Vistabella, de La Laguna a Santa Cruz”, evitando los momentos más brutales de la represión. A pesar de las duras décadas de dictadura, de la distancia de los años y de una vida a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento, su memoria no se borró y se mantiene viva en su familia, en especial en la privilegiada memoria de su hijo.
Había nacido en 1911 en la localidad sureña de San Miguel de Abona, en un lugar donde sus oportunidades de vida se veían más limitadas. Tenía dos hermanos, Miguel y María, la más pequeña, que murió siendo muy joven (1).
Su madre, a diferencia de buena parte de la sociedad del momento, sabía leer y escribir. Al quedar viuda fue recomendada por un cura para trabajar en la casa de Clotilde Cerdá Bosch, conocida por el nombre artístico de Esmeralda Cervantes. Ella era una famosa arpista catalana que pasó sus últimos años de vida en una casona de la calle del Pilar de la capital tinerfeña. La familia llegó desde su San Miguel natal. El pequeño Leocadio tuvo la suerte de ser acogido con cariño por la señora, que le ofreció unos estudios que hubieran sido difíciles de lograr en otro contexto.
Los primeros años en Santa Cruz de Tenerife fueron los de cualquier otro niño. Siendo un adolescente los periódicos lo mencionan como frecuente usuario de la Casa de Socorro. Heridas en el labio inferior (2), por “fractura incompleta del radio por su tercio inferior” (3) o por “herida incisa en el dedo medio de la mano derecha” (4). Por esos años vivía en la calle La Gomera Nº4.
Su hermano Miguel y él vivían en una sociedad donde la política tomaba fuerza tras las crisis políticas y económicas, el florecimiento de revoluciones como la vivida en Rusia y las nefastas consecuencias de las guerras coloniales españolas que dieron forma a la Dictadura de Primo de Rivera. Miguel Valentín Toledo se acercó al partido socialista, mientras que su hermano menor se vinculó con el movimiento anarquista. Además, como era frecuente en las personas con sensibilidad política, participaron del surgimiento de entidades sociales y culturales. En el caso de Miguel lo vemos muy implicado en el mundo del fútbol tinerfeño, integrando como secretario de la directiva del FC Cataluña desde 1930, creado en la capital (5).
Desde la llegada de la II República, con la plena legalización de entidades y federaciones obreras creadas en torno a la CNT, Leocadio, con solo veinte años, fue uno de los activistas de este espacio.
Como tal participó en junio de 1932 en las protestas por el paro obrero existente en el núcleo de Arona. Es posible que en esa etapa mantuviera todavía bastante vínculo el entorno de esta zona de la Isla. Según las autoridades republicanas, “en un mitin celebrado por los obreros parados en el pago de Los Cristianos, los oradores aconsejaron el empleo de la máxima violencia”. Los datos hablan de más de un centenar el número de participantes en esa jornada, casi la tercera parte de la población de la zona. La miseria imperaba en numerosos lugares. La crisis económica global, tras el crack de 1929, afectó a todos los territorios, en especial los dependientes de las exportaciones internacionales. El paro y la fragilidad de las condiciones laborales generaba una gran tensión social. Grupos procedentes de la capital y otros lugares habían acompañado a los sectores organizados del sur. Durante la madrugada del 17 de junio, tras sucesos como el corte de postes telegráficos, la Guardia Civil paró un vehículo sin matrícula ni luces. Dentro estaban “Juan Alfonso Batista, presidente de la Federación Obrera de Arona; Anselmo González Alayón, Antonio Suárez Yanes, Leocadio Valentín Toledo y Ángel Yanes Silvera”, que fueron detenidos (6). Los señalados fueron ingresados en la prisión provincial el 18 de junio, identificándose a Leocadio la posesión de tres balas (7).
El estudio de Carmen Rosa Pérez Barrios, sobre la conflictividad social en el Sur tinerfeño en esta etapa, indica que en Arona en 1933 existían unos 100 afiliados de la CNT, existiendo en Los Cristianos 193 jornaleros, que representaban el 46% de la población de la localidad. Desde el verano de 1931 la Federación Obrera aronera estaba movilizada por el “despido de centenares de obreros”, viviéndose varias huelgas a final de ese año (8).
Parece que poco después todos los implicados fueron liberados al no poder implicarlos en ningún delito concreto. En octubre de ese año tenemos el único artículo que he podido localizar, escrito por el propio Leocadio. Se trata de un texto publicado en el periódico cenetista, En Marcha. Titulado como “Ya es hora, mujer”, aborda la un debate que se planteaba en el momento, donde el voto concedido a las mujeres se consideraba insuficiente. El movimiento anarquista planteaba la necesidad de una revolución libertaria. Leocadio dice “ya es hora que te des cuenta que tienes derecho a participar en el banquete de la vida... Que dejes de ser la mujer sumisa, fatalista y resignada; en fin, que dejes de ser la mujer esclava, blanco de todos los atropellos y brutalidades ejercidas por la bestia capitalista” (9). Este será una más de las muchas colaboraciones que las Juventudes Libertarias harán en uno de los periódicos de referencia del movimiento obrero en Canarias.
La rama juvenil del movimiento anarquista estaba logrando poco a poco una implantación cada vez mayor. Según Fabián Moro, este espacio de organización de las personas más jóvenes del movimiento libertario tomó forma en la sección juvenil del semanario anarquista madrileño “El Libertario” (10).
A Leocadio lo identifican los informes de la Comisaría de Investigación y Vigilancia de Santa Cruz de Tenerife en la etapa franquista como miembro del comité de agitación de la CNT en la capital. Le acompañaban en esta tarea figuras de referencia de ese movimiento, que en varios casos pagaron con su vida esta actividad. Son militantes como Antonio Montelongo Morales, obrero portuario asesinado en 1937, Salvador Domínguez Duran, Tomas Rodríguez Benítez, fusilado en el proceso 246/1936, las destacadas obreras tabaqueras, Carmen Goya Hernández e Isabel Hernández Marichal, Francisco Alemán Coello, Julián Galván Delgado, Francisco Infante Diaz, uno de los fusilados en el cruel proceso de 1937. Leocadio era un vocal de ese equipo, junto con Carlos Alonso Magdaleno, obrero portuario y jornalero, Manuel Pérez González y Manuel Morales García (11). Igualmente, el mencionado informe lo señala como uno de los colaboradores de la CNT del periódico socialista Rebelión, aunque podría ser una confusión con su hermano Miguel. Este, desde 1934, era miembro de las Juventudes Socialistas chicharreras, donde ejerció el cargo de tesorero (12).
El papel de Leocadio se ve en momentos como la gran huelga general de enero de 1933, donde fue detenido e ingresado en prisión junto con dos compañeros que también eran jornaleros como él, Virgilio Acosta y José Talavera (13).
En ese mimo año la Confederación Regional de Trabajadores celebró su congreso en la isla de Tenerife, celebrado del 5 al 7 de abril. En él estará en la redacción de la ponencia “La cuestión interna de la CNT, el periódico nacional, orden del día del Congreso confederal”, donde le acompañan Alejandro Sierra, de Panaderos. Pedro Méndez, Camarero. Manuel Pérez, elegido secretario general, y Bernardino García, del Sindicato de Inquilinos (14).
En ese Congreso fue su compañero, Amadeo Hernández, el encargado de hacer un discurso en nombre de las Juventudes Libertarias. Hizo “un llamamiento a los jóvenes que sienten ansias de luchar por el bienestar de los desheredados, para que engrosen las filas” de la organización juvenil (15). En 1934 las JJLL también contarán con secciones femeninas, una en Santa Cruz y otra en La Laguna, donde afirman que “se unen a sus compañeros para laborar por la verdadera emancipación humana” (16). El auge organizativo y beligerante de la CNT, en especial de su sector más joven, los convirtió en un foco central de la represión policial. No es de extrañar que incidentes que generaron gran repulsa social, como el atraco al tranvía, se trató de vincular a este movimiento. Con la detención, gracias a un evidente montaje, de los líderes de las JJLL en La Cuesta, América González e Inocencio Delgado (17).
Uno de los momentos más intensos de protesta social durante ese año fue el de la Huelga de Inquilinos. La respuesta judicial fue intensa, desarrollándose un proceso por sedición contra numerosos miembros de la CNT, incluido Leocadio, por la protesta y por los artículos publicados en el periódico En Marcha y La Voz del Inquilino el 16 de mayo de 1933. aunque finalmente se aplicó a los procesados los beneficios de la ley de amnistía de 24 de abril de 1934, “sobreseyendo libremente en cuanto a la sedición” (18).
En la etapa republicana ejerció de mecánico de máquinas Singer y de una empresa de máquinas de escribir. Gracias a sus labores en el arreglo de máquinas de coser conoció a su esposa, Natividad Hernández Fragiel, que trabajaba de costurera. Ella fue una parte importante de su vida, que jugó una labor fundamental en los peores momentos. Trabajará en diversos oficios y además, dedicó tiempo a elaborar figuras de escayola con relojes y loceros de madera que vendían dos vecinos , Valerio y Marina, medianeros de una finca que tenían un mulo y vendían sus piezas por la zona de El Sobradillo y Vistabella (19). Su hijo recuerda como tenía una frase que repetía con frecuencia, “si el respecto, el honor y la moral fueran una prioridad para los seres humanos no harían falta policías...”.
En marzo de 1936, tras la victoria del Frente Popular, la CNT redobló sus esfuerzos organizativos. Se celebraron multitud de actos y mítines. En uno de ellos, en la plaza de la iglesia de La Matanza, estará acompañado por Eduardo Sanjuán, Antonio Rodríguez, Francisco Sosa, Modesto Carballo y Bernardino Afonso (20). El destacado dirigente cenetista, Manuel Pérez, le escribió en ese mismo mes, como muestra un breve del periódico Solidaridad Obrera. Le pedía que se estudiaran el orden del día del “Congreso Nacional y hagáis lo posible por estar representados” (21). Cumplió con ese cometido. En el mes de mayo fue uno de los representantes canarios en acudir al gran congreso de la CNT en Zaragoza. Junto a él estaban figuras claves del anarquismo isleño, como el secretario regional: Rodrigo Coello Martín, los palmeros Horacio de Paz Martín y Eduardo Sanjuán Castro, además de José Talavera Pacha (22).
A su regreso a la isla no podía saber que en breve todo su mundo cambiaría. El último acto público en el que participó fue en una reunión del Ateneo Libertario del 13 de junio de 1936, que se desarrolló en la sede del Sindicato de Tabaqueros, en el número 9 de la calle Méndez Núñez. Se crearon secciones, siendo designado responsable de las Juventudes Libertarias. Preveían actos como una charla de Federica Montseny en la isla (23), que por el golpe será imposible de realizar.
A partir del 18 de julio su vida sufrió el mismo terremoto que la del resto de la población. Fue detenido cuando trataba de llegar a la reunión organizada por la CNT en la zona de Cueva Roja, para tratar de organizar la resistencia al golpe. La suerte quiso que un militar que lo conocía lo sacara de la celda. A partir de ese momento, donde las noticias de las torturas y desapariciones se convirtieron en parte del día a día, la clandestinidad fue el único entorno que conoció. La red de apoyo familiar y de militantes logró esquivar los registros y detenciones. No solo se escondió, trató de rescatar y proteger elementos claves para la militancia anarquista, como una multicopista. En 1937 se le buscaba activamente, siendo declarado en rebeldía y publicado su nombre en los principales medos (24).
Permaneció oculto, incluso para sus propios hijos, que eran muy pequeños. Durante tiempo lo conocieron por el nombre de “Pepito el carpintero”. En uno de sus escondites, en la zona de Vistabella, en casa de Domingo Carballo, donde estuvo junto con la tabaquera, Isabel Hernández, que junto con Blas Pérez eran padrinos de su hijo. Su mujer y su propio hijo lograron sacar este elemento de una casa en la Cuesta de Piedra, para llevarla a una pensión de su tía, Emilia Valentín. En esa edificación, en la zona de la Calle La Marina, estuvo escondido detrás de un armario durante meses. Una de las hijas de Emilia, Eleonor Neumann Valentín, estaba casada con Antonio Lecuona Hardisson, que fue presidente del Cabildo de Tenerife entre 1943 y 1955, en la etapa franquista y miembro de Falange. Esa relación protegió el domicilio de su tía ante los registros y con él, a uno de los anarquistas más buscados en Tenerife (25).
Para evitar una posible detención tuvo que realizar un viaje clandestino a Las Palmas de Gran Canaria, en compañía del ya mencionado Blas Pérez Sicilia y de su hijo, para no levantar sospechas. Allí estarán en “la casa de doña Acracia, donde residían Juanito Torres y Margarita Rocha Mata”. También se reunió con Carmen Goya. En 1945 logró acogerse al indulto para quienes no habían cometido delitos de sangre, el régimen franquista, con la caída de sus viejos aliados de Italia y Alemania, trataba de suavizar sus formas. En libertad condicional, toda la familia se trasladó a la Cuesta Piedra. Allí lograron mantener en funcionamiento una pequeña imprenta clandestina, donde se elaboraban folletos que animaban a recuperar la libertad perdida (26).
Pronto se diluyeron las esperanzas de un cambio político rápido, con el colapso del fascismo en 1945. Los gobiernos democráticos querían usar ahora a Franco como títere frente al comunismo. Muchos empezaron a ver en el exilio la única salida posible. Un grupo amplio, ligado a las organizaciones anarquistas, organizaron una fuga en una embarcación clandestina, la balandra Santa Ana. Compañeros de la CNT como Juan Torres y José Perdomo, junto a otros 26 hombres, lograron embarcar. Solo consiguieron llegar a Senegal, tras un accidentado viaje (27). Allí tuvieron que esperar, junto a otros canarios y canarias que habían ido llegando a la zona por el mismo método. El barco, de apenas 9 metros de eslora, había quedado inservible. Durante cuatro meses los isleños esperaron, hasta que en septiembre de 1948 llegó a Dakar el Arlequín, que dos meses más tarde logró llegar casi de milagro a Venezuela (28).
Las autoridades oficiales dirán que El Arlequín “se fugó de este archipiélago con 100 emigrantes clandestinos y un cargamento de 454 cajas de licores y 7 toneladas de pescado en sal. Tanto la carga como los pasajeros y tripulantes carecían de la autorización legal para la salida de España y entrada en Venezuela” (29). La suerte quiso que no resultaran deportados. El estudio de David Padilla indica que este barco fue comprado en Las Palmas de Gran Canaria por un grupo de “perseguidos políticos”, saliendo de la zona de Teno, en Tenerife, el 13 de agosto de 1948, con medio centenar de emigrantes (30). Otro medio centenar logró sumarse durante su parada en Dakar. El hijo de Leocadio menciona a “un señor de apellido Clavijo”, como la figura que se encargó de organizar la fuga.
En Venezuela se fue conformando una nueva comunidad canaria, con antiguos emigrantes y nuevos, personas perseguidas y otras que simplemente huían de la miseria. La familia de Leocadio había quedado en Tenerife, pero apenas un año después se organizó todo para poder reencontrase. Su hijo fue obligado a bautizarse para poder disponer de la documentación necesaria para embarcar, tenía once años. Recuerda que ese día lo obligaron a quitarse la camisa y recostarse en el frío suelo de la iglesia, para terminar “con sus años de moro”, como afirmó el cura encargado de la ceremonia. A pesar de todo el anarquismo estuvo presente ese día, ya que ejercieron de padrinos sus viejos camaradas, Isabel Hernández y Blas Pérez Sicilia. Su hermana pequeña recibió en el bautizo el nombre de María América, en homenaje a la tierra donde encontrarían nuevamente la libertad.
La familia viajó en el transatlántico Lugano, que realizaba el viaje entre Italia y Venezuela cargando emigrantes en casi cada puerto. En este barco llegaron a La Guaira en diciembre de 1949.
Poco a poco consiguieron articular una nueva vida en el nuevo país. Formaron parte de la directiva de Casa España, un espacio que articuló a una parte significativa del exilio republicano. Este centro se fundó desde 1948, siendo la mayoría de integrantes de tendencia socialista. En los años previos ya existían asociaciones de emigrantes, que llegaron a vivir un intenso debate político durante la Guerra Civil (31). La familia conserva una imagen de la directiva de esta entidad, en la que además de verse primero por la izquierda, agachado, a Leocadio Valentín Toledo. Con él están figuras que el hijo identifica como Abreu, Juan Bonnet, Varguita y Manolo Armas, entre otros.
Leocadio Valentín y su familia se sumaron además a la amplia comunidad canaria en Venezuela. Dentro de las asociaciones dieron salida a la solidaridad mutua y a mantener sus señas de identidad. Su esposa, Natividad Hernández, se convirtió en una prestigiosa cantante de los grupos folclóricos canarios en el país. Las simpatías del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez con el franquismo limitó las posibilidades de expresión y organización de los exiliados políticos. Su vida trató de volver a la normalidad. Algunas viejas amistades, como las de Heleno Toledo Alonso, que formó parte de la Junta Directiva de la Asociación Canaria de Venezuela, como vicepresidente. Espacios como la Revista mensual del Archipiélago Canario serán un pequeño refugio cultural para el exilio, con participación de figuras como Carmelo Duarte o Antidio Cabal, Justo Pérez y José Pérez Sicilia (32).
La muerte le llegó en Caracas. El dictador había fallecido un año antes en la cama de un hospital, tras cuarenta años de terror. El cáncer se llevó al anarquista tinerfeño a los 65 años, un hombre que soñó con un mundo que no pudo ver, aunque dejando la semilla de la justicia y la dignidad plantada. Su hermano Miguel siguió en Tenerife, donde murió en La Laguna el 12 de septiembre de 1984 (33). Como siempre, me hago esta pregunta, ¿Qué sociedad tendríamos hoy sin haber perdido a tantos jóvenes brillantes, formados e idealistas bajo la apisonadora de la dictadura?.
Fuentes utilizadas
Entrevista con don Leocadio Valentín, hijo. El 16 de junio de 2026
El Progreso. 12 de mayo de 1924 p1
Las Noticias. 11 de enero de 1927 p7
El Progreso. 19 de mayo de 1928 p2
La Prensa. 29 de agosto de 1930 p3
Diario de Las Palmas 18 de junio de 1932 p2
Pérez Barrios, CR. (2020). Violencia en una sociedad de base agraria. El Sur de Tenerife en la década de 1930. Tenerife. Ediciones Llanoazur. pp177-197
En Marcha. 1 de octubre de 1932 p3
Moro, F. (1970). Las Juventudes Libertarias en España. (Análisis espectral). Edición CNT. Drancy (Francia), pp16-16
AHPLP. Informes sobre partidos y sindicatos de la II República en Tenerife elaborados por la Comisaría de Investigación y Vigilancia de Santa Cruz de Tenerife. Caja 262. E58
Hoy. 20 de enero de 1934 p2
Hoy. 14 de enero de 1933 p2
En Marcha. 8 de abril de 1933 p3
En Marcha. 15 de abril de 1933 p4
En Marcha. 2 de junio de 1934 p3
La Prensa. 12 de octubre de 1934 p7
Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Ficha 1179 Nº Audiencia 498 Nº Juzgado 154. Expediente por delito de sedición por la huelga de inquilinos, del 5 de julio de 1933.
La Prensa. 19 de marzo de 1936 p3
“Compañero Leocadio Valentín. — Tenerife: He encargado hagan gestiones para encontrar las letras que pedís. Con el resultado os avisaré rápidamente. Conviene también estudiéis el orden del día del Congreso Nacional y hagáis lo posible por estar representados. — Manuel Pérez”. Solidaridad Obrera AIT. 5 de marzo de 1936 p7
Rivas García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis Doctoral de la Universidad de La Laguna. pp243-244
La Prensa. 16 de junio de 1936 p2
Entrevista con Leocadio Valentín.
Rivas García, R (2015).Op cit pp243-244
Millares Cantero, S y Mederos, A. (2007). Antología de Musas Cautivas. Estudio Histórico. Centro de la Cultura Popular Canaria p91
Medina Sanabria, P. Testimonio de Antonio Expósito Alonso: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2009/12/02/testimonio-de-antonio-exposito-alonso/
Martínez Galvez, I y Medina Rodríguez, V. (1995). Fuentes documentales para el estudio de la emigración clandestina canaria a América Latina. El Museo Canario. P159
Padilla González, D. (2011). La navegación en los buques de la emigración a Venezuela desde Canarias en el siglo XX: Ilegal, y legal, los buques, viajes, tripulación, vida a bordo, arribada, etc. Tesis doctoral. p23
Mateos López, A. (2018). Los españoles de América: asociaciones de emigrantes y exiliados hasta 1978. pp327-330
Ascanio Gómez, R. (2024). La vida inquebrantable de Helenio Toledo Alonso: https://latadelgofio.blogspot.com/2024/01/la-vida-inquebrantable-de-heleno-toledo.html
Diario de Avisos. 19 de septiembre de 1984 p30






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