En una de las visitas guiadas de la exposición de esta semana fue emocionante encontrarme con familiares de varios desaparecidos y detenidos. Uno de ellos fueron miembros de la familia Afonso García, cruelmente azotada por la dictadura. Todavía recuerdan la muerte de Florencio, caído desde una ventana del Palacio de Justicia con solo 18 años, de Francisco, asesinado en Mauthausen en 1942, además de las detenciones de los hermanos Bernardino y José. Traían varias fotos realmente interesantes, conservadas por la familia durante décadas. Una de ellas representaba a diez hombres jóvenes y de mediana edad. Uno de ellos me llamó especialmente la atención, era mi tío abuelo Juan Pedro Ascanio. Su gesto generoso me emocionó.
En las últimas horas no he podido evitar dedicar un buen rato a estudiar la foto y sus protagonistas. Procede del proceso de detenciones que se dio en 1932 por artículos de prensa sometidos a la justicia militar y civil. Gracias al extraordinario trabajo del profesor Rubén Pérez Trujillano, en su obra Jueces contra la República. El poder judicial frente a las reformas republicanas (Dykinson, 2024), sabemos bien el activo papel que la justicia tuvo en incrementar las tensiones entre los sectores obreros y el gobierno republicano. Militares y jueces usaron de todas las maneras posibles las herramientas que tenían en su mano, como por ejemplo contra los artículos periodísticos en los que se criticaba o cuestionaba la labor del ejército, de las fuerzas de seguridad o de miembros del aparato del Estado.
La imagen también refleja las tensiones crecientes que se dieron entre, ese sector de organizaciones que vio en la II República una esperanza de revolución y los partidos republicanos más conservadores, que dominaban la vida política e institucional. Es cierto que estos últimos eran más avanzados que los monárquicos o los viejos partidos caciquiles, pero que no se atrevían a los pasos de mejora para la clase obrera y campesina que reclamaban los sectores más organizados del movimiento obrero.
A través de la dura fórmula de los Consejos de Guerra, acabaron en la vieja prisión provincial, Juan José Coba Cabrera, Francisco Silvestre Infante, Francisco Román Romero, Nicolás Padrón Brito, Imeldo Guerra Hernández, Bernardino Afonso García, Juan Pedro Ascanio García, Francisco Vicente Jiménez, Antonio Vidal Arabi y Miguel Luque Espino. Todos fueron detenidos por escribir artículos de prensa o por mítines, ingresando en la cárcel entre enero y el verano de 1932. Sabemos que afrontaron varios meses de prisión y que acabaron logrando la libertad en los últimos meses de ese año, con mediaciones políticas y presiones sociales desde el exterior.
La prensa obrera o con una firme voluntad de lograr el desarrollo de una República avanzada, con un claro cuestionamiento del viejo orden, del clero y del caciquismo, empezó a florecer desde 1930 y, con altibajos, logrará hacerse con un espacio entre los medios de le época. El Altavoz, El Socialista, En Marcha, Proa, Espartaco, Germinal, Rebelión, La Voz del Inquilino…son algunos ejemplos de esos nuevos medios. Sus artículos, sus directores y sus redactores fueron mirados con lupa por las autoridades y por los sectores que mejor representaban los viejos valores monárquicos.
La foto, probablemente tomada en el mismo patio en el que siete años después tomarían a las presas que el franquismo encerró, retrata a distintas figuras de la lucha social, política y sindical. En su mayoría eran militantes de la CNT, mientras otros transitarán al PCE y al PSOE. De arriba a abajo y de izquierda a derecha encontramos a Francisco Román (con dudas), Bernardino Afonso, posiblemente a Francisco Vicente Jiménez, en la segunda fila, una figura dañada, quizás la de Miguel Luque, Juan José Coba, Francisco Silvestre Infante. Y en la parte baja, Imeldo Guerra, Juan Pedro Ascanio, Nicolás Padrón Bito?, Antonio Vidal?. Sería fantástico que hoy lográramos identificar con mayor certeza a las figuras que faltan por definir o incluso saber si hay quienes guardan esas mismas imágenes en sus casas.
De los procesos militares a los que se les somete sabemos que en enero de 1932 fueron detenidos Juan Pedro Ascanio García y Bernardino Afonso García, por el presunto delito es la redacción de dos artículos publicados el 21 de noviembre de 1931 en el semanario En Marcha. En los textos criticaban el papel de las fuerzas de seguridad en los procesos como los que llevaron a la muerte a un sastre llamado Juan Agrella, en las protestas vividas en la capital en noviembre de 1930. En abril de 1932 fue el turno de un nuevo grupo, cuando el “Juzgado Permanente, contra los paisanos Juan José Coba Cabrera, Francisco Silvestre, Francisco Román Romero y Nicolás Padrón Brito”. Nuevamente se tratan de detenciones por artículos de prensa, en el caso de Coba y Román, publicados por En Marcha en las ediciones del 9 y 16 de enero de 1932. Silvestre lo sería por otro artículo de la edición del 12 de diciembre de 1931.
La estancia en prisión de estas figuras, en su mayoría con una destacada trayectoria en defensa de las luchas obreras y sindicales, fue un factor de movilización y lucha. En las páginas de En Marcha y de Espartaco aparecieron manifiestos firmados por algunos de los presos. Afirman en uno de ellos que: “Los reaccionarios burgueses pugnan por conquistar posiciones sobre la clase trabajadora, por asentar firmemente las bases que impidan el avance revolucionario de los obreros y campesinos. Todo esto no son sino fases de la pugna. Hoy condenan, eliminan de la lucha, a los militantes revolucionarios; mañana serán los Sindicatos y las organizaciones de lucha, los que sean eliminados”. El texto, apoyado por Imeldo Guerra, Juan Pedro Ascanio, Bernardino Afonso y Francisco Vicente, parece adelantar lo que iba a suceder cuatro años después.
El número de procesos llevados a la vía militar hizo que el gobierno republicano tomara la decisión de pedir al Fiscal General de la República que aclarara los delitos que quedaban fuera del ámbito militar. Los detenidos en la prisión tinerfeña, un mes después del anterior, volvieron a sacar otro manifiesto en el que decían: “nosotros estamos en la Cárcel condenados por los tribunales militares, cuya actuación, como se ve, rechaza el Fiscal General de la República, por lo cual es comprensible la arbitrariedad de nuestra permanencia en la prisión, puesto que conforme a lo expresado en la antedicha Circular de la Fiscalía General, ya nuestros procesos han debido pasar a la jurisdicción ordinaria y suspendida por lo tanto la ejecución de las sentencias”. En esta ocasión se amplió el número de firmantes, con el apoyo de Silvestre, Román, Ascanio, Coba, Afonso, Guerra, Vidal y Padrón.
Quizás por esas mismas fechas de mayo o junio se tomaron una serie de fotografías, la de grupo, además de otras por parejas. De esas he visto una conservada en mi familia donde se ven juntos a Juan Pedro Ascanio y Imeldo Guerra, ambos militantes comunistas. En otra de las conservadas por la familia Afonso se ve a Bernardino con otro de los jóvenes que están en la foto de grupo. Es posible que existan más retratos de este tipo y que se usaran como parte de las campañas de apoyo a los presos. Ojalá este texto ayude a que algunos revisen las viejas fotos familiares y se aporte más luz sobre este momento.
Tras su puesta en libertad todos los protagonistas tomarán rumbos diversos, pero siempre ligados a las luchas sociales y políticas del momento, siendo en su mayoría parte de los que con más fuerza sufrirán la respuesta de los golpistas de 1936. Ahora haré una pequeña reseña de los protagonistas de la imagen.
Miguel Luque Espino nació en Pedroche, Córdoba, el 3 de octubre de 1902. Su vida estuvo marcada por la pobreza, los conflictos con la autoridad y numerosos procesos judiciales. Desde muy joven se separó de su familia y comenzó a utilizar distintos alias. Con el paso de los años, sus experiencias y contactos contribuyeron a acercarlo al pensamiento anarquista.
Durante la década de 1920 recorrió diferentes lugares del Estado hasta llegar a Canarias. Aquí desarrolló una intensa actividad política y periodística bajo el seudónimo de Leonardo Babel. Sus artículos, caracterizados por la crítica social y la ironía, provocaron varias detenciones y enfrentamientos con las autoridades. En Tenerife colaboró especialmente con el periódico obrero En Marcha y participó en iniciativas como el Centro de Estudios Sociales.
Durante la Segunda República continuó su actividad y sufrió multas, encarcelamientos y un destierro de más de tres años. A pesar de la persecución, siguió escribiendo y defendiendo sus ideales. Posteriormente marchó a Colombia, pero en 1936 regresó hacia España para participar en la lucha relacionada con la Guerra Civil. Después de ese momento, los datos sobre su vida se vuelven escasos, dejando abierta la incógnita sobre su destino final.
Juan José Coba Cabrera, nacido el 14 de marzo de 1896, constituyó una figura clave en la articulación del movimiento obrero tinerfeño durante el primer tercio del siglo XX. Desde su juventud estuvo vinculado a los sectores anarquistas del barrio de El Toscal, en Santa Cruz de Tenerife, destacan sus dinámicas de mediación sindical en el sector portuario y de la carpintería de ribera. Coba presidió la Federación Obrera local e impulsó decididamente el sindicalismo de orientación posibilista e instruccional.
Su labor trascendió la mera agitación laboral mediante un firme compromiso societario y pedagógico. Participó activamente en la asociación vecinal Luz y Vida, dirigió el periódico obrerista En Marcha —lo que le acarreó procesos judiciales e internamientos en prisión— y ejerció como maestro en la Escuela Racionalista. En el seno del anarquismo insular, encarnó una postura moderada, dialogante y contraria a la violencia insurreccional, alineada con la corriente pos-pestañista.
A raíz del golpe de Estado de 1936, sufrió represalias por parte de las autoridades franquistas. El 6 de agosto fue detenido junto a otros compañeros de la Junta de Obras del Puerto de la capital. Tras pasar por campos de concentración como Fyffes y el Penal de Gando, así como ser sometido a severas sanciones del Tribunal de Responsabilidades Políticas, regresó a la actividad técnica en los varaderos. Coba permaneció como un referente histórico de la resistencia cultural y sindical en Canarias.
Francisco Silvestre Infante (Tacoronte, 1887 – 1976) fue uno de los principales referentes del movimiento obrero y el anarcosindicalismo en Tenerife durante la II República. Nacido de madre soltera, logró una notable formación que le permitió destacar como activista, sindicalista e intelectual comprometido.
A lo largo de su trayectoria presidió el Gremio de Albañiles y la Federación Obrera tinerfeña, liderando importantes reivindicaciones salariales y laborales. Paralelamente, desempeñó una constante labor de denuncia social sobre las pésimas condiciones higiénicas de las prisiones y la falta de vivienda digna, liderando campañas en la Liga y el Sindicato de Inquilinos. Fue concejal en Santa Cruz de Tenerife en los años veinte y defensor incansable de la educación racionalista como herramienta revolucionaria para erradicar la ignorancia.
Su intensa actividad sindical en la CNT le valió múltiples detenciones y condenas de cárcel por sus artículos en publicaciones periódicas como En Marcha. Tras el golpe militar de 1936, sufrió una dura represión: su hijo fue fusilado y él fue deportado al penal de Villa Cisneros. Es uno de los que logró participar en una sonada evasión hacia la zona republicana, trabajando en las prisiones de Valencia hasta el fin de la guerra, donde demostró una gran humanidad en la protección y defensa de los presos. Tras volver a ser juzgado y encarcelado, obtuvo la libertad condicional en 1945, falleciendo años después en 1976.
Bernardino Afonso García (La Laguna, 1906) fue un destacado militante de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y un referente crucial de las luchas sociales en Tenerife durante la Segunda República. Nacido en el seno de una familia humilde, conoció tempranamente la precariedad económica, las desigualdades del sistema caciquil y la dureza del servicio militar durante la Guerra del Rif.
A lo largo de los años treinta, Afonso ejerció un activo papel en la movilización sindical, siendo una figura que participó en casi todos los eventos sociales y conflictos sindicales del momento. Tras ser amistiado tras los procesos por artículos publicados en En Marcha, se reincorporó con fuerza a la labor social: intervino en mítines del sector de la construcción, impulsó acciones del Sindicato de Inquilinos en defensa de viviendas dignas y participó activamente en los actos del Primero de Mayo.
El golpe de Estado de julio de 1936 desató una feroz represión contra su entorno. Bernardino fue arrestado e internado en el campo de concentración de Fyffes, mientras que varios de sus hermanos sufrieron torturas, el exilio o la muerte a manos de la represión franquista y nazi. Tras salir en libertad fue uno de los miles que salieron en embarcaciones clandestinas desde Canarias, rumbo a Venezuela. Su trayectoria encarna la entrega del anarcosindicalismo canario en su defensa de la justicia social y la legalidad republicana.
Juan Pedro Ascanio García. Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1914 e hijo de una familia de la pequeña burguesía gomera dedicada a la exportación platanera, en la foto tendría unos 16 años, encarnó la figura del activista del PCE, ideólogo y cronista social en la Canarias del siglo XX. Su firme compromiso con el sindicalismo y la unidad de la izquierda se manifestó desde su temprana juventud, destacando como referente en las Artes Gráficas y promotor de publicaciones obreristas como Altavoz , Espartaco y En Marcha.
A lo largo de la Segunda República sufrió múltiples encarcelamientos e instruidos procesales debido a su combatividad periodística e ideológica. Tras el golpe militar de 1936, ingresó como preso en la prisión flotante y más tarde en Fyffes. En 1936 fue trasladado al protectorado español de Marruecos junto a otros 321 jóvenes canarios, para realizar trabajos forzados. Su posterior evasión hacia el territorio colonial francés derivó en un largo periplo por campos de internamiento (como el del Transahariano) y condenas en el penal de Kenitra, acumulando un penoso exilio de más de dos décadas en el norte de África.
Tras retornar a Tenerife reanudó de inmediato su labor en la clandestinidad impulsando el desarrollo de Comisiones Obreras y colaborando activamente en medios clave como Sansofé y la sección «La Isla de los niños» en El Día. Falleció en 1987, Ascanio permaneció fiel a sus ideales comunistas y de cohesión social hasta el final de sus días.
Francisco Román Romero. Nació en Santa Cruz de Tenerife en 1901 y era fontanero aunque también ejerció de chófer. Ya sabemos su primer proceso por un artículo en el que manifestaba que “el camarada Luque espino ha sido condenado al destierro por intromisión del jesuitismo y no por atacar a la Guardia Civil”, atacando al Gobernador Civil del momento. Fue un miembro activo de la CNT, participando en acciones como la huelga de enero de 1933, donde volvió a ser detenido, esta vez junto a Antonio Montelongo. En la conformación del sindicalismo anarquista en Tenerife fue parte del comité local en el Congreso celebrado en 1933, siendo uno de los firmantes de la ponencia sobre “Posición de la Regional frente a la ley del 8 de abril, a la represión sistemática contra la organización confederal y cuestión presos”, que realizará junto a Francisco Morillo, Gabriel Muñoz, Arturo Carencia y Ricardo Sanz. Las conclusiones del documento establecen que “si el gobierno de la república, desoyendo el clamor unánime del pueblo trabajador, se obstinara en mantener entre rejas a los privados de libertad, en ese caso la organización confederal debe estar dispuesta a conseguir la libertad de sus hermanos presos, aunque para ello tenga que recurrir a las medidas extremas que las circunstancias aconsejen”.
En 1936 su militancia derivó al movimiento impulsado por Ángel Pestaña, que organizó el Partido Sindical, participando en las elecciones de febrero de ese año. Fue elegido concejal del último gobierno republicano en la capital y detenido en los primeros días después del golpe del 18 de julio. Fue señalado en la Auditoría de Guerra el 2 de agosto de 1936, acusado de infringir el artículo décimo del bando de estado de guerra; acusado de haber cometido el delito de desobediencia a la autoridad es condenado a cuatro meses de prisión y al abono de una multa de 1000 ptas. También fue imputado por la causa 246/1936, junto a su antiguo compañero de prisión, Bernardino Afonso. Sabemos que pasó por las manos de Manuel Otero Rubido y Enrique Jiménez González, responsables de la Comisaría de Vigilancia franquista y famosos por sus métodos de tortura para lograr confesiones. Pasó por diversos penales, como Fyffes o Gando. Los informes redactador para el Tribunal de Responsabilidades Políticas lo definen como “un anarco sindicalista muy peligroso”, asegurando que fue presidente de la Federación Local de la CNT y colaborador del periódico Rebelión. En 1951 se publicó una orden de liberación a su nombre, desde el Destacamento Penal de Célis (Santander).
Nicolás Padrón Brito. Nació en Valverde (El Hierro), el 11 de febrero de 1912. Es el segundo más joven del grupo de procesados. E 1 de septiembre de 1936 fue juzgado por los golpistas junto a los paisanos Jerónimo Fernández Morales, Fermín Hernández Jerez, Bernardo Peña Santana y Agustín del Sacramento García, “por el delito del artículo sexto del Bando de la Junta de Defensa Nacional de España”.
Francisco Vicente Jiménez, que había nacido en Zaragoza el 4 de octubre de 1882 y era albañil y militante de la CNT. Tenía cincuenta años cuando fue detenido en 1932. Se le acusaba por el discurso que pronunció en el local de la Federación Obrera el día 25 de noviembre de 1931, donde pidió la disolución de la Guardia Civil, asegurando que esta institución “...tiene carta blanca para asesinar proletarios y que por esta razón se debe procurar su desaparición”. En ese mismo mitin le había acompañado en el escenario Francisco Silvestre, Juan Pedro Ascanio y Juan José Coba, con los que meses después pasó por prisión. De este proceso se conserva un informe en el que se dice que “el procesado Francisco Vicente Jimenez no obstante su calvicie prematura que pudiera ser de naturaleza artrítica aparenta tener aproximadamente cuarenta años”. Por la misma vía sabemos que ya había sufrido detenciones en procesos anteriores ligados a luchas sociales y sindicales.
En 1934 publicó varios anuncios en donde se ofrecía para trabajar “...como albañil-yesista, capataz de carreteras, administrador de fincas de cultivo, cobrador de casas comerciales, comisionista, vendedor ambulante, hombre - anuncio, portero, guarda particular, dentro o fuera de Tenerife. Recibe ofertas en Gracia, junto al cabaret Madrid-París. Honradez, seriedad”. Parece que ya en 1936 fue contratado como personal de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz. En base a un informe del Gobierno Civil de la primera etapa franquista se dice que estos trabajadores, “procedentes de la CNT ingresaron después en una asociación, que decían apolítica titulada “Asociación de Obreros del Puerto de Santa Cruz de Tenerife” filial de la general de Puertos de España”. De ellos fueron detenidos “Antonio Montelongo Morales, Juan José Cova Cabrera (sic), Domingo García, Francisco Vicente Jiménez, Juan Mohíno García, Antonio Tejera Afonso”.
Los franquistas informarán que era “uno de los fundadores de la CNT en esta Capital; hombre de confianza del Ingeniero Sr. Luque ex director de la Junta de Obras del Puerto de esta Capital; de gran actividad política a favor del comunismo libertario”. Todos estos señalamientos terminaron con un proceso desarrollado por la Comandancia General de Canarias, a propuesta de la Comisión de Incautación de Bienes de esta Provincia, por el que le reclamaban el pago de 25.000 pesetas, que en 1937 eran toda una fortuna.
Antonio Vidal Arabi. había nacido en 1898 en Barcelona, pero con la dictadura de Primo de Rivera tuvo que recalar en Tenerife. Fue militante de la FAI y uno de los componentes del Comité de Defensa Confederal de Canarias. Montó una fábrica de mármoles en el número 66 de la calle San Sebastián de Santa Cruz y participó de los procesos de lucha social impulsados por la CNT. Su papel destacado lo reseñan varias figuras del anarquismo, además de por haber tratado de llevar a cabo uno de los atentados contra el futuro dictador, Francisco Franco. Su papel activo se plasmó en su presencia en espacios como el Casal Catalá, sociedad cultural promovida en Tenerife por miembros de familias de origen catalán, valenciano y de Baleares. Antonio y su hermano Emilio Vidal promovieron un cambio de su directiva en 1935.
Resulta casi un milagro que lograra salir con vida de Tenerife. Tras permanecer escondido durante dos meses, logró organizar una fuga junto a dos compañeros más, el 19 de septiembre de 1936, consiguiendo abandonar la isla en una embarcación que logró llegar a Agadir. Por esta fuga se acusó y sancionó al santacrucero Rubens Marichal López, ya que “en la primera decena de agosto último con pleno conocimiento de que el traidor Antonio Vidal Arabi tenía una significación extremista destacada y de que si le favorecía la huida podía comprometerse, le facilitó la cantidad de mil quinientas pesetas”. Uno de sus objetivos centrales fue intentar organizar la llegada de la flota republicana a Canarias, compartiendo estas labores con el palmero Horacio de Paz, dentro del Frente Antifascista de Canarias.
Vidal, además de liderar operaciones de alto riesgo, realizó un informe secreto, llegando al Archipiélago con una identidad falsa en 1937. Acompaña en esta tarea a la pintora anarquista escocesa Janet Grove, que le permite elaborar un informe para la CNT sobre la realidad socio económica que vivía el Archipiélago en ese momento. Aquí descubrió que su hermano Emilio, trabajador de la refinería y uno de los representantes tinerfeños en el congreso obrero celebrado en diciembre de 1931, había sido asesinado por las brigadas del amanecer, en enero de 1937. Una copia de este documento llegó a manos de Juan Negrín, interesado por saber cómo se vivía en su tierra natal bajo la dictadura.
Imeldo Guerra Hernández. Nació en Santa Cruz de La Palma en 1903. Tabaquero de profesión, ejerció como secretario de la Confederación «El Trabajo» desde 1929 y fue cofundador y director del mítico periódico palmero, Espartaco, a partir de 1930, medio que funcionó como altavoz ideológico del comunismo y el sindicalismo insular.
Su encendido compromiso político y su brillante prosa le costaron persecución militar. En 1932 fue juzgado en Consejo de Guerra e ingresó en prisión por «insulto a fuerza armada» tras publicar críticas contra la represión social. Tras su liberación, continuó en la primera línea sindical: impulsó la Federación de Trabajadores de La Palma, cofundó el Radio Comunista de la capital y lideró las masivas huelgas del sector tabaquero entre 1933 y 1936. Fue uno de los que en fechas tan tempranas como 1933 “expuso el peligro que para las organizaciones obreras y políticas representa el fascismo, citando los ejemplos de Cuba, Alemania, Polonia, Italia, etc”
Tras el golpe de Estado franquista de 1936, sobrevivió escondido durante años en los montes de Tenagua. En 1944 logró huir de forma clandestina a Venezuela, donde reanudó su activismo hasta sufrir nuevamente prisión y torturas por el régimen del venezolano Pérez Jiménez. Finalmente regresó a Canarias, donde falleció en 1978 habiendo sobrevivido a la dictadura que intentó silenciarlo.
Esperemos que este breve estudio, nacido de la milagrosa conservación de una pequeña foto, anime a certificar las identificaciones previas y en dar más luz sobre la vida de sus protagonistas. Mantener el recuerdo y la memoria de quienes lucharon por alcanzar un mundo mejor es una labor colectiva, a la que no podemos faltar.
Fuentes utilizadas
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