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El proceso contra el masón Nicolás Cabrera González en una tierra sin libertad

Las dictaduras avanzan poco a poco, señalando a sus adversarios sin prisa. En ocasiones son grupos sociales o étnicos con los que poco o nada te une, pero poco a poco, las ondas del odio y el miedo alcanzan a toda la población de una manera u otra. Como expresó en un famoso sermón el pastor luteramo alemán, Martin Niemöller, poco antes de su detención a manos de los nazis, “ahora me llevan a mi, pero ya es tarde”.

Hoy quiero contra la historia de uno de esas personas que a priori parecía no tener nada que temer del golpe militar. Nicolás Cabrera González. Había nacido en Santa Cruz de Tenerife el 8 de abril de 1902, estaba casado y era un próspero agente de aduanas de la capital. Es cierto que, como muchos jóvenes de la burguesía ilustrada chicharrera de su generación, había pertenecido al Partido Republicano Tinerfeño. En junio de 1933 fue elegido para formar parte de la junta de distrito de dicho partido en la zona del Teatro Guimerà. La junta estaba conformada por Alejandro Padrón Rodríguez, Antonio Álvarez Álvarez, Manuel Barroso Martín, Juan P. Rodríguez García, Juan Letorneau Santana, don Antonio Méndez Marizat, Antonio Acha Cordero, José M. Cambreleng Madan y Domingo Rodríguez Armas. Este partido era una mezcla de sectores conservadores y progresistas de sectores ilustrados de las clases medias, que tras julio de 1936 estuvieron tanto entre los represores como entre los reprimidos. El factor clave de su señalamiento por el nuevo régimen fue su participación en la Logia Añaza 270. Los masones serán uno de los colectivos más odiados y demonizados por el franquismo.



Desde finales de la década de los veinte la prensa publicó con frecuencia publicidad de la agencia de aduanas de Nicolás Cabrera, que tenía agentes “en los principales puertos de España y extranjero”. En febrero de 1928 se casó con Altagracia Rogelia Clavijo Almenar.

Nicolás nació y vivió en una ciudad en la que la presencia de los masones era importante. Desde septiembre de 1904 el gran templo de la Logia Añaza 270 se levantaba en la calle San Lucas, con una fachada llena de símbolos y elementos tan del gusto de esta organización. El templo masónico sirvió como espacio para los eventos sociales de la entidad, pero también como espacio cultural y educativo, que fue capaz de abrirse al exterior.

La investigación realizada por Manuel de Paz Sánchez, uno de los mayores conocedores del mundo masónico en Canarias, señala la existencia de varias personas con el apellido “González Cabrera” que formaban parte de la entidad. Ofrece detalles de José González Cabrera, que era conocido con el sobrenombre de Besteiro, empleado y perito mercantil, vecino de San Andrés, nacido el 1 de julio de 1893, que había sido miembro de la Logia Añaza, Nº 270 (1º y 2º época), Añaza, Nº 1 y Democracia, 1919-1926. Ocupó las labores de primer vigilante (1931), primer experto (1924), arquitecto revisor (1923), venerable (1931), orador (1933). Le acompaña Nicolás, que permaneció en la Logia Añaza 270 entre 1932 y 1936, alcanzando el grado de segundo y tercer diácono. Parece que ambos eran hermanos, ya que en 1929 comparten una noticia de la venta de una “moderna construcción”, que decían era “propia para veranear”, en el pueblo costero de San Andrés.

Nicolás, como empresario de la capital, apareció en numerosos artículos y noticias de la prensa histórica, incluso en los medios de Madrid. En 1930 su empresa fue señalada en un incidente con un bulto transportado en el vapor Ebro, que fue descargado y trasladado por error a un lugar que no le correspondía, desapareciendo. Las consecuencias de este envío extraviado llevaron incluso a la petición del cese de uno de los guardias del muelle, señalado por algunas personas.



Las oficinas de aduanas de Nicolás González pasaron con la llegada de la II República de la calle La Palma a la del Doctor Allart. En esta nueva ubicación el empresario aparecía como uno de los colaboradores, a través de una aportación económica de 25 pesetas, en la recaudación de fondos para el primer aniversario de la proclamación republicana, además de otras campañas populares, como la del monumento al exalcalde García Sanabria o para el embellecimiento del parque municipal.

El nuevo tiempo político fue en general bien recibido y contó con las simpatías de las distintas logias de la masonería. En el estudio de Manuel de Paz se indica que en la capital tinerfeña se vivió un choque en el seno de la masonería, entre un sector más conservador, en torno a la Logia Añaza Nº1 y otro más republicano, que se agrupó en la Logia Añaza 270. Esta última tuvo el paso mayoritario, dictando la expulsión “de José González Cabrera, Enrique Abad Perucho, Manuel González y González, Pedro Hernández Pérez y José Santaella Tuells, acusados, entre otras cosas, de lanzar «maliciosamente imputaciones de delitos de lesa patria y atentatorios contra el Régimen», de la violación de los estatutos masónicos y del ataque inmoderado a la persona del presidente”. Según su propio testimonio, en 1932 Francisco González Trujillo, como figura central de la Logia, fue el encargado de su entrada.

En el proceso contra Nicolás, los informes del Capitán General de la primera región militar, presidente del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y contra el Comunismo, del 8 de julio de 1941, lo identifican como “masón inscripto en la Logia "Azaña" grado 2º Segundo Diácono y Vocal en la Sección pro-escuelas de dicha logia; afiliado al partido socialista en el que figuraba como elemento destacado”. La Dirección General de Seguridad asegura que hizo “propaganda para el Frente Popular” y añade como confirmación de su pertenencia a la masonería que la logia había trasladado su pésame en dos ocasiones, por la muerte de un familiar. En su propia declaración, por el contrario, solo reconoce su militancia en el Partido Republicano Tinerfeño, organización vinculada “al partido Radical desde mil novecientos treinta y dos, sin pertenecer a ningún otro partido ni sindical”.



El 19 de julio de 1936 las fuerzas golpistas habían entrado y clausurado la sede de la Logia Añaza, que desde ese momento se convirtió en un cuartel de Falange y centro de tortura en la capital. La comandancia general ordenó al capitán de infantería Tomás Lluna Gordillo, acompañados por miembros de Falange, que realizara “un minucioso registro” de los locales de las logias de Santa Cruz de Tenerife. Sus documentos fueron requisados y estudiados con detalle, sirviendo para los juicios y depuraciones posteriores.

Los masones llevaban años siendo señalados como un peligro por los grupos conservadores y de la iglesia católica. Un artículo publicado en dos de las principales cabeceras de la derecha en Canarias, Acción y Gaceta de Tenerife, difundieron en 1935 un artículo firmado por el escritor jesuita, Enrique Herrera Oria. Este autor, que se definía a si mismo como inspirador de Onésimo Redondo, aseguraba que los masones, eran admiradores de Nietzsche, “como se ve en sus boletines: "La revista Judía", la Institución Libre de Enseñanza, "La Revista de Occidente", los ateneos de tipo del de Madrid, las editoriales pornográficas y espiritistas”. Durante las siguientes cuatro décadas esa idea del “contubernio judeo-masónico” será parte del argumentario usado por el régimen casi hasta el final. Los señalados sufrirían las consecuencias.

Nicolás aparece en el expediente como en libertad condicional, habiendo sido obligado a trasladarse durante un mes a San Sebastián de La Gomera, por haber realizado “actividades contrarias al Estado”. Se le atribuía incluso de haber tenido contratado a Carlos Alonso Magdaleno, una destacada figura de la CNT en los muelles, una acusación que el implicado rechazó de plano.

En los primeros años del nuevo régimen había tratado de mantener un perfil bajo, colaborando con donaciones para el Sanatorio Antituberculoso en 1938 o aportando para el Patronato de construcción de casas obreras, en 1937. El empeoramiento de sus condiciones económicas parece entreverse con la venta de una casa en San Andrés, “en precio muy económico”. En julio de 1941 le retiraron su licencia de Aduana, como una medida extra de control. Poco después fue obligado a realizar una nueva declaración para identificar otros miembros de la Logia, aunque en todos los casos se refiere a fallecidos o personas en ignorado paradero. Es el caso de Manuel Vandewalle, ausente, Eladio Arroyo, fallecido, Amos García, en ignorado domicilio, Antonio Toribio Valle, fallecido, Francisco González, en domicilio ignorado, al igual que Nicolás Castro. En el fondo, que colaborara o no daba igual, la condena acordada en noviembre de 1941 fue de doce años y un día de prisión menor. En su tránsito siguiente pasó por la cárcel de Torrijos en Madrid, el mismo centro que acogió a figuras como el poeta Miguel Hernández o al futuro humorista, Miguel Gila.



Como tantos otros, fue obligado a retractarse de sus ideales y rechazar sus vivencias en la masonería. No sería el único en ver como el mundo alrededor cambiaba de forma radical. Los periódicos estaban bajo una censura absoluta, el arte y la cultura, limitadas, las asociaciones, en muchos casos prohibidas o muy reguladas, no ser religioso o tener ideas propias, eran un riesgo.

Quizás a raíz de esta situación, quizás por el devenir de la vida, en 1964 fallece, con solo 62 años de edad.

En estos tiempos que nos está tocado vivir no está demás volver a recordar las palabras de Niemöller:

"Primero se llevaron a los judíos,
pero a mí no me importó porque yo no lo era.

Luego arrestaron a los comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.

Más adelante detuvieron a los obreros,
pero como no era obrero, tampoco me importó.

Luego detuvieron a los estudiantes,
pero como yo no era estudiante, tampoco me importó.
Finalmente detuvieron a los curas,
pero como yo no era religioso, tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde"


Fuentes consultadas

  • El Progreso. 30 de junio de 1927 p3

  • Gaceta de Tenerife. 19 de febrero de 1928 p2

  • La Prensa. 7 de diciembre de 1929 p3

  • Gaceta de Tenerife 10 de marzo de 1930 p1

  • Gaceta de Tenerife. 12 de abril de 1932 p2

  • Expediente procesal instruido contra Nicolás González Cabrera por el delito de masonería. Centro Documental de la Memoria Histórica, TERMC,15,167

  • Acción. 31 de mayo de 1935 p11

  • Hoy. 19 de septiembre de 1934 p2

  • de Paz Sánchez, MA y Felipe González, R (1984). Sobre el 18 de julio y la represión de la masonería en Canarias: informes y denuncias (1936-1939). VI Coloquio de Historia Canario-Americana (Aula Canarias-Noroeste de África). Las Palmas de Gran Canaria.

  • de Paz Sánchez, M. (2008). Historia de la francmasonería en Canarias (1739-1936) Tomo 2. Santa Cruz de Tenerife. Ediciones Idea.

  • Gaceta de Tenerife. 4 de junio de 1935 p3

  • La Prensa. 19 de enero de 1937 p2

  • La Prensa. 29 de junio de 1937 p2

  • Amanecer. 12 de agosto de 1938 p3

  • Canarias Venezuela. 16 de julio de 1964 p47

  • Blanco y Negro. 20 de mayo de 1934 p115

  • Mesa Leiva, Eduardo. La cárcel de Torrijos y las nanas de Miguel Hernández: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20201005/33629/carcel-torrijos-nanas-miguel-hernandez.html


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