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Cárcel, lucha y depuración, la vida de los maestros Antonio Ojeda Medina y Lucía Pérez Rodríguez



Antonio Ojeda Medina habría recobrado la libertad tras dos años en las prisiones franquistas. Al volver a casa le impactó el aspecto de compañera, Lucía Pérez Rodríguez. Esquelética, con apenas 41 kilos de peso, había sufrido el no saber qué pasaría con su marido, sabiendo de las desapariciones y asesinatos de tantos compañeros de profesión, que como ellos militaban en la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, ligada a la UGT. Era una sociedad muy distinta a la que dejó, más miserable, llena de miedo, donde viejas amistades se rompían por las ideas de unos y otros. Lucía también había sido penalizada, impidiéndole durante un tiempo para dar clases, casi sin dinero y con uno de sus hijos enfermo de “cólera infantil” (1).

El maestro Antonio Ojeda había nacido en 1902 en el caserío de La Lechucilla, en el municipio de San Mateo de la isla de Gran Canaria (2). Su compañera, Lucía, nació en la misma isla en 1910 (3). Ambos habían estudiado Magisterio. El joven Ojeda había finalizado sus estudios de magisterio en la Escuela Normal de Maestros de Las Palmas, “con brillantes notas” en 1921 (4). En 1925 se le encomendó la escuela de San Bartolomé de Tirajana (5) y al curso siguiente le tocó la de Las Palmas de Gran Canaria (6). En 1993, cuando le concedieron la Orden Civil de Alfonso X por su prolongada labor profesional, recordaba sus primeros años de vida y ese papel de profesor con el que convivió: "Yo iba a la escuela y allí aprendí las cuatro reglas, cuando la mayoría de la gente del barrio no sabía leer ni escribir. A los 13 o 14 años me dedicaba, por las noches, a enseñar a leer a mis amigos" (7).

Ya en la década de los años veinte mantenía una alta sensibilidad social y un interés por la política. Desde 1925 fue militante socialista, ya que “no podía soportar que el Estado permitiese que la clase obrera estuviera en aquella miseria cultural en la que se encontraba” (8). Con la llegada de la República había tomado un papel especialmente activo, ocupándose en 1931 de las Juntas Locales de Primera Enseñanza de Arucas, donde ejerció de presidente (9).



En 1933 Lucía, con 23 años de edad, y Antonio, con 30 año, se casaron (10). Ambos permanecieron juntos hasta el final de sus vidas. Durante esa etapa Lucía logró la propiedad de la plaza de maestra de la escuela de Castillejos en Arucas y ambos se trasladaron a vivir a ese municipio. Mientras, Antonio ejercía como maestro en el colegio de Alcaravaneras, en la capital de la isla (11), el domicilio familiar lo establecieron en la antigua calle Carlos Marx Nº1 de Arucas. A finales de 1935 pertenecía a la Agrupación Socialista de Arucas, donde ejerció de presidente. Según el informe emitido por Falange en el proceso del Tribunal de Responsabilidades Políticas al que se le sometió, fue un “gran organizador de mítines y de las juventudes socialistas, accesor (sic) de confianza del alcalde, destacándose en los conflictos sociales que hubieron en esta, fue apoderado en las elecciones del 36” (12).

En mayo de 1936 fue uno de los promotores, junto a Patricio Pérez Moreno, de la Sección Provincial de Trabajadores de la Enseñanza de Las Palmas (13), ligada a la UGT, de la que fue presidente. En Arucas hicieron su vida familiar, donde en 1935 nació su hija Carmen Ojeda Pérez.

Al llegar el 18 de julio de 1936 toda su vida se transformó en una pesadilla de la que parecía que no podrían despertar. Antonio había salido a las siete de la mañana de Arucas, para acudir a la escuela de Alcaravaneras, donde trabajaba. Al llegar a la capital se encontró militares y hombres armados ubicándose en el entorno de los edificios gubernativos. En 1983 recordaba como junto a el “pasaron dos coches descapotados con falangistas armados de pistolas”, alguno de sus ocupantes eran conocidos, uno había sido alumno suyo y otro lo consideraba amigo, al que conocía de Arucas. Sus gritos, insultos y amenazas ya le alertaban de lo que estaba por venir. A las nueve y poco de la mañana fue detenido, según su testimonio, fue uno de los primeros prisioneros de los golpistas en Gran Canaria, siendo internado en una galería del Ayuntamiento de San Lorenzo. Poco a poco fueron llegaron nuevos presos, uno de ellos, por llevar una corbata roja, fue obligado a comérsela a trozos (14).

Aunque fue detenido en Tamaraceite, el proceso franquista contra su persona dará datos contradictorios, que Antonio, en un gesto bastante valiente, se atrevió a señalar en un escrito aportado al proceso. Deja en evidencia a sus captores al decir que “en otro lugar afirman que fue detenido en la citada ciudad de Arucas y con armas en la mano; ahora, tan solo dicen que "según noticias fue detenido en Tamaraceite (a 10 Km. de Arucas) y según otras en las proximidades del Gobierno Civil". Es decir, se desmiente la primera afirmación y se demuestra que aún desconocen el lugar de mi detención” (15).

Desde el 18 de julio de 1936 hasta agosto de 1938 permanecerá por diversos espacios de detención. Desde la Cárcel de Barranco Seco, absolutamente desbordada de detenidos, fue llevado en agosto de 1936 al Campo de Concentración de La Isleta, “donde sufrimos toda clase de vejaciones, castigos corporales, simulacros de fusilamiento, purgantes, etc”. En La Isleta conoció y escuchó los últimos instantes de los primeros fusilados del franquismo en Gran Canaria. Los malos tratos físicos, el miedo a ser desaparecido, la mala alimentación, las diez horas de trabajos forzados, fue dejando una huella en la mayoría de los presos, llegando poco a poco nuevos detenidos que traían noticias de los espacios de tortura de lugares como Arucas o Galdar (16). Hay que reconocer que Antonio, una vez recuperada la democracia, es uno de los pocos en dar nombres y apellidos de algunos de los responsables directos de esa violencia criminal.

Como a otros prisioneros canarios se les aplicó la doctrina de mantenerlos en movimiento, para evitar generar redes de solidaridad capaces de dar una respuesta organizada contra sus captores. El 11 de octubre de 1936 un grupo de 64 presos fue metido en la bodega del Correillo Gomera, casi sin aire ni espacio para moverse, siendo llevados a la prisión de Fyffes, en Tenerife. Allí permaneció durante dieciocho meses, en el periodo de mayor actividad de las llamadas brigadas del amanecer. Su descripción es clara, dando un testimonio claro de las “desapariciones nocturnas en grupos de seis, siete, nueve y hasta 17 hombres en noches sucesivas, para ser llevados a un barco que tenían preparado donde les daban muerte y luego los arrojaban al mar con piedras atadas y metidos en sacos. Además, tuvimos que presenciar castigos corporales. Incluso nos envenenaron dos veces la comida”. En este periodo fue testigo de la desaparición de muchos compañeros de profesión, asegurando que “se llevaron a todos los maestros del Comité de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) de Tenerife” (17). Sobre este aspecto, sabemos que los militantes sindicales y maestros, como José Galán Hernández, Alfredo Mederos Galán o Francisco Delgado Herrera, fueron desaparecidos entre finales de 1936 y principios de 1937. El investigador José Francisco López indica que “ocho dirigentes de FETE-UGT, entre los que se encontraba confundido un jornalero, fueron lanzados al mar en Anaga desde el barco Alegranza” (18).



Antonio destacó en sus recuerdos la crueldad de los guardianes de Fyffes y la forma en la que la enorme marea humana encerrada convivía con las enfermedades, chinches y piojos. Fue uno de los que también participó en el campo de trabajo forzado del futuro aeropuerto de Los Rodeos. También recuerda como les hicieron ir a trabajar a la batería militar del Barranco del Hierro, donde “vimos la muralla acribillada por las balas y en el suelo la tierra estaba teñida de rojo negruzco, amasada con la sangre de tantos infelices” (19).

En febrero de 1938 fue enviado nuevamente a Gran Canaria, esta vez al penal de Gando, donde permanecerá hasta agosto de ese año, cuando salió en libertad. Juan Rodríguez Doreste recordó el dolor que vivieron en Gando, en compañía del maestro de Arucas, “en nuestro cuarto rumiábamos nuestro dolor y nuestra sorda ira, mudos y sentados uno frente al otro, Jacinto Alzola y yo, que por nuestra juventud y nuestro carácter expansivo habíamos intimado más con algunos de los condenados, sobre todo con los maestros, los excelentes e inolvidables Doreste, Hernández Brito, Ojeda, etc. etc” (20).

A sus ochenta y seis años todavía se preguntaba:”¿dónde están los cientos de compañeros presos conmigo en La Isleta que ponían en libertad y de los que pocos días después sus familiares venían al campo de concentración indagando su paradero? Nosotros sí lo sabíamos y los falangistas también” (21).

La libertad no fue fácil. El mismo recordó la dura vivencia en su hogar. Ante el Tribunal de Responsabilidades Políticas reclamó que no se le aplicara la orden de destierro a cien kilómetros de su hogar en Arucas. Solicitaba en 1942 no pasar “...por el dolor de ver su hogar destrozado y con la posibilidad de ver también a sus hijos en la miseria en tiempos que tan difícil es ganar un pedazo de pan para librarlas del fantasma del hambre” (22). En esa época ya había nacido su hijo pequeño, Alberto, que solo tenía cuatro años de edad.

Estando en la cárcel Lucía Pérez pudo empezar a trabajar nuevamente, aunque fue sometida a depuración. Su vida se movía entre el miedo a no saber qué le iba a pasar a Antonio, la mala salud de su hijo y las presiones de las nuevas autoridades, que vemos que en 1938 tuvo que “participar” en la entrega de 64 pesetas como donativo para construir unas viviendas. De forma hipócrita, el medio falanguista afirmaba que “...los maestros de Arucas se han puesto en la línea nacional - sindicalista que quiere hacer grande a España mediante el esfuerzo de todos” (23).

El proceso judicial abierto añadía dolor. Las autoridades franquistas no podían acusarlo de nada en concreto, afirmando que “..habló en diferentes ocasiones en público en un plan Cultural aunque por su formación socialista siempre había alguna tendencia al expresarse de su ideología pero que no cometió atropellos contra ninguna persona de orden” (24).



El 30 de marzo de 1940 el periódico Escuela Azul publicaba la separación definitiva de Antonio del oficio de maestro nacional, con un largo listado de maestros y maestras. Según los estudios de Negrín Fajardo, se calcula que de los 632 docentes existentes en la Provincia de Las Palmas en 1936, el 42,8% sufrió un proceso de depuración por sus ideas, militancia o innovación pedagógica (25). El Ministro de Educación franquista destacaba en 1944 como eje central de sus políticas y con una frialdad estremecedora, que “llegó a resolver más de 15.000 expedientes, pero la liberación total de España multiplicó de manera alarmante el número de Maestros que debían ser depurado” (26).

Ya libre, pero con la vida y el sentimiento de un prisionero, vivió durante varios años como si fuera un ermitaño, sin salir de la casa que compartía con su familia en la calle José María Durán 9, en la zona del Puerto de la Luz. Salir a la calle le resultaba doloroso, no solo por las persecuciones que se mantenían, también con quien se tropezaba, que “ahora negaban el saludo como si fuera un delincuente común, o con individuos que le habían denunciado, o con quienes se mancharon las manos en la terrible represión” (27).

Ejerció como maestro particular para ingresar algunas pocas pesetas y, junto a su esposa, en 1940, se decidió a poner en marcha un nuevo centro educativo, el Colegio Arenas, en una zona que tenía falta de centros educativos. En 1993 recordaba que primero estuvo ”dando clases un tiempo clandestinamente. Creo que hice una buena labor educativa allí, porque en el barrio de las Alcaravaneras no había ninguna escuela" (28).

El centro logró superar la férrea supervisión y el control de las autoridades de la dictadura. En sus aulas recibieron clases gratuitas los hijos de Joaquín Masmano Pardo y la valenciana Nieves Galarza (29). Masmano, miembro del PCE, había sido uno de los militantes de izquierdas sacados de Gran Canaria en el vapor Dómine. Junto a otros nueve hombres, acabó arrojado al Río Tajo en Talavera de la Reina, a manos de la expedición de Falange enviada a la Guerra en septiembre de 1936.



Un ejemplo de su capacidad innovadora fue que en la década de 1970, convirtieron al Colegio Arenas en una de las primeras instituciones educativas del Estado y la primera de Canarias en adoptar el modelo de enseñanza bilingüe (30).

Con la vuelta de la democracia pudo retomar públicamente su labor militante, participando en 1979 en las elecciones y siendo un miembro activo de la Asamblea Local de la capital Gran Canaria. La suerte quiso que pudiera ver a su viejo amigo de penalidades, Juan Rodríguez Doreste, como alcalde de la ciudad donde vivía. En 1982 fue uno de los promotores de la apertura de la biblioteca de la Agrupación Socialista de Las Palmas, ubicada en la calle Pi y Margal Nº 38. Ojeda manifestaba en ese acto “la importancia que tiene un perfecto conocimiento de la ideología que debe respaldar el voto de cada uno de los canarios” (31).



Su vida se apagó en el año 2000, la de Lucía apenas tres años antes, ambos dejaron valientes testimonios de su compromiso y del coste que tiene defender unos ideales, aunque hoy muchos piensen que las ideas son simples adornos sin valor. Su compromiso con la libertad, la justicia y la educación forma parte de una historia que por desgracia no se conoce lo suficiente.


Fuentes utilizadas

  1. La Provincia. 18 de septiembre de 1983 pp21-22

  2. Dinámica. 1 de enero de 1993 p42

  3. Web del Colegio Las Arenas

  4. Gaceta de Tenerife. 4 de junio de 1921 p2

  5. Eco del magisterio canario. 22 de marzo de 1925 p4

  6. Eco del magisterio canario. 22 de agosto de 1926 p10

  7. Dinámica. 1 de enero de 1993 p42

  8. Idem

  9. Anales de la historia de Arucas. 1931. La proclamación de la República: https://analesdelahistoriadearucas.blogspot.com/2015/12/1931-proclamacion-de-la-segunda.html

  10. La Provincia. 28 de septiembre de 1933 p9

  11. La Provincia. 18 de septiembre de 1983 pp21-22

  12. AHPLP. Expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas de Las Palmas de Gran Canaria. Informe de Falange del 16 de mayo de 1940

  13. Gaceta de Madrid. 26 de mayo de 1936 p1721

  14. La Provincia. 18 de septiembre de 1983 pp21-22

  15. AHPLP. Expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas de Las Palmas de Gran Canaria. Comparecencia de Antonio Ojeda del 3 de marzo de 1942

  16. La Provincia. 18 de septiembre de 1983 pp21-22

  17. Idem

  18. López Felipe, JF. Gaceta de Canarias. 31 de octubre de 1999 p99

  19. La Provincia. 18 de septiembre de 1983 pp21-22

  20. Rodríguez Doreste, J. (1978). Cuadros del penal (Memorias de un tiempo de confusión). Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, España: Edirca p86

  21. La Provincia. 7 de julio de 1989 p2

  22. AHPLP. Expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas de Las Palmas de Gran Canaria. Comparecencia de Antonio Ojeda del 3 de marzo de 1942

  23. Falange. 31 de marzo de 1938 p8

  24. AHPLP. Expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas de Las Palmas de Gran Canaria. Diligencia de lectura de cargos al inculpado Antonio Ojeda Medina. 11 de mayo de 1940

  25. García Díaz, JM. La historiografía sobre la depuración franquista del magisterio nacional de España. Boletín Avriense. Núms. 48/49 (2018-2019) p420

  26. Escuela Azul. 2 de febrero de 1944 p1

  27. La Provincia. 18 de septiembre de 1983 pp21-22

  28. Dinámica. 1 de enero de 1993 p42

  29. Millares Cantero, A. Martirio de las supervivientes. Una aproximación a las viudas de los desaparecidos grancanarios en la Guerra Civil: https://www.bienmesabe.org/noticia/2015/Enero/martirio-de-las-supervivientes-una-aproximacion-a-las-viudas-de-los-desaparecidos-grancanarios-en-la-guerra-civil

  30. Web del Colegio Las Arenas

  31. Diario de Las Palmas. 23 de julio de 1982 p28


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