Más de cuatro mil miembros activos de las organizaciones políticas y sindicales sufrieron en sus carnes las formas más directas y crueles de la represión, pero nadie quedó al margen de un sistema donde la libertad y los derechos desaparecieron.
Las informaciones sobre el Archipiélago llegaban a los medios republicanos a cuenta gotas. Normalmente las fuentes principales fueron personas que lograron evadirse del control franquista. La imagen principal que ilustra este artículo muestra a un grupo de evadidos en el pesquero Tenerife. en el centro, con pantalones claros, el anarquista Antonio Vidal, con una de las pistolas que les facilitó el abordaje, en el cinto. Esta arriesgada aventura salvó su vida y la de sus compañeros casi milagrosamente. Vidal había sido señalado por los golpistas como autor de un intento de atentado contra Franco.
Los testimonios de estos evadidos, preservados en las hemerotecas históricas, plasman datos y relatos que reflejan los primeros años de la dictadura. En un vaciado documental he podido extraer doscientas páginas con algunos de estos relatos de valor histórico. Estos testimonios son valiosos para entender más de la represión y los represores. Por desgracia, a diferencia de otros lugares, los culpables de estas crueles matanzas y torturas nunca pasaron delante de un juez, ni siquiera con el regreso de la democracia.
La violencia aplicada contra amplios sectores de la población quedó reflejada en testimonios como el de un estudiante que logró escapar de Gran Canaria a finales de 1936. Recordaba cómo los guardias del campo de concentración de La Isleta ataban a la espalda de los presos “un saco de arena de 50 kilos, obligándole a llevar sin interrupción cestos llenos de piedras y arena desde las siete de la mañana a mediodía, cubriendo muchas veces una distancia de doscientos a quinientos metros” (1). Este relato fue confirmado años después por los libros de memorias de varios de los presos de ese espacio.
En abril de 1937 un grupo de jóvenes palmeros logró llegar a Valencia. Eran militantes de las organizaciones que mantuvieron bajo control republicano La Palma del 18 al 25 de julio. Ese dominio no dejó ninguna víctima mortal ni daño contra los miembros de las derechas o de la iglesia. Con la llegada de las tropas golpistas la situación cambió radicalmente. Trescientos militantes y activistas sociales tuvieron que buscar refugio en montes y barrancos. Entregándose para evitar daños contra sus familias, por denuncias de delatores o por emboscadas, fueron atrapados poco a poco. En enero de 1937 todavía quedaba un grupo de jóvenes en la zona de Mazo. Sus redes de apoyo les avisaron de la presencia de tropas de Acción Ciudadana. Incluso llegaron a detener y a amenazar con fusilar a una de las familias que les facilitaba alimentos e información. El 2 de enero nueve jóvenes antifascistas tomaron el velero Añaza y lograron llegar a Port Etienne, en la actual Mauritania (2). Su relato quedó plasmado en varios medios republicanos, siendo el comunista Florisel Mendoza el principal informador. Recordaba que los “fascistas, unidos a los que acababan de desembarcar, se dirigieron a los Centros políticos y sociales, asaltándolos y destrozando sus muebles. En la Juventud Ideal, donde existía una de las mejores bibliotecas de la isla, echaron los libros a la calle y les prendieron fuego”. Su mensaje trataba de dar ánimos, diciendo que a pesar de las detenciones y los asesinatos que se estaban dando “la población civil no se resigna a la opresión fascista, y a pesar del terror y del crimen sigue luchando” (3).
En marzo de ese mismo año se produjo la fuga de Villa Cisneros, un episodio donde participaron 189 personas, entre prisioneros republicanos, militares procedentes de Canarias que estaban destinados a su custodia, además de pasajeros y tripulación del correo Viera y Clavijo, logrando llegar a la capital de Senegal. 153 de ellos se incorporaron a la zona republicana y participaron del esfuerzo bélico.
Carlos Pestana, uno de los presos liberados, explicó en el diario Política sus vivencias. Recordaba como desde el golpe ”fueron detenidos en sus mismas casas todos los elementos izquierdistas. A mí me sacaron de la cama a la una de la noche seis individuos, que tomaron unas precauciones exageradas, como si yo fuera un criminal peligroso”. Su estancia en los barcos prisión emplazados en el puerto de Santa Cruz, donde “se hacinaban seiscientos hombres”, convivía con el miedo constante, ya que “todas las noches los fascistas se llevaban a tres o cuatro y más tarde les llegaba la noticia de que habían sido asesinados” (4). Es una de las muchas referencias a las brigadas del amanecer, encargadas de organizar los asesinatos nocturnos de figuras molestas para las nuevas autoridades, que en caso de haber sido juzgadas no habrían recibido la pena máxima.
Las desapariciones y la llamada “Ley del Saco” dejó una huella honda. Con la llegada a Barcelona de los canjeados de 1938, sus testimonios eran reiterados. “A media noche llegaba la falúa. En cubierta iban desfilando los condenados. Un verdugo los iba echando al suelo, con un cabillazo en la cabeza. Se los metía en un saco y al momento de arrojarlos al agua, el piquete de las pistolas vaciaba contra él los cargadores. Era casi una fiesta. Otros eran rematados a bayonetazos, según la “recomendación”. El saco llevaba lastre” (5). El expresidente del Cabildo de Gran Canaria, Francisco García, también lo plasmó en sus memorias: “Por los acantilados de San Andrés están apareciendo los cadáveres que la resaca trae a la orilla. Los arroja el mar y están envueltos en sacos de arpillera. Así llegó la noticia al Penal” (6). Esta práctica no se hizo habitual solo en Tenerife, en Gran Canaria hay testimonios como el de Francisco Miranda, fugado como polizón en un barco noruego, que relató como, “cinco enfermeros del Hospital militar acusados de la colocación de un petardo fueron arrojados por un despeñadero que da al mar, con un saco en la cabeza y una piedra en los pies” (7).
Sobre el ritual macabro ofrecía más datos otra entrevista de 1938. Ofrece detalles del cruel proceso: “Les llamaban “los del saco” porque los cuerpos de los que ejecutaban eran lanzados al mar envueltos en unas viejas sacas de los almacenes. Actuaban con prontitud y limpieza. El oficial anunciaba con una naturalidad escalofriante: “Los que vaya nombrando que se pongan aparte”. Y el silencio se hacía aún más intenso. Los mil trescientos corazones latían tan fuerte, tan fuerte como el de aquel personaje de Poe. Y empezaba aquella abominable lotería de alucinación: Marcelino Quesada Espinal… José Fuentes Martínez… Laureano Vives Pardo….” (8).
Algunas de las crónicas periodísticas se nutrían de los datos ofrecidos por los soldados canarios movilizados por los franquistas, que lograban huir en el frente o eran hechos prisioneros. Muchos de esos sesenta mil soldados isleños eran jornaleros y obreros que simpatizaban con las ideas republicanas, votaron por el Frente Popular o habían militado en las organizaciones republicanas. En diciembre de 1936 apareció en varios medios el relato de un brigada llamado Bartolomé Mur. Aseguraba que “en Las Palmas hay un campo de concentración con más de 4.000 prisioneros. Cuando sale un barco con fuerzas de las islas para la Península se llevan como rehenes algunos de ellos, que no vuelven más, pues los arrojan al mar al regresar” (9). Muy posiblemente se refiere a los conocidos como diez del Dómine, grupo de presos formado por Manuel Monasterio Mendoza, Primitivo Pérez Pedraza, Andrés Zamora Zorraquino, Joaquín Masmano Pardo, José Ochoa Alcaraz, Amadeo Hernández Hernández, Félix González Monzón, José Suárez Cabral, José Sanz Iraola y Arturo Camino Velázquez. Estos líderes de organizaciones y sindicatos fueron embarcados con tropas falangistas en septiembre de 1936, asesinados y arrojados al río Tajo en Talavera de la Reina, poco después de llegar a suelo continental.
Otro de los evadidos de Canarias fue José de Jesús Franco Santana, secretario de Izquierda Republicana, que el 19 de enero de 1937 logró llegar a Barcelona tras haber permanecido escondido en varios puntos de Las Palmas de Gran Canaria. Fue detenido y herido, permaneciendo en el hospital y lográndose fugar. Manifestó que “se ocultó en el cementerio, permaneciendo quince días en un nicho desde donde podía con frecuencia observar la llegada de camiones abarrotados de hombres de izquierda, asesinados por los fascistas, que eran enterrados en la fosa común, siendo arrojados como si fuesen carretadas de piedra”. Además, tras lograr embarcar en un buque con destino a Buenos Aires, protegido por el cónsul argentino, vio como sacaban del mismo barco a Anibal Lamas, presidente del Frente Popular en Ourense, que creía que había sido fusilado en el mismo muelle (10). Este último dato puede ser una confusión, ya que la información habla de que este, que ejercía de guardia civil en Gran Canaria, fue embarcado el 3 de septiembre de 1936 a su localidad natal (11), siendo fusilado allí. Quizás pudo verlo rodeado de soldados para su embarque y eso provocó que sacara esa conclusión.
La respuesta de una parte destacada de los canarios que residían en los territorios leales fuera de las islas fue trabajar para lograr recuperar la libertad del Archipiélago. En agosto de 1936 la prensa da cuenta de que “un grupo de canarios residentes en Madrid ha acordado convocar a todos los elementos antifascistas de las islas Canarias para constituir una Milicia y ponerse a disposición del Gobierno para combatir a los sediciosos, marchando incluso a aquellas islas para reprimir allí el movimiento que al igual que en otras regiones españolas ha pretendido anular las libertades democráticas del pueblo español” (12). Este llamamiento se hizo igualmente en Barcelona, donde las Milicias Antifascistas pidieron apoyo humano y material para recuperar la libertad de Canarias (13). Hay que recordar que en esos mismos días de desarrolló el desembarco de tropas republicanas en Mallorca.
En el verano de 1936 una voz familiar llegó a algunas radios isleñas. El diputado comunista tinerfeño hablaba en la radio del partido en Madrid, donde realizó un discurso sentido en el que pedía que se impidiera que "potencias extranjeras conviertan las islas en una colonia más de sus dominios, esclavizándolas y vejándolas. Lo que nuestros antepasados no consintieron, no lo debemos permitir tampoco nosotros" (14). El uso de Canarias como espacio entregado a los Alemanes, a cambio de su apoyo militar y de armamento, fue una constante denuncia de los medios republicanos y de muchas potencias europeas, que veían en riesgo sus intereses en las islas.
Las crónicas de turistas y visitantes reforzaban los mensajes sobre el terror desatado en Canarias. El periódico francés “Regards” aseguraba en una crónica que en las islas “todos los jefes comunistas y socialistas fueron detenidos, fusilados la mayoría, y arrojados sus cadáveres al mar. Desembarazados así los soldados de Franco de los elementos "peligrosos", la dominación fascista resultó fácil” (15).
El testimonio de los evadidos reitera la brutalidad con la que se aplicó el control y la forma en la que se inoculaba el miedo al conjunto de la población en un territorio donde formalmente no hubo guerra. Como ya comenté, en octubre de 1936 un evadido, posiblemente el cenetista Antonio Vidal, decía que “a un obrero de la CNT, Marrero de nombre, le vaciaron los ojos y le cortaron las orejas, dejándole abandonado después en medio de la carretera. Es un episodio repetido demasiadas veces desde que el día 25 de julio empezaron a sembrar el terror los falangistas y la llamada Acción Ciudadana. Desde entonces sólo en Santa Cruz se han realizado cerca de cuatro mil detenciones, seguidas en casi todos los casos de apaleamientos y torturas y en no pocos de fusilamientos” (16). Vidal se había fugado de la isla tras permanecer escondido. junto a “un tal Vicente y otro compañero; los tres intentaron la fuga” (17). Para ello un activista llamado Elías Doreste Ferraz compró una barca con la que lograron abordar el pesquero Tenerife, con el que consiguieron a la costa de Agadir y de allí, trasladarse a territorio continental republicano (18).
Uno de los tinerfeños evadidos de Villa Cisneros tenía fresco el recuerdo de lo vivido en la isla hasta su salida al campo de concentración del Sáhara. Ratifica otros testimonios al decir que “los asesinatos y fusilamientos alcanzaron una cifra elevadísima. A diario se sacaban de las prisiones grupos de veintiocho personas, que no regresaban, y de las que no se volvía a saber nada. Así cayeron políticos de izquierda, dirigentes societarios, obreros y muchos republicanos” (19).
Con la llegada de más y más tropas procedentes de Canarias el número de evadidos aumentó. Incluso con los malos resultados de las campañas y el creciente aislamiento de la II República, algunos trataron de evadirse. En una sola noche de octubre de 1937, veinte canarios abandonaron sus puestos en zona de Orna de Gállego, en los montes de Huesca, evadiéndose a territorio republicano (20). El periodista republicano, José Gregori Martínez, hizo un relato de una visita al frente de Jaca ese mismo mes. Allí entrevistó a un joven tinerfeño que se había evadido con otro grupo. Había pasado por Fyffes, antes de ser liberado y enviado como carne de cañón al frante. El joven soldado le dijo “a toda hora se oía la voz de los oficiales: «¿Y los canarios?»; «cuidado con los canarios»; «vigilad bien a los canarios». ¡A buena hora! Hemos hecho honor a nuestro nombre al dejar las jaulas vacías” (21).
Los evadidos aportan detalles de lo que vieron y sufrieron. Uno de ellos contó los últimos días de José Carlos Schwartz, último alcalde republicano de Santa Cruz de Tenerife, que “vio su casa saqueada, su biblioteca destruida por los "caballeros azules"; con su cara deformada por los golpes, fue paseado por las calles, cuando le llevaban a hacer excavaciones para retretes en los almacenes de Fyffes, haciéndole gritar vivas a Franco. Después fue asesinado”. También da detalles del final de otro de los asesinados, explicando que “a Luis Rodríguez Figueroa, diputado de Izquierda Republicana, le torturaron y vejaron durante cuatro meses. Con él hubo especial ensañamiento por parte de los oficiales rebeldes”. (22).
En 1938 siguieron dándose evasiones. En febrero de 1938 una mujer de Gran Canaria logró llegar a Casablanca. Su relato identifica a uno de los represores centrales en Tenerife, indicando que “al llegar a las islas el capitán Otero, marcó una nueva etapa de terror. Todos los libertados fueron de nuevo encarcelados y los crímenes comenzaron a reproducirse” (23). Se refiere al torturador gallego, Manuel Otero Rubido, del que ya hemos hablado. En abril de ese mismo año era el turno de un sindicalista de Gran Canaria conocido como “El Maño”, que junto a Justo Herrera y un soldado, logró resistor nueve meses escondido en un bidón, hasta que finalmente consiguieron un plan de fuga que resultó exitoso (24).
Canarias, en la retaguardia de una guerra impuesta, pasó a ser un punto estratégico. Los navíos y los aviones de la Alemania nazi se enseñoreaban de las aguas y del cielo. El 75% del combustible usado en la Guerra Civil salía a borbotones de los tanques de la refinería tinerfeña. Los alimentos básicos eran enviados al frente o a Alemania, como pago por los materiales bélicos empleados en la matanza. El hambre, otro de los males de la época, se enseñoreó de la población. Esta realidad incluso fue evidenciada por la iglesia canaria, poco sospechosa de simpatizar con la República. El obispo Pildain de Gran Canaria llegó a manifestar públicamente su preocupación. Fue capaz de denunciar el hambre que miles de familias vivían, dependiendo solo de los comerdores de auxilio social:, "y es que, hijos míos — dijo —, aquellos hermanos nuestros no desayunan, no cenan: solamente comen el mísero plato que en dicho comedor les sirven" (25). Los avances logrados por las luchas sindicales habían desaparecido. La exportación de plátanos y tomates quedó afectada. Los despidos de cualquiera sospechoso de simpatizar con las izquierdas eran indiscriminados, el abuso de los caciques fue atroz. No tardaría en llegar un nuevo tiempo de emigración forzada.
Los cuarenta años de dictadura inseminaron un miedo claro. Un deseo de olvidar, de mirar para otro lado. Muchos de quienes sufrieron estos días oscuros y lograron sobrevivir acabaron lejos de su tierra. El silencio se aplicó, y con la Constitución, se convirtió en Ley. Mantener testimonios directos de estos desmanes, gracias a la prensa que quedó en el lado correcto de la historia, es de un valor incalculable. Estudiarlo y compartirlo, es una necesidad para sanar heridas que siguen abiertas.
Fuentes utilizadas
La Libertad. 19 de marzo de 1937 p4
Mendoza, F. (2004). Con los parias de la tierra. Memorias. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife.
La Voz. 29 de abril de 1937 p3
Política. 11 de julio de 1937 p3
Frente Rojo. 3 de septiembre de 1938 p5
Rivas García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis Doctoral de la Universidad de La Laguna p2747
El Diluvio. 10 de diciembre de 1936 p8
Umbral. 1 de octubre de 1938 p6
Front. 22 de diciembre de 1936 p2
El Noticiero Bilbaíno. 20 de febrero de 1937 p6
Medina Sanabria, J (2002). Isleta/Puerto de la Luz: Campos de concentración. Las Palmas de Gran Canaria p208
Política. 6 de agosto de 1936 p2
“Pueblo de Cataluña: En las islas Canarias actualmente nuestros hermanos luchan con los fascistas para libertar estas hermosas islas de la dominación de los asesinos del pueblo. Nosotros, los canarios residentes en Barcelona, estamos organizando una columna que saldrá para combatir contra el fascismo.
Todos los que quieran inscribirse para formar parte de esta columna pueden hacerlo diariamente en las Oficinas de alistamiento del P. S. U. C., Hotel Colón, de una a dos de la tarde. También se admiten donativos para ayudar a los gastos de esta columna”. La Noche. 17 de agosto de 1936 p8
“El proletariado español vencerá sobre todos sus enemigos. Valientes luchadores del Puerto de la Luz, de Arucas, de La Palma, de La Gomera, del Hierro. Bravos combatientes de la C.N.T. de Santa Cruz; compañeros entrañables del Valle de Orotava; pueblo republicano liberal de Tenerife; pueblo canario: hay que luchar de la forma que creáis más conveniente para desalojar al fascismo de nuestra tierra y para impedir que Canarias sea entregada a potencias extranjeras”. El Sol. 17 de septiembre de 1936 p3
Frente Libertario. 31 de octubre de 1936 p4
Batalla. 1 de noviembre de 1936 p8
Medina Sanabria, P. Elías Doreste Ferraz compró un lancho para apoderarse del velero Tenerife: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2011/07/11/elias-doreste-ferraz-compro-un-lancho-para-apoderarse-del-velero-tenerife/
La Voz. 1 de junio de 1937 p4
CNT. 13 de octubre de 1937 p3
La Correspondencia de Valencia. 29 de octubre de 1937 p4
Mañana. 13 de abril de 1938 p4
Euskadi. 10 de julio de 1938 p4






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