Bernardo, definido por su nieto como "combativo republicano, poeta e intelectual”, había nacido en 1871 en Santa Cruz de Tenerife. Su familia había llegado desde tierras aragonesas y formó parte de esa pequeña burguesía ilustrada que floreció en la capital tinerfeña al calor de la exportación y de la actividad portuaria (1). En esa ciudad fraguó un movimiento en defensa de los puertos francos y de la capitalidad de Canarias, que pronto tuvo unas firmes raíces liberales y republicanas.
No llegaba a los veinte años y ya era un miembro activo y destacado de la Juventud Republicana. Entre otras tareas ejerció la de bibliotecario de la entidad (2). Esta asociación juvenil tuvo un papel destacado y fue semillero de muchas de las caras más visibles de la vida política tinerfeña en la primera parte del siglo XX. En las páginas de La Prensa recordó mucho después esa etapa de formación. La vieja sede, ubicada en la Calle Cruz Verde, fue un espacio al que, según su memoria, “el elemento obrero nutrió al punto sus filas atraído por los ideales de libertad y emancipación de las clases trabajadoras que allí se difundían, y porque halló también medios educativos en la enseñanza práctica que se le proporcionaba. De esta confraternidad del proletariado tinerfeño, nacieron los primeros gremios” (3). El joven Chevilly empezó a colaborar con las campañas electorales, pegando carteles y promoviendo propaganda republicana, sufriendo como sus correligionarios con el cierre de la entidad en 1897, donde ya ejercía de vicepresidente (4).
Como miembro de una generación que crecía en una sociedad marcada por intentonas golpistas, con una economía enfermiza, con un analfabetismo desatado y una decrépita monarquía que iba perdiendo los viejos territorios coloniales, hizo de la escritura y de la poesía una vía para expresar sus sentimientos por la época que le tocó vivir. Con muchas influencias románticas y regionalistas, sus creaciones fueron publicadas en numerosos periódicos y recitadas en frecuentes actos republicanos.
En esta etapa fue un activo integrante del “Gabinete Instructivo”, entidad cultural creada en Santa Cruz de Tenerife, donde se promovía la cultura y se celebraban homenajes a figuras como los pintores Gumersindo Robayna y Valentín Sanz (5).
En la revista Gente Nueva dirán de él en 1900 que era “un republicano de corazón, un enamorado pasional de las ideas democráticas”. En este mismo artículo recuerdan que había ejercido como redactor y promotor del periódico El Pueblo, órgano de la Juventud Republicana entre 1894 y 1985, además de otros medios, como el periódico La Palestra (6). En ese tiempo ejercía de encuadernador, formando parte del gremio de tipógrafos, encuadernadores y litógrafos, junto a figuras como José Cabrera Díaz, uno de los pioneros del sindicalismo isleño, donde en 1900 trataron de configurar una asociación general de obreros, en una asamblea convocada en el circo-gallera de la capital (7).
Una decisión que le costará un duro proceso en el Tribunal de Responsabilidades Políticas fue haber pertenecido a la Logia Añaza 270, donde ingresó el 14 de julio de 1897, donde alcanzó el grado 9º, tomando como nombre simbólico el de Victor Hugo, permaneciendo en la misma hasta que el “9 Julio 1918 le comunicaron la irradiación por faltas a la moral denunciadas en Cámara de Maestros” (8). En la Logia masónica, que se había constituido en 1895, llegó a ostentar el papel de orador (9). Además de los actos sociales de la entidad, su sede, el templo masónico santacrucero, desarrolló una gran labor social, que incluía un centro educativo que formó a muchos alumnos que no tenían otra forma de estudiar.
A su actividad profesional se sumó una frenética acción social, política y cultural. Fue firmante de la protesta contra la detención del director de El Progreso, Santiago García Cruz (10) y estuvo presente en homenajes como los que se celebraron en el Círculo de la Amistad XII de enero en memoria del expresidente de la I República, Francisco Pi y Margall (11).
Entre 1906 y 1907 fue miembro de la directiva del Círculo de la Amistad XII de enero, renunciando ante unos desfalcos que se denunciaron en los medios de comunicación locales (12).
En 1909 contrajo matrimonio con la que sería su compañera de vida, Isabel de los Ríos y Almenar (13), con la que tendría varios hijos a lo largo de los siguientes años, que también quedarían marcados por las consecuencias del golpe militar. Al menos dos de sus hijos fallecieron en plena infancia, por enfermedades frecuentes en la época, una en 1914 y otro, al que llamó Víctor Hugo, en 1915.
El prestigioso pintor tinerfeño, Carlos Chevilly, uno de sus hijos, recuerda como en su hogar paterno le alentaron a seguir en el mundo del arte y, gracias a la biblioteca familiar pronto lo iniciaron en un ”...programa de lecturas que compendiaba obras de libre pensamiento, novelas realistas francesas - Balzac, Flaubert, Zola- y españolas - Pérez Galdós, Clarín, Valera” (14).
Durante los años de la Primera Guerra Mundial, como otros de su generación, siguió con interés el devenir del conflicto bélico, tomando un claro partido por las tropas aliadas frente a los alemanes y austriacos.
Bernardo fue además un activo defensor y promotor del movimiento vecinal capitalino, concretamente en el entorno del barrio de Duggi. Ante el pleno municipal tomó la palabra para denunciar que “el 17 de mayo de 1922 un centenar de vecinos del barrio de Duggi, entre quienes se halla, presentó una instancia a la Corporación Municipal, pidiendo la urbanización de aquel barrio, cuyo estado de limpieza, alcantarillado, urbanización, conservación, etc., es bastante lamentable, y que no obstante el tiempo transcurrido nada se ha realizado” (15). De este proceso surgió el Patronato de Fomento y Defensa del Barrio, entidad que Bernardo presidió y que se mantuvo activa incluso en los primeros años de la dictadura.
Con la proclamación de la II República su papel será especialmente activo. Chevilly sentía que sus sueños políticos y democráticos que cumplían. Su voz fue una de las que se escuchó en los discursos de celebración realizados en los balcones del Gobierno Civil de la capital, donde, tal y como narró La Prensa, aseguró que “durante toda su vida ha venido laborando dentro de su modestia por la causa republicana, porque aprendió a sentir y querer la Democracia y la República de aquellos hombres insignes del republicanismo, ya desaparecidos, que se llamaron Pulido, Suárez Guerra, Azcárate, Calzadilla, y tantos otros que fueron, y cuya memoria vive en el corazón de todos” (16).
Formó parte del Partido Republicano Tinerfeño, donde fue elegido como representante en la asamblea insular de esta formación, donde estuvo acompañado por perfiles como el de Adolfo Benítez Castilla, Antonio Lara Zárate, Andrés Orozco Batista, Alfonso Delgado Lorenzo, Francisco Delgado Martín, José Naveiras Zamorano o Ramón Gil-Roldán (17).
La imagen principal que ilustra este texto viene de una jornada de especial emoción. El Partido Republicano celebró el 60 aniversario de la proclamación de la I República en el Restaurante La Peña. A este banquete asistieron numerosos veteranos miembros del republicanismo tinerfeño, que se tomaron una foto de gran valor histórico para recordar el evento (18).
En 1933 se volvió a celebrar un acto similar. Igualmente mantuvieron un encuentro republicano, donde fue el encargado de enviar un telegrama “al insigne repúblico Alejandro Lerroux felicitan en su cumpleaños los firmantes. ¡Viva Lerroux! ¡Viva la República!” (19).
Otro de los espacios en los que participó fue el Ateneo de Santa Cruz de Tenerife, promoviendo su recuperación y su trabajo junto a Gaceta de Arte en la exposición surrealista celebrada en 1934. Aunque inicialmente apoyó a la directiva presidida por Luis Wildpret, en noviembre de 1934 fue nombrado presidente de la entidad (20). También siguió siendo un destacado integrante del Partido Republicano Tinerfeño en un momento en el que muchos de sus integrantes pasaban a organizaciones nuevas como Izquierda Republicana o Unión Republicana. Esta situación y su ideario moderado, le hizo mantener una distancia con respecto al Frente Popular, donde se aglutinaron muchos de los republicanos salidos del viejo partido tinerfeño. Ejemplo de esta militancia fue la presidencia de la mesa de la asamblea celebrada en la sede de Juventud Republicana en septiembre de 1935 (21).
Con el golpe militar su vida vuelve a sufrir un giro. A pesar de sus formas moderadas, incluso de que dos de sus hijos participan en la guerra movilizados por los franquistas, muriendo uno de ellos en el frente de Lleida en junio de 1938 (22), la dictadura no tendrá piedad. Le tocó a la fuerza esconder su ateismo y sus ideas democráticas, dedicando versos al crucifijo o en un acto de homenaje a los golpistas en los micrófonos de Radio Club (23), tal vez pensando que evitaría un perjuicio para la familia, el proceso de señalamiento fue implacable.
Además del proceso judicial ya comentado, su nombre apareció en el periódico falangista Amanecer señalando que se inicia un proceso de depuración “por orden de la Superioridad a los señores don Bernardo Chevilly Hernández, Celador del Cuerpo de Guardería Forestal; don Francisco Siverio Alonso y don Andrés Perdomo Cruz, Guardas forestales municipales para depurar sus actividades político-sociales” (24). No solo eso, como ocurrió con la de otros intelectuales insulares, y como afirma el veterano investigador Eliseo Izquierdo, “los falangistas quemaron su valiosa biblioteca” (25).
El certificado médico emitido durante el proceso judicial de responsabilidades políticas advertía que Chevilly padecía “desde hace muchos años de diabetes y arteriosclerosis, siendo su estado actualmente de relativa gravedad, agudizado por sufrimientos morales” (26). La persecución judicial, la muerte de uno de sus hijos, el bloqueo de sus ahorros y el miedo a perder su hogar, fueron, como en otros casos que hemos estudiado, clavos del ataúd del viejo republicano. En 1940, sin acabar esta ceremonia de persecución, falleció en la capital. Su esposa tuvo que seguir con la penosa labor de pedir clemencia, que afortunadamente logró en 1943 (27), en una familia más que había quedado rota por la decisión de unos militares antidemocráticos. Su nombre y su memoria sigue borrada en un municipio que conserva 130 distinciones a figuras de la dictadura. En una ciudad donde trató de aportar cultura e ideas avanzadas, además de mejorar el entorno concreto del barrio de Duggi, presidiendo la entidad vecinal desde 1923 hasta 1937.
Imágenes obtenidas de Fotos Antiguas de Tenerife, hemeroteca Maresía de la Universidad de La Laguna y Jable de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Fuentes utilizadas
Ortega Abraham, L (1994). Chevilly. Carlos Chevilly de los Ríos. Viceconsejería de Cultura y Deportes Gobierno de Canarias p73
Chevilly, B. Recuerdos del tiempo viejo. La "Juventud Republicana" del año 1890. La Prensa. 21 de abril de 1932 p4
La Opinión. 18 de abril de 1899 p1
Gente Nueva. 19 de febrero de 1900 p2
La Opinión. 6 de agosto de 1900 p3
AHPLP. Expediente número 17 de 1940 del Tribunal de Responsabilidades Políticas contra Bernardo Chevilly y otros
Boletín Oficial del Gran Oriente Español. 29 de enero de 1912 p6
El Progreso. 30 de junio de 1906 p1
La Opinión. 3 de julio de 1906 p2
La Opinión. 26 de marzo de 1907 p1
El Progreso. 18 de diciembre de 1909 p2
Ortega Abraham, L (1994) Op cit p18
El Progreso. 6 de diciembre de 1923 p2
La Prensa. 15 de abril de 1931 p1
El Progreso. 29 de mayo de 1931 p2
La Prensa. 12 de febrero de 1932 p8
Hoy. 5 de marzo de 1933 p1
Hoy. 28 de noviembre de 1933 p8
La Prensa. 28 de septiembre de 1935 p8
Gaceta de Tenerife. 21 de junio de 1938 p2
Gaceta de Tenerife. 22 de septiembre de 1936 p6
Amanecer. 23 de septiembre de 1937 p3
Izquierdo, E (2019). Encubrimientos de la identidad en Canarias. Seudónimos y otros escondrijos en la literatura, el periodismo y las artes. Instituto de Estudios Canarios. San Cristóbal de La Laguna p121
AHPLP. Expediente número 17 de 1940 del Tribunal de Responsabilidades Políticas. Certificado médico elaborado por el doctor Vicente Bernabé Galván.
Boletín Oficial de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife. 23 de junio de 1943. p1







Comentarios