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Perseguidos de la Comarca Nordeste lagunera. La memoria de Saturnino Díaz Melián y Aureliano Díaz Melián



El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 provocó una ola de ilusión y esperanzas. En pueblos como la Punta del Hidalgo y Tejina, bajo un control histórico del caciquismo, surgieron espacios de organización sindical de los maltratados jornaleros. El 28 de abril se había organizado el Sindicato de Trabajadores de la Tierra en Punta del Hidalgo y el 30 de mayo se formó la Federación Obrera de Tejina, muy ligada a la UGT. Se han cumplido noventa años de ese hito organizativo.

Como sabemos gracias al gran trabajo “En Rebeldía. Once desaparecidos de La Laguna durante la Guerra Civil” (2012), la directiva de la primera entidad la componían las siguientes personas: presidente, Aurelio Díaz Melián, secretario, Marcos Melián Suárez, tesorero, Saturnino Díaz, vocales Jacinto Méndez Suárez y Sebastián Suárez. La Federación tejinera tenía como presidente, Leoncio Rodríguez; vicepresidente, Tomás Hernández González; secretario, José Gutiérrez Ramos; vicesecretario, Tomás Hernández López; tesorero, Manuel Cairos Díaz; vocal 1º, Florencio Hernández Herrera y vocal 2º, Hilario Méndez Cairós.

Los hilos de la memoria me llevan a los dos hombres de la imagen, a la izquierda. Aurelio Díaz Melián, a la derecha, Saturnino Díaz Melián, ambos nacidos en la Punta del Hidalgo, tío bisabuelo y abuelo de mi compañera de vida, Patricia Díaz.

Punta del Hidalgo en 1930 (Fotos Antiguas de Tenerife)

La Punta del Hidalgo había sido un espacio olvidado y maltratado de la geografía tinerfeña. Unos pocos propietarios, como la familia González de Mesa y, estrechamente vinculada a esta por matrimonio, Benito Pérez Armas, tenían un importante número de hectáreas dedicadas a plataneras y tomates, que daban trabajo a unos cientos de trabajadores. La precariedad, la emigración y la miseria había sido parte de la historia constante de la zona. A pesar de todo, ya en 1925 se vivieron episodios de resistencia, como el caso de las 200 matas de plataneras tronchadas

En 1931, poco después de proclamarse la II República, José Méndez Suárez, vecino de la zona, reclamaba en la prensa la puesta en marcha de dos nuevos centros escolares, al encontrarse las aulas, como la de la maestra Sebastiana González Falcón, desbordada con 78 alumnas matriculadas. Esperaba que las nuevas autoridades “amantes como buenos republicanos de la instrucción de los niños”, abordaran la necesaria obra. Pocos podían acabar sus estudios, conocer de letras y números era casi un lujo. Saturnino Díaz había nacido el 29 de noviembre de 1912, era hijo de Nicolasa Díaz Melián, una vecina que había estado empleada en una de las casas de los señores de la zona y quedó embarazada, sin que el padre reconociera al niño. Lo único que facilitó esa relación fue el pago de las clases que hicieron al joven Saturnino una persona más ilustrada que la media.



Su tío, Aurelio Díaz, había tenido que emigrar a Cuba siendo joven, de allí regresó casado con Dolores Bethencourt Quintana, conocida como Lola la cubana. De vuelta a la Punta del Hidalgo compró tierras y trató de hacer su vida con la producción y exportación de tomates.

La II República había aportado una efervescencia política y una esperanza en una mejora para esa mayoría de trabajadores y gente humilde. En la campaña de las elecciones de febrero de 1936 se habían celebrado actos en toda la zona, como los mítines celebrados el 2 de febrero en Tejina, la Punta del Hidalgo y Tacoronte, a cargo de miembros del Frente Popular como Oscar Pestana, Antonio Núñez, Luis Rodríguez Figueroa y Nicolás Mingorance.

Dar el paso para organizar un espacio que luchara por la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras de la tierra de la zona no era cualquier cosa. Hacerse visible en un espacio pequeño, donde todos se conocían, requería de una especial fuerza de voluntad. Aurelio Díaz se apoyó en los estudios de su sobrino para hacerlo tesorero de la nueva entidad, que solo tenía 24 años en ese momento.

En la zona se habían vivido episodios de lucha social, en especial en Tejina, donde en mayo de 1936 el “Gremio de Oficios Varios, peones del campo, de la zona” había promovido una huelga de trabajadores agrícolas que se resolvió con la intervención del delegado del Gobierno Civil, José María Martín, uno de los desaparecidos tras el golpe. El conflicto por las mejoras estaba todavía vivo, el 23 de junio de 1936, Manuel Vázquez Moro, el Gobernador Civil, “llamó a su despacho a una comisión de agricultores de la zona” para abordar las demandas del colectivo.

Con la llegada de la dictadura una de las primeras acciones del nuevo régimen fue acabar con cualquier movimiento de defensa de los trabajadores, además de los espacios ligados al modelo republicano. Los patronos de las grandes empresas agrícolas y de exportación no querían voces críticas con su modelo. Aurelio Díaz Melián fue detenido, tal y como contó su hija al investigador Luana Studer. Primero pasó por la cárcel de La Laguna y después fue trasladado a Fyffes. Allí estuvo retenido hasta 1938, cuando en abril se apuntó a un canje de prisioneros en el que más de 400 internos pidieron participar. Fue uno de los 98 prisioneros canarios que acabaron en Barcelona en septiembre de ese año, cuando a la República le quedaba poco tiempo de vida. A partir de 1939 fue uno de los cientos de miles de refugiados que acabaron en Francia, una estancia que se prolongaría durante años, donde quedó separado de su mujer y sus tres hijos.



No sería el único vecino de La Punta sometido a proceso de represión. Al menos tres jornaleros más de la zona fueron perseguidos, es el caso de Marcos Melián Suárez, de 34 años, militante socialista, casado, que fue interventor del Frente Popular, Vicente Suárez Suárez. soltero, y Miguel Melián Pérez, soltero. A veces la persecución llegó a niveles tan peculiares como el proceso contra la vecina residente en Tejina, Dominga Montesdeoca García, de 61 años de edad, y de “ideas disolventes”, que fue procesada por colocar “en un postigo de su domicilio una escoba y en telas o trapos de los colores de la bandera republicana”.

La sociedad quedó sumida en un silencio forzado, perdiendo muchos de los derechos laborales adquiridos y de los avances educativos. La Guerra Civil además generó un grave daño a la precaria economía local. Las propias autoridades franquistas reconocerán el crecimiento del hambre “[…] en los barrios de Tejina, Punta del Hidalgo y Valle de Guerra, deben ser también atendidas dado su gran número de habitantes que se hallan en la miseria más absoluta”.


Durante cuarenta años se impuso un silencio forzado sobre las víctimas, sobre los maestros y maestras sometidos a depuración, los forzados al exilio y sobre las esperanzas de una sociedad que creía necesario acabar con el analfabetismo. Recordar a quienes quisieron aportar su esfuerzo para lograr una sociedad mejor, es un deber que todavía sigue pendiente.


Fuentes consultadas

  • El Progreso. 3 de junio de 1925

  • Studer Villazán, Luana et al (2012) En Rebeldía. Once desaparecidos de La Laguna durante la Guerra Civil en Tenerife. Le Canarien ediciones. Santa Cruz de Tenerife.

  • Rodríguez Acevedo, JM. (2008). Caciquismo y cuestión agraria en Tenerife (1890-1936). tesis doctoral de la Universidad de La Laguna

  • Studer Villazán, L.(2023). Voces silenciadas. La represión franquista sobre las mujeres en La Laguna. Le Canarien ediciones. La Laguna.

  • Rivas García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis Doctoral de la Universidad de La Laguna

  • La Prensa. 27 de mayo de 1931 p4

  • La Prensa. 28 de enero de 1936 p1

  • La Prensa. 30 de enero de 1936 p3

  • Gaceta de Tenerife. 16 de mayo de 1936 p6

  • La Prensa. 17 de junio de 1936 p1

  • La Prensa. 25 de junio de 1936 p1

  • Boletín Oficial del Estado. 8 de agosto de 1940 p3677

  • Boletín Oficial del Estado. 31 de enero de 1941 p493


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