Quedaban apenas siete meses para la derrota de la República y todavía se luchaba en la feroz batalla del Ebro. En septiembre de 1938 llegaban 98 canarios a Barcelona y muchos recuperaban su sonrisa. Habían alcanzado su libertad, tras más de dos años en las prisiones franquistas.
Desde finales de 1937 la Cruz Roja, junto a organismos internacionales, había iniciado un intento de canje de presos de ambos bandos. El proceso no tuvo que ser fácil, ya que implicaba que los propios presos se inscribieran de forma voluntaria para ese posible canje, sabiendo que durante meses muchos otros compañeros habían sido desaparecidos o fusilados por menos. El miedo a este procedimiento lo vemos plasmado en los recuerdos escritos por dos presos de la época. José Antonio Rial, en Fyffes, indica que un compañero, amenazado por una condena a muerte, “se atrevía a incluirse en una relación que muchos llamaron lista negra” (1). Se refiere a la preocupación de que estos listados solo fueran una excusa para una matanza de prisioneros. José Rodríguez Doreste, en el campo de concentración de Gando, recordó “la inesperada y sorprendente noticia originó en todos nosotros confusos y contradictorios sentimientos. De un lado temíamos que fuese una cruel y refinada añagaza”, dijo en sus memorias. El maltrato sufrido hacía temer que todo fuera una “trampa gigantesca” (2). El miedo era lógico.
La prensa golpista llegó a recoger este proceso de canje, en ediciones donde se destacaba que su ejército tenía a finales de 1938 a 210.000 prisioneros del bando republicano. Indicaban que una comisión nombrada por el Gobierno inglés era la encargada de gestionar “el canje de prisioneros y presos políticos en España”, que ya se había puesto en funcionamiento en la ciudad francesa de Toulouse, intermediando entre los representantes del gobierno de Burgos y el de la República (5).
Según diversas fuentes, el listado final de canjeados estaba “compuesto a partes iguales por militantes del PSOE, de la CNT” (6). La crónica de La Vanguardia del 2 de septiembre de 1938 abordó el proceso por el que los presos se proponían y dice que “cuatrocientos treinta y tantos fueron los inscritos en los primeros momentos, a pesar del régimen de terror existente y de que en otras ocasiones quienes habían mostrado deseos de pasar a la zona republicana fueron castigados con dureza, alcanzando también en algunos casos la represión a sus familiares”. No hay que olvidar que, además de los miedos a las posibles listas negras, la realidad de los avances de las tropas franquistas llegaba a las prisiones y podría haber generado un mayor nivel de reticencias.
A pesar de todo, el 18 de agosto salió de Fyffes un primer contingente de 123 presos, que fueron embarcados en el barco vapor Dómine, llegando al día siguiente a Cádiz. De allí fueron llevados en unas condiciones muy difíciles a las prisiones de Ondarreta en San Sebastián, y de Azpeitia, en Guipúzcoa, donde el maltrato aumentaría. Los propios presos declararon como estaban en “una habitación que apenas medía nueve metros cuadrados se hacinaban 25 hombres y apenas les daban de comer” (7)
El 29 de agosto un grupo de ochenta y cinco presos llegados de Tenerife y doce procedentes del grupo de Melilla logrará finalmente cruzar a Francia por la frontera de Irún, llegando a Cataluña el 1 de septiembre (8). Un número idéntico de personas ligadas al franquismo había realizado el mismo recorrido, aunque en este caso saliendo de la embajada de Cuba en Madrid, donde permanecían refugiados (9).
Los recién llegados dejaron bastantes testimonios de lo que habían vivido. Sobre las condiciones de salubridad soportadas durante esos dos años señalaba que “el hedor ahogaba. Para los 1420 presos había solo doce retretes, dos o tres siempre atascados. Los platos se lavaban donde se lavaba la cara y los pies y las escupideras de los tuberculosos” (10). Para esos días ya había muchas víctimas de estas condiciones de vida, una de ellas el joven pintor. Luis Ortiz Rosales, fallecido un año antes a raíz de las infecciones.
De los canjeados tenemos un excelente análisis de sus principales perfiles en la tesis doctoral de Ramiro Rivas, que está disponible online (11). Alrededor del 70% eran jornaleros y obreros agrícolas, marineros, carpinteros, mamposteros, fundidores, pintores, electricistas, camareros y portuarios. Cerca del 15% eran funcionarios y empleados públicos, maestros, guardias municipales y de asalto, empleados administrativos o aparejadores. Por lugares de origen tenemos que de Santa Cruz de Tenerife son entre un 35–40%, del Norte de Tenerife entre el 20–25%, laguneros entre el 8–10%, del Sur tinerfeño, casi la misma cantidad que el anterior, mientras que de otras Islas no llegan al 7% y de otros puntos del Estado alcanzan apenas el 12%. El periódico Frente Rojo resumió su situación al llegar a Barcelona, “todos ellos traen en sus rostros las huellas de largos y duros padecimientos. Cansados, débiles, despojados de cuanto tenían” (12).
Posiblemente no sabían que desde el verano de 1936 ya se habían conformado espacios de apoyo y solidaridad con los canarios que lograban llegar al territorio leal a la República. Personas a las que la Guerra les sorprendió en Madrid, Valencia o Barcelona, además del flujo de evadidos que fue llegando en los meses siguientes, conformaron espacios como el Frente Antifascista Canario. La llegada a la capital catalana fue un reto para estos espacios, al realizarse en un momento especialmente delicado. Las mermadas fuerzas de la República se debilitaban poco a poco, con unas autoridades de las democracias europeas que les ignoraban o directamente les saboteaban en sus intentos de lograr armas y recursos. Mientras, Franco, recibía ingentes cantidades de fondos, tropas y armas de Alemania y de Italia, a pesar de los embargos internacionales que en teoría funcionaban.
Algunas figuras destacadas ligadas a Canarias serán las primeras encargadas de la recepción de estos antiguos prisioneros. El diputado comunista Florencio Sosa, Lucio Illada, de la Federación de Trabajadores de La Orotava, el diputado socialista de Gran Canaria, José Junco Toral y su compañero Emiliano Díaz Castro, serán algunas de las figuras que reciben a los viajeros. Todos “les ofrecieron ayuda para atenderlos en todo cuanto fuera necesario y resolver su situación actual” (13). Socorro Rojo en Cataluña ofreció en el Centro Canario ubicado en la Rambla de Cataluña Nº104 “una entrega de ropas y un vino de honor dedicados a los compañeros canarios” (14).
Mientras eso pasaba alrededor de una treintena de presos canarios seguía en las cárceles vascas pendientes de un segundo canje, que nunca se realizó. Allí tendrán que aguantar hasta que el 3 de febrero de 1940 las autoridades franquistas optan por devolverlos a Tenerife. En ese grupo estaban personas como Jesús Illada Quintero o Jacinto Alzola Cabrera. También había mujeres, caso de la líder lagunera, Isabel Tabares Tabares, secretaria de la sección tabaquera de la CNT, que regresará de esta odisea enferma, falleciendo en abril de 1941 (15).
Los canarios habían llegado a una ciudad desconocida para la mayoría, que además había sido cruelmente bombardeada. Pocos días después el mismo lugar que recibía a los canarios veía partir a miles de jóvenes de las Brigadas Internacionales, que desfilaron por las calles de la ciudad rodeados por unos 200.000 catalanes vecinos de la capital que les rindieron homenaje. Casi cuarenta mil jóvenes de medio mundo habían luchado por la República, la cuarta parte había dejado su vida en los campos de batalla. Mientras eso pasaba los miembros de las organizaciones canarias trataban de lograr documentos y opciones de vida para los recién llegados. En el Centro Documental de la Memoria Histórica se conservan numerosos documentos de este tipo, en su mayoría emitidos por el diputado Florencio Sosa.
La situación física de la mayoría de los liberados, sumada a su edad y a la propia situación de la guerra hizo, en la mayor parte de los casos, que tuvieran un papel pasivo en el conflicto. En su mayoría acabarían sumándose la mayoría a la gran salida al exilio de cientos de miles de personas refugiadas. En Francia tendrán que soportar los campos de concentración de refugiados españoles y después la llegada de una nueva guerra. De los canjeados, un número significativo acabarán siendo deportados a los campos de trabajo nazis, en especial Mauthausen y su anexo, Gusen. Es el caso de los palmeros, Juan Rodríguez Pérez, Aniceto Duque Pérez, Fidel Reyes Pérez y Martín Medina Reyes. Todos morirían en ese terrible destino. Entre los tinerfeños canjeados vemos como el alcalde republicano de Santa Úrsula, Román García Martín, logró sobrevivir. No tuvieron la misma suerte el concejal lagunero, Sebastián Perera, ni el anarquista Francisco Afonso García, ni el concejal sanjuanero, José Dorta Díaz, ni el socialista de Garachico, Manuel González Abreu o el gran canario Rafael Martín Pérez (16). El vecino de La Orotava, Ángel Mejías Zamorano si logró sobrevivir de forma milagrosa, al ser llevado al campo nazi a sus 53 años de edad, saliendo en libertad en 1945 (17).
La consecuencias finales de este proceso no fue el esperado por la mayoría, que de verdad creían que la justicia se impondría a la barbarie. La guerra ya estaba perdida en 1938, solo les quedaban sufrimientos de exilio y persecución, algunos volvieron a las cárceles franquistas, otros quedaron en manos de los nazis y un puñado optó por el exilio en México, Venezuela o Francia. Canarias sufrió la pérdida irreparable de estos casi cien hombres sensibles, formados y combativos, que seguramente hubieran ayudado que la tierra que hoy conocemos fuera algo mejor.
Fuentes consultadas
Rial, JA. (2003). La prisión de Fyffes. Tenerife / Gran Canaria: Centro de la Cultura Popular Canaria. P226
Rodríguez Doreste, J. (1978). Cuadros del penal (Memorias de un tiempo de confusión). Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, España: Edirca p177
Listados de la Cruz Roja española. Lista 1024 D.G. (solicitadas por la República): Propuestas de canje. Provincia De Tenerife. Fechada a 30 de septiembre de 1937.
El Diluvio. 10 de diciembre de 1936 p8
La Prensa. 1 de septiembre de 1938 p4
Anaya Hernández, L. A., Alcaraz Abellan, J., Suárez, A. O., & Millares Cantero, S. (1989). Huidos, evadidos, desertores y canjeados. Los canarios republicanos en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, 1936- 1945. Santa Cruz de Tenerife: Cabildo Insular de Fuerteventura y Cabildo Insular de Lanzarote. Obtenido de Memoria Histórica del Gobierno de Canarias.
La Claridad. 2 de septiembre de 1938 p3
Rivas García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis Doctoral de la Universidad de La Laguna p2312
Falange. 2 de septiembre de 1938 p2
Frente Rojo. 3 de septiembre de 1938 p5
Rivas García, R (2015). Op cit. pp2314-2317
Frente Rojo. 2 de septiembre de 1938 p4
Claridad. 3 de septiembre de 1938 p3
El Día Gráfico. 11 de septiembre de 1938 p7
Rivas García, R (2015). Op cit. pp2309-2317
Mata, N. (2006). Un canario en Mauthausen. Memorias de un superviviente del holocausto nazi. Arafo-Tenerife. Centro de la Cultura Popular Canaria. Pp48 a 63
Medina Sanabria, P. (2016). Ángel Mejías Zamorano, tinerfeño superviviente de Mauthausen: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2016/09/24/angel-mejias-zamorano-tinerfeno-superviviente-de-mauthausen/






Comentarios