El 24 de febrero de 1995 se apagó la vida de un tinerfeño extraordinario, Arístides Ferrer García. Sin que muchos lo supieran, había sido uno de esos intelectuales peligrosos para la dictadura, que pagó con años de cárcel sus ideales. Sufrió como tantos la terrible práctica de castigar a científicos, artistas e intelectuales, algo que no solo tuvo un coste personal, también supuso un enorme retroceso cultural y educativo que costó décadas recuperar.
Arístides había nacido en Arafo el 18 de abril de 1910, aunque se trasladó con apenas once años a Santa Cruz de Tenerife, al quedar su madre viuda (1). A pesar de este cambio de aires, su pueblo natal siempre ocupó un lugar en su desarrollo vital futuro. El traslado le facilitó poder avanzar en sus estudios y ese paso transformó su vida.
El primer testimonio que nos deja la prensa escrita de su vida, al menos que he podido recabar, procede de un acto solidario de 1922. Participó en una recaudación de fondos para los niños rusos que sufrían a consecuencia de la guerra civil que azotaba su país, una iniciativa de la escuela del profesor Rafael Gaviño, ubicada cerca del Parque Recreativo de la capital (2). Al año siguiente, con solo doce años, logró superar “el período preparatorio de la carrera de comercio”, todo ello con “brillantes ejercicios de matemáticas” (3).
Poder estudiar en una sociedad azotada por el analfabetismo y que había sufrido mucho a consecuencia de las limitaciones para el comercio frutero y el turismo que trajo la Primera Guerra Mundial, era un lujo, pero también daba herramientas para entender la sociedad. Ferrer tenía solo 16 años cuando participó en su primer proyecto asociativo. Lo hace como vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Comercio, que en ese mismo año de 1926 la preside un joven de origen gomero, Guillermo Ascanio (4). Ese ilustre hijo de Vallehermoso era tres años mayor que él, y después estudiaría Ingeniería, convirtiéndose en uno de los referentes del comunismo en Canarias, además de luchador y víctima de la defensa republicana de Madrid. No cabe duda que en esa época la política ya formaba parte de su día a día, en una sociedad que sufría los escándalos de la Dictadura de Primo de Rivera, que se indignaba con los desastres de la guerra colonial en Marruecos y la decadencia de la monarquía. En el curso siguiente será Ferrer el encargado de asumir la presidencia de esta entidad asociativa (5).
A pesar de las distancias, empeorada por unas carreteras muy deficitarias, Arístides siguió manteniendo contacto con Arafo. En diciembre de 1926 asistió al banquete celebrado en los salones de Unión y Progreso de esa localidad, donde se rendía un homenaje a Belisario García Siliuto, director de la banda de música Nivaria (6). El joven estudiante hizo uso de sus conocimientos adquiridos, realizando una transcripción taquigráfica de los discursos del evento, agradecida y destacada por La Prensa (7).
La fuerza de su raíz arafera queda clara si vemos acciones como el artículo que publica y firma junto a Rodolfo García, José Pérez, Santiago Marrero, en el que criticaban la nefasta conexión en guagua entre su pueblo y la capital. En la carta al editor dicen que desde que la exclusiva de transporte empezó a funcionar, las guaguas, poco aptas y con ventanas sin cristales, por las que entraba el polvo del camino, provocaban un incómodo “traqueteo de los desvencijados e insoportables asientos”, generando que llegaran ”extenuado e imposibilitado para dedicarse a las múltiples ocupaciones que le llevan a la capital” (8).
Entre 1929 y 1931 tuvo que realizar varios viajes a Madrid para culminar sus estudios. Lo hace justo en un momento clave, en una sociedad que se mueve a un nuevo escenario, donde el republicanismo avanzaba en el conjunto de la sociedad, de forma muy especial en los sectores obreros y los más formados. Las fechas históricas parecen rozarle continuamente en sus idas y venidas a capital española. El 17 de abril de 1931, recién declarada la II República regresó a Tenerife (9). Llegó en un momento de efervescencia política y de libertades recobradas. Desde ese momento ya es pública y abiertamente militante del partido socialista. El 9 de mayo de 1931 ya figuraba como promotor de la primera agrupación socialista del Sur de Tenerife, constituida en su pueblo natal de Arafo (10).
Los socialistas tinerfeños quisieron presentarse a la sociedad con un manifiesto dirigido a la juventud, firmado por Olegario Castro Fortuny, Horacio Pérez Cruz, José Arozena, Francisco Aguilar, Oscar Pestana y el propio Arístides Ferrer. En el texto aseguran que defenderán “la República naciente ideológica y materialmente de la reacción”, afirmando que este cambio permitiría “producir en este, nuestro aletargado ambiente provinciano corrientes que traigan aires de la Europa nueva”. Sus reclamaciones básicas se centraban en la mejora educativa, con el avance en la Universidad, la creación de escuelas “para todos los pueblos y caseríos de la Isla”, además de una “acción netamente obrera (…) como método más eficaz de liberación”, que permitiera sumarse “al gran movimiento universal, instaurador en un futuro próximo de una era de justicia social” (11).
Su peso orgánico fue importante. En esa misma época consta como uno de los firmantes del manifiesto en el que aclaran que las noticias de una posible candidatura conjunta con el Partido Republicano Tinerfeño. Sus autores se reafirman en el rechazo de las bases insulares socialistas. El texto, iba firmado por las Agrupaciones de Tenerife por, “Lucio Illada, Emiliano Díaz Castro, Florencio Sosa Acevedo y Arístides Ferrer; por las Agrupaciones de La Palma, José Cáceres Madan, y por las Agrupaciones de la Gomera, Ulises Herrera” (12).
Pocos días después salía a la luz la nueva directiva de la Juventud Socialista, en la que aparece José Arozena como presidente, Juan Manuel Trujillo como vicepresidente, Óscar Pestana como secretario, Diego López como bibliotecario, Arístides Ferrer como contador, Horacio Pérez como tesorero y los vocales, Francisco Aguilar, Olegario Castro y Luis Wildpret (13). Este último sería también profesor de Comercio con él, dando clases de alemán.
Su labor profesional estará muy ligada a la educación. En 1932 fue nombrado ayudante de la cátedra de cálculo comercial y álgebra financiera de la Escuela Profesional de Comercio, en Santa Cruz de Tenerife (14). Esta labor como profesor y profesional dejó una honda huella en la sociedad tinerfeña, que ni siquiera el franquismo pudo evitar. Trató de hacer real esa idea de lograr la liberación de las personas a través de la enseñanza, que tanto peso tuvo en su primer manifiesto político.
La República le permitió convertirse en un activista político sin cortapisas. En el agitado año de 1933, cargado de huelgas y movilizaciones sociales en Tenerife, será una de las voces de las Agrupaciones Socialistas en actos como la reunión mantenida con el Gobernador Civil, poco después de la Huelga General de enero (15).
Ferrer ya militaba en la UGT en esa época, y además también ejercía de profesor en la Academia Comercial Moderna, ubicada en la antigua calle Fermín Galán de la capital (16). En su faceta profesional, logró ser elegido como vicepresidente de la Junta de Gobierno del Colegio Pericial Mercantil de Santa Cruz de Tenerife (17), espacio en el que volvería a participar años después.
Una de las muestras más claras de su labor activista la dio a raíz de la gran huelga agrícola del Norte de Tenerife. Miles de trabajadores y trabajadoras del sector platanero habían mantenido un largo conflicto por unos mejores salarios. El hambre empezaba a apretar en muchas casas y eso suponía un riesgo para el sostén de la lucha, ya que muchos hogares tenían menores que cuidar. La decisión, como forma de apoyo a estas familias, promovida principalmente por sindicatos como la CNT y partidos como el PSOE y el PCE, fue la de acoger a los niños y niñas mientras durara el conflicto. Arístides Ferrer es uno de los que responde al llamamiento hecho por la Juventud Socialista (18). La acogida, que incluía la organización de clases escolares con voluntarios, se hizo en un ambiente hostil. El gobierno republicano había quedado escorado a la derecha en las últimas elecciones y dio apoyo policial a las grandes presiones de los patrones terratenientes isleños, que no tardaron en cobrarse ese agravio. Varias de las personas que colaboraron en esa tarea acabarían sumándose a la fosa oceánica abierta por la dictadura, caso de América González, Inocencio Delgado o Francisco Delgado Herrera.
Quizás los meses de ausencia le permitieron pasar desapercibido durante las primeras semanas. No aparecía en candidaturas políticas o como apoderado del Frente Popular. Se había trasladado a Bajamar y, desde allí, esperaba que el golpe militar fuera solo un mal sueño pasajero. Muchos creían que desde Madrid se iba a retomar la normalidad. Las noticias que llegaron a muchos militantes era que los militares habían fracasado y que los principales centros económicos estaban en manos de la República. Bajo pseudónimo le mandó una carta a Julia Mesa, compañera de partido en Arafo. Quizás pensó que así pasaría el estricto control militar de la correspondencia, pero no fue así. Frases como “la situación sigue buena para nosotros”, “sigo muy esperanzado, las últimas conquistas de los periódicos son mentiras”, “hemos conquistado mucho”, “abrazos fuertes a todos los compañeros” y un último “abrazo revolucionario”, bastaron para su detención el 22 de agosto y articular un proceso judicial contra él (21).
El pleno del Cabildo franquista no tardó en retirarle la beca que había obtenido (22). El Consejo de Guerra se celebró el 16 de septiembre de 1936 en el salón de actos del cuartel del regimiento de Infantería Tenerife número 38 (23). La Causa 205/1936 fue rápida e implacable, como todas en esa época. La condena por esa carta y su militancia fue de seis años y un día de prisión mayor, la acusación de los golpistas no dejaba de ser una paradoja, “excitación a la rebelión” (24). Ahí empezó una etapa que le marcó de por vida.
Nuestro protagonista fue parte de ese grupo de presos que estuvo entre los dos principales penales de Canarias, Fyffes y Gando. Juan Rodríguez Doreste, militante socialista grancanario que años después lograría la primera alcaldía de la democracia recobrada en Las Palmas, dejó un grato recuerdo de su encuentro con Ferrer. En sus memorias afirma que fue la fecha del 12 de octubre de 1936 la de la llegada de los primeros grupos de presos desde Tenerife a Gando (25). En un penal superpoblado fue elegido para asumir labores de “jefe del campo”, representando a los presos y ejerciendo de enlace con la dirección militar. Se encargó de funciones como los “turnos para atender menesteres ordinarios: barrido matinal del campo, descarga de las provisiones para el penal, de las cestas y encargos para los penados” (26). Otro de los prisioneros, el intelectual y periodista Antonio Junco Toral, lo recordó en sus memorias del presidio como uno de los brillantes integrantes del amplio grupo de estudios que se desarrollaban en el patio A del penal (27). La tarea de estos presos con formación fue incluso más allá. Aprovecharon sus conocimientos y los largos meses de condena para poner en práctica una auténtica escuela, dando clases a compañeros sin estudios o que querían mejorar sus habilidades. En 2005 el lagunero Francisco Javier Hernández González, exmilitante de la CNT, ya centenario, recordaba como había llegado a la prisión sin saber leer ni escribir y como gracias a figuras como la de Arístides Ferrer, con los que aprendió mucho: “aprendí alí, siempre estaba estudiando, también aprendí contabilidad....” (28).
Su importancia queda ratificada por su presencia en la lista enviada por Cruz Roja para realizar un proyecto de canje de presos en el año 1937 (29). La lista recoge buena parte de las figuras más activas de las fuerzas de izquierda, aunque por esa época, una parte de ellas ya habían sido ejecutadas, en la mayor parte de casos de forma extrajudicial.
La huella que le dejó este estrecho contacto con algunos de los vecinos más ilustrados e implicados de la sociedad de Gran Canaria, con los que tuvo que compartir su suerte, se convirtieron en amigos de largo tiempo, ligándose en los siguientes años a la vida cultural de la Isla. A finales de 1939 o quizás principios de 1940 Arístides fue enviado al penal de Fyffes, donde terminó este ciclo. El Boletín Oficial del Estado del 19 de julio de 1940 recogió su libertad provisional (30). Había pasado cuatro años entre rejas por una carta. La vida en el exterior había cambiado. La miseria y el hambre se extendía, muchas de las personas más brillantes de su generación se habían esfumado o no podían ejercer su profesión. Era una vida de uniformes, actos patrióticos, un arte de regusto imperial, además de muchas cruces y vírgenes. Los partidos políticos democráticos y los sindicatos estaban ilegalizados, la prensa y la cultura controlada por la censura.
Tertulias como la de Granados o la del Águila se convirtieron en pequeños espacios de resistencia cultural, donde se daban cita figuras como el poeta Pedro García Cabrera, el pintor Antonio Torres, el maestro y arqueólogo Luis Diego Cuscoy o Luis Álvarez Delgado (31), personas que como él habían sufrido los embates de la represión y las depuraciones. También lo mencionan en las tertulias donde participaba el popular escritor de novelas, Víctor Debrigode Dugi, que en la capital “reunían también, algunos hijos de Ramón Gil Roldan (especialmente Julio, Ramón y a veces Inocencio), Arístides Ferrer, Crosita, Virgilio Díaz Llanos, Román Morales Rufino y su hijo Román” (32). Estos encuentros culturales iban más allá de las fronteras de Tenerife, acudiendo a varios en Gran Canaria, en los que se encontró con antiguos compañeros de penal, como el periodista Juan Sosa, compartiendo tertulias literarias en el Museo Canario junto a su viejo amigo Juan Doreste, además de Federico Sarmiento o Manolo Millares (33), que no tardaría en repetirse (34).
Los espacios culturales eran refugios necesarios para los que querían alejarse del ambiente asfixiante de la dictadura y Arístides no faltó a esas citas. Fue el caso del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz y el Ateneo de La Laguna. El primer espacio era promotor de la Revista Gánigo, dedicada a la poesía y el arte, en la que colaboraban viejos compañeros de partido, como Pedro García Cabrera. Sus suscriptores y colaboradores parecían listados de represaliados, allí estaba siempre su nombre, entre 1953 y 1969. En 1971 también decide dar el paso de formar parte de la directiva del Ateneo, donde ejerció de contador. Lo hace en una presidida por otro antiguo preso del franquismo, José María Martinón Tresguerras, también viejo militante socialista, igual que su vicepresidente, Alberto de Armas García (35).
A nivel profesional llegó el momento en el que era imposible ignorar a personas del prestigio y la formación del nivel de Arístides Ferrer, que ejerció su labor como profesor de la Escuela de Comercio, donde ejerció por tres lustros la presidencia de su junta (36). Además de eso, en 1968 fue nombrado miembro del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de las provincias, correspondiente a Canarias, Guinea y África Occidental Española (37).
El fin de la dictadura le devolvió la esperanza en mejoras y avances que durante años habían tenido que esperar. En 1980 se jubiló, tras una larga y exitosa trayectoria profesional, siendo celebrado y homenajeado, también por parte del boletín de la agrupación socialista capitalina (38).
Su muerte en 1995 dejó numerosas muestras de cariño y respeto por el viejo profesor, por el activista y por el amigo. Terminaba su vida, pero lo hacía tras recuperar la libertad con mayúsculas, esa que había perdido durante tantos años. En un último gesto de generosidad, en 1985 su amplia biblioteca fue donada para crear una biblioteca pública en el pueblo que le vio nacer. En 1999 se anunciaba que la misma se iba a ubicar en la que fue casa de otro vecino ilustre, Secundino Delgado, adquirida en esa época por el Cabildo insular (39). Su labor y su memoria es objeto de labores actuales, como las que lleva a cabo la fundación que lleva su nombre, un ejemplo más del legado humano e intelectual que dejó, a pesar de todos los impedimentos que tuvo que afrontar.
Fuentes consultadas
Ficha de Arístides Ferrer en la página de la Fundación Pablo Iglesias: https://fpabloiglesias.es/entrada-db/27583_ferrer-garcia-aristides/
La Prensa. 21 de abril de 1922 p2
La Prensa. 27 de septiembre de 1923 p1
La Prensa. 16 de noviembre de 1926 p2
“La Asociación de estudiantes de Comercio ha elegido la siguiente junta directiva para 1927-28: Presidente, don Arístides Ferrer; vicepresidente,don Rafael Llarena León; secretario, don Antonio Hernández; vicesecretario, don Francisco Valladares; tesorero, don Francisco de la Rosa; contador, don Juan Castro Díaz; vocales, don José Sosa Suárez, señorita Candelaria Hernández y don Domingo Miranda”. La Prensa. 6 de diciembre de 1927 p3
El Progreso. 29 de diciembre de 1926 p1
La Prensa. 30 de diciembre de 1926 p2
La Prensa. 23 de agosto de 1928 p2
La Prensa. 17 de abril de 1931 p3
Fariña Rodríguez, A y Studer Villazán, L. (2015). La Segunda República y la guerra civil en la memoria de un militante socialista: el caso de Álvaro Fariña Rodríguez. III Jornadas de Historia del Sur de Tenerife. Arona. p146
La Prensa. 19 de junio de 1931 p3
" ...Vista la nota publicada en los periódicos de esta capital, en la que se decía que se reanudaba la Conjunción con el Partido Republicano Tinerfeño, se hace constar que dicha resolución: es NULA en cuanto rompe el primer acuerdo decisivo de ruptura tomado en la Asamblea del día 22, por los Delegados oficiales de todas las Agrupaciones delas islas y por estar en contraposición con la esencia ideológica del P.S.O.E. y sus principios de disciplina” .Brito, O. (1976). Síntesis histórica del movimiento obrero en Canarias. Segunda parte. Revista Campus. La Laguna p12
La Prensa. 2 de julio de 1931 p5
Actualidades: Semanario ilustrado. 10 de octubre de 1932 p8
Hoy. 26 de enero de 1933 p3
La Prensa. 6 de octubre de 1933 p3
Gaceta de Tenerife. 7 de marzo de 1934 p5
La Prensa. 22 de septiembre de 1934 p3
Gaceta de Tenerife. 10 de octubre de 1935 p2
La Prensa. 10 de julio de 1936 p3
Fariña Rodríguez, A y Studer Villazán, L. (2015). Op cit p160
AICT. Acta de sesiones del 27 de agosto de 1936, folio 184
Gaceta de Tenerife. 16 de septiembre de 1936 p5
Gaceta de Tenerife. 25 de septiembre de 1936 p5
“Formaban parte del contingente antiguos y queridos compañeros, tales como Arístides Ferrer, Pepe Rodríguez Barreto, Domingo Molina Albertos, antiguo director del diario santacrucero Hoy, Juan Domínguez Pérez, el médico, Antonio y Manuel Macias, médico y practicante gomeros, un grupo impresionante de palmeros, Carrillo, Manuel Pérez, Chiquito, Sixto Concepción, etc”. Rodríguez Doreste, J. (1978). Cuadros del penal (Memorias de un tiempo de confusión). Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, España: Edirca p163
Idem p145
“A la hora que nos dejaban, hora de sol, salíamos casi todos y nos desparramábamos entre los demás compañeros que abarrotaban el patio. En el patio A, sentados en la acera, la valiente peña tinerfeña se afanaba en el estudio. Hombres de izquierda por convicción y por tradición. Manlio Rodríguez Figueroa, abogado, que sobrellevaba con serenidad ejemplar el asesinato de su padre y su hermano en Tenerife. El dolor lo refugiaba en el estudio incesante del Derecho. Domínguez, el médico joven, animador de presos y enfermos. Arístides Ferrer, el profesor mercantil que sabía de todo”. Junco Toral, Antonio. (2022). Héroes de la chabola. Memoria del encarcelamiento en prisiones y campos de concentración de Canarias durante la Guerra Civil. Editorial Mercurio. Madrid. P99
Bienmesabe: Revista digital. 4 de diciembre de 2005 p4
Listados de la Cruz Roja española. Lista 1024 D.G. (solicitadas por la República): Propuestas de canje. Provincia De Tenerife. Fechada a 30 de septiembre de 1937. Pagina 108
Boletín Oficial del Estado. 19 de julio de 1940. p5039
Ascanio Gómez, R. Antonio Torres González, la vida entre rejas de un artista canario: https://latadelgofio.blogspot.com/2025/10/antonio-torres-gonzalez-la-vida-entre.html
Cabrera, R. (2015). Debrigode live. Revista digital Bienmesabe: https://www.bienmesabe.org/noticia/2015/Enero/debrigode-live
El eco de Canarias. 4 de diciembre de 1965. p12
“Nombres y nombres desfilaron por nuestros labios. El de Domingo Pérez Trujillo, Elfidio y María Rosa, Pedro García Cabrera, Domingo Pérez Minik. Verdugo, Gutiérrez Arvelo, ¡qué se yo! Y de acá: el de Mario Pons, Paco García, Felo Monzón, Plácido, Manolo Millares, Ventura, Pepe Naranjo, Federico Sarmiento...”. El eco de Canarias. 8 de septiembre de 1966 p17
Canarias Gráfica. 1 de febrero de 1971 p40
Diario de Avisos. 29 de marzo de 1980 p5
El eco de Canarias. 3 de octubre de 1968 p23
A la izquierda. Junio de 1980 p30
Anarda siglo XXI. 1 de mayo de 1999. p40








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