Este
lunes se cumplirán 90 años de las últimas elecciones de la
República, una jornada de emociones que sirvió de excusa que
necesitaban los que no creían en las legalidad democrática para
hacerse con el poder.
La
imagen que usamos hoy, coloreada gracias a las nuevas tecnologías,
se tomó en el exterior de una de las mesas electorales de Cabo
Llanos. Gente sencilla y humilde se apelotonaba en largas colas, con
la esperanza de un futuro mejor. Esa zona tenía una numerosa
población obrera que votaron masivamente por las fuerzas de
izquierda. Muchos sufrirían graves consecuencias a partir de julio
de 1936, con la ilegalización de las fuerzas obreras y republicanas
y la detención de numerosas personas, además del envío forzado a
la Guerra.
Desde
finales de 1935 ya se intuía que no tardaría en convocarse unas
nuevas elecciones. El gobierno del Partido Radical y la CEDA, cada
vez más escorado a la derecha, mantenía unas mayorías
insuficientes y con crisis continuadas, además de algunos
escándalos. Gil Robles, el líder de la CEDA, veía en la Alemania
de Hitler el referente más claro de su acción política. Usaban una
bandera roja con un cuadrado blanco y dentro una cruz y simbología
bíblica en negro, que recordaba a la insignia nazi. Su lema era
viejo, aunque también actual,
“Religión,
Familia, Patria, Orden, Trabajo y Propiedad” y llamaban a su líder,
el jefe, imitando la idea del Führer o Duce italiano. En
octubre de 1935 alardeaba su líder con que “No habrá golpe de
Estado. El "golpe" que no podrán evitar, es el del gran
éxito derechista en las próximas elecciones que se celebren” (1).
Tras las votaciones harán todo tipo de llamamientos y movimientos
para no respetar los resultados, tocando también a los militares
menos amigos de la República.
Colegio electoral de la Calle del Pilar en 1936
Entre
1933 y 1935 se había intensificado el nivel de represión contra los
sindicatos y las organizaciones políticas, que se sumaba a la
tensión vivida en procesos revolucionarios y huelgas, como la de
Asturias o en el caso de Canarias, los Sucesos de Hermigua, la huelga
agrícola del Norte de Tenerife o la Tabaquera. La justicia, los
viejos poderes locales y las derechas en el Gobierno, apretaban para
lograr un retroceso general de los avances conseguidos en los
primeros dos años de República. Cientos de personas acabaron en las
cárceles y el movimiento por su liberación tomó cierta fuerza
social.La
derechización del poder era evidente, como pasaba en el resto de
países con el proceso de crisis económica global. Enrique
Malboysson Ponce, Gobernador Civil de Tenerife nombrado a mediados de
1934, no tenía problema a la hora de reconocer en la prensa “vea
usted Alemania, después de las duras crisis pasadas, ha encontrado
el hombre templado que ha equilibrado, por ahora, las fuerzas del
país”, refiriéndose al pintor frustrado austriaco (2).
Enrique Malboysson Ponce y su esposa
La
situación general era de una tensión que no dejaba de crecer y ese
contexto provocó una extraordinaria movilización en las fuerzas de
las izquierdas. Gil Robles por un lado y Manuel Azaña por el otro
celebraron dos mítines masivos el 21 de octubre de 1935. Se calcula
que el de Izquierda Republicana, realizado en Madrid, había logrado
la asistencia de varios cientos de miles de personas (3). La
distancia entre unos y otros se escenificaba con claridad.Esas
tensión política también se palpaba en Canarias. En noviembre el
escenario del Teatro Leal de La Laguna acogió un acto
tradicionalista, con la presencia de figuras ligadas al carlismo,
como María Rosa Urraca Pastor, que poco después sería una firme
defensora del franquismo, aparecía “vestida de negro, con el
Crucifijo al pecho y fajín encarnado”, mientras vítores y gritos
de rechazo se combinaban entre el público (4). El mitin acabó con
un choque entre asistentes y un grupo de militantes de la CNT. Su
discurso no se desviaba de los anteriores, había que acabar con la
República y volver a los valores tradicionales.
Mitin de Izquierda Republicana en el Parque Recreativo
La
sociedad tinerfeña mantenía un ajustado equilibrio entre sectores
de las izquierdas y de las derechas, tal y como analizó en su tesis
doctoral Ramiro Rivas. Las luchas sociales y políticas entre ambas
tendencias provocó la ruptura del poderoso y central Partido
Republicano Tinerfeño (PRT), una parte de sus miembros más
destacados habían ido formando espacios como el de Izquierda
Republicana o Unión Republicana (5). Los primeros celebraron el 10
de noviembre de 1935 un mitin masivo en el Parque Recreativo de la
capital tinerfeño, protagonizado por dos históricos del PRT como
Luis Rodríguez Figueroa y José Carlos Schwartz, junto al diputado
extremeño, Antonio de la Villa. Schwartz manifestó “...que no
cree que la República sea la sustitución de una enseña por otra
(...) ha de ser algo de una honda transformación”. Igualmente
fueron muy críticos con la gestión del gobierno central, que había
procedido a disolver alcaldías donde las izquierdas tenían
mayorías, caso de La Orotava (6).Las
fuerzas de las izquierdas en esa etapa ya empezaban a dibujar
claramente una unidad que sabían necesaria para frenar lo que veían
como una deriva derechista y represiva de la República. El 17 de
noviembre en el Teatro Leal se celebró un acto público que estaba
organizado por la comisión Pro-Frente Popular, en el que tomaron
parte Santiago Albertos (socialista), José Carlos Schwartz
(Izquierda Republicana) y Florencio Sosa Acevedo (comunista) (7). Las
formaciones sabían que sin esa unidad no se podría alcanzar un
cambio que permitiría detener procesos como el fusilamiento de
militantes y la libertad de los presos, además de muchos avances
sociales y laborales pendientes de alcanzar. El Partido Comunista
llegó a afirmar en sus manifiestos para las elecciones de febrero
que “Fuera
del Bloque Popular, nadie puede luchar ni lucha práctica y
eficazmente contra las derechas fascistas y en defensa de la
República, y hay que considerar que al margen de éste todos los que
permanezcan favorecen a la reacción y luchan, de hecho, por el
triunfo de esta” (8). Los resultados no los desmintieron.
En
esa misma etapa Acción Popular Agraria era la organización con
mayor peso entre las derechas tinerfeñas integradas en la CEDA, con
nombres de rancio abolengo como José
Víctor López de Vergara y Larraondo, Félix Benítez de Lugo o
Ramón González de Mesa. Durante ese mismo otoño celebraron actos
destacados en Tenerife y La Palma. En estos eventos darán mucho peso
a los discursos para “salvar a España” y argumentos sobre las
“las virtudes raciales de la raza hispana” (9).
Las
Juventudes Socialistas organizaron un mitin el 1 de diciembre en el
cine La Paz, en la que Santiago Albertos recordó la importancia de
la unidad de acción, usando para ello “los ejemplos de Italia y
Alemania y Austria, donde, por debilidad y negligencia de sus
dirigentes, las masas gimen hoy bajo un régimen de tiranía” (10).
Con
la llegada de 1936 y la convocatoria formal de las elecciones para el
16 de febrero se aceleró el proceso de alianzas de las izquierdas,
que el 15 de enero cerraron un acuerdo, que en el caso de Canarias se
alargaría hasta 19 de enero, donde Izquierda Republicana, el Partido
Socialista, el Partido Comunista y Unión Republicana acuerdan las
candidaturas finales (11). Por su parte, el Partido Republicano
Tinerfeño decidió concurrir por separado, siendo el exministro
Andrés Orozco una de sus caras visibles, justificando esta decisión
en el factor moderador que aportaban a la política insular y en
que “no se hubiera buscado la formación de este mismo bloque
moderador, a base de aquellos partidos que existían ya, sin
necesidad de recurrir a caprichosas improvisaciones” (12).
La
campaña electoral en Tenerife estuvo caracterizada por una intensa
actividad propagandística. Los mítines se multiplicaron en Santa
Cruz, La Laguna, La Orotava, Icod, Puerto de la Cruz y numerosos
municipios del norte y sur de la isla.
El
Frente Popular desplegó una amplia red de actos simultáneos. El 19
de enero de 1936 se celebraron mítines en el Parque Recreativo,
Teatro Leal, Tacoronte, La Cuesta, El Tablero y El Sobradillo. A
finales de enero y principios de febrero, la coalición extendió su
propaganda a prácticamente todos los municipios insulares.
Especial
relevancia tuvo el acto celebrado en el Teatro Guimerá el 11 de
febrero de 1936, aniversario de la I República, en el que con la
participación de los candidatos del Frente Popular y una notable
asistencia de público (13). Los líderes de esa candidatura serán
Luis Rodríguez Figueroa, Emiliano Díaz Castro, Elfidio Alonso
Rodríguez y Florencio Sosa Acevedo (14). El primero de ellos dejó
claro en una entrevista ofrecida a La Prensa qué escenario podría
darse en caso de una victoria de la derecha, que haría retroceder a
“los tiempos abyectos del viejo caciquismo, paralizando el libre
ejercicio de la ciudadanía y supeditando el progreso de los
intereses colectivos al capricho y a los bajos apetitos de la
política personalista y de revancha” (15). Su preocupación
acabaría cumpliéndose, pero no fruto de las urnas.
El
profesor Miguel Ángel Cabrera señala en su obra sobre la etapa
republicana el nivel de actividad de esa última campaña electoral,
destacando que solo en La Palma, entre el 10 de enero y el 14 de
febrero hubo en torno a unos 80 actos de propaganda electoral de las
distintas tendencias (16).
Las
derechas también desarrollaron una campaña intensa. Acción Popular
Agraria organizó mítines en Icod, Puerto de la Cruz y Realejo Bajo.
El líder de la CEDA, José María Gil-Robles, insistía en presentar
la contienda como una lucha entre revolución y contrarrevolución
(17).
En
la Provincia tinerfeña había 154.354 votantes llamados a las urnas.
Los municipios de Santa Cruz de Tenerife, San
Cristóbal de La Laguna, La Orotava, Puerto de la Cruz e Icod de los
Vinos, donde el movimiento obrero tiene especial fuerza y presencia,
agrupaban el 32,38 % del total de electores de la provincia, siendo
lugares donde la campaña fue especialmente intensa. La capital
tinerfeña, con 21.829 electores, tenía un enorme peso dentro de
este contexto.
A
pesar de que desde las derechas se anunciaba un escenario electoral
dominado por “huelgas
y movimientos revolucionarios” (18), lo cierto es que la jornada
fue tranquila. La cronista derechista tinerfeña, María del Bueno
Núñez, describía que la jornada en la capital transcurrió en “un
día templado y azul. Un día típico tinerfeño, saturado de belleza
y de alegría. Desde muy temprano la animación en las calles era
extraordinaria; iban a celebrarse las elecciones que habían de
decidir la suerte de España y los habitantes de Santa Cruz, en gran
mayoría, acudieron a los comicios”. A pesar de su clara
disconformidad con el resultado, aseguró que “se formaron las
mesas electorales, menos tres o cuatro, por falta en unas de adjunto,
y en otras del presidente, y la elección se realizó sin ruidos ni
disputas” (19).
El
Frente Popular fue el que sumó más apoyos en la provincia
tinerfeña, logrando cuatro diputados, uno de Izquierda Republicana,
Luis Rodríguez de la Sierra y Figueroa; un socialista, Emiliano Díaz
Castro; un comunista, Florencio Sosa y uno de Unión Republicana,
Elfidio Alonso. Uno de ellos será asesinado y tres vivirán un largo
exilio tras los sucesos del 18 de julio. Los resultados fueron a
pesar de todo muy reñidos entre derechas e izquierdas, con una
abstención oscila entre el 30% y 40% de los electores, que, aunque
menos que en otros comicios, estaban bastante influidos por las
posiciones anarquistas y una CNT que, aunque no llamó a votar,
tampoco hizo campaña abierta por la abstención en esta ocasión
(20). El histórico PRT quedó en la total insignificancia, situado
en tierra de nadie, a pesar de haber sido el eje central de la
política insular en los cinco años anteriores.
Candidatos del Frente Popular por la provincia de Santa Cruz de Tenerife
Aunque
con el paso de las semanas se empezaron a hilar teorías
conspiratorias sobre el resultado electoral, la prensa más
conservadora, como Gaceta de Tenerife, reconoció al día siguiente
de los comicios que una “enorme masa de votantes se ha movilizado”
y que a falta de datos finales había una mayoría de “unos
doscientos sesenta diputados para el Frente Popular”, mientras que
solo habían alcanzado “unos ciento sesenta para el Frente
Contrarrevolucionario” (21). El 19 de febrero, las noticias de la
victoria de las izquierdas generó movimientos de alegría en
numerosos lugares. Según La Prensa, “a las seis de la tarde se
organizó una manifestación en la Plaza de la Constitución, al
frente de la cual iban los señores Rodríguez Figueroa, Alonso (don
Elfidio), Díaz Castro, Sosa Acevedo, Schwartz y otros destacados
elementos de izquierdas y de los organismos obreros”. Las
celebraciones acabaron con calma y sin incidentes, con discursos en
el balcón del Gobierno Civil y en los del Ayuntamiento capitalino.
Allí, el recién elegido como diputado, Luis Rodríguez Figueroa,
acabó sus discursos recomendando a todos que “siguieran la misma
conducta que hasta ahora, o sea de tranquilidad y cordura,
encareciéndoles que se disolvieran pacíficamente” (22). La
tranquilidad y las esperanzas despertadas no tardarían en quedar
arrasadas a sangre y fuego.Para
muchos fue una de sus últimas grandes jornadas de alegría política.
El resultado sirvió de excusa perfecta para preparar un nuevo
escenario. Si las urnas no valían, las armas serían la siguiente
vía para las fuerzas tradicionalistas. Me resulta increíble pensar
que esto pasó apenas cuarenta años antes de nacer yo y que, ahora,
haya quienes quieran volver a tiempos de retrocesos y de
cuestionamiento de la democracia.
Fuentes
utilizadas
1 Gaceta
de Tenerife. 5 de octubre de 1935 p1
2 Gaceta
de Tenerife. 23 de octubre de 1935 p3
3 Hoy.
22 de octubre de 1935 p5
4 Gaceta
de Tenerife. 5 de noviembre de 1935 p8
5 Rivas
García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis
Doctoral de la Universidad de La Laguna.
P176
6 Hoy.
12 de noviembre de 1935 p1
7 La
Prensa. 15 de noviembre de 1935 p2
8 Cabrera
Acosta, M.Á. (1991). La II República en las Canarias Occidentales.
Santa
Cruz de Tenerife. p565
9 Gaceta
de Tenerife. 12 de diciembre de 1935 p8
10 Hoy.
3 de diciembre de 1935 p6
11 Cabrera
Acosta, M.Á. (1991). Op cit p564
12 La
Prensa. 15 de febrero de 1936 p1
13 La
Prensa. 11 de febrero de 1936 p1
14 La
Prensa. 13 de febrero de 1936 p1
15 La
Prensa. 15 de febrero de 1936 p1
16 Cabrera
Acosta, M.Á. (1991). Op cit p566
17 Gaceta
de Tenerife. 13
de febrero de 1936 p1
18 La
Prensa. 16 de febrero de 1936 p8
19 El
Siglo futuro. 3 de marzo de 1936 p21
20 Rivas
García, R (2015). pp176-180
21 Gaceta
de Tenerife. 19 de febrero de 1936 p1
22 La
Prensa. 20 de febrero de 1936 p1








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