A Domingo Molina Albertos lo borró de la memoria colectiva lo sucedido el 18 de julio de 1936. Aunque quizás no te suene, fue una de las voces más reconocidas del periodismo tinerfeño de la primera mitad del siglo XX, una figura sensible y activista.
El Boletín Oficial del 13 de marzo de 1941 anunció su salida de prisión. Habían pasado casi cinco años entre los muros de las prisiones franquistas sin dar un tiro, sin cometer la menor violencia, solo por sus ideales. Le acompañaban Heraclio Díaz Molina, Adolfo Bencomo García, Manuel Reyes Castellano y Antonio Sanz Milá, igualmente acusados en la pieza separada de la Causa 50 de 1936, contra quienes habían tratado recuperar la legitimidad democrática ante la toma del Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife (1). Tuvieron suerte, por ese mismo proceso se había fusilado al Gobernador Civil, Manuel Vázquez Moro, su secretario, Isidro Navarro, el presidente del Sindicato de Inquilinos, Francisco Sosa y el dirigente de Unión Republicana, Domingo Rodríguez Sanfiel. Otro de los imputados, Vicente Hormiga, había sido desaparecido a pesar de haber quedado absuelto (2).
La libertad no fue real, salía a una sociedad bien diferente, más gris, menos viva. Sus escritos desaparecieron de los medios, hasta la menor mención a su vida fue borrada. Tuvo que vivir en una tierra donde las organizaciones políticas democráticas estaban prohibidas, en la que decenas de organizaciones culturales o sindicales habían sido clausuradas, donde muchos intelectuales y artistas habían desaparecido, estaban presos, exiliados o tuvieron que agachar la cabeza y guardar silencio. Los periódicos, marcados con el yugo y las flechas o las águilas de San Juan, eran simples panfletos del nuevo régimen y hasta el mundo del deporte estaba más que limitado en sus expresiones.
Domingo había nacido en la capital tinerfeña el 7 de diciembre de 1903 (3). Parece que su nacimiento se produjo antes del matrimonio de sus padres, celebrado en 1905 (4), algo que sin duda tuvo que ser llamativo en la sociedad de la época. Su padre fue el lagunero Matías Molina Hernández, un comerciante de esa importante parte de la pequeña burguesía isleña. Era uno de tantos que había visto en el republicanismo una esperanza de cambio y mejora de una sociedad sometida a viejos valores clericales y a dominios de unas rancias familias nobiliarias, que cada día pintaban menos en la sociedad, pero que todavía ejercían un fuerte control social. Matías tenía un establecimiento comercial en la chicharrera calle Porlier Nº14 y también participó en actos políticos, como el banquete homenaje a Lerroux en el Hotel Pino de Oro (5), incluso en las elecciones de 1917, como candidato republicano en la capital (6). Sin duda ese interés por la política también se vivió en el hogar familiar.
La vida de Domingo estuvo sin duda influenciada por una sociedad que cuestionaba y enfrentaba a los viejos poderes insulares, agitada e inseminada por ideas de libertad y justicia que llegaban desde las tierras americanas, donde tantos habían emigrado y regresado, además de las lecturas de los focos revolucionarios de Europa. La educación fue sin duda un factor clave para favorecer esas ideas, que florecieron con especial fuerza en la capital tinerfeña.
Molina estudió en la Escuela de Comercio santacrucera, con unas notas no muy destacadas (7). Siendo un adolescente ya dará sus primeros pasos en la defensa de sus ideales. El 11 de febrero de 1919 se había vivido una brutal represión contra estudiantes de la Universidad de Granada, un estudiante había perdido la vida por los disparos de la Guardia Civil en una protesta contra el caciquismo. Solo cinco días después Tenerife celebró un gran acto juvenil en solidaridad con las víctimas de la represión caciquil en el Parque Recreativo capitalino. En el escenario estaban figuras veteranas del republicanismo, como Luis Rodríguez Figueroa, Ramón Gil-Roldán, Manuel Bethencourt y Andrés Orozco. Junto a ellos un puñado de jóvenes estudiantes, entre los que estaba un Domingo de apenas dieciséis años de edad, en representación de sus compañeros de la Escuela de Comercio, junto a sus compañeros Arturo Escuder y Rafael Fernaud (8).
Con la llegada de los años veinte Molina tomará cada vez un mayor papel como escritor y periodista. Sus trabajos se harán frecuentes en medios como Letras, La Mañana, el diario republicano El Progreso, El Agricultor y, especialmente, en la revista Hespérides. En este último medio ocupará la labor de redactor literario a partir de 1926, época en la que Eduardo Westerdahl ejercía de redactor jefe (9), llegando incluso a ejercer la función de Gerente de este medio escrito (10). Esta revista fue todo un intento de aportar una mirada cultural más avanzada y amplia, que dejó cierta huella. Domingo será uno de los encargados de valorar a través de un escrito, los avances logrados en su primer año de vida (11).
A estas funciones intelectuales hay que añadir su faceta en el ramo del Comercio, sumándose en 1923 a la directiva del espacio sindical del Centro y Montepío de Dependientes de la capital, ocupando el cargo de bibliotecario (12). En esta época Domingo vivía en el número 25 de la Rambla Pulido y tenía una pequeña empresa de guaguas (13).
La vida del joven Domingo transcurrió con cierta tranquilidad, disfrutando de encuentros y colaboraciones con figuras destacadas de su época, especialmente en el ámbito cultural. En 1928 participó en una excursión a unas Cañadas del Teide cubiertas de nieve, que tendrán una amplia cobertura en la Revista Hespérides. No era nada fácil esa experiencia en la época, en una Isla muy mal comunicada, quizás por ello le dedicaron el sobrenombre de “Rey de los Caminos (dirigiendo un «Buick»)” (14). De esta misma etapa data su primera labor en el ámbito deportivo, un sector que crecía y se organizaba, siendo elegido como miembro de la directiva del Club Deportivo Tenerife, donde las figuras republicanas fueron importantes en esta etapa (15). En la dirección de la entidad deportiva llegará a ocupar labores destacadas, como la de vicesecretario (16), siendo personas ligadas al republicanismo muy activas en lograr hitos, como los primeros pasos del campo de fútbol que hoy conocemos.
Esta década, alegre y apacible, acabará con la celebración de su boda. A los 25 años se casó en la iglesia de San Francisco con la que sería su compañera de vida en la agitación de sus siguientes años, María del Carmen Cano Llanera (17).
Los años treinta serán determinantes en su vida. Tras la dictadura de Primo de Rivera florecieron las esperanzas de un cambio y la nueva libertad permitió un nuevo salto organizativo de la sociedad. El 10 de febrero de 1931, en la sede de la Juventud Republicana de la capital, se celebró una asamblea en la que fue elegido como secretario de la organización, que estaba presidida por otro destacado periodista e intelectual, Elfidio Alonso (18). Con este periodista e intelectual llegó a mantener una estrecha colaboración durante años. Ambos no sabían en ese momento que apenas quedaban unas semanas para la proclamación de la II República. Los dos serán parte fundamental de una nueva y efímera experiencia periodística, el semanario republicano de izquierdas Proa, donde también colaboraron figuras posteriormente castigadas, como Ernesto Pestana Nóbrega y Antonio Guillermo Cruz. En representación de este periódico participó en el encuentro con el Capitán General de Canarias celebrado el 22 de abril de 1931, al que se convocó a todos los principales medios de la Isla (19). Nombres como los de Rial, representando a La Hora, Bartolomé Hernández por En Marcha o Pedro García Cabrera por El Socialista, serán los de futuros compañeros de represión, apenas cinco años después. Su labor en este medio de corta vida fue destacada incluso en el diario madrileño La Libertad, donde se calificó a sus jóvenes promotores como “animadores inteligentes” (20).
Seguramente había vivido con emoción las jornadas previas, en especial el día de la proclamación de la República, junto a miles de personas en las calles al son de La Marsellesa y del Himno de Riego. Al igual que su padre, Domingo militará en el republicanismo, progresista en las ideas, pero moderado en las formas, debido al fuerte peso de la burguesía comercial y urbana.
Desde los primeros meses del nuevo tiempo político, con las libertades recuperadas, estará presente en asambleas, como la celebrada en mayo de 1931 (21), y en mítines, tanto en el Norte como en el Sur de Tenerife. En Arafo, por ejemplo, fueron recibidos por el Himno de Riego, interpretado por la banda municipal. Participaron, como dejó testimonio el periódico La Tarde: “los señores Molina, Guillermo (don Antonio) y Dorta, pronunciaron discursos en defensa del ideario republicano” (22).
A partir de julio de 1932 será uno de los principales redactores del periódico Hoy, medio muy ligado al Partido Republicano Tinerfeño, donde permanecerá como cara visible y redactor hasta 1934. En 1933 fue elegido como representante de la patronal de transportes terrestres en el Patronato de Previsión Social nombrado por las autoridades republicanas (23). Igualmente, fue elegido como miembro de la Junta de Distrito de su partido, en la zona capitalina de Porlier (24).
El final de la etapa del bienio conservador en la II República devolvió un importante nivel de agitación al seno del viejo Partido Republicano Tinerfeño. El debate interno entre los sectores más centristas y los ubicados más a la izquierda, generó bastante polémica. Varias de sus figuras habían alcanzado un alto nivel de poder, como su viejo compañero Andrés Orozco, que en esa fase llegó incluso a ser ministro.
Luis Rodríguez Figueroa había promovido desde antes de 1934 la creación de espacios más alineados a la izquierda, promoviendo, entre otros, la llegada de Izquierda Republicana, al que poco después se sumarán otras figuras, como José Carlos Schwartz. El sector de Antonio Lara chocaba con el liderado por figuras como Víctor Zurita y Orozco, aunque tratando todos de preservar la marca del Partido Republicano insular de las rupturas que habían prosperado a nivel estatal. Domingo participará en la asamblea de septiembre de 1935, manteniéndose en la directiva (25), en esta jornada los más cercanos a Antonio Lara abandonaron la organización (26). No tardará mucho en hacer el mismo recorrido. Ya en 1936, con un nuevo proceso electoral a las puertas, acabó siendo parte activa de la creación de Unión Republicana en Tenerife, donde desde el 8 de enero ocupará la presidencia de la Asamblea de Santa Cruz de Tenerife (27). Eran quizás el sector más moderado de los que formaban parte y respaldaban al Frente Popular, pero estuvieron en la construcción y en el éxito de ese espacio político unitario en las elecciones de febrero de ese año.
No sabía que apenas le quedaban seis meses de libertad y parece como si la quisiera apurar. Su activismo lo llevará también a la directiva del Círculo de la Amistad XII de enero de la capital, que presidía en esa misma etapa una de las víctimas mortales de la Causa 50, Domingo Rodríguez Sanfiel (28), que también participó de la directiva de Unión Republicana, como secretario (29).
Las elecciones le llevaron una vez más a las tribunas y los mítines. En los días previos a los comicios de febrero estuvo en Chio, en Guía de Isora, y en Tamaimo, ejerciendo de orador junto a figuras como la de Pedro García Cabrera, José Arozena y Manuel Guadalupe (30). La victoria electoral les traerá una nueva alegría, tal vez la última.
En marzo, en nombre de su espacio político, visitará a Manuel Vázquez Moro, el Gobernador Civil recién llegado a la Isla (31) y en abril Unión Republicana celebró una nueva asamblea, donde participaron “gran número de afiliados”. A Domingo, como presidente del Comité Local, le tocó explicar el camino realizado por la nueva organización, de los proyectos por hacer y las reuniones mantenidas (32).
En esos meses el mundo a su alrededor irá girando cada vez más rápido, hasta la llegada del funesto 18 de julio. Ese día fue uno de los vecinos que desde por la mañana escuchará los rumores de un levantamiento militar. Activistas de derechas y militares habían tomando los puntos claves de la Isla, con un gran despliegue armado. Las noticias que llegaban desde Radio Unión Madrid a lo largo de la tarde parecía que ratificaban el fracaso del golpe, salvo en los archipiélagos y el Protectorado de Marruecos. Creyeron que era cuestión de horas que todo volviera a la normalidad y fue un grave error. Muchos militantes republicanos, anarquistas y socialistas se acercaron al Gobierno Civil, donde los golpistas tenían retenido al Gobernador y algunos de los responsables democráticos en la Isla.
Los dirigentes de Unión Republicana se habían reunido a primera hora de la tarde en su local y debatían sobre los pasos que debían dar. Un grupo acordó ir al domicilio de Domingo, que permanecía en su casa, en la Rambla Benítez de Lugo Nº11. En su domicilio ya estaba otro compañero, Tomás Quintero Espinosa. Allí llegaron Cándido Reverón González, Manuel Reyes Castellano y Rodríguez Sanfiel. Acordaron que ante las noticias del fracaso del golpe y para evitar situaciones de violencia e incluso de levantamiento obrero, tratarían de intermediar con los militares para que depusieran las armas. Por desgracia desconocían que los golpistas solo pensaban con hacerse con el poder, costara lo que costara. La tarde acabó con mucha gente en la Plaza de La República (hoy de La Candelaria) y un choque entre Guardias de Asalto y golpistas, que acabó con la primera las dos primeras víctimas mortales. Daba igual que no se desatara una resistencia armada en las calles o desde las fuerzas sindicales, iban a hacer pagar caro el intento de defender la legalidad, aunque sus únicas armas hubieran sido las palabras.
El 20 de julio el sargento Adrián Carrillo Fragoso irrumpió en el domicilio de Domingo para detenerlo y llevárselo, como a tantos otros destacados líderes políticos y militares leales, a la prisión de Paso Alto. Inicialmente, la conducta pacífica y moderada de Domingo, su peso social y como empresario, hicieron que fuera liberado poco después, pero en agosto volvió a ser detenido para ser procesado por al Causa 50 de 1936. En el juicio, cruel y marcial, sería condenado a veinte años de prisión (33), otros no tendrían tanta suerte como ya vimos. Sus siguientes años transcurrieron entre Fyffes y Gando. El doce de octubre del 1936 llegó a la prisión de Gran Canaria, en la que se llegaron a apelotonar a unos 1600 prisioneros. José Rodríguez Doreste, destacado socialista y otro de los presos, lo recuerda así en sus memorias de la prisión: “Formaban parte del contingente antiguos y queridos compañeros, tales como Arístides Ferrer, Pepe Rodríguez Barreto, Domingo Molina Albertos, antiguo director del diario santacrucero Hoy, Juan Domínguez Pérez, el médico, Antonio y Manuel Macias, médico y practicante gomeros, un grupo impresionante de palmeros, Carrillo, Manuel Pérez, Chiquito, Sixto Concepción, etc” (34). Según este mismo relato, Domingo participó con frecuencia en las actividades culturales y las tertulias que los prisioneros organizaban para tratar de entretener la mente. Allí permaneció hasta finales de 1939, tiempo en el que fue devuelto junto a un importante grupo de represaliados tinerfeños, a la prisión provincial de Tenerife (35). La intención de esos tránsitos era la de romper las posibles simpatías mutuas y cualquier intento de resistencia.
En 1937 fue uno de los registrados para el proceso de canje de presos elaborado por Cruz Roja, aunque no terminará saliendo de la Isla (36). Produce cierto escalofrío pensar que en esa misma página 96 del listado le acompañaban nombres como los del gomero Fernando Ascanio, el maestro José Galán o el concejal chicharrero, José María Martín, tres de los desaparecidos extrajudicialmente en esos mismos días.
Los años en prisión, como a tantos otros hombres y mujeres de su generación, le dejarán una honda huella, marcado por el miedo y el dolor, por las personas que cada noche salían para no volver más. Hasta 1946 vivirá con el yugo de un Proceso de Responsabilidades Políticas y otro del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo que se lleva hasta 1965, que pretende acabar con lo poco que le quedaba de su vida anterior, aunque finalmente acabarán sin efecto (37).
Su figura de escritor, activista social y político parece esfumarse. No hay ni una sola reseña o mención en la prensa. Su vida continuará dedicada a su familia y a su trabajo, quizás compartiendo viejos recuerdos de días mejores, hasta que el 28 de septiembre de 1981, en la ciudad en la que tantas cosas vivió, expiró su último aliento. Recordar su labor y su compromiso con un mundo que no pudo conservar es lo mejor que podemos hacer, para devolver un poco de sentido y dignidad a su existencia.
Fuentes utilizadas
Boletín Oficial del Estado. 13 de marzo de 1941 p1790
Medina Sanabria, P. Resumiendo pieza separada de la Causa 50 de 1936: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/10/18/pieza-separada-de-la-causa-numero-50-de-1936/
Diario de Tenerife. 10 de diciembre de 1903 p1
Diario de Tenerife. 23 de agosto de 1905 p1
El Progreso. 27 de mayo de 1915 p1
El Progreso. 12 de noviembre de 1917 p1
Diario de Tenerife. 12 de junio de 1917 p2
El Progreso. 17 de febrero de 1919 p2
Hespérides. 15 de agosto de 1926 p27
Hespérides. 27 de octubre de 1927 p5
“Como en todo transcurso de tiempo se ha marcado, evidentemente, una evolución y se ha sentado un precedente ejemplar tanto más valioso, a pesar de su modestia, cuanto más difícil de obtener en este ambiente nuestro tan característico, tan original, de tan peculiar psicología que no siempre fue pródigo en cruzadas culturales”. Hespérides. 2 de enero de 1927 p21
Gaceta de Tenerife. 6 de octubre de 1927 p2
Hespérides. 7 de febrero de 1928 p17
El Progreso. 25 de junio de 1928 p2
El Progreso. 19 de octubre de 1929 p3
La Prensa. 2 de octubre de 1929 p2
La Prensa. 11 de febrero de 1931 p5
La Prensa. 22 de abril de 1931 p1
La Libertad. 3 de septiembre de 1931 p10
El Progreso. 29 de mayo de 1931 p1 y 2
La Tarde. 4 de junio de 1931 p2
Gaceta de Tenerife. 3 de marzo de 1933 p2
Hoy. 16 de junio de 1933 p6
La Prensa. 28 de septiembre de 1935 p8
Cabrera Acosta, M.Á. (1991). La II República en las Canarias Occidentales. Santa Cruz de Tenerife. pp499-509
La Prensa. 25 de enero de 1936 p4
Hoy. 29 de diciembre de 1935 p6
AHPLP. Expediente de cargos del Frente Popular y entidades políticas. Caja 262. Cargos de Unión Republicana.
Hoy. 11 de febrero de 1936 p2
La Prensa. 18 de marzo de 1936 p5
La Prensa. 4 de abril de 1936 p2
Rivas García, R (2015). La Guerra Civil en Tenerife (1936-1939). Tesis Doctoral de la Universidad de La Laguna. pp 489-573
Rodríguez Doreste, J. (1978). Cuadros del penal (Memorias de un tiempo de confusión). Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, España: Edirca pp 163-174
“Iban en el pelotón, que yo recuerde, igualmente, Domingo Molina Albertos, inteligente y culto periodista, Ángel Mañero, el músico, don Cándido Reverón, un viejo republicano, gracioso y cascarrabias, que era un bendito de Dios, Pepe Rodríguez Barreto, animoso compañero del Puerto de la Cruz, Ángel Corpán, más bueno que el pan candeal, don Elías Zerolo, hijo del gran poeta tinerfeño don Tomás, que fue cumplida estampa del hidalgo canario, y otros amigos más, todos tinerfeños de naturaleza. Hasta que supimos su llegada a la otra cárcel, pasamos honda y preocupada incertidumbre, pues no estaban muy lejanos los tiempos en que estos aparentes traslados eran comienzo de un viaje sin fin”. Idem pp 144-145
Listados de la Cruz Roja española. Lista 1024 D.G. (solicitadas por la República): Propuestas de canje. Provincia De Tenerife. Fechada a 30 de septiembre de 1937. p106
AHPTF. Expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas. 1944-1946 RP 24-13








Comentarios