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115 aniversario de los sangrientos sucesos del 15 de noviembre de 1911



Este próximo 15 de noviembre se cumplirán 115 años de unos sucesos que dejaron seis obreros muertos y varios heridos en Las Palmas de Gran Canaria. El caciquismo se cobraba nuevas víctimas entre quienes soñaban que un mundo nuevo de justicia era posible. La respuesta de la sociedad fue masiva y unitaria, a pesar de la intensa campaña de promover el insularismo y la división entre islas.

A finales del siglo XIX y principios del XX, Gran Canaria había experimentado una profunda transformación económica vinculada al desarrollo de los nuevos cultivos de exportación (plátano, tomate y papa) y al fulgurante crecimiento del Puerto de la Luz. Este auge atrajo a millares de familias campesinas, muchas venían desde Lanzarote y Fuerteventura. El barrio de La Isleta, donde se asentaron en condiciones precarias, se convirtió en el refugio de estos emigrantes internos. En un contexto de falta de derechos y libertades, debían soportar duras jornadas laborales como estibadores y obreros del carbón. De este caldo de cultivo surgieron las primeras sociedades obreras y organizaciones gremiales. Un periodista de El Progreso, trasladado a la zona tras lo sucedido, plasma con palabras lo que se encontró en el barrio portuario: “La Isleta está habitada en su mayoría por los obreros dedicados a las faenas del puerto. Constituye un pueblo formado de casuchos construidos por los mismos trabajadores, con barro y piedra volcánica”.



En el plano político, el Archipiélago estaba en manos de una burguesía cada vez más rica y de una vieja aristrocracia que entroncaba con el origen de la sociedad colonial y las datas de repartimiento de las tierras más ricas y el agua. En el caso de las Islas orientales, el control político estaba en manos del Partido Liberal Canario, acaudillado por Fernando León y Castillo, con gran influencia en Madrid. Esta maquinaria oligárquica controlaba los resortes del poder local mediante un sistema caciquil que neutralizaba el típico modelo del turnismo de esa etapa de la Restauración borbónica. Sin embargo, este monopolio comenzó a ser contestado de manera frontal por el Partido Republicano Federal, liderado por José Franchy y Roca, cuyo arraigo entre las clases medias urbanas y los obreros del puerto no paraba de crecer. Franchy había nacido en Las Palmas en 1871. En 1902 fundó el periódico El Tribuno, medio que se convirtió en altavoz del Partido Republicano Federal y uno de los críticos principales del viejo caciquismo insular. Su figura fue clave en la organización del movimiento obrero de Gran Canaria, de sociedades y gremios de fogoneros, artes gráficas, marineros, dependientes, carpinteros de ribera, albañiles, pintores, estibadores... incluso fue promotor de las primeras celebraciones del primero de mayo. Esa fecha, de 1911, fue una movilización poco habitual, con más de 5000 personas en las calles de la capital. El miedo de los privilegiados, que temían perder sus enormes beneficios, se hacía cada día más evidente.

La jornada electoral de 1911 no fue una más. Las élites sabían que la entrada de concejales incómodos a unas instituciones que tenían totalmente dominadas, era un peligro. Ya en Tenerife se habían dado cambios de poder inesperado, donde los republicanos habían logrado asumir alcaldías como la de Santa Cruz o la de Puerto de la Cruz. La preocupación de los poderosos iba a favorecer una violencia descontrolada, incluso con la abrumadora mayoría que tenían ya asegurada, no querían perder ni un concejal en manos incómodas.



La tensión estalló en el distrito de Arenales en plena jornada electoral. Ante el temor de perder concejalías frente a la coalición republicana e independiente, los sectores leonistas recurrieron a maniobras fraudulentas y coacciones, que incluyeron la rotura de una urna en el colegio de Molino de Viento para forzar la repetición de los comicios. Algunas familias de La Isleta incluso habían sido amenazadas con ser arrojadas a la calle, en caso de no votar por los candidatos de León y Castillo.

La votación se reprogramó para el miércoles 15 de noviembre en un clima de absoluta efervescencia. Los métodos de control caciquil —con guardias municipales en los accesos y la presencia de falsos electores o "embuchados"— generaron indignación. Al mediodía, un falso rumor sobre la detención de José Franchy provocó el desplazamiento masivo de cientos de obreros desde el puerto hacia la ciudad. Aunque Franchy desmintió la noticia y pidió calma, un sector de los trabajadores permaneció congregado pacíficamente en las inmediaciones del colegio electoral.

Hacia las cuatro de la tarde, tras cerrarse las puertas del local para el escrutinio, se produjo un incidente menor —el impacto de una piedra contra una ventana— ese fue el pretexto. Sin que mediaran los toques de atención reglamentarios, el teniente de la Guardia Civil, Abella, ordenó abrir fuego contra la multitud. Las consecuencias fueron devastadoras. Los obreros Pedro Montenegro González, Cosme Ruiz Hernández y Juan Torres Luzardo caían muertos al momento. Otros tres, Vicente Hernández Vera, Juan Pérez Cruz y Juan Vargas Morales habían sido heridos de gravedad, muriendo a las pocas horas. También se produjeron otros heridos, entre ellos Antonio Sosa Molina y el joven Juan Vargas Morales (de 14 años).



El panorama para las familias de las víctimas era abrumador. La viuda de Cosme Ruiz, rodeada de sus tres hijos y medio ciega por una enfermedad, solo podía sollozar. Juan Vargas había dejado viuda y siete huérfanos.

La reacción social fue inmediata y unánime en todo el archipiélago. Los comercios cerraron sus puertas en señal de luto y los periódicos de distintas tendencias condenaron la brutalidad de la represión. Cuatro días después, el 19 de noviembre de 1911, entre ocho y diez mil personas participaron en una imponente manifestación silenciosa desde la Plaza de la Feria hasta el Cementerio de Vegueta para depositar coronas de flores sobre las tumbas de los obreros. La ausencia deliberada de la fuerza pública en dicha marcha garantizó que transcurriera sin incidentes, convirtiéndose en una conmovedora demostración de duelo cívico. Acudieron ese día representantes de las sociedades obreras, de los círculos republicanos, del Colegio de Abogados, de la Juventud Canaria, estudiantes, niños de las escuelas privadas y públicas, la prensa, delegaciones de colectividades de la isla y de las de Tenerife, La Palma, Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro.

Este trágico suceso transformó la fecha en un referente ideológico y de unidad para las izquierdas y el movimiento obrero canario. A lo largo de los años veinte y treinta, cada 15 de noviembre se renovaba la ofrenda floral y el recuerdo de los mártires como un símbolo de resistencia frente al caciquismo y, posteriormente, frente al fascismo, Solo durante la dictadura de Primo de Rivera y en los cuarenta años de franquismo, se detuvo ese recuerdo público a las víctimas.



En noviembre de 1916 el Ayuntamiento de Las Palmas decidió ceder un nicho a perpetuidad para las seis víctimas mortales. Allí, en el nicho 943, permanecen enterrados los obreros de La Isleta.

A pesar de los intentos institucionales posteriores por diluir responsabilidades —el teniente Abella resultó absuelto en un consejo de guerra celebrado en 1913—, la memoria de los sucesos quedó arraigada en el tejido popular de Las Palmas. Muestra de ello fue el acuerdo adoptado por el Ayuntamiento republicano en abril de 1931 para rotular seis calles de La Isleta con los nombres de los obreros caídos. En una de sus primeras decisiones políticas, la primera alcaldía republicana decidió nombrar “a la calle N, Pedro Montenegro González; a la Quinta, Cosme Ruiz Hernández; a la Sexta, Juan Vargas Morales; a la Séptima, Juan Pérez Santana; a la Octava, Juan Torres Santana; a la novena, Vicente Hernández Vera”.

El último gran homenaje con testigos directos de lo sucedido fue en noviembre de 1935 en el campo de fútbol de Las Palmas. Faltaban unos meses para el triunfo del Frente Popular y había decenas de obreros presos por el mandato de las derechas. Juan Medina de Aragón, uno de los que estuvieron ese 15 de noviembre de 1911 a las puertas del colegio electoral, recordó ante el auditorio como vio a “uno caer y al intentar levantarse fue rematado a conciencia”. Le siguió Rafael Monzón en la palabra, pintor y militante socialista, que aseguró que “se luchaba en aquella fecha por nuestra libertad, como lucharon aquellos que cayeron el 15 de Noviembre. Este año lo conmemoramos creando un fuerte frente único y diciendo: "El fascismo no pasará" “. El comunista Eduardo Suárez Morales pidió un recuerdo “a las víctimas que han caído”, pero sin “olvidar a nuestros presos, ni al hombre que perseguido y mientras se halla en prisión, ha visto morir a su compañero”. No podía imaginar que tres meses después sería elegido diputado y menos de un año más tarde, habría sido ejecutado por las balas franquistas.


Durante las cuatro décadas de dictadura la memoria de las víctimas de este episodio sufrió una absoluta censura. Ya en 1976, ya sin Franco, pero con una dictadura viva, un artículo sobre este tema del historiador Agustín Millares Cantero, fue incautado por la policía del régimen.

Cuando se cumplen 115 años de esta fecha, la lápida del nicho 943 del Cementerio de Vegueta sigue allí, custodiando los restos de los seis obreros. Y sigue interpelándonos. Como recordaba Juan Peña García en el centenario, «la memoria histórica es un saber que no necesita justificación utilitaria. Forma parte de nuestra cultura, pues conocer nos enriquece. Constituye parte de los cimientos de la sociedad, ya que no se puede vivir el presente y encarar el futuro sin asumir el pasado».

Los nombres de Pedro Montenegro, Cosme Ruiz, Juan Torres, Vicente Hernández, Juan Pérez y Juan Vargas no son solo un epitafio. Son el recordatorio de que la dignidad de un pueblo se mide por cómo trata a sus trabajadores, y de que la justicia, cuando llega tarde o no llega, deja una herida que solo la memoria colectiva puede mantener abierta para que no se repita. Esta misma semana, el 11 de noviembre, tendremos una nueva oportunidad de continuar la huella de su lucha, para seguir empujando en la misma dirección y siguiendo el camino de los mismos sueños.

Imágenes: Fotos Antiguas de Canarias 

Fuentes utilizadas

  • Gaceta de Tenerife. 17 de noviembre de 1911. pp1 y 2

  • El Progreso. 17 de noviembre de 1911 p1

  • La Prensa. 20 de noviembre de 1911 p1

  • La Prensa. 21 de noviembre de 1911 p1

  • El Progreso. 25 de noviembre de 1911 p1

  • Patria Isleña. 1 de noviembre de 1926 p4

  • La Prensa. 28 de abril de 1931 p1

  • Tribuna Comunista. Noviembre de 1980. Extra.

  • El Punta. 21 de noviembre de 1980 p15

  • PEÑA GARCÍA, J. (2019). Los rescoldos de la memoria: ofrenda floral a los obreros canarios asesinados en 1911. Bienmesabe.org

  • HURTADO DE MENDOZA, A. (1980). Franchy y Roca. Colección Guagua Las Palmas de Gran Canaria.


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