En una sociedad marcada por el caciquismo y el miedo hubo personas que decidieron dar un paso al frente para denunciar injusticias y organizar resistencias. Hoy quiero recordar a José Cabrera Díaz, una figura fundamental del movimiento obrero canario de principios del siglo XX en Canarias, que ha sido bastante ignorada y olvidada, a pesar de su importancia.
Periodista, escritor, organizador sindical y propagandista social, Cabrera Díaz desempeñó un papel decisivo en la articulación de los primeros gremios de trabajadores del archipiélago y en la creación de una conciencia colectiva entre unas clases populares que, hasta entonces, contaban con escasos instrumentos de representación y defensa de sus intereses. Su compromiso con la causa obrera tuvo un coste personal considerable: la persecución, los procesos judiciales, el encarcelamiento y, finalmente, la necesidad de abandonar Canarias.
Nacido en 1875, José Cabrera Díaz perteneció a una generación que vivió en su carne las profundas transformaciones políticas y sociales de finales del siglo XIX, además de los coletazos de un imperio español decadente y moribundo. Desde 1895 ya escribía en medios republicanos. Como miles de jóvenes canarios fue obligado a participar en los episodios bélicos de la monarquía hispana. A él le tocó afrontar la guerra de Filipinas, siendo designado recluta en febrero de 1897, donde, tras la derrota española, regresó como cabo repatriado en el barco Hespérides, en abril de 1899. Hay referencias que indican que durante su estancia en Filipinas escribió dando apoyo a las demandas independentistas, lo que lo llevó a prisión.
Al regresar a la isla, después de ver como cientos de jóvenes campesinos y obreros morían para mantener los negocios de cuatro viejos aristócratas, como los privilegiados pagaban para que sus hijos no tuvieran que ir a la guerra, de ver la miseria en la que vivían tantos compañeros y compañeras. En Canarias desarrolló una intensa actividad periodística en Santa Cruz de Tenerife, colaborando en publicaciones como La Palestra y La Luz. Su experiencia le amplió unos ideales ligados a un nacionalismo canario que tomaría distintas formas a lo largo de su vida. Sus escritos, caracterizados por un marcado tono democrático y una defensa constante de la libertad, la justicia y el progreso, pronto le proporcionaron notoriedad en los círculos intelectuales y periodísticos de la capital tinerfeña.
Su primera intervención destacada en el ámbito social estuvo relacionada con la organización de los empleados de comercio. En agosto de 1899, el periódico La Región Canaria celebraba la constitución de la Junta Directiva de la Sociedad de Dependientes de Comercio de Santa Cruz, iniciativa que atribuía al impacto de un artículo suyo titulado «Los dependientes de comercio», publicado en La Palestra. Se trataba de una primera muestra de su convicción de que la organización colectiva constituía una herramienta imprescindible para mejorar las condiciones de vida y trabajo.
No tuvieron que ser nada fáciles esos primeros pasos. Miguel de Unamuno plasmó pocos años después su mirada sobre la sociedad canaria que conoció durante el exilio, una población que huía y rechazaba la política. Le sorprendió encontrar que “a cada paso oía decir de alguno: "¿Ése? ¡Ése es un político!" Se habla allí en general de los políticos como de una especie aparte o como de hombres que se dedican a una profesión vitanda. Y son muchos, muchísimos, los que se jactan de su indiferencia respecto a la política. Y éste me parece que es uno de los más graves males de aquel país hermosísimo”. Esa mentalidad, forjada a base de siglos de una brutal represión y control caciquil, era la adaptación de una sociedad a un sistema, donde quien quería romper las barreras del régimen debía emigrar o morir. El caso de José Cabrera era una anomalía, aunque por suerte no era el único. Las ideas del republicanismo ilustrado, de la masonería, del primer socialismo y anarquismo, habían ido llegando a través de los puertos marítimos, generando pequeños grupos que servían de altavoz. La lucha en defensa de la educación, de la expansión de la cultura, en favor de la organización de las personas trabajadoras y un primer “regionalismo” que crecía en las islas, se sumaba, logrando algunos éxitos en localidades como Santa Cruz de Tenerife o el Puerto de la Cruz.
En 1900 fue cuando la actividad del joven periodista alcanzó una dimensión verdaderamente histórica. Cabrera Díaz promovió la constitución de la Asociación Obrera de Canarias, una organización que pretendía superar la dispersión de los trabajadores mediante la agrupación de los distintos oficios en gremios coordinados por un Consejo general. La iniciativa encontró una respuesta extraordinaria. En pocas semanas comenzaron a organizarse trabajadores de los sectores de la imprenta, panadería, carpintería, construcción, zapatería, tabaquería, herrería y otros oficios.
El 1 de agosto de 1900, en el Teatro Viana de La Laguna, José Cabrera plasmó las ilusiones que veía en el horizonte, la forma en la que “la humanidad contempla atónita en los últimos momentos del presente siglo el cúmulo de maravillosas creaciones que han surgido del pensamiento; la civilización la ilumina, borrando poco a poco el tenebroso fondo en que el espíritu humano yace, herencia de tinieblas debida a siglos de barbarie”. Es un texto que, aunque reivindica al Jesús bíblico, que se sacrificó, ya pone la mirada en un ideal laico que desarrollará más adelante.
El periódico Unión Conservadora, en su edición del 27 de agosto de 1900, describía el entusiasmo suscitado por la nueva Asociación Obrera de Canarias y daba cuenta de la constitución de diferentes gremios. El propio Cabrera Díaz presidió reuniones, explicó los reglamentos, defendió la autonomía de cada agrupación y promovió mecanismos de solidaridad y auxilio entre los trabajadores. La prensa de la época destacó que la Asociación había logrado agrupar a numerosos elementos de la clase obrera tinerfeña, rompiendo una tradición de desconfianza y escasa participación asociativa.
Su concepción del movimiento obrero presentaba algunos rasgos particulares. No defendía inicialmente una confrontación abierta entre capital y trabajo, sino una estrategia basada en la unión, la educación, la persuasión y los acuerdos entre patronos y trabajadores. En una reunión de tipógrafos, encuadernadores y litógrafos, recogida por la prensa en agosto de 1900, sostuvo que la Asociación debía servir antes para instruir y educar a la clase obrera que para constituirse en una sociedad de resistencia. Su objetivo era elevar la condición social del trabajador y dotarlo de herramientas para defender sus derechos.
Esta orientación quedó plasmada en el manifiesto de la Asociación Obrera de Canarias, publicado en El Obrero el 15 de septiembre de 1900 y firmado por Cabrera Díaz como presidente. El documento establecía un programa de actuación organizado en cuatro grandes ámbitos: las subsistencias y las condiciones materiales de vida; la instrucción y educación popular; la representación de los trabajadores ante las instituciones oficiales; y la promoción de iniciativas sociales complementarias.
Con casi 130 años de distancia, el manifiesto denunciaba temas que persisten en nuestra actualidad del siglo XXI, señalando la carestía de los artículos de primera necesidad, los bajos salarios, el alcoholismo y el juego, además de dar una importancia extraordinaria a la formación cultural. Proponía escuelas nocturnas, bibliotecas populares, conferencias públicas, escuelas de artes y oficios y publicaciones destinadas a divulgar conocimientos entre los trabajadores. También reclamaba el cumplimiento de la legislación sobre accidentes laborales, higiene en los talleres y protección del trabajo de mujeres y niños.
La dimensión alcanzada por aquella experiencia fue notable. La Asociación llegó a contar con más de 600 afiliados en sus primeros momentos, mientras que el manifiesto de septiembre de 1900 afirmaba que el conjunto de la organización reunía ya más de 4.000 trabajadores. La prensa se convirtió en uno de sus principales instrumentos de propaganda. El Obrero, cuyo primer número apareció el 8 de septiembre de 1900, fue el órgano de expresión de la entidad y una plataforma desde la que Cabrera Díaz difundió sus ideas de justicia, fraternidad y emancipación social.
Su discurso no se limitaba a las reivindicaciones económicas. En el artículo «¡Bendita revolución!», publicado en agosto de 1900, defendía una transformación social sustentada en la moralidad, la solidaridad y la dignificación humana. Para él, la revolución que necesitaban los trabajadores debía combatir la ignorancia, la miseria y la dependencia, convirtiendo a los obreros en ciudadanos conscientes de sus derechos. De ahí su insistencia en la educación como fundamento del progreso.
Sin embargo, el crecimiento de la organización despertó resistencias. La Asociación y su principal impulsor comenzaron a ser objeto de críticas, campañas de desprestigio y presiones. En junio de 1901, El Obrero tuvo que desmentir públicamente el rumor de que Cabrera Díaz se había vendido a unos miembros de la patronal por 14.000 pesetas. El periódico interpretaba aquellas acusaciones como un intento de desacreditar a su presidente y provocar divisiones internas. En julio del mismo año, otro artículo denunciaba las amenazas y persecuciones sufridas por la organización, así como las dificultades que atravesaba tras la salida de Cabrera Díaz hacia América.
Medios afines, como El Iriarte, celebraron la energía puesta en el desarrollo de la nueva Asociación Obrera, asegurando que “los isleños, cansados de esperar de los gobernantes y poderosos los medios conducentes a librarlos de la miseria que los amenaza y a sacarlos de la ignorancia en que yacen”. El miedo y la desconfianza de las viejas élites hará que sus picotazos sean cada vez fuertes. La nueva asociación, gracias al impulso de José Cabrera, logró que, por primera vez en Canarias, se celebrara la simbólica fecha del primero de mayo como día de movilización obrera. Las calles de la capital tinerfeña acogieron una gran manifestación. La marcha, poco habitual en la historia reciente, fue, según nuestro protagonista un “hermosísimo y sorprendente espectáculo”. Las reivindicaciones de esa jornada les llevaron a pedir al Ayuntamiento chicharrero que les cedieran un solar donde “construir cien casas pequeñas que nosotros, de nuestros fondos nos comprometemos a construir en plazo breve” (La Opinión. 2 de mayo de 1901).
En ese mismo año de 1901 marcha a Cuba, donde es bien recibido como destacado representante de la clase obrera tinerfeña. Alfredo J Bolingán dirá de él, que apenas tenía 26 años, “ha sido apóstol de los obreros, ídolos de su pensamiento, de su mundo ideal, de sus ilusiones y de sus ensueños”. En esta ocasión su salida de Canarias fue breve.
Desde 1900 compartió labores con Secundino Delgado, con el que ayudó a promover el Partido Popular Canario, de tendencia autonomista, que sin duda fue una inspiración para su futuro caminar en el desarrollo del PNC. Sobre la influencia de ambos en el primer soberanismo canario, se han realizado algunos textos. Será un primer intento de partido de obediencia puramente canaria, aunque con escaso apoyo popular. En 1902 defendía abiertamente la necesidad de crear un partido obrero canario. Tal y como reflexionó Unamuno dos décadas después, aseguraba que “la corrupción que invade todos los órdenes de la sociedad canaria”, tenía como “causa principal de ello la criminal indiferencia” de una parte sustancial de nuestra sociedad. Su apuesta, plasmada en dos amplios artículos publicados en dos números de El Obrero en enero de ese año, terminaba reclamando “ese partido obrero, exclusivamente obrero, que lleve su influencia honrada y moralizadora a los municipios”.
También resulta llamativa la forma en la que José Cabrera Díaz destacaba el papel de las mujeres en la lucha obrera. En varios textos destacó la forma en la que este colectivo estaba sometido “a tres tiranías, a tres esclavitudes, a cual más desastrosa por sus efectos: la religiosa, la social y la económica”. Un detalle destaca como, desde un momento muy temprano, las mujeres se sumaron a la lucha obrera de forma activa, indicando en 1902 que “conseguimos que a una reunión concurriesen ya trescientas obreras cigarreras”. Su mirada al papel de las mujeres resulta bastante adelantada, afirmando en las páginas de El Obrero, que: “el día aquel en que seas libre y emancipada, el egoísmo humano estará domado y la humanidad se habrá emancipado”.
Había regresado a las islas en abril de 1902, donde volverá a sentir la represión. El 25 de mayo de 1903, La Región Canaria informó de que había sido detenido por orden de la autoridad militar y sometido a un consejo de guerra a causa de un artículo titulado «Nuestra protesta», en el que, según la prensa, censuraba una disposición de sus superiores. Cabrera Díaz era cabo del Batallón de Reserva de Canarias número 1, circunstancia que facilitó encuadrar su actuación crítica dentro de la jurisdicción militar. La condena, según la información publicada entonces, fue de cuatro años de prisión correccional. El objetivo de estos procesos, igual que los que sufrirán otros en las primeras décadas del siglo XX, será desalentar y quebrar los núcleos de resistencia intelectual y militante.
La noticia provocó una importante reacción de solidaridad. El Obrero difundió llamamientos en favor de su liberación y presentó su encarcelamiento como un ejemplo de la represión ejercida contra quienes defendían a la clase trabajadora. En agosto de 1903, un colaborador del periódico denunciaba que el periodista permanecía en un calabozo, lejos de su familia, y reclamaba a los obreros que no olvidasen los principios de unión y solidaridad que había defendido. La campaña trascendió el ámbito insular: las publicaciones obreras recogieron muestras de apoyo procedentes de distintas ciudades españolas.
La persecución tampoco se limitó a aquel episodio. En enero de 1905, La Opinión anunciaba la celebración de un juicio oral contra Cabrera Díaz por un supuesto delito de “escarnio a la religión”. En noviembre de ese mismo año, El Magisterio Canario informaba de que había sido procesado nuevamente, junto con otros periodistas, a consecuencia de querellas por delitos de imprenta. En febrero de 1906 volvió a aparecer entre los detenidos por la publicación de artículos periodísticos. Estos episodios muestran la vulnerabilidad de quienes ejercían el periodismo crítico en un contexto de fuertes tensiones políticas y sociales.
Pese a ello, Cabrera Díaz continuó participando en iniciativas de carácter educativo y cultural, como la sociedad Trabajo y Voluntad, donde impartió conferencias sobre cuestiones pedagógicas. Su actividad periodística tampoco desapareció. En septiembre de 1909 volvió a ser detenido en Santa Cruz de Tenerife, según informó El Pueblo Canario. En medio de todas esas vivencias de persecución también contrajo matrimonio en noviembre de 1905, con Eloísa Gómez Canal.
La emigración acabaría convirtiéndose en una parte decisiva de su trayectoria. Después de sus primeras experiencias en Cuba y de los regresos a Canarias, emprendió en 1909 un nuevo viaje a la isla caribeña, esta vez definitivo. Allí desarrollaría una prolongada actividad profesional, cultural y política. Trabajó en la industria azucarera y llegó a desempeñar responsabilidades de administración en el Central Mercedita. Allí mantuvo sus vínculos con la comunidad canaria, impulsó iniciativas culturales, puso en marcha una biblioteca para obreros y campesinos de la central azucarera, participó en la creación del Ateneo Canario y promovió la fundación en 1924 del Partido Nacionalista Canario, en La Habana, donde José Cabrera defendía la línea más claramente independentista. También dirigió la revista Cúspide, entre 1937 y 1939, que alcanzó gran reconocimiento en el ámbito cultural cubano.
El reencuentro con su familia tuvo que esperar a 1912, cuando en el mes de octubre llegaron a Cuba su madre, Josefa Díaz, su esposa y sus hijos.
A pesar de la distancia, siguió como un miembro activo de apoyo a sus compatriotas emigrados. En Tenerife no se olvidó su legado. El periódico La Prensa lo recuerda en un número especial de junio de 1936, donde lo señala como “el idealista, el hombre de lucha, el maestro de la pluma, el que en años ya bastante remotos fue el primer impulsor y el más ardiente propagandista de la causa de los humildes en Tenerife”. En Cuba no dejó de participar como escritor en la prensa local. Luchó contra la dictadura de Machado, viéndose obligado a un breve exilio en EEUU. También mantuvo su labor como miembro de la masonería cubana, además de participar en asociaciones de emigrantes canarios y culturales, compartiendo actos con figuras isleñas como Mercedes Pinto, además fue elegido presidente del Club Mercedita, nombrado en enero de 1939. En la región cubana de Melera del Sur promovió actos como un concurso de literatura en los colegios de la zona.
Su trayectoria terminó trágicamente el 6 de agosto de 1939, cuando falleció en un accidente de automóvil al regresar a La Habana después de un homenaje celebrado en Matanzas. La inesperada muerte generó multitud de actos de homenaje, dándole su nombre a la biblioteca del Instituto de Guines, además de realizando un oleo y preparando una escultura, para ubicarla en su recuerdo. La intelectualidad canaria y cubana sintió mucho dolor por esta pérdida. El contexto político quiso que en su tierra natal poco o nada se supiera de la muerte. En los primeros años del franquismo, la muerte de un intelectual masón y organizador de la clase obrera no podía ser noticia.
José Cabrera Díaz representa, en definitiva, una figura esencial para comprender los orígenes del movimiento obrero organizado en Canarias. Su aportación no consistió únicamente en promover asociaciones gremiales, sino en introducir una concepción del trabajador como sujeto colectivo, con derechos, capacidad de organización y necesidad de formación cultural. La creación de la Asociación Obrera de Canarias y la publicación de El Obrero constituyeron experiencias pioneras en la articulación del proletariado insular.
Su biografía refleja, al mismo tiempo, las contradicciones de una sociedad en la que la organización de los trabajadores y la crítica a los poderes establecidos podían desembocar en la persecución judicial y la pérdida de libertad. Cabrera Díaz fue periodista, organizador y educador social; pero también un hombre sometido a una sucesión de conflictos que condicionaron su vida y contribuyeron a alejarlo de su tierra. Su nombre merece ocupar un lugar destacado en la historia del movimiento obrero canario, no solo por lo que consiguió organizar, sino también por el precio que tuvo que pagar por defender sus convicciones.
Fuentes consultadas
Prensa histórica
El Liberal de Tenerife. 4 de febrero de 1897
La Opinión. 6 de abril de 1899
La Región Canaria, 29 de agosto de 1899: constitución de la Sociedad de Dependientes de Comercio.
Unión Conservadora, 27 de agosto de 1900: organización de los gremios obreros y actividad de Cabrera Díaz.
Gente Nueva, 31 de agosto de 1900: semblanza de José Cabrera Díaz y valoración de su labor asociativa.
Siglo XX, 5 de agosto de 1900. Discurso de José Cabrera Díaz en la velada literario musical del Teatro Viana
El Obrero, 8 y 15 de septiembre de 1900: creación de la Asociación Obrera y manifiesto programático.
El Obrero. 29 de diciembre de 1900. Nuevas adhesiones.
El Obrero, 8 de junio y 27 de julio de 1901: denuncias de campañas de desprestigio, amenazas y persecución.
El Obrero, 24 de agosto de 1901: noticia de su llegada a Cuba y referencias a las circunstancias de su emigración.
El Obrero, 13 de septiembre de 1901: semblanza de José Cabrera Díaz.
El Obrero. 18 y 25 de enero de 1902. El Partido Obrero.
El Obrero. 19 de abril de 1902. La mujer obrera.
La Región Canaria, 25 de mayo de 1903: información sobre su detención, consejo de guerra y condena.
El Obrero, 4 de julio y 15 de agosto de 1903: campaña de solidaridad con los presos y denuncia de su encarcelamiento.
La Opinión, 21 de enero de 1905: anuncio del juicio por escarnio a la religión.
El Magisterio Canario, 1 de noviembre de 1905: información sobre su procesamiento por delitos de imprenta.
Germinal. 20 de noviembre de 1905: Matrimonio con Eloisa Gómez.
La Opinión, 28 de febrero de 1906: detención de Cabrera Díaz y otros periodistas.
El Pueblo Canario, 16 de septiembre de 1909: información sobre una nueva detención.
Cuba y Canarias. 29 de septiembre de 1912
La Prensa, 28 de junio de 1936: declaraciones retrospectivas de Cabrera Díaz sobre su trayectoria profesional en Cuba.
Diario de la Marina. 18 de enero de 1939: El club Mercedita
Diario de la Marina. 11 de octubre de 1939.
2. Estudios y referencias historiográficas
Anales de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, n.º 15, 1 de diciembre de 2022, p. 118. Referencia a la Asociación Obrera de Canarias, su organización y su relación con los primeros movimientos asociativos y políticos del archipiélago.
Medina Rodríguez, V. (11 de mayo de 2023). José Cabrera Díaz (1875-1939): masón en Canarias y en la Perla del Caribe y su publicista en la Biblioteca Nacional de Cuba. BienMeSabe.org (991). https://bienmesabe.org/noticia/2023/mayo/jose-cabrera-diaz-1875-1939-mason-en-canarias-y-en-la-perla-del-caribe-y-su-publicistica-en-la-biblioteca-nacional-de-cuba
Miguel de Unamuno (1951). Ensayos. Tomo II. Editorial Aguilar de Ediciones
Acosta Padrón, V. (2005). El nacionalismo en Canarias. Regionalismo, insularismo, nacionalismo. Editorial Benchomo. pp 22-25
González Díaz, JF (2017). José Cabrera Díaz, un canario al servicio de Cuba: https://estaamericanuestra.wordpress.com/2017/04/13/jose-cabrera-diaz-un-canario-al-servicio-de-cuba/#more-20
3. Documentación programática
«¡Bendita revolución!», José Cabrera Díaz, agosto de 1900.
«Manifiesto de la Asociación al pueblo de Canarias», 12 de septiembre de 1900.
«El Partido Obrero», El Obrero, 18 de enero de 1902.







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