viernes, 29 de noviembre de 2024

La voz incómoda del anarquista Miguel Luque Espino

En el otoño de 1936, desde una mina de oro colombiana, Miguel Luque leía en los periódicos los horrores vividos en la toma de Badajoz por los franquistas. Con rabia, tomó un papel y escribió un escrito que cruzaría el océano. A miles de kilómetros decía “la sangre me arde”.  Animaba a plantar cara al fascismo y anunciaba que volvería, para “coger el fusil y luchar hasta caer”.

Esa carta, publicada en un medio de Barcelona, se trataba del último testimonio que he encontrado de una de las figuras más misteriosas y curiosas de la CNT en Canarias, Miguel Luque Espino, que había nacido en el pueblo de Pedroche, una pequeña localidad agrícola del norte de Córdoba, el 3 de octubre de 1902. Fue un escritor prolífico, un activista social y cultural, pero también, un antisistema literal, una persona muy ligada a los sectores más duros del anarquismo, que convirtieron estas ideas en una forma de vida, clandestina y rebelde.

Es bien sabido que el ideario anarquista logró penetrar y expandirse por Andalucía de forma extraordinaria, aunque es difícil detectar en los documentos analizados en qué momento Miguel Luque entró en contacto con estos planteamientos. Lo cierto es que se percibe que casi desde niño vivió con un profundo rechazo a la autoridad y al orden establecido, huyendo del hogar siendo poco más que un niño. Con apenas doce años fue detenido en Tarragona acusado de robo, desde ese año se repiten los procesos judiciales y el uso de alias, Ramón Roca Jover, Luis Humbert Folch o Teodosio del Val Martínez, transitando por Zaragoza y llegando al penal de Ocaña.

A pesar de esa agitada infancia y juventud, Miguel logró acumular una buena cultura, destacando como escritor y pensador. Consideraba al escritor madrileño, Eugenio Noel, como padre “auténtico y físico, no solamente espiritual”. Noel no fue un intelectual al uso, amigo de los bajos fondos y profundo antitaurino, en una sociedad no preparada para ello, murió apartado, pobre y solo. De uno de los personajes de novela de este escritor sacará uno de sus sobrenombres literarios, Leonardo Babel, que usará con frecuencia en su etapa canaria.

En 1920 fue sometido a su primer juicio militar, a consecuencia de unas lesiones a un paisano con un disparo. Hacía la mili y por ello sería juzgado por ello, en el cuartel del 4º Regimiento Pesado de Artillería, en Córdoba, aunque solo permaneció catorce días en prisión. En esa misma época se le juzga, bajo uno de sus alias, Ramón Roca, por “abandono de las armas y deserción”, la guerra del Rif estaba en su apogeo, poco antes del desastre de Annual.

A finales de la década de los veinte ya reside en Canarias, primero en Gran Canaria, después en La Palma y finalmente en Tenerife. El 3 de agosto de 1929 fue detenido en Santa Cruz de La Palma por su labor periodística. Años después, el combativo medio palmero, Espartaco, señalaría al cacique conservador, Esteban Pérez González, como el promotor de esta primera detención Esta fue la primera vez que pisaba la cárcel por sus escritos, pero no sería la última.


De izquierda a derecha, Antonio Vidal y Martín Serasols

Miguel Luque era un anarquista convencido, sus amistades más estrechas en ese momento serán destacados miembros de los sectores más combativos de la futura CNT canaria. Compartió piso con Antonio Vidal Arabí, nacido en Cuba, pero de ascendencia catalana, que años después realizaría un intento de atentado contra Franco en Tenerife. También frecuentó su casa Martín Serasols Treserras, conocido como “el Catalán”, uno de los fusilados por los franquistas por su intento infructuoso de organizar una resistencia armada al golpe militar. Ambos amigos eran miembros del Comité de Defensa de la Confederación, lo que abre la posibilidad de que Miguel también estuviera ligado a este espacio de resistencia. 

En Tenerife abrió dos librerías junto a su compañero de ideales, el lagunero Bernardino Afonso. La primera en la zona del Guimerá, la segunda, más duradera, sería La Popular, ubicada a poca distancia del Teatro Leal de Aguere. Allí ayudó a formar a otros activistas, como el destacado militante de las Juventudes Libertarias de La Laguna, Antonio García García.

El 25 de noviembre de 1930 la Guardia Civil había intervenido con fusiles en una manifestación pacífica en las calles de la capital tinerfeña. Juan Agrella, un sastre chicharrero, había perdido la vida a causa de los disparos y algunos más resultaron heridos. Eso conmovió profundamente a la sociedad insular. Luque y otros autores hablaron de estos sucesos en medios como En Marcha, voz de la Federación Obrera y posteriormente de la CNT. Lo hizo por el primer aniversario de estos sucesos, en un nuevo tiempo político, el de la II República, donde las leyes y las normas jurídicas seguían siendo las de la época anterior.

Ese texto le llevará nuevamente a la cárcel por atacar a la fuerza armada a través de la prensa. Miguel Luque resulta incómodo. En esa época también fue uno de los promotores del Centro de Estudios Sociales, un espacio de reflexión política y cultural, que promovió acciones contra la jerarquía eclesiástica. El 19 de diciembre de 1931 se le condenó a más de tres años de destierro. La repulsa frente a esta decisión se plasmó en las propias páginas de En Marcha, donde, entre otras, el veterano anarquista, Juan José Cova, afirmará que “el camarada Luque Espino ha sido condenado al destierro por intromisión del jesuitismo y no por atacar a la Guardia Civil”.

En 1933 le llega una nueva condena, debido a otro artículo de En Marcha, titulado Radiaciones-Nada. Se le acusa como autor de este escrito en el que señala la incapacidad de los tribunales y se lamenta de que “ayer me llevaron a sus tribunales por casi nada. Quizás hoy por nada me lleven también. ¡No importa!”.

El destierro se ejecuta a partir de 1932, obligado a vivir en Los Llanos, en La Palma. Allí sigue escribiendo y participando de la vida política, pero no tardará en ser juzgado por escapar de este destierro, siendo detenido en Tenerife. En mayo de 1934 regresa a Tenerife, aunque parece que será la última ocasión en la que lo hará, ya que en julio de 1935 el Boletín de la Generalitat de Cataluña dice que Miguel Luque está domiciliado últimamente en Barcelona, donde es procesado en la Causa Nº248 por estafa, y se le amenaza con ser declarado en rebeldía en caso de no comparecer, parece que no surtió efecto, acabando en Medellín, Colombia, desde donde escribió en 1936 a sus compañeros y compañeras de ideales.

¿Quién fue realmente Miguel Luque? ¿Hay alguna imagen de él? ¿Jugó un papel en los Comités de Defensa de la Confederación? ¿Logró participar de la Guerra Civil? ...muchas dudas que quedan en el aire y, que, con un poco de suerte, se lograrán aclarar algo con este pequeño aporte a su vida.

Foto de cabecera: Entierro del anarquista Mariano Cabrera López, "Marianito", en Tenerife en 1933. La Prensa. 

Fuentes consultadas

-          Hoja oficial de la provincia de Barcelona. Número 564. 5 de octubre de 1936 p1

-          AHPSCT. Proceso contra Juan José Cova Cabrera y Francisco Román Romero por delito de injurias por medio de la prensa. 13 de enero de 1932. Ficha 887 de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Nº de Audiencia 13 y Nº de Juzgado 13.

-          AHPSCT. Proceso del 26 de enero de 1933 por injurias por medio de la prensa a autoridades militares de la plaza. Ficha 1201 de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Nº de audiencia 60 número de juzgado 28.

-          AHPSCT. Proceso contra Juan Pedro Ascanio García por injurias contra el Ministro de la Gobernación, del 13 de enero de 1932. Ficha 903 de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Nº de la Audiencia 12 Nº de juzgado 12.

-          Espartaco. 16 de mayo de 1931 p2

-          Guzmán García, JL. En recuerdo de Antonio García García (1918-2010). Revista En Marcha, órgano portavoz de la CNT de Canarias, noviembre de 2010

-          Medina Sanabria, Pedro. Ante un inminente atropello: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2009/11/26/ante-un-inminente-atropello/

-          El Día. 20 de mayo de 1932. p3


domingo, 24 de noviembre de 2024

Carmen Camacho Díaz, una joven víctima del franquismo en Canarias

Quince días prisionera de los franquistas bastaron para que la vida de la tinerfeña Carmen Camacho Díaz se apagara, mientras cuidaba de una hija que todavía se alimentaba de sus pechos. El único “delito” de Carmen fue el de enamorarse de un joven con ideales llamado Nicolás Mingorance Pérez.

Ella había nacido en Santa Cruz de Tenerife el 25 de abril de 1902, con el nombre de María del Carmen (1). Parece que fue alumna de la profesora Fidela Díaz Yanez, depurada durante el franquismo, apareciendo su nombre entre las alumnas que “recitaron algunos monólogos y comedias y cantaron en coro un himno patriótico, siendo muy aplaudidas” (2), lo cierto es que fue una joven afortunada, que pudo estudiar y eso facilitaría su amor, pero también algún pequeño pinito escribiendo poesía, uno de ellos incluso sería publicado en la prensa de la época.

En 1920 ya era novia de otro joven chicharrero dos años mayor que ella (3), el ya mencionado Nicolás. Ambos se casaron a mediados de la década de los veinte. Él era un joven intelectual, amante de la poesía, el deporte y del periodismo, que ejercería en medios como El Progreso, intercalando con publicaciones literarias cuando tenía menos de veinte años. De Carmen sabemos que también se interesó por la poesía, incluso fue una de las ganadoras del segundo concurso de la empresa Asta SA, donde unas ochocientas personas habían participado, logrando un premio de diez pesetas, por un poema llamado “la niña enfermita” (4), que sería publicado poco después (5). No era muy frecuente en una sociedad tan patriarcal que las mujeres protagonizaran actividades de este tipo.

Su compañero de vida y muy posiblemente ella vivieron con cierta emoción la llegada de la II República. En esa época ya eran padres, en 1926 había nacido un primer hijo, que moriría poco después de una “breve y penosa enfermedad” (6). En 1928 nació su hijo Nicolás, que llevaba el mismo nombre de su malogrado hermano. En 1931 falleció otro hijo, llamado Julio (7), en 1932 nacería María del Carmen Mingorance Camacho (8), en 1934 lo haría Heliodora (9) y la más pequeña sería Julia, nacida en 1935 y fallecida de meningitis en abril de 1937 (10).

Nicolás se acerca al republicanismo en una etapa temprana, aunque en la década de los treinta se ligará al socialismo, además de ser un activo integrante de la Asociación de Empleados de Banca y Bolsa, vinculada a la UGT. Esa labor lo convirtió en concejal del Ayuntamiento capitalino durante la etapa del Frente Popular y eso lo marcó definitivamente para el franquismo. Tras el golpe militar fue hecho prisionero.

Carmen y sus hijos quedaron en una situación complicada, contando con el escaso apoyo que le podría dar su familia. Su marido fue llevado a Villa Cisneros en agosto de 1936, junto con más de treinta republicanos especialmente significados, considerados peligrosos. Allí participará de una sonada fuga en marzo de 1937, junto a un numeroso grupo de presos y soldados, logrando llegar a la zona republicana y colaborar con el esfuerzo bélico desde Valencia, pasando posteriormente al exilio (11).

Según el testimonio elaborado por Nicolás en su exilio chileno, en un documento manuscrito, dice que su esposa, a modo de castigo por su fuga, fue llevada a detenida, allí "murió con su hija de pecho a los quince días de estar encarcelada y amargada por los trabajos carcelarios, las últimas informaciones fueron facilitadas por la Cruz Roja internacional" (12). Carmen murió en la tarde del 22 de noviembre de 1937 (13). El testimonio es demoledor, uno de tantos de una época oscura y violenta. Sus hijos quedaron al cuidado de familiares. El dolor por esa muerte injusta y por la difícil situación que tuvieron que afrontar sus hijos perduró, incluso cuando habían pasado bastantes años de esos sucesos, que dejaron una honda huella.

Mil gracias a su nieta, Carmen Mingorance, convertida en cuidadosa guardiana de un archivo familiar que me ha permitido dar un poco de luz a una vida que forma parte de la lista de víctimas desconocidas de una dictadura larga y cruel. Ojalá más pronto que tarde puedan ver la luz la colección de poemas de la última etapa de vida de su abuelo, que no pudo cumplir su sueño de volver a su hogar.

Foto: Fotos Antiguas de Tenerife

Fuentes utilizadas

  1. Diario de Tenerife. 26 de abril de 1902 p1

  2. La Prensa. 9 de julio de 1918 p2

  3. Testimonio de su nieta, Carmen Mingorance, en la página Fotos Antiguas de Tenerife

  4. Hoy. 4 de abril de 1934 p8

  5. Hoy. 14 de abril de 1934 p1

  6. El Progreso. 8 de noviembre de 1926 p1

  7. La Prensa. 10 de junio de 1931 p7

  8. La Prensa. 14 de enero de 1932 p3

  9. La Prensa. 25 de noviembre de 1934 p3

  10. La Prensa. 15 de abril de 1934 p3

  11. Ascanio Gómez, Rubens. Nicolás Mingorance, olvidado poeta, periodista y activista republicano: https://latadelgofio.blogspot.com/2021/02/nicolas-mingorance-olvidado-poeta.html

  12. Testimonio facilitado por su nieta, Carmen Mingorance, conservado en su archivo familiar

  13. La Prensa. 23 de noviembre de 1937 p2


domingo, 17 de noviembre de 2024

La última imagen del poeta Domingo López Torres


De repente, repasando los rostros tristes de Fyffes te asalta una cara conocida. Los rasgos del gran poeta surrealista tinerfeño, Domingo López Torres, parecen asomar de entre la multitud. Esa masa de hombres de diversas tendencias, republicanos, socialistas, anarquistas, comunistas, intelectuales o simples trabajadores comprometidos, que poblaba la prisión improvisada sobre unos simples salones pensados para almacenar plátanos. Me atrevo a decir que es la última imagen que dejó de su paso por esta tierra.

Allí llegó Domingo, que además de uno de los intelectuales más brillantes de la primera mitad del siglo XX en Canarias era una persona comprometida. En esa época tenía apenas 26 años. Había nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1910, en una familia humilde. A pesar de mil dificultades y de tener que abandonar el colegio para ayudar a la economía familiar, Domingo encontró un refugio y una guía en las modestas bibliotecas de la capital y en sus libros. Esos contenedores de sabiduría fueron sus maestros y los que hicieron de él una persona excepcional.

Resulta curioso que en 1939, cuando los falangistas deben ofrecer datos para el proceso judicial abierto contra tantos “rojos y masones”, reconozcan que “debido a su gran voluntad, frecuentando bibliotecas, llegó a poseer una relativa cultura, que le permitió formar parte del grupo de intelectuales de esta capital”. En el mismo informe, y quizás por lo anterior, dicen de él que era “peligroso para la paz y la vida pública”, quizás por ello en febrero de 1937 las Brigadas del Amanecer se lo llevaron para siempre a una fosa oceánica. Ese mismo océano que, seis años antes, se había llevado la vida de sus compañeros José Antonio Rojas y Julio Antonio de la Rosa en un accidente de barca de la que logró salir a duras penas.

Domingo López supo del hambre, de robar horas al sueño y al cansancio para poder aprender las letras que le alimentaron, quizás por eso tuvo claro que había cambiar el mundo. Fue por ello uno de los intelectuales más comprometidos de su generación, militando en el ala izquierda del partido socialista, llegando a ser concejal en el último tramo de la II República, poco más de un mes y medio antes del golpe franquista.

Desde los 16 años empezó a publicar sus primeras poesías en las revistas culturales, caso de Hespérides. Conocerá y trabará amistad con figuras como Pedro García Cabrera, Agustín Espinosa, Eduardo Westerdahl, Emeterio Gutiérrez o Domingo Pérez Minik. Con ellos pondrá en marcha la revista Gaceta del Arte, además de otras iniciativas similares como Índice. Con Gaceta de Arte promoverá las acciones del Ateneo de Santa Cruz de Tenerife y la gran exposición surrealista, que por primera vez ponía a Tenerife y a Canarias entre las vanguardias culturales mundiales. Como él mismo dijo de esta tendencia artística,“el surrealismo haciendo veredas en el fango hacía una cloaca de inmundicias hizo distraer la mirada de preciosos paisajes exteriores”. El terremoto que generó esta muestra y la proyección de la película “La Edad de Oro”, de Buñuel, será recordada para mal al llegar el 18 de julio de 1936. Domingo López Torres fue acusado, entre otras cosas, de colaborar con la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y de ser “uno de los puntales más firmes e inteligentes que contaba el partido Socialista”. Eso era más que suficiente para su detención y su desaparición.

Junto a tantos amigos, formó parte de los alrededor de 4000 reclusos que pasaron, durante sus doce años de actividad, por la prisión de Fyffes. Allí tratará de sobrevivir, como persona y como creador. Junto a su amigo, el dibujante Domingo Ortiz, harán clandestinamente su obra póstuma, Lo Imprevisto. Ninguno de los dos recobraría la libertad. Quien les iba a decir ese tránsito, ellos, que apenas un mes antes del golpe celebraran en el Círculo de Bellas Artes de la capital la clausura de la exposición de arte contemporáneo, en la que compartió tribuna con el mismísimo Oscar Domínguez.

Les confieso que encontrarte de golpe con la figura de Domingo en esas condiciones conmueve. Tuve que buscar varias imágenes de la misma instantánea para cerciorarme. Su rostro serio, como el de la mayoría de los presentes, es reflejo de una sociedad en shock. De miles que creyeron que los avances sociales y culturales logrados eran necesarios e inevitables, que nada podría llevarnos al pasado, al miedo y a un tradicionalismo asfixiante...se equivocaron y lo sabían. En los poemas de Lo Imprevisto parece que esa tristeza está presente.

El rescate de la memoria de Domingo sigue lentamente. Su último libro de poemas logró salir a la luz en la transición. Tardaron 75 años para que el Ayuntamiento de Santa Cruz decidiera conmemorar su figura, allá por 2012. Costó hasta 2019 para que este homenaje llegara en forma de una plaza, gracias a una moción de mi compañera Yaiza Afonso y el constante recuerdo del equipo de Sí se puede en la capital. En 2022 se produjo el último paso, una placa descendió al fondo del océano, en el punto donde lo arrojaron, metido en un saco con piedras, a esta luz de la cultura isleña.

Fuentes utilizadas

Jiménez, J. López Torres, poeta referente en Tenerife y asesinado por el franquismo, tiene 85 años después un monumento bajo el mar : https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/lopez-torres-poeta-referente-tenerife-asesinado-franquismo-86-anos-despues-monumento-mar_1_9270108.html

La Prensa. 20 de junio de 1936 p2

López Torres, Domingo. Aureola estigma del surrealismo. Gaceta de Arte. 1 de septiembre de 1933 P1

Dos poemas de Domingo López Torres: https://elbatiscaforojo.blogspot.com/2009/05/dos-poemas-de-domingo-lopez-torres.html

Fernández Arcila, Pedro. Domingo López Torres. Diario de Avisos. 15 de diciembre de 2014.

Afonso Higuiera, Yaiza. Los mares petrificados: https://sisepuedecanarias.org/opinion/los-mares-petrificados-yaiza-afonso-higuera/

AHPSCT Expediente de Responsabilidades Políticas de Manuel Guadalupe Pérez y otros ES.05.AHPLP/TRRPC.AHPLP-0295//003015108. Expedientes de Domingo López Torres.