El primer alcalde de La Laguna durante la II República fue José Perera García, un médico que se atrevió a dar un paso en una sociedad donde el viejo poder monárquico y caciquil seguía teniendo una enorme fuerza. Como en el libro de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, el municipio vivió un proceso donde las viejas élites trataron de mimetizarse con el nuevo orden republicano, generando un tiempo donde tensiones sociales, las demandas de mejora y las resistencias convivían. El municipio, con solo unos 24.000 habitantes, celebró las elecciones del 12 de abril de 1931 con calma. La dictadura de Primo de Rivera había pasado, pero el viejo orden monárquico se mantenía. Eran unas votaciones solo de hombres y donde los viejos poderes mostraron un control absoluto de casi todos los colegios electorales. Salvo el Casco lagunero y algunas zonas de La Cuesta, donde se agrupaban la mayor parte de los obreros y la pequeña burguesía ilustrada, los monárquicos lograron una amplia mayoría, con...
Qué cruel ha sido el olvido con Mercedes Pinto. Una de las figuras más luminosas del siglo XX, una lagunera nacida en 1883 y que rompió los estrechos moldes de la sociedad, la religión y el patriarcado. Este año se cumplirán cincuenta años de su muerte. Hoy los reconocimientos en Canarias van de una Avenida en La Orotava, una calle en Santa Cruz, un centro educativo en la misma capital y un barco de Armas bautizado con su nombre. En La Laguna el mural urbano de la calle Heraclio Sánchez y una propuesta en el Consejo de la Mujer son, de momento, los únicos rastros públicos. En el año 1997, la Intendencia Municipal de Montevideo denominó "Mercedes Pinto" una calle del barrio Sayago. Su corazón se paró en Ciudad de México el 21 de octubre de 1976. Había vivido más de medio siglo en el exilio, admirada por miles y vetada en su propia tierra, a la que nunca olvidó y supo definir. Un poema que Pablo Neruda le dedicó, la recuerda en la lápida del cementerio, dejando una descripció...