El 3 de enero de 1906 nació en La Laguna, en un hogar de la burguesía platanera y exportadora, muy ligada a Tacoronte, aunque desde muy pequeño hizo de la casa familiar en la zona de Guayonge, explorando huertas y barrancos, cuidado por su padre y hermanas, tras la prematura muerte de su madre.
Ya hemos hablado muchas veces de esa generación nacida al calor del nuevo siglo, que veía posible un cambio del mundo y la caída de los viejos poderes políticos, sociales, económicos y religiosos. Domínguez tuvo una educación que no logró culminar con una titulación de bachillerato. Su paso por el Instituto de Canarias, actual Cabrera Pinto, además del Establecimiento de Segunda Enseñanza, pero ni los números ni las letras le llegaban. La pintura había sido un refugio, primero de su padre, que fue un gran aficionado, y después del hijo, que de forma autodidacta empezó a realizar dibujos primero y después oleos.
Tampoco fue ajeno a la vida social de su época. Con veintipocos años recibió un primer homenaje en la Círculo Minerva de Tacoronte, un refugio dedicado a la cultura, la dinamización y el pensamiento. Domínguez fue reconocido “en recompensa a los trabajos llevados a cabo en la decoración de los salones de este Círculo, por el joven pintor”, como quedó reflejado en La Prensa del 15 de marzo de 1927. La memoria familiar recordaba que pintó una orquesta de jazz en colores negros y rojos. ¿Qué habrá pasado con esas decoraciones?...difícil de saber.
Dos años antes su hermana Antonia se había casado con el pintor tacorontero, Álvaro Fariña, en la parroquia de Santa Catalina, que sin duda también generó influencias en el primer Domínguez.
En julio de 1927 el joven isleño partió rumbo a París, inicialmente con el objetivo de representar a la empresa de su padre, aunque su vena artística lo conectó pronto con la bohemia artística de la capital francesa, inspirándose y conectando mutuamente. En 1928 participó en la II Muestra de humoristas, celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. La crítica no fue muy benigna, Juan López manifestó en su crónica periodística que “sus dos óleos, con pretensión de modernidad parisiense, nos parecen flojos de color, de concepto, de ejecución”, mientras que su posterior amigo y aliado, Eduardo Westerdahl, denominó sus obras como “desdibujos coloristas”, aunque días después asegurará que sus cuadros eran “una llamada de color que apresa la atención del espectador”.
A pesar de las críticas y las incomprensiones, Óscar Domínguez siguió pintando y viviendo intensamente las noches parisinas, siempre con limitaciones y estrecheces, en especial tras la muerte de su padre en 1931. Con la llegada de la II República y el florecer de nuevas ideas y tendencias, el círculo intelectual del pintor en Tenerife se refuerza, con figuras como el poeta Domingo López Torres, intelectuales como Eduardo Westerdahl, el poeta Pedro García Cabrera, el dibujante Luis Ortiz Rosales, el escritor Domingo Pérez Minik o el poeta Emeterio Gutiérrez Albelo, todos ellos ligados al movimiento surrealista y a un experimento cultural innovador como fue Gaceta del Arte.
Congresillo de Juventudes en Las Palmas 1933. Aparecen Pedro García Cabrera, Juan Márquez, Domingo López Torres y Domingo Pérez Minik
Este movimiento no se limitaba al arte o a la cultura, lo consideraban una herramienta de cambio de la sociedad, un martillo con el que golpear la vieja moral cristiana y el tradicionalismo. Algunos de sus miembros más destacados militaron en organizaciones políticas, en especial en el socialismo, siendo los ejemplos más claros de ello Pedro García Cabrera y Domingo López Torres. Su activismo quedó patente en el Congreso de Juventudes celebrado a partir del 15 de agosto de 1933 en el Parque Doramas de Las Palmas de Gran Canaria, en el que se trató de coordinar acciones culturales y la expansión de Gaceta de Artes a la provincia vecina y debatir sobre el papel de la juventud en el nuevo tiempo que vivían. Es significativo que las obras del pintor tinerfeño fueran parte de la muestra organizada en Gran Canaria como consecuencia de este congreso. Ya el 4 de mayo de ese mismo año, sus cuadros fueron el centro de la primera exposición surrealista celebrada en el Archipiélago, en las salas del Círculo de Bellas Artes de la capital tinerfeña.
Entre 1932 y 1936 Tenerife acogió varios importantes eventos culturales, en los que Óscar Domínguez expondrá sus obras. El momento más señalado fue la II Exposición Surrealista, celebrada en 1935, que por segunda vez en la historia, reunía a los principales representantes de esta tendencia. La muestra generó un profundo temblor en la sociedad isleña y en especial en los sectores más tradicionalistas, que no tardarían en cobrarse con sangre lo que consideraron un insulto a su moral. Westerdahl destacó en la prensa que entre los autores internacionales más prestigiosos, “vienen también las últimas de un pintor canario, Oscar Domínguez, incorporado ya con su peculiar manera a la escuela surrealista”.
Nuestro protagonista llegará a Tenerife por última vez en mayo de 1936. El Frente Popular había logrado una importante victoria y algunos de sus amigos habían entrado a formar parte de los gobiernos, caso del Ayuntamiento de la capital. Sus obras se admiraban en galerías de Nueva York, París o Londres en ese mismo momento. Gaceta de Arte quisieron aprovechar la visita para celebrar una nueva exposición en el Círculo de Bellas Artes.
Domínguez había llegado a una Isla vibrante, que palpitaba con el avance de las izquierdas, que sentía que todo era posible, que los olvidados tendrían al fin los derechos que les habían robado. En una carta firmada el 18 de mayo de 1936 dice “estoy trabajando en una actividad política de ataque y violencia. Ayer conseguimos ocupar el palacio del Arzobispo (sic) y el seminario con éxito. En su lugar haremos una casa para el pueblo y unos colegios”. La crónica periodística recogió las declaraciones del Gobernador Civil, Manuel Vázquez Moro, que explicó que “un grupo de jóvenes se dirigió al Seminario Conciliar, invitando a los religiosos y alumnos a que lo desalojaran, lo que comenzaron a hacer sin resistencia. También otro grupo de jóvenes se dirigió al Palacio Episcopal, pidiendo al encargado del mismo le entregara la llave de la puerta de entrada, al mismo tiempo que trepándose por las ventanas exteriores, colocaron en el balcón central un letrero que decía : "Para Escuela Normal" “. La rápida intervención del gobierno revirtió la situación, devolviendo el obispado y el seminario al clero. Poco importó que esta acción en contra de la jerarquía religiosa, por amparar usos y hábitos contrarios a los avances que se estaban alcanzando en otros ámbitos. Se abrió la causa 170/1936 por esto, que provocó que varios jóvenes fueran detenidos. Tras el golpe militar algunos de ellos serían desaparecidos, caso de Guetón Rodríguez Melo, Domingo Cruz Cabrera, Saturnino González Falcón y Vicente Hormiga, vecinos de La Laguna.
Del 10 al 20 de junio se celebró la exposición del Círculo de Bellas Artes, en la que se crearon unas objetos surrealistas que generaron una ola de polémica por usar objetos del día a día y también elementos cristianos. No es de extrañar que desde el 18 de julio de 1936 los miembros de Gaceta de Arte fueran uno de los objetivos de los golpistas. Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera, Luis Ortiz Rosales y Domingo López Torres fueron detenidos en las primeras horas, los dos últimos no volverían a vivir en libertad. Óscar Domínguez estaba en una pensión de la capital, se dice que enterró en su patio elementos que había usado en la exposición de junio y después se fue caminando, esquivando a las autoridades, hasta la casa de su hermana Julia en el Puerto de la Cruz.
Su cuñado. Álvaro Fariña, había quedado en Madrid al inicio de la Guerra Civil, ejerciendo de maestro de dibujo en Valencia hasta el final del conflicto y pagando después con un periodo de cárcel esa tarea.
Quizás la fama internacional le ayudó a escapar de la Isla, lo cierto es que en otoño de 1936 logró regresar a París. Allí vivió el resto de sus días, colaborando con otros artistas e intelectuales en su denuncia del fascismo, huyendo de los nazis, quedando como un apátrida a partir de 1939, hasta que pudo solicitar la nacionalidad francesa. Domínguez nunca olvidó su tierra, la vegetación, los paisajes volcánicos y sus amistades. Por sus venas perecía que corría lava, con una vida llena de amoríos y desengaños, como los de Roma Damska, que retrató y que trató de proteger de los alemanes por ser judía, aunque acabó sus días en un campo de concentración nazi.
En 1979 Eduardo Westerdahl recordaba a Óscar Domínguez y a la generación que defendió el movimiento surrealista. Lo definía así: “El Surrealismo no ha pretendido otra cosa... Transformar el mundo, ha dicho Marx. Cambiar la vida, ha dicho Rimbaud: Estas dos palabras de orden para nosotros no son más que una". Por desgracia el mundo les arrasó y los dejó en silencio, cortando lo que podría haber sido un florecimiento de vanguardias que dejaba a Canarias como referencia global.
Alejado de sus barrancos y sus playas, Domínguez vivió ligado a la cultura francesa, siempre abierto a una nueva polémica, siempre recordando su origen isleño. Vivió una vida intensa, con noches largas y el consumo de alcohol, sumado a sus enfermedades y a las frecuentes depresiones, le fueron llevando a un callejón sin salida. Todo terminó en 1958, con la noticia de que sufría un tumor cerebral y que aceleró la decisión de suicidarse en los primeros días de enero de ese año. No llegó a cumplir 52 años.
Pocos de sus amigos le sobrevivían. A pesar de las limitaciones del momento, Pedro García Cabrera, ya consolidado como uno de los poetas más importantes de su tiempo, le dedicó estos versos:
Traedme más colores, más formas, más centellas,
que arda con relinchos de hoguera su recuerdo
para que todos vean en las noches del mar y de las Islas
en las urbes que saltan a la comba los puentes y los ríos,
su puro surtidor de árbol derribado.
El pintor moría, pero nacía una leyenda que brilló y brilla, quizás con más fuerza lejos de su tierra que en el lugar que lo vio nacer, más aún si vemos el escaso recuerdo que parece se aplicará a este 120 aniversario.
Fuentes consultadas
Guerra Cabrera, José Carlos. (2020). Óscar Domínguez: Obra, contexto y tragedia. Gobierno de Canarias. Santa Cruz de Tenerife.
Guigon, Emmanuel. (1996). Óscar Domínguez. Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias. Santa Cruz de Tenerife.
Westerdahl, Eduardo. (1971). Óscar Domínguez. Artistas españoles contemporáneos. Ministerio de Educación y Ciencia.
La Prensa. 15 de marzo de 1927 p3
Las Noticias. 22 de marzo de 1927 p3
La Prensa. 23 de julio de 1927 p2
Las Noticias. 29 de febrero de 1928 p3
La Prensa. 4 de marzo de 1928 p1
La Prensa. 7 de marzo de 1928 p1
La Prensa. 17 de octubre de 1931 p3
La Prensa. 3 de mayo de 1933. p5
La Prensa. 10 de agosto de 1933 p5
La Prensa. 4 de mayo de 1935 p1
La Prensa. 4 de junio de 1936 p1
La Prensa. 13 de junio de 1936 p3
La Tarde. 30 de enero de 1958 p2
Westerdahl, Eduardo. El surrealismo en Canarias: Óscar Domínguez. Liminar: Revista de literatura y arte. 1 de noviembre de 1979 p34





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