sábado, 29 de marzo de 2025

Antifranquistas de Canarias refugiados en Senegal. La muerte y el exilio de la familia de Eduardo Suárez Morales

No hace tanto la ruta canaria era en sentido contrario. Militantes antifranquistas y algunos de sus familiares lograron recuperar la libertad en lugares como Dakar o Casablanca. Fue el caso de varios familiares del diputado comunista canario, Eduardo Suárez Morales, que había sido fusilado el 6 de agosto de 1936. Su compañera de vida, María del Rosario Socorro Guerra, junto a sus dos hijos, su hermano y su cuñada lograron llegar a la capital de Senegal un 18 de julio de 1949. Casi treinta años después recordaba el momento con estas palabras: “La emigración y el exilio supuso miserias y calamidades, pero teníamos la compensación de haber dejado atrás la muerte” (1). Ese espacio que les acogió sirvió para que sus hijos se pudieran criar en una libertad que no tenían en Canarias. Allí se mantuvieron viviendo incluso cuando Franco ya había muerto, echando en falta a su marido y padre.

El recuerdo de Eduardo permanecía muy presente. Él había nacido el 27 de enero de 1906 y se crió entre el Puerto de la Luz y Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, en una familia de trece hermanos, criado por su tía, ya que su madre había muerto siendo muy niño. Allí conoció el inicio del movimiento obrero y los conflictos sociales, que sin duda generaron una huella en su vida. Estudió magisterio, se acercó al mundo del periodismo y también le tocó, como a tantos otros, emigrar, viviendo en Brasil (2).

A su regreso ejerció como contable en la firma “Hijos de Diego Betancor”. Juan Betancor, un viejo compañero de lucha, lo recordaba con motivo del cincuenta aniversario de su asesinato. Decía que aunque “no tenia grandes dotes oratorias, siempre estuvo al frente de la clase trabajadora en todos los movimientos sindicales” (3). De esa época destacó la importancia de la huelga del Sindicato de Tabaqueros, que sin duda marcó su vida militante, pero también favoreció la cruel sentencia que recibiría tiempo después.

En el informe realizado por Falange Española el 12 de diciembre de 1939, lo señalan que “desde muy joven se apreciaba en su persona un espíritu exaltado”, tratando de evidenciar su carácter luchador, bajo la mirada de un régimen que sin duda temía perfiles como el de Eduardo (4). En el mismo Expediente, el comisario jefe de la Dirección General de Seguridad indicó que además fue Secretario de la Federación Sindical Obrera en Las Palmas y del Sindicato de Trabajadores Mercantiles (5), una pequeña muestra de su activismo e implicación durante los años previos al golpe franquista.

Eduardo Suárez Morales militó en el PSOE en los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, hasta que su partido decidió participar de la misma, cuando renuncia a su afiliación por lo que consideraba una traición a la clase trabajadora (6). Con la llegada de la II República mantendrá una gran actividad sindical y política, participando en 1933 en la fundación del Partido Comunista en Canarias. Un año antes, en enero de 1932, se había casado con su compañera María del Rosario Socorro (7).

En 1935, en la etapa de gobierno conservador dentro de la República, Suárez fue uno de los participantes en el mitin organizado en la capital de Gran Canaria. Allí pidió un recuerdo “a todas las víctimas y a todos los presos, por encima de ideologías y de pequeñeces. Unámonos en un sólido bloque, frente al fascismo y para alcanzar la amnistía” (8). Eduardo logró jugar un papel destacado, en especial, como dijimos, en las movilizaciones de los trabajadores y trabajadoras del importante sector tabaquero. Ese impulso le ayudó a recibir un gran apoyo popular en las elecciones de febrero de 1936, donde sería el segundo candidato más votado en la capital de la Isla y uno de los que logró un puesto como diputado canario (9). La clase obrera había sido un factor clave en el éxito de la candidatura del Frente Popular, por eso no es extraño que los diputados de izquierdas celebraran en marzo de ese año, poco después de las elecciones, una asamblea con un extenso grupo de representantes sindicales y militantes de este grupo social, que llenó el Teatro Galdós de la capital. Tal y como recogió la prensa, la presidencia fue del “presidente del Sindicato de Obreras y Obreros Tabaqueros y los tres diputados de izquierda señores Valle, Junco Toral y Suárez Morales” (10).

Los meses transcurrieron con la ilusión de un nuevo tiempo político. En abril, el joven diputado de treinta años partió en la motonave Dómine, para tomar posesión de su plaza en el Congreso de Madrid (11), donde formaba parte de los partidos que lograron una importante mayoría.

La casualidad quiso que el 18 de julio de 1936 la familia estuviera en su residencia de La Atalaya, en Gran Canaria. Un compañero corrió a avisarle del movimiento militar que se había desatado y del riesgo que corría. Junto con otros militantes de la izquierda trató de generar un foco de resistencia a los golpistas en Moya y Arucas, donde también ejerció como uno de los organizadores socialista Fernando Egea. El intento de resistencia fue en vano. Las escopetas de caza poco podían hacer frente a las armas más modernas de los militares y los cañones del buque militar Arcila. Suárez y su familia, junto a otros militantes, trataron de llegar al continente africano en un barco gasolinero, que quedó sin combustible en Mogán, donde fue detenido por las autoridades golpistas (12).

El proceso militar fue casi inmediato, recibiendo una condena a muerte que debía desarrollarse el 6 de agosto de 1936. Él y Fernando Egea fueron trasladados al cuartel de la Isleta, para pasar su última noche. Su excompañero, Juan Betancor, recordaba que “la esposa de Eduardo irrumpe en llanto y lágrimas, Eduardo le pasa el brazo por los hombros y le dice cariñosamente: "La compañera de un comunista no llora". Eduardo y Egea murieron con el puño en alto y dando vivas a la República” (13). El efecto para la familia fue terrible, que además del dolor, vivieron el acoso constante de falangistas y fuerzas de seguridad. Ricardo García Luis aportó un testimonio que de Ana Doreste Suárez , sobrina de Eduardo Suárez Morales, que dijo que su tía "dejó de cantar y contar cuentos" desde que fusilaron a su hermano (14). Eduardo Suárez dejó una pequeña carta escrita con letra clara, que corrió de mano en mano durante la clandestinidad. En ella recordaba a quienes le permitieron ser diputado, decía: “¡Salud, valientes y queridas hermanas tabaqueras!. Por vosotras y por todos los explotados del mundo, doy mi vida”.

María del Rosario recordaba el acoso que vivió y cómo le afectó. Un día, en el que llegaron a su casa para llevarse también a su hermano, “salí a la puerta y les insulté. Así que los falangistas querían llevarme a mi también. Menos mal que mi padre les dijo que tuvieran compasión con una mujer que había perdido ya a su marido”. Los hombres fueron detenidos y maltratados, pero también las mujeres vivieron a partir de ese mes de agosto de 1936 una existencia donde ser citadas en comandancia formaba parte de su día a día (15). Su hijo recordaba en 2021 como, hasta colocar flores rojas en la tumba sin cruz de su marido, generó quejas y persecuciones del cura de la zona.

No acabó con eso. A partir de 1939 su familia es amenazada por el proceso de Responsabilidades Políticas, del expediente 152/1939. Las autoridades franquistas querían lograr recursos en un país que habían dejado en la ruina absoluta. La víctimas propicias de este saqueo institucional eran los perdedores. Este procedimiento se mantendría activo durante diez años, hasta 1949, la misma fecha del exilio familiar. Ni muertos pudieron escapar. En la sentencia 375 de 1941, el Presidente del Tribunal Pedro Saenz Vallejo y su equipo afirmaba que “...Suárez Morales fue fundador del comunismo, presidente del mismo y propagandista en prensa de esas ideas”. Por esto y por tratar de defender la legalidad democrática, se sancionó a sus herederos al pago de cien pesetas, aunque llegaron a pedir 100.000 (16) en varios documentos previos, hasta constatar que ni él ni Fernando Egea tenían bienes algunos que robar, más allá de la vida. La ideología que hay detrás de este proceso no se oculta lo más mínimo, conservándose en el expediente conservado, hojas informativas reutilizadas, procedentes de informes secretos de la embajada nazi en Madrid.

Sus hijos tuvieron que vivir el exilio de su familia y el desarrollo de su vida en Senegal, donde su madre trató de respetar la petición de su marido de trasladarle unos valores firmes. La situación en la Isla era insoportable y parecía quedar claro que los aliados, que habían acabado con las dictaduras fascistas en Europa, no pensaban hacer nada con Franco. Eduardo, su hijo, recordó en una entrevista imprescindible, recordar la dura experiencia de la emigración y el exilio. Su familia tuvo que salir de forma clandestina, como muchos miles más en esa época, él solo tenía catorce años. Desde Maspalomas embarcaron en un velero que salió de forma ilegal rumbo a Venezuela, escondidos de las autoridades entre sacos de sal. La falta de experiencia del capitán y las malas condiciones del mar hicieron que acabaran recalando en Senegal. Allí recibieron la solidaridad de la población senegalesa, que les llevaba agua y comida. También sufrieron el desinterés de las autoridades coloniales francesas, que los retuvieron durante varios meses en el puerto de Dakar. Allí, parte de su familia permaneció, mientras él trabajó como electricista, albañil o fontanero, llegando a ser presidente del Club Rotary y Cónsul de Alto Volta (actual Burkina Faso), viviendo tiempo después de la muerte del dictador en el país que lo había acogido. Su vida quedó marcada por siempre por esa vivencia y por la luz que dejó su padre tras de sí (17). Una plaza recuerda a Eduardo Suárez Morales en Las Canteras, los nombres de algunos de los culpables de su muerte siguen en espacios públicos, mientras su historia se va olvidando entre la bruma del tiempo.

Eduardo Suárez hijo

Fuentes utilizadas

  1. Tierra Canaria. 15 de enero de 1978. p12

  2. Idem

  3. Boletín de Difusión Interna del PCPC. Nº2. Agosto de 1986. p2

  4. Informe Jefatura Provincial de Las Palmas de Falange Española. 12 de diciembre de 1939. Expediente de la Causa de Responsabilidades Políticas. 152/1939, Archivo Histórico Provincial de Las Palmas de Gran Canaria.

  5. Informe del comisario jefe de la Dirección General de Seguridad. 20 de mayo de 1940. Expediente de la Causa de Responsabilidades Políticas. 152/1939, Archivo Histórico Provincial de Las Palmas de Gran Canaria.

  6. Tierra Canaria. Op cit

  7. Idem

  8. Tribuna Comunista. Noviembre de 1980. p4

  9. Acción. 18 de febrero de 1936. p4

  10. Gaceta de Tenerife. 3 de marzo de 1936. p3

  11. La Prensa. 12 de abril de 1936. p2

  12. Informe Jefatura Provincial de Las Palmas de Falange Española. 12 de diciembre de 1939. Op cit

  13. Boletín de Difusión Interna del PCPC. Op cit

  14. García Luis, Ricardo. Víctor Ramírez: Palabras de Amazigh. La Voz de Lanzarote. 13 de marzo de 1998. p4

  15. Tierra Canaria. Op cit

  16. Sentencia 375 de 1941, del Expediente de la Causa de Responsabilidades Políticas. 152/1939, Archivo Histórico Provincial de Las Palmas de Gran Canaria.

  17. Proyecto Memoria de Casa África: Eduardo Suárez: https://www.youtube.com/watch?v=Xl9xYSI8yzc&t=32s


domingo, 23 de marzo de 2025

Los revolucionarios hermanos Calero Labesse y los inicios del Tenisca

Domingo y Jacobo Calero Labesse, junto a un nutrido grupo de jóvenes republicanos palmeros, lograron mantenerse alzados en los montes de su Isla mientras los franquistas detenían y asesinaban a muchos de sus camaradas. Allí sobrevivieron meses, hasta que en enero de 1937 consiguieron tomar el velero Añaza y huir a Mauritania, en una época donde los viajes de búsqueda de libertad eran en dirección contraria.

Ambos fueron dignos hijos de su momento histórico. Los dos, nacidos en Santa Cruz de La Palma, fueron ejemplo de ese activismo social imparable de una generación que soñó que la sociedad en la que nacieron sería cambiada gracias a la convicción de la clase trabajadora.

Domingo tenía 15 años cuando entró a formar parte del grupo de jóvenes que en la nochebuena de 1922, en las escalinatas de la plaza de San Francisco de la capital palmera, dieron forma a los inicios de la Sociedad Deportiva Tenisca, uno de los clubes de fútbol más destacados en la Isla. A pesar de su corta edad ejerció de secretario en el acta fundacional. Ninguno de los primeros promotores de la entidad había cumplido los veinte años en ese momento. Su hermano Jacobo, de 17 años, ya era miembro de un club denominado Hispamer, que al poco tiempo se integraría en el Tenisca. En los primeros pasos del club, que logró crecer en número de socios muy rápido, ocupó la primera presidencia un veterano, el republicano y masón garafiano, Domingo Pestana Lorenzo (1), que es difícil saber la influencia que pudo tener en la rápida toma de conciencia de los hermanos Calero. El fútbol sin duda será una de sus pasiones iniciales, ejerciendo además de cargos en la directiva, de jugadores, donde Domingo destacará especialmente.

Tenisca 1922
Ambos habían logrado formarse y tener una buena educación, gracias a ella Domingo tenía apenas 16 años en 1923, cuando la Audiencia Territorial anunció que era uno de los que había aprobado por exámenes para convertirse en secretario y suplente de juzgado (2). Jacobo también realizaba el mismo oficio. En 1926 la Asamblea de secretarios judiciales lo nombró vocal de la junta, presidida en ese año por Francisco Dorta y Jacinto del Castillo (3). Dos años después los hermanos aparecen en la directiva de la "Unión de Dependientes del Comercio y de la Industria", Domingo como secretario y Jacobo como vicesecretario (4), que ya indica una sensibilidad sindical importante en una época compleja, como la del final de la dictadura de Primo de Rivera.

Al igual que sucedió en otras islas, como La Gomera, la juventud del momento mostraba una actitud muy crítica con el modelo político del momento y el papel de los viejos caciques locales, más aún en una sociedad que había sido impactada por sucesos como la guerra de Cuba, las masacres sufridas en el Rif, los ecos de la Primera Guerra Mundial y los cambios que habían generado. Sus ideales se agruparon entorno a valores republicanos que se irían definiendo más claramente en los años de la II República. En enero de 1930 ya forman parte de la directiva de la Sociedad Juventud Ideal, en la capital palmera, en la que Domingo será nombrado vicesecretario y su hermano bibliotecario (5). En ese año Jacobo era uno de los integrantes de Juventud Republicana de La Palma (6), donde compartió labor con militantes como Imeldo Guerra o Ermelandro Martín, que posteriormente le acompañarían en su camino a los ideales comunistas. Su labor en este ámbito le llevó a ser uno de los que tomaron la palabra en el acto de inauguración de la sede de Juventud Republicana en El Paso (7). Según recordó en sus memorias Florisel Mendoza, en esta etapa la casa donde José Miguel Pérez y su compañera, Sara Pérez, daban clases, era sede de tertulias, en las que participó también Jacobo (8). Los dos también serán firmantes del mensaje de apoyo y de la campaña de firmas para socrrer la difícil situación que vivía la única hija de José Nakens Pérez, destacado escritor y periodista republicano, fallecido en 1926, “como mejor homenaje al honrado luchador, que propagó, sin descansar, los ideales republicanos y contribuyó eficazmente a combatir la vergüenza clerical”, una acción que tendrá su eco en medios incluso de Madrid (9).

Parece que la evolución de este espacio político provocó una rápida salida de los hermanos Calero, el propio Jacobo expuso los motivos en un artículo en el que afirmaba que “la «Juventud Republicana de La Palma» está en manos de uno burguesía que vive a costa del trabajo de nuestros compañeros”, rechazando la forma en la que el Partido Republicano usaba la “amenaza soviética” como un ataque contra los avances de la clase obrera. Se lamenta de que en el pasado hubieran quedado una época donde en los locales republicanos palmeros “vibró el nombre de Lenin, se gritó mueran los liberales, y se dio también aquel grito de viva la República” (10).

El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República y con ella se abrió un tiempo nuevo, donde las ideas políticas podían liberarse de ciertos corsés. Los hermanos aparecen el 27 de abril de ese año entre los fundadores de la Agrupación Socialista de Santa Cruz de La Palma, presidida por Cristóbal García Cáceres (11). Esta sería la primera agrupación política surgida en esta etapa, en la que compartieron militancia con figuras destacadas como la de José Miguel Pérez, líder posterior de los comunistas palmeros. La llegada de nuevas lecturas, muy influidas por los ideales marxistas, además del crecimiento de las Federaciones Obreras y de la prensa obrerista promoverá la puesta en marcha del semanario Espartaco, medio que será el crisol donde una generación de jóvenes palmeros darán forma y voz al comunismo en la Isla. Jacobo en esta época formó parte de la Federación y de la administración de Espartaco (12), mientras que su hermano ejerció como uno de los redactores de del periódico obrerista (13).

En agosto de 1932 se conformó en Santa Cruz de La Palma, impulsado por José Miguel Pérez, la Agrupación Obrera y Campesina, que será el caldo de cultivo que facilitará que unos meses después se constituya de forma oficial el PCE en la Isla, del que los hermanos Calero formarán parte junto a viejos compañeros de otros espacios como los ya mencionados Imeldo Guerra o José Migue Pérez, además de otros como Manuel Sanjuan o Florisel Mendoza (14). Desde las páginas de Espartaco Jacobo se hizo eco de la pena de cárcel de un año contra su compañero Imeldo Guerra, por un artículo publicado en este mismo medio. Su desencanto sobre los tímidos avances conseguidos hasta el momento se hacen patentes cuando manifiesta que “La República ha querido dar derechos políticos, pero estos derechos políticos no existirán por cuanto el control económico está en manos del capitalismo y con esto basta para aplastarla” (15).

En el verano de 1932 Jacobo estuvo presente en el mitin obrero organizado por la Federación de Trabajadores de La Palma en el Parque de Recreo, donde terminó afirmando que “no hay conservadores, republicanos ni monárquicos, sino explotadores y explotados” (16), volviendo a incidir en la misma idea de que la burguesía republicana no distaba mucho en sus intereses de los grupos conservadores .

En abril de 1933 los dos formaron parte de las personas que tomaron parte en la creación formal del Partido Comunista en La Palma (17). Ese mismo año Domingo se integró en Socorro Rojo, entidad de la Internacional Comunista dedicada al auxilio social de las familias obreras más necesitadas. Como miembro de esta participó en el gran mitin celebrado en el Teatro Circo de Marte con motivo de las elecciones de ese año, donde apoyaban la candidatura del Frente Único. Su hermano Jacobo también estuvo en la mesa presidencial, como representante de la Unión de Trabajadores de Breña Alta. Según la crónica de Espartaco, la capacidad del local se hizo pequeña para los asistentes, que demostraron “el espíritu revolucionario que en todos se halla frente a la dominación burguesa” (18). Las ilusiones puestas en esta candidatura quedaron empañadas por el éxito de las candidaturas de derechas en esos comicios, que abrió una etapa de cierto retroceso en derechos y de creciente respuesta obrera dentro de la II República.

En las jornadas celebradas con motivo del primero de mayo de 1934 fue Jacobo el que repite en el mitin desarrollado en La Palma, donde en representación del sindicato de Dependientes “expuso la situación actual de la clase trabajadora frente a la actitud fascistizante de la burguesía” (19). Lamentablemente no se han publicado todavía las memorias de Jacobo, en las que habla de esa etapa, donde afirmaba que su convicción en ese momento era que “había que terminar en La Palma con la farsa degradante del Benefactor Caciquil y la sumisión al mismo” (20).

La mirada internacionalista del momento es palpable cuando en abril de 1934 desde Espartaco se realiza una colecta de fondos para apoyar a las familias de los obreros asesinados y apresados en Alemania y Austria, con motivo de los avances de los nazis y el intento revolucionario vivido en Viena en el mes de febrero de ese año. Domingo fue uno de los que aparece en el listado de personas y entidades que aportaron fondos a esta causa (21), sin saber que poco después ellos serían también de los que necesitarían la solidaridad de otros.

En las elecciones de febrero de 1936 los hermanos, como miembros del Partido Comunista, apoyarán la candidatura del Frente Popular. Por el expediente de Responsabilidades Política abierto por las autoridades franquistas a final de la Guerra Civil, sabemos que Jacobo era miembro de la célula 4 del Radio Comunista de Santa Cruz de La Palma y vivía en la calle Pérez de Brito nº77, siendo secretario de agitación y propaganda. Fue interventor en las elecciones del candidato Domingo Rodríguez Sanfiel (22).

Con el golpe fascista La Palma permanece bajo control republicano entre el 18 y el 25 de julio de 1936. La llamada semana roja, fue una semana de calma y esperanzas de que la situación provocada por los militares se revocara. Ningún derechista sufrió daño, tampoco los espacios religiosos. Todo termina con la entrada de refuerzos militares a la Isla, acompañados de falangistas y voluntarios de organizaciones conservadoras. La represión que se desató fue absoluta, con cientos de detenidos y decenas de desaparecidos.

Algunos de los republicanos de la Isla optaron por buscar refugio en los montes, como casi cinco siglos antes habían hecho Tanausú y su gente. Los hermanos Calero permanecieron escondidos, junto a otros grupos de socialistas, comunistas, anarquistas o personas de ideas avanzadas. Sobrevivieron durante meses, en condiciones muy difíciles, gracias a la ayuda dada por familiares y personas solidarias que les facilitaban alimentos y la escasa información que podía llegar. En enero de 1937 vieron una oportunidad de retomar la libertad. El velero Añaza, un barco pesquero con nueve tripulantes, había llegado al puerto de Santa Cruz de la Palma. Los hermanos Calero, junto a su joven compañero Florisel Mendoza, Juan Rodríguez Acosta, Manuel Brito García, que era delegado del Comité de la Federación de Trabajadores de La Palma, Ernesto Pérez Martín, el directivo de la Agrupación Socialista de Santa Cruz de La Palma, Francisco Pérez Triana, Gregorio de Paz Pérez y el militante de la CNT de Las Palmas, Manuel Azcárate Marina. Los dieciocho hombres lograron cruzar el Archipiélago, para tomar tierra en Port-Étienne, la actual Nuadibú de Mauritania (23). Las autoridades franquistas pondrán en marcha un proceso judicial por el que se condenará a pena de prisión a Manuel Matías Pérez Triana, Armando García Rodríguez, Juan García Concepción y Pedro Miguel Riverol Fernández (24). Las autoridades francesas no recibirán a estos fugados con demasiada simpatía, aunque sabían bien la situación de represión que vivían las personas de izquierda con el franquismo. El gobernador mandó mensajes a su gobierno ante esta situación, ya que Los refugiados no observan neutralidad política y hacen propaganda entre los pescadores canarios de la Bahía del Galgo (Port Etienne) – stop- Están siendo reclamados por las autoridades españoles de La Güera como autores de delitos comunes” (25). Según Mendoza, el gobernador militar era una persona simpatizante de los fascistas franceses, que incluso les negó el acceso al agua. La solidaridad les llegó de los trabajadores de “Air France” y de pescadores canarios que les ayudaron con el acceso al agua, hasta que finalmente fueron autorizados para trasladarse a Senegal (26). En Dakar volvieron a recibir apoyo de sectores obreros y repoblicanos residentes en la capital africana, como el dueño del Hotel Atlantic, un catalán antifranquista que les ayudó. Gracias a la estancia en la ciudad del barco llamado Canadian, donde viajaban dos diputados franceses, el socialista Vicent Auriol y el comunista Florimond Bont, lograron llegar a Marsella y desde allí, el 6 de marzo de 1937 a Valencia (27).

Los distintos miembros de esta involuntaria aventura tratarán de sumarse en base a sus habilidades a la lucha por la República. Por la Gaceta de la República sabemos que en agosto de 1937, Domingo fue destinado al Juzgado de primera instancia de Liria (28). Además hay una foto conservada por Florisel Mendoza, donde aparecen los militantes comunistas fugados ya en Valencia, acompañados por el también comunista, Hostilio Rodríguez Melo, hijo del abogado tinerfeño Luis Rodríguez Figueroa.

El final de la Guerra Civil les obliga a ambos a buscar refugio de los cientos de miles de exiliados que cruzarán las fronteras españolas. La vida en los campos de refugiados fue nuevamente muy dura. Domingo Calero tuvo la suerte de ser elegido para formar parte de la nutrida expedición de más de 2300 republicanos que embarcaron 3 de septiembre de 1939 desde Burdeos, que gracias a las gestiones de Pablo Neruda fueron acogidos por Chile. Uno de los pocos canarios que le acompañó en esa odisea de exilio fue el tinerfeño Nicolás Mingorance (29).

Las autoridades del nuevo régimen español no dudaron en proseguir con los expedientes de responsabilidades políticas contra los dos hermanos. En el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas se conservan dos procesos contra Jacobo Calero. En ellos se dice que se encuentra en ignorado paradero, “suponiéndose marchara a Cuba o algún puerto de América”. Además se le incautan las 277,92 pesetas que tenía ahorradas en una cuenta a su nombre del Banco Hispano Americano (30). Lo cierto es que en ese tiempo Jacobo permanecía en Francia a pesar de la entrada de los alemanes en el país, concretamente permanecerá en el entorno de Marsella. Allí fue nombrado Secretario de Exterior de la FTP, (Francotiradores y Partisanos), movimiento de resistencia armado, creado por el Partido Comunista Francés a finales de 1941 (31). Sobrevive a su actividad clandestina contra los alemanes y el gobierno colaboracionista francés, hasta que la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles, en su sesión del 4 de mayo de 1942, lo decide incluir entre los 105 refugiados que embarcarán en el vapor portugués Sao Thomé, junto a otras personas protegidas por la embajada Mexicana, incluyendo a 25 miembros de las Brigadas Internacionales y judios que huían del nazismo, que lograrán llegar al puerto mexicano de Veracruz (32). Domingo vivió en Santiago de Chile hasta su muerte en 1998, pasados los noventa años. Allí no renegó de sus ideales, siendo director del semanario El Obrero Municipal, órgano de la Unión de Obreros municipales y colaborador en periódicos y revistas de los exiliados españoles como República Popular y La Verdad de España (33), allí también nació su única hija, Ana Calero, una activista de la memoria de los viajeros del Winnipeg. Jacobo viviría en Veracruz, donde se generó una amplia comunidad de exiliados republicanos, allí falleció en 2002.

Su vida, como la de tantos otros miles de republicanos, quedará marcada por el exilio, uno en Chile y el otro en México, donde verían pasar los años de dictadura y a través de carta y teléfono mantendrían un frágil cordón umbilical con sus familiares y amigos dispersos por el planeta.

Jacobo Calero en la ficha como migrante del portal PARES

En Valencia. Marzo 1937. Arriba, de izquierda a derecha, Gregorio de Paz Pérez, Ernesto Pérez Martín, Manuel Brito García, Domingo Calero Labesse, Florisel Mendoza, abajo, de izquierda a derecha, Hostilio Rodríguez Melo, Pedro Mendoza Santos y Jacobo Calero Labesse.


Fuentes consultadas

  1. Rodríguez-Lewis, JJ. Génesis y auge del Tenisca C.B. (1922-1930). en el libro S. D. Tenisca. 1922-2022. Cien años de historia. (2022). pp 85-105

  2. La Prensa. 15 de mayo de 1923. p1

  3. La Prensa. 17 de marzo de 1926. p2

  4. Las Noticias. 9 de febrero de 1928. p3

  5. Las Noticias. 7 de enero de 1930. p1

  6. El Progreso. 16 de julio de 1930. p2

  7. El Progreso. 22 de octubre de 1930. p1

  8. Mendoza, Florisel. Con los parias de la tierra. Memorias. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife. 2004. p60

  9. El Liberal. 17 de junio de 1931. p4

  10. Calero, Jacobo. Retroceso de un republicanismo. Espartaco. 17 de octubre de 1931. p1

  11. Medina Sanabria, Pedro. Constituyendo la Agrupación Socialista de SC de La Palma: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2014/11/16/constituyendo-la-agrupacion-socialista-de-sc-de-la-palma/

  12. Espartaco. 1 de agosto de 1931. p3

  13. Calero Labesse, Domingo: https://fpabloiglesias.es/entrada-db/calero-labesse-domingo/

  14. Cabrera Acosta, Miguel Ángel. La II República en las Canarias Occidentales. Santa Cruz de Tenerife. 1991. pp 270-271

  15. Calero Labesse, Jacobo. El compañero Imeldo Guerra. Espartaco. 16 de abril de 1932. p4

  16. Espartaco. 3 de julio de 1932. p3

  17. Medina Sanabria, Pedro. Canarias dominada por el fascismo: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/08/02/canarias-dominada-por-el-fascismo/

  18. Espartaco. 11 de noviembre de 1933. p3

  19. Espartaco. 5 de mayo de 1934. p2

  20. González Vázquez, Salvador. Caciquismo, emigración y cambio en La Palma entre 1895 y 1936. Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, Núm. 1 (2005) p222

  21. Espartaco. 14 de abril de 1934. p3

  22. Informe del Comandante de la Guardia Civil de Santa Cruz de La Palma de 9 de septiembre de 1940. Expediente de Responsabilidades Políticas nº 477/1940 . AHPLP.

  23. Medina Sanabria, Pedro. Canarias dominada por el fascismo: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/08/02/canarias-dominada-por-el-fascismo/

  24. Medina Sanabria, Pedro. Segundo consejo de guerra en la Causa 35 de 1937: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2011/09/06/segundo-consejo-de-guerra-en-la-causa-35-de-1937/

  25. Naranjo, José. Dakar: https://sendafricana.com/historias/de-cuando-fuimos-refugiados-en-africa/

  26. Mendoza, Florisel. (2004). Op cit p73

  27. Idem. Pp 75-77

  28. Diario de la República. 1 de agosto de 1937. p425

  29. Ascanio Gómez, Rubens. Nicolás Mingorance, olvidado poeta, periodista y activista republicano: https://latadelgofio.blogspot.com/2021/02/nicolas-mingorance-olvidado-poeta.html

  30. Expediente de Responsabilidades Políticas nº 477/1940 y causa separada 25/1940. AHPLP.

  31. Persona - Calero Labesse, Jacobo (1905- 2002): https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/125375

  32. Institución - Sao Thomé (barco de vapor): https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/150898

  33. Calero Labesse, Domingo: https://fpabloiglesias.es/entrada-db/calero-labesse-domingo/


domingo, 16 de marzo de 2025

El monumento a Franco en el Teide que no fue y el que todavía se mantiene en Tenerife

El franquismo quiso imponerse con el uso de la fuerza y la violencia, pero también creando una legitimidad basada en la victoria militar y la humillación de la población vencida, creando nuevos símbolos. Los monumentos en honor a los “muertos por dios y por España”, a los líderes del golpe o el yugo y las flechas, se repartieron por todos lados.

En Tenerife las nuevas élites fascistas quisieron casi desde el primer minuto ser el máximo exponente del franquismo, que les devolvía su poder absoluto sobre la economía insular y de las vidas de las personas, eliminando cualquier foco de resistencia social. Apenas tardaron un mes en nombrar al dictador “hijo adoptivo de Tenerife” en el Cabildo (1). En octubre de 1936 la Guerra Civil seguía avanzando y todavía no estaba claro cuál sería el final de la misma. El Ayuntamiento de Santa Cruz fue el primero en hablar de un monumento a Franco, concretamente en el pleno del 3 de octubre de ese año, donde el alcalde, Juan Vara Terán, anunció la intención de hacer un monumento dedicado al dictador en la “parte baja de la ciudad, frente al mar, en el espacio libre entre la plaza de la Constitución y la Avenida Marítima”, para el que aportarán las primeras 50.000 pesetas (2). Parece que de esta propuesta derivará el monumento a los caídos, ubicado en el lugar que los franquistas deciden denominar Plaza de España.

En la misma etapa una idea tomará fuerza, la construcción de un monumento dedicado a Franco en las laderas del Teide, propuesta para la que se creó una comisión técnica presidida por Teódulo González Peral (3). Esa fue la idea que el primer franquismo consideró más adecuada, aunque algún vecino planteaba otras ubicaciones más arriesgadas, como la cubierta de la torre de la Concepción santacrucera (4).

La prensa de la dictadura no dejó de agitar la idea, mientras daba cuenta de los avances franquistas ante la República, manifestando “¿Qué mejor que una tosca, robusta y sobria columna de piedra volcánica, con un medallón de bronce sobre el cual el perfil de Franco miré hacia la tierra africana, que vio su bautismo de sangre?” (5). Otro comentario rimbombante decía que “a las sombras del Teide gigante, el Monumento ofrecerá a las futuras generaciones del mundo el recuerdo del heroísmo español” (6). La propuesta de ubicación final se ofreció en el mes de noviembre de 1936, que tras la visita a la zona de la comisión, se planteó ubicar en “el punto central de al Cañada del Montón de Trigo, en la base misma del Teide” (7).

Algunas de las familias de más rancio abolengo de la Isla se irán turnando en las tareas de recaudación de fondos para este monumento. En agosto de 1937 se suma al mismo a Ramón González de Mesa, señalado como uno de los principales ideólogos de este proyecto, delegado de Prensa y Propaganda del Movimiento, mientras que Carlos Hamilton y Monteverde, armador y consignatario de buques, que también llegó a ser hermano mayor del Cristo de La Laguna, fue nombrado tesorero (8). En La Laguna uno de los promotores será el Dean de la Catedral, el futuro obispo, Domingo Pérez Cáceres, al que le acompañarán el alcalde del momento, Emilio Gutiérrez Salazar y el Marqués de Celada (9).

Si seguimos la hemeroteca histórica, la tarea de esta comisión se mantuvo activa hasta 1938, sin lograr a conseguir los fondos necesarios a pesar de los múltiples eventos desarrollados, como los conciertos celebrados en el Teatro Guimerá y en el Teatro Leal. La calamitosa situación económica y social de la posguerra parece que, afortunadamente para el futuro Parque Nacional, acabó con la iniciativa. En el entorno, según la tradición popular, los franquistas solo dejaron a las víctimas de los asesinatos del Llano de Maja.

La idea del monumento pervivió en el ideario del régimen. En la década de los sesenta las élites franquistas reanudaron la tarea de recaudar fondos, a través de aportaciones populares y actos donde lograr ingresos. Es el caso del partido de fútbol “a beneficio de la suscripción para el Monumento al Caudillo” jugado entre el líder de primera regional del momento, el Real Unión y el Hércules de Alicante, de segunda división (10). En 1965 Juan Pablos Abril, gobernador civil y Jefe provincial del Movimiento de Tenerife, destacó entre los retos de ese año “...el Monumento al Caudillo, que pronto se levantará por iniciativa del jefe provincial del Movimiento y acuerdo del Consejo Provincial” (11). A finales de enero de 1965 ya se sabía que el escultor Juan de Ávalos, que también participó en las esculturas del Valle de los Caídos, sería el responsable principal de la obra, que “simbolizará la partida del Generalísimo para iniciar la Cruzada” (12). El escultor parece que usó de referencia una obra suya de 1964 en la que diseñó para una obra franquista en Valdepeñas, un “ángel de la victoria y de la paz”, muy similar al de Santa Cruz. El 17 de marzo de 1966 se realizó la inauguración oficial del monumento, del que no había duda que era en honor a Francisco Franco y que se dedicó a la salida desde Tenerife en las primeras horas del golpe militar. El NODO se hizo eco de esta noticia, como es natural, dando una crónica donde vuelve a decir que el monumento dedicado a la “partida del Generalísimo Franco, cuando Capitán General de Canarias, salió de aquí para acaudillar el Movimiento Nacional” (13).

Con este nombre y con esa idea se anunciaba esta obra en las revistas turísticas de los años siguientes, que cuando hablan de la capital indican que es “donde se alza el moderno monumento al Caudillo obra del escultor Juan de Avalos, en forma de fuente luminosa con un vistoso juego de aguas y una alegoría de la partida de Franco, desde esta isla, para iniciar la Cruzada de Liberación” (14).

El monumento franquista ha permanecido en una de las principales entradas de la capital tinerfeña durante casi sesenta años, mientras en otros lugares desaparecían o se trasladaban estos elementos. A pesar de la Ley de Memoria Histórica y de la Ley de Memoria Democrática, los gobiernos locales e insulares han tratado de proteger a capa y espada este elemento. Tal vez el destacado papel de algunos viejos líderes del movimiento que después pasaron al insularismo, como Galván Bello, presidente del Cabildo cuando se inauguró el monumento, o el tradicionalismo que habita en las filas del poder haya tenido que ver. En algún caso se ha querido jugar dándole otros nombres o significados (seguramente el más surrealista el de Ángel Caído) a algo que significa lo que significa. El penúltimo episodio, después de que el TSJC abra la puerta a su protección, es que se inicie un proceso de declaración como Bien de Interés Cultural...siendo el segundo monumento de este tipo en conseguir esta protección, tras el de la pirámide dedicada a los militares fascistas italianos, en Castilla y León, gracias a la obra conjunta de PP y VOX. El plazo de alegaciones está abierto y es necesario participar, con datos y con corazón, por un simple ejercicio de higiene democrática.

La alegoría de Franco y su régimen sigue ahí, mirando justo al lugar del océano donde decenas de tinerfeños, poetas, maestros, políticos, intelectuales, médicos, etc, fueron arrojados a una tumba oceánica que sigue ignorada y olvidada.



Fuentes utilizadas

  1. Medina Sanabria, Pedro. Honorificación de Franco: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/07/22/la-honorificacion-de-franco/

  2. Gaceta de Tenerife, 4 de octubre de 1936, p8

  3. Gaceta de Tenerife. 18 de octubre de 1936 p1

  4. Idem

  5. Gaceta de Tenerife. 31 de octubre de 1936. p1

  6. Gaceta de Tenerife. 7 de noviembre de 1936. p1

  7. Gaceta de Tenerife. 15 de noviembre de 1936. p1

  8. Gaceta de Tenerife. 19 de agosto de 1937. p1

  9. Gaceta de Tenerife. 4 de septiembre de 1936. p1

  10. Aire Libre. 19 de octubre de 1964. p2

  11. El eco de Canarias. 3 de enero de 1965. p5

  12. El eco de Canarias. 28 de enero de 1965. p12

  13. NODO. Edición del 28 de marzo de 1966

  14. Costa canaria. 30 de marzo de 1970. p182

 

domingo, 9 de marzo de 2025

Las mujeres apresadas por los Sucesos de Hermigua

Estas mujeres estuvieron en la primera línea de lucha durante la huelga general declarada por la Federación Obrera de Hermigua el 21 de marzo de 1933. Las tres fueron condenadas a tres años de cárcel, aunque previamente se pedía para las dos primeras pena de muerte, María Hernández Hernández de 21 años, Catalina Hernández Negrín de 51 años, madre de seis hijos, y Antonia Gutiérrez González de 30 años (1). Otras dos mujeres también habían sido detenidas por participar en la protesta, Guadalupe Mendoza y Victoria Cabrera, aunque finalmente fueron absueltas.

La ola de la crisis bancaria internacional había llegado con fuerza al sector del platanero de exportación, tan dependiente del exterior, generando numerosos despidos y una enorme precariedad en el valle gomero. La situación fue aprovechada por los caciques locales para castigar especialmente a los trabajadores más comprometidos con las mejoras de sus condiciones de trabajo. Sabían que daban un ejemplo peligroso para sus intereses y que cuando se apretaba, los de ideas avanzadas acababan emigrando.

La Federación, a través del Gobernador Civil, había tratado de lograr que se emplearan a un grupo de cien hombres en las obras de la carretera que unía Vallehermoso con San Sebastián, pero los acuerdos fueron bloqueados o ninguneados una y otra vez. El hambre creció y con ella la indignación. En Hermigua empezaron a hacerse habituales los robos de piñas de plátanos para tratar de llenar los estómagos. La Federación Obrera local (ligada a la UGT) tenía ese año unos 450 afiliados, 300 de los cuales eran jornaleros. El desempleo creciente causaba la desesperación de numerosas familias. Los caciques locales aplicaron esta sentencia “hay que castigar el hurto de piñas con mano dura y sin contemplaciones” (2). Un vecino recordaba muchos años después que “aquí se estaba viviendo como en tiempos feudales”, señalando especialmente a las viejas élites de Hermigua y Agulo (3).

Los poderes locales trataron de usar a la Guardia Civil como herramienta para romper la huelga, desatándose el 22 de marzo un incidente en la zona del Palmarejo, cuando los manifestantes trataron de detener la salida de un camión con el que entendían que se quería romper la huelga. El vehículo estaba escoltado por las fuerzas del orden y los huelguistas trataron de detenerlo colocando piedras y maderas en la carretera. Según la prensa “un gran número de hombres, precedidos de unas quince mujeres, con piedras en la mano, se adelantaron” para impedir la salida del vehículo. Sus palabras fueron “nosotros buscamos el pan de nuestros hijos... El camión no sigue adelante” (4). Los ánimos se calentaron de tal manera que en el intercambio de amenazas y ante la orden de disparar a los manifestantes, dada por uno de los guardias, los manifestantes se lanzaron contra el camión. Entre gritos, disparos y piedras quedaron numerosos heridos y tres muertos, uno de los manifestantes y dos Guardias Civiles.

El proceso sin duda generó un terremoto social y la presencia de mujeres destacadas en esa protesta fue señalada en el juicio y en la prensa de la época. Uno de los miembros de las fuerzas del orden, José Garrote de Pedro, aseguró ante el juez que “las mujeres fueron las que mayor participación tuvieron en los hechos, pues eran las que excitaban a los hombres” (5). A raíz de los Sucesos de Hermigua fueron detenidas treinta y tres personas, contra las que se decidió que debían ser sometidas a un Consejo de Guerra. El viernes 7 de abril de 1933 las personas detenidas fueron trasladadas hasta Tenerife con grandes medidas de seguridad. Hicieron este tránsito en el barco de Transmediterránea “Gomera”, escoltado por el cañonero “Uad Arcila”, llegando al día siguiente a su destino (6), donde entraron en prisión.

Luis Rodríguez Figueroa, abogado y brillante intelectual, colaboró en la defensa de los procesados. Sus argumentos se centraron en la situación vivida por la población gomera que era “objeto de tropelías y persecuciones caciquiles, con la agravante de que si en años pretéritos el Poder radicaba en manos de un señor omnipotente, se desgajó, por desmembraciones familiares, dando origen a la mayor difusión del despotismo, y que éste radica actualmente en el seno de las oligarquías locales detentadoras, por astucia o por lo que sea, del poder político en los pueblos” (7).

El papel de las mujeres en esa jornada fue muy reseñado y destacado. Eran trabajadoras, pero también madres, hermanas o compañeras de vida, que sabían perfectamente lo dura que estaba siendo su existencia. Una de ellas fue María Hernández, procesada junto a su padre, Antonio Hernández. Esta joven era conocida también como La Rubia, siendo señalada a sus 21 años como una de las que estuvo en la primera línea. Según la crónica periodística lo hizo al grito de “¡Viva la Federación!, ¡Vivan los obreros!, y llevando una piedra en la mano, reta a los grupos con la frase de "si los hombres no tienen pantalones, las mujeres los tendrán."” (8). Luis Jiménez de Asúa, uno de los abogados defensores, resaltó que el papel de María no fue único, ya que “no se hace cosa distinta que lo que realizaron cincuenta o sesenta mujeres de Hermigua que no están sentadas en el banquillo: dar gritos y vivas” (9).

El guardia Garrote manifestó, refiriéndose a Catalina Hernández, conocida como La Caporala, señalándola como “una mujer negra, chata y bajita, avanzó por el camino, gritando: "Hay que vengar a mi hermano que está tendido en la carretera". E inmediatamente los grupos nos acabaron de rodear, mientras la mujer chata seguía gritando y otra mujer alta y rubia excitaba a los hombres” (10). El fiscal la distinguió entre las procesadas como “mujer simbólica”. Esta vecina vivió el juicio con especial preocupación, sufriendo un desmayo en una de las sesiones, cayendo al suelo mientras “una hija suya que se encuentra entre el público grita desesperadamente queriendo auxiliar a su madre. Los guardias civiles logran imponerse. En el público se produjo una gran emoción y revuelo” (11).

El Fiscal militar del caso no pudo evitar decir que “los hombres son los que con sus rebeldías y sus pasiones dan a cada época su sentido beatífico, pero que el nervio, el carácter sañudo o amable de la época sólo lo modela la mujer”, indicando la mirada de preocupación de un amplio sector de la sociedad más conservadora miraba los avances de las mujeres en esa etapa histórica. Esta hipótesis se confirma cuando en el mismo discurso señaló a María Hernández, acusándola que que “abandonó al marido, que se hallaba enfermo, y corrió al Palmarejo, siendo vista entre los grupos hostiles a la fuerza pública, no siendo mera espectadora, sino la verdadera caudilla” (12).

Contra Antonia Gutiérrez, conocida en Hermigua como "La Peninsular" o “La Catalana”, que había llegado a la Isla desde León, se le pedía desde la fiscalía una pena de cadena perpetua. El juicio lo afrontó con Angelina, su hija pequeña, en brazos. El fiscal la acusaba de “haber intervenido para desarmar al cabo, destrozando también el camión” (13). La pequeña Angelina se convirtió en uno de los símbolos de ese proceso, al permanecer encerrada más de año y medio junto a su madre en la prisión, permanecía, inocente de todo, en “el banquillo de los acusados, sentada al lado de su madre, juega y ríe con las monedas que buenos amigos le regalan” (14).

En el periódico obrero, En Marcha, destacaron durante el juicio “el apoyo espiritual de la clase trabajadora, que ha llenado todos los días el amplio local” (15). No solo eso, también se crearon comités pro-presos y se ofrecieron multitud de ayudas a las familias de los presos, llegando incluso a que familias obreras de Tenerife acogieran a algunos de los niños y niñas de Hermigua, para evitar el hambre y las penalidades que sufrían.

El 9 de julio de 1934 se dictaron las sentencias, condenando a muerte a Vicente Valladolid Mesa, Avelino Perdomo Plasencia, Avelino Navarro Méndez, Leoncio Fagundo Hernández (a) "El Palas" y Francisco Martín Negrín (a) "El Cojo", mientras que Catalina Hernández Negrín, Antonia Gutiérrez González y María Hernández y Hernández fueron condenadas a tres años de prisión (16).

La sensibilidad por el momento vivido se vio reflejada en multitud de actos, manifestaciones y protestas. Sara Pérez, compañera del líder comunista, José Miguel Pérez, hizo un pequeño texto a modo de cuento, en el que habla de la miseria que sufrían las mujeres de Hermigua, donde dice “si un día las madres de La Gomera en lugar de mandar a sus pequeñuelos por el mundo a llorar solos, rabian, gritan, matan y destrozan, entonces todos se enteran...” (17).

También la comunista Isabel González, conocida como Azucena Roja, le dedicó un reconocimiento a las presas gomeras, asegurando que “han sido heroicas luchadoras contra el hambre que acosaba sus hogares, necesitan de la solidaridad de todas las mujeres proletarias en Canarias” (18)

De las que resultaron condenadas sabemos gracias al estudio realizado por la historiadora Yanira Hermida que durante la estancia en prisión de María Hernández, fue ingresada en el Hospital por una anemia aguda por hemofilia, saliendo en libertad el 22 de febrero de 1936, con la amnistía lograda tras victoria del Frente Popular. Antonia Gutiérrez, posiblemente por permanecer en prisión junto a su hija, fue liberada el 4 de abril de 1935, tras dos años de encierro. La peor suerte fue la de Catalina Hernández, que murió en la cárcel por un coma diabético, siendo enterrada el 12 de julio de 1935 en el cementerio de Santa Lastenia de la capital tinerfeña (19).

Tras el golpe militar, Hermigua vivió un auténtico ajuste de cuentas contra los que fueron señalados por los Sucesos de 1933. Francisco Javier González relata en un artículo como los cinco condenados a muerte, que habían sido liberados en febrero de 1936, fueron localizados y asesinados por las fuerzas franquistas. Con ellos también se lanza al mar a otros trece vecinos. Entre estas víctimas estuvo otra vecina señalada por los Sucesos, Antonia Pineda Prieto, asesinada junto a su hijo recién nacido "pa'que no quedara ni la semilla" (20).

José Garrote, uno de los guardias heridos en marzo de 1933, que había ascendido a cabo tras los mismos, pidió que se le trasladara a Hermigua después del 18 de julio, siendo uno de los encargados de dirigir las labores represivas en la zona norte de La Gomera (21).

La huella de estos acontecimientos fue profunda, con un reguero de víctimas, también fue un ejemplo de esa toma de conciencia creciente de una sociedad donde ya las mujeres no se conformaban solo con ser cuidadoras o sujetos pasivos, en La Gomera estuvieron al frente y sufrieron también en primera línea el castigo por ello.

Imagen de algunos de los condenados a muerte y posteriormente desaparecidos (En Marcha. 1934)


Fuentes utilizadas

  1. Gaceta de Tenerife 10 de julio 1934. p7

  2. Hoy. 3 de julio de 1934. p8

  3. García Luis, Ricardo y Torres Vera, Juan Manuel. Vallehermoso, “el Fogueo”. Toma de conciencia popular, resistencia y represión (1930-1942). Centro Amilcar Cabral, Tenerife, 1986. p37

  4. La Prensa. 26 de marzo de 1933. p1

  5. Hoy. 1 de julio de 1934. p8

  6. Gaceta de Tenerife. 11 de abril de 1933. p5

  7. La Prensa. 3 de julio de 1934. p3

  8. La Prensa. 5 de junio de 1934. p6

  9. Rebelión. 7 de julio de 1934 p8

  10. La Prensa. 1 de julio de 1934. p3

  11. Rebelión. 7 de julio de 1934. p17

  12. Hoy. 3 de julio de 1934. p8

  13. La Prensa. 4 de julio de 1934. p5

  14. En Marcha. 7 de julio de 1934. p4

  15. En Marcha. 7 de julio de 1934. p3

  16. La Prensa. 10 de julio de 1934. p8

  17. Pérez García, Sara. La pequeña gomera. Espartaco. 31 de marzo de 1934.

  18. García Luis, Ricardo. Crónica de vencidos Canarias: resistentes de la guerra civil. La Marea, Islas Canarias, 2003. p18

  19. Hermida Martín, Yanira. Mujeres y cambios sociales en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. 1931-1975. Amas de casa, camaradas y marginadas. Tesis Doctoral. Universidad de Barcelona. pp 159-168

  20. González, Francisco Javier. La historia frente a la desmemoria actual: los 'sucesos' de Hermigua: https://gomeraverde.es/archive/61863/la-historia-frente-a-la-desmemoria-actual-los-sucesos-de-hermigua

  21. García Luis, Ricardo y Torres Vera, Juan Manuel. (1986) Op. cit. p186